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Sala de Maestros


Jesús Caballero y Díaz


De la caverna a la playa

Abel se me apareció en La Candelaria sin aviso, de pronto tocó a la puerta del “depa” y lo encontré tostado, alegre, con algunos kilos menos, la sorpresa era genuina, un rubor me encendió la cara cuando apapaché su lomo fraternal. ¡Carajo “bro” que gustazo! El oso se llegó hasta sala y tomo posesión de nuestra vida como si nunca lo hubiera hecho. La jubilación sirve para esto hermano, para tomar el sol, darte otros aires, las playas acapulqueñas, los aires del Mayab, salir del pequeño burgués paisaje “humano” de la ciudad; solo tu Jesusito has podido sobrevivir en el purgatorio cruel, individualista y altamente competitivo de “la ciudad de México”.

El Mayab es otra cosa hermano, el paisaje tiene historia, la selva es cultura y no tiene fronteras, estos pinches límites políticos actuales son rebasados por la selva, la cultura y el tiempo, yo había vivido la superviviente civilización maya campechana en Hecelchakán, la convivencia con los empleados de la Normal Rural, su hospitalidad, su amistad, su habitación entre la selva y el pueblo. Malvado,le reproché, fui yo quien te invitó. ¡Pues no! recuerda, yo te alcancé y mientras tu intentabas “civilizar a los estudiantes mayas” como el chino Martínez su director, yo conviví con ellos y disfrute su bienvenida, su picardía, sus historias, su conversación, su vida.

Para quitarle esos presuntuosos aires de hombre de mundo lo invité a unos tamales recién descubiertos por mi nieta: nos enfrentamos a un menú de cuarenta variedades: unos dulces otros salados y picantes, hube de cortarle las ganas de hacer del almuerzo una enciclopedia tamalera y resignado regresamos a casa. Mira Jesús ¿Qué tiene que ver este espantoso tráfico con los caminos de la selva campechana, estos edificios en proceso de demolición por los terremotos recientes con las casas de varitas mayas que dejan pasar el aire, o el caos bicicletero y la alevosía de los motociclistas con el paseo cotidiano de los campesinos de HecelchacKán por sus caminos sombreados de la selva, por cierto de ellos aprendí una lección de sana nutrición. ¿Cuál? Los cinco alimentos del día: des ayuno para romper el ayuno, y salir al trabajo tempranero, de antes de que caliente el sol, luego el reparador almuerzo tras el trabajo, después la comida al medio día con toda la familia, la merienda a media tarde para la conversación, la recepción de los amigos y familiares y la cena para un sabroso descanso nocturno.

Recordé mis andanzas de promotor de la reforma de la educación normal que imponía la Secretaría de Educación con el propósito de reparar el abandono material y pedagógico de sus formadores de maestros, aun creía en la acción civilizatoria del estado, y el recuerdo del maestro Sotelo Inclán sobre su estancia en esa misma escuela me animaba, su entusiasmado encanto cuando en la asamblea escolar de el lunes escuchó en español la entonación del Himno Nacional Mexicano lo que le hizo advertir de la patria maya campechana el reconocimiento de su mexicanidad. Yo dotado de un eros makarenkiano veía al magisterio normalista con aires de educador, cuando ellos los educadores normalistas ya se estaban cultivando en la cultura de aquel pueblo, el federalismo rebasado por esa cotidianeidad indígena.

Y esa cotidianeidad fue el rescate de la vida comunitaria como una forma de vida educadora

Las misiones escolares de Vasconcelos y de Gabriela Mistral en Yucatán tuvieron maestros que secundaron ese trabajo en los años cuarenta del siglo pasado en su trabajo como inspectores escolares crearon un concepto social de la escuela rural y una misión educadora:el desarrollo de la comunidad, el concepto individualista de la educación positivista porfiriana con la alfabetización inocua pasó a integrar a los padres de familia en la educación, los adultos se interesaban en el aprendizaje de sus niños y le pedían sus maestros que les enseñaran a leer, había libros, nuevas herramientas para el trabajo manual, nuevas maneras de trabajar la madera, de hacer las casas, los nuevos mobiliarios y eso era trabajo de los inspectores escolares y su equipo de ayudantes.

Maestros en verdad fueron quienes descubrieron el desarrollo de la comunidad como voluntad campesina de mejorar sus condiciones de vida, organizados en las aldeas sostenían la colectividad como fuerza social en la demanda de seguridad en la tenencia de la tierra, en la obtención de los documentos oficiales de reconocimiento de su organización comunitaria, diría el maestro Luis Álvarez Barret de su tribu, sin afán peyorativo. Abel lo recordaba entusiasmado, conocía la selva campechana, el poder destructor del dios maya Hurakán, y la necesidad de reconstrucción al final de la temporada húmeda de casas, terrazas urbanas, plazas comunitarias, caminos y eso era posible con el trabajo organizado de la comunidad, sobre todo para solicitar ayuda del gobierno a través de papelería, de documentación que obligara a las autoridades a responder.

Abel saboreaba despacio su almuerzo, lo condimentaba con sus recuerdos. Te acuerdas Jesús de la habitación maya. ¡Cómo no Abel! El hallazgo: la planta ovalada frente a la cuadratura de la arquitectura doméstica europea de nuestras casas urbanas, las paredes de ramas altas y el techo ovalado de palma, aptos para el caluroso clima del paisaje campechano, Igual en toda el área maya desde ahí hasta Centroamérica. Jesús, los conquistadores españoles, los estudiosos de la cultura y la historia del os mayas entendieron finalmente que las guerras entre los dominadores de la cultura clásica maya no acabaron con su pueblo, como tampoco pudieron con ellos la conquista, la independencia y la revolución, ahí siguen con sus hallazgos los pueblerinos mayas, sus inventos, sus aportaciones a ”la civilización” .El europeísmo mexicano, su positivismo científico, su pragmatismo pequeño burgués, su pretencioso aire de superioridad chilango se han estrellado contra la milenaria cultura hoy crecientemente reconocida. El Mayab Jesús, es el paisaje de una cultura popular de más de cinco mil años. En cambio Abel la cultura meshica-azteca fue destruida a sangre y fuego por la conquista y luego a punta de fe cristiana y de dominación política por la colonia, hoy una generación mestiza habita esta ciudad sin conciencia clara de su existencia.

Y es que la independencia, la reforma y la revolución fueron hechas por esa masa pequeño burguesa que nunca pudo ascender al capitalismo mundial más que con la idiota pretensión de que su consumo lo igualaba con la alta burguesía extranjera, la cultura chilanga es incultura es inconciencia que se deja gobernar por quienes dejan de gobernar. Cierto Jesús en cambio los usos y costumbres del pueblo maya campesino, están ahí todavía: su sabiduría, su ciencia, su cultura agrícola, la supervivencia de sus tradiciones, de su religión, su identidad que no es mexicana, que es maya conscientemente y todo eso Jesús fue rescatado y trabajado por las misiones culturales y los trabajos posteriores de los educadores yucatecos. Y eso Jesús es un valor nada despreciable que los maestros peninsulares, sus inspectores no dejaron de hacer en los años posrevolucionarios, incluso tras la época cardenista, esfuerzo digno de nuestro respeto, el desarrollo de la comunidad como refuerzo cultural de la vida en las aldeas, por este trabajo sobrevivieron, sobreviven.

Abel era otro, el oso de la cueva del Ajusco, la enciclopedia pedagógica del siglo XX era ahora un orgulloso enviado del campo mexicano peninsular, de los caminos del Mayab, emoción que me hizo comunicarle algo de mis amores escolares a mis maestras de tercero y quinto de primaria: las dos Virginias, la primera me duró un semestre, la segunda todo el año, dos bellezas que me marcaron para toda la vida, una: joven, menuda, graciosa, morena de pelo y ojos oscuros amorosos, simpatiquísimos; la otra, madura, ya madre, alta rubia, de ojos verdes claros serenos y sobre todo yucateca que nos hablaba de su ciudad natal, de su pueblo, de su familia, de sus tradiciones, de su cultura, de su musicalidad; el niño de diez años(que era yo) se sonrojaba enamorado, precozmente alborotado por su presencia, la viví como un sueño, que despertó de repente cuando llegó a clases con su hija, una niña de once años más alta que yo, rubia como su madre, tierna y simpática, cuando la maestra Virginia me pidió permiso para que se sentara junto a mi , asentí casi desmayado, cuando desperté la infantil belleza a mi lado sonreía. ¡Gracias Jesús! Yo estaba en el cielo, el viernes que se despidió me dejó un papelito entre las manos, nunca lo quise, no pude abrirlo, lo guardé amorosamente entre las páginas de mi folleto de canciones yucatecas regalo de su madre. Por cierto Abel: cantábamos esa canciones todo el grupo con ella en el tono suave de su femenina pedagogía, aun la recuerdo cuando oigo o canto sus canciones predilectas:”Caminante del Mayab” y sobre todo “Peregrina” que me la recuerda en persona, Abel aun me brinca el enfermo corazón al recordarla.

¡Bravo Jesús! Lo mejor de tu educación básica fue tu educación sentimental ¿ya se te olvidó Helena: la maestra del primo Luis: la joven deportista con la que aprendimos a jugar volibol, la amiga del Tribilín Escalante? ¡Como la voy a olvidar Abel! nos peleábamos por jugar con ella a “los huesitos”, era una niñota de veinte años, muy ágil y muy dispuesta a compartir con nosotros nuestros juegos, con ella intercambiábamos “larines” estampas de los álbumes de la compañía dulcera sobre historia de México y de Zoología, buscábamos los más escasos para regalárselos y ella los agradecía con un fuerte apretón de manos y una abierta sonrisa. Pues no te fue mal hermanito, tuviste una hermosa educación sentimental.

Y Jesús los maestros inspectores rurales promovieron también la educación artística, la educación física tanto como el cultivo de las lenguas maya y castellana en la escritura y la lectura, la poesía rescató la sensibilidad y el dominio de los instrumentos musicales, las cuerdas, las flautas, las percusiones la música para sus danzas y sus canciones, el ejercicio físico para equilibrar y fortalecer el rudo trabajo agrícola del amanecer y favorecer el cultivo de huertas y jardines no solo de flores, también de hierbas comestibles y otras buenas para la salud, por eso las comunidades mayas recuerdan a aquellos antiguos maestros que les ayudaron a recuperar el poder su vida comunitaria.

Abel y yo no compartíamos toda nuestra vida, él vivía con mi abuela Selsa (con S) en Tlacotepec donde fue alumno de don Abraham Caballero un distinguido educador mexiquense que también fue maestro de mi madre, allá tuvo otros aires pueblerinos, compartió con nuestros primos: juegos, travesuras y trabajos agrícolas, así como tradiciones religiosas y paganas, a los que yo me unía en vacaciones, pero eso será materia de otro cantar, la vida del pueblo mestizo, casi indígena, estaba vivo sostenía las charlas familiares, el intercambio de saberes y haceres. Las fiestas familiares se hacían colectivas, los niños llevaban a los vecinos y parientes la ración de convite y al regreso no llegaban con las manos vacías la charola traía otros gustos en recompensa.

Pues si mi buen, los aires y las brisas acapulqueñas me tonificaron, “en el mar la vida es más sabrosa”, no faltaron sin embargo entre los trabajadores del hotel los comentarios acerca del posible tsunami, aunque refieren el mar profundo cuando se retiran las olas y la pleamar cuando las olas suben sobre la playa, fenómenos de regularidad que obliga a promover precauciones playeras entre los paseantes. Te quería comentar que la educación pública de esos adultos parece no haber atacado los asuntos de su vida cotidiana, los geográficos, los geológicos, sobre todo los sísmicos les son escasos; su saber es producto de las noticias desde la ciudad de México, de la memoria de las familias y los vecinos, de poca información y plagada de sentimientos de inseguridad que se nutren con las notas sobre la criminalidad que actualmente son obsesivas, aunque durante mi estancia la violencia acababa de pasar y para ellos parecía cosa pasada, sabia manera de sobrevivir.

Regresemos a la cultura maya Jesús, a la enorme producción del arte escultórico de la isla campechana de Jaina, primorosas obras de arte cerámico de una gran maestría dan nota de su vida cotidiana, de su religiosidad fueron un hallazgo milagroso en la segunda mitad del siglo XX. Campeche Jesús es un área de la cultura maya poco estudiada, poco difundida. No me extraña Abel Campeche es una ciudad española, un día la más importante de la península, al grado de ser ampliamente conocida por los piratas ingleses y por ello varias veces atacada, eso explica que su mayor monumento fuera la parte amurallada de la ciudad, hoy un museo de esas tragedias. Cierto Jesús pero alrededor de la capital los pueblos, las aldeas, las rancherías tienen una vitalidad local auténticamente maya, el intercambio comercial con la capital no les arrebata su autoctonía.

Por cierto hermano que tus colegas campechanos, tus jefes en tu participación en la Dirección General de Educación Primaria en los años setenta eran de una alegría y picardía dignas de sufrirse y reconocerse. Claro Abel, tú fuiste objeto de “el cultivo campechano”. Abel recordó sonrojado aquella gracia campechana que no lo dejó bien parado, Jesús el malvado proceder de hacerte creer la gran cosa hasta que engreído, te la dejan caer en medio de carcajadas a veces indiscretas y otras francamente alborotadas, es un cruel modo de divertirse. Riéndome le recordé: en el mestizaje campechano se presume de su picardía de origen maya y español en se habla con excelencia un castellano que bien merece su propio apellido: “campechano” el cual por cierto por cierto dio origen a todo un vocabulario de palabras como el verbo “campechanear”, campechaneando que equivale a pasarla bien, así como a sustantivos que nombran mezclas como campechanas: bebidas y comidas canciones mezcladas, complejas y sabrosas, incluso nombran a una pieza de pan como campechana, Sin olvidar Abel que a una persona franca, sincera, alegre y sus expresiones personales: miradas, sonrisas, portes son calificadas califica como campechanas y han traspasado las fronteras estatales.

La cultura maya ha asombrado al mundo desde los descubrimientos del siglo XIX hasta los últimos descubrimientos de Jaina, Tonináh, Kalakmul y los hallazgos del niño prodigio americano culminado con los estudios desde los satélites que revelaron todo lo que oculta la rotunda selva maya mexicana y centroamericana. Me impresiona Jesús el hallazgo de nuevas ciudades, áreas urbanas, aldeas desparramadas bajo la sombra caliente de la selva maya, hallazgos que integrados a los ya conocidos no dejan de mostrarme el colapso de su civilización, ocultadas sus ruinas bajo la sombra de la selva verde del Mayab al lado de las poblaciones supervivientes. Los conquistadores españoles buscaron sin muchas ganas las expresiones vivas de su organización política pero luego se conformaron con la explotación de los pueblos de las aldeas rurales y congregaron a algunos alrededor de sus nuevas ciudades españolas, les hicieron construir sus nuevas zonas urbanas, sus edificios particulares, gubernamentales y religiosos y se propusieron castellanizarlos, cristianizarlos, solo para dominarlos, para explotarlos, en el siglo XIX fueron llamados la casta divina de tan duro poder que en el siglo XIX tuvo lugar la guerra de castas en la que los mayas fueron finalmente vencidos.

Yucatán, Jesús, es la cuna del mestizaje peninsular maya español, dos náufragos de una expedición anterior a la de Cortés legaron a la costa del Mar Caribe maya, fueron hechos prisioneros, uno de ellos se indianizó, halló esposa, tuvieron hijos, familia, identidad con la tribu de la que se volvió gobernante y un guerrero que incluso luchó contra los españoles, fue Gonzalo Guerrero el compañero de Jerónimo de Aguilar quien sobrevivió sin renunciar a su identidad hasta que buscado, fue llevado ante Cortés quien lo hizo hizo interprete maya de su campaña militar. Y, Abel fue quien compartió con Malintzin su dominio de las lenguas maya y náhuatl en las contingencias de la conquista de Meshico-Tenochtitlan, donde Cortés le hizo un hijo a su traductora.

Sabes Abel, desde el principio los españoles creyeron ver en la cultura de los pueblerinos mayas, en sus creencias y su vida religiosa alguna ascendencia europea o mediterránea, la cruz cardinal maya confundida con la cruz cristiana, sus relatos sobre la génesis del pueblo maya con alguna equivalencia a lo explicado en la biblia judeo-cristiana y en el Popol Vuh, una obra recuperada por un clérigo español apareció el único vestigio literario maya escapado de la hoguera que yo sepa, al padre Jiménez que nos legó la escritura de su traducción al castellano según sus estudios posteriores una mescolanza de las dos religiones como para justificar el dominio religioso del pueblo maya.

El sabio presumiendo, no Abel solo recordando las charlas con mis amigos campechanos, yucatecos, guatemaltecos…y las notas personales con las que se identificaban. Trejo, Fernando, mi Director General de Educación Primaria fue un criollo maya, español de sangre y maya de cultura, que adoraba sus expresiones populares e históricas a las cuales se refería con respeto, fue maestro rural, director de escuela, inspector escolar en las áreas de los ríos de la Candelaria, Grijalva y Usumacinta, navegó por esos ríos para vivir, visitar y fundar escuelas y zonas escolares, así que profesor federal luego recorrió México hasta Mexicali donde fue director federal de educación y yo lo conocí antes de trabajar con él, su español castellano tenía algunos dejos mayas que saboreaba al expresarse, lo hacía intencionalmente. Recuerdo una gracejada de él: “viajaba en una chalana por el Candelaria con un frío inusitado, en una orilla, una choza con un niño al lado de su madre abrazándose para no perder el paso de la embarcación y calentarse, nos detuvimos un poco para saludarlos, le dije a la madre, póngale mameluco para quitarle el frio, años después en una vista a la escuelita del lugar, revisaba la lista de los niños de tercer grado y ahí estaba: Mameluco Chan Poc, lo abrace con afecto, me dijo, me reservaba otra sorpresa: otro niño se llamaba igual que yo y otros apellidos mayas: Fernandotrejocarrillo Can Pech, es que le gustó tu nombre a su madre y asi lo registró y lo inscribió le dijo su amigo el director de la escuela ribereña. Fernando Trejo fue uno de esos maestros rurales que supo promover el desarrollo de la comunidad campesina absolutamente necesaria en los pueblos de las riberas de los ríos que en la temporada de huracanes las desbordan empobreciendo a sus habitantes, su organización y el apoyo estatal son instrumentos para esa recuperación. La educación al servicio de lacomunidad.

Jesús esta fue tu educación maya, tu acceso al mundo peninsular. En parte Abel, el Museo de Antropología e Historia hizo su parte, llevé a mis alumnas de las escuelas normales, a mis alumnos de los cursos intensivos de la Escuela Normal Superior a su descubrimiento. Mis cursos de Didáctica de la Historia tenían como eje la visita a los museos de historia y a los murales de la SEP, de Palacio Nacional y del Hotel del Prado, aunque el terremoto de 1985 anuló esta posibilidad, seguí dando clases en los cursos de verano hasta 1989.

La cultura maya inspiró un gran respeto al mundo europeo, a quienes siempre intrigó su cataclismo, sus primeros descubridores fueron empleados de las compañías que explotaban la madera campechana, luego llegaron los estudiosos ingleses desde el siglo XIX con sus dibujantes cuyas obras inundaron publicaciones de la arqueología y la museografía europeas ávidas de las novedades exóticas y de las posibilidades de su explotación comercial, es que andaban tras las materias primas para su industrialización y consumo capitalistas. No olvido Abel que el henequén yucateco lio las ultimas jarcierías y cordelerías de de los barcos de vela y que hicieron la penúltima riqueza de “la casta divina” de los hacendados yucatecos cuando los barcos de vapor los sustituyeron y arruinaron a Yucatán, a sus empresarios y a sus poblaciones de peones indígenas. Ni Salvador Alvarado, ni Felipe Carrillo Puerto pudieron con tal paquete. El último importante hallazgo Abel, fue el desciframiento de la escritura escultórica de las estelas y los muros que hacen de la cultura maya una cultura histórica y de tales monumentos, su monumental historiografía.

Mira Jesús comparte con tus lectores las páginas de Youtube.com para que actualicen su información sobre la cultura maya: me encanta la serie con Juan Villoro que además de futbol se ha enamorado de la arqueología con la que ha hecho la historia maya de los capítulos llamados pos él mismo: “Piedras que cantan”: con Palenque, Chichen Itza, Calakmul, Yaxchilan, Toniná, ¡ah! y Tajín de Veracruz que él nombra: Dahin.

Con gusto yo añado: Calakmul, patrimonio mixto de la humanidad, Naachtún la ciudad olvidada del tiempo, Uxmal su grandeza escultórica, Viajes con Cristina a Bonampak, Tonina, el territorio del tiempo, En busca de un rostro el de K´nich Joanab Pakal.

Hermanito pareces nuevo con tus aires costeños y peninsulares. Ya basta de pedagogías, Jesús estoy de acuerdo con Gabriela Mistral forman un conjunto de recetas para la domesticación humana, todas producto de la historia de la dominación clasista desde el esclavismo hasta el capitalismo global, incluso en las que tú has trabajado. Hay que bajar al pueblo Jesús, hermanarte con él, aprender de él, compartir con él más allá de las intenciones políticas y escolares. Hay modos de hacerlo Abel: en México está la nueva Universidad Pedagógica dirigida ahora por tus ex colegas, por ejemplo la Unidad Azcapotzalco, sus servicios al magisterio en servicio, las nuevas maestrías, la de Educación Ambiental dirigida por tus amigos. Las aportaciones de las Unidades en los estados que ya se vinculan con las otras Universidades, las extensiones de la Universidad Nacional Autónoma de México en Ensenada que me emocionan, la investigación científica y tecnológica en el Instituto Politécnico Nacional, aunque falta mucho por hacer, hay que evitar la corrupción que se lleva los dineros que le hacen falta al pueblo, a su mejor educación, a su salud y en este caso a la investigación.

Abel cerró la puerta del edificio tras de sí y sin despedirse apuró el paso, ya no era el del oso de Antonio Yankovich, el gitano de nuestra infancia, tiene ahora un andar galán y juguetón.

Pueblo de la Candelaria, Coyoacán,

Ciudad de México a 20 de febrero del 2018

Jesús Caballero y Díaz
Maestro y formador de docentes

abelroca. 26 de Febrero de 2018 12:18

Rafael, Armando este artículo es un homenaje a sus esfuerzos académicos en el bien de los mexicanos, continúen, avanzo en citar como impoortante una bibliografía sobre el Indigenismo citada por Guillermo Bonfil Batalla, empezando por sus obras:México Profundo con otra: el marco teórico en su ensayo La teoría del control cultural en el estudio de los problemas étnicos, Utopía y revolución: el pensamiento político contemporáneo de los indios en América Latina, la obra pionera de Manuel Gamio: Forjando Patria (no solo son importantes los indios muertos, también lo son: los indios vivos), Luis Villoro: Los grandes momentos del indigenismo en México, Gonzalo Aguirre Beltrán, la fundamentación teórica del Indigenismo en dos obras:El proceso de aculturación y Regiones de refugio, Rodolfo Stavenhagen: Las clases sociales en las sociedades agrarias, Ricardo Pozas Arciniega e Isabel H, de Pozas: Los indios en la clases sociales de México, Arturo Warman: De eso que llaman antropología mexicana. como para completar la teoría de la sustentabilidad incluyendo a los sujetos de los ambientes geográficos a defender, eso sin djar de incluir a los indios urbanos analfabetos funcionales; o sea: a nosotros mismos.

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