Recolectando_agua
LA CLASE

Casos ambientales

Norimitsu Onishi
Somini Sengupta 

Traducido por Cristina Armunia Berges

Ciudad del Cabo en sudafricana está cerca de su ‘día cero’ por la escasez del agua

Norimitsu Onishi y Somini Sengupta 

CIUDAD DEL CABO, Sudáfrica – Parece como algo salido de Hollywood: el “día cero” está por llegar a Ciudad del Cabo, en salas este abril. Todos están advertidos.

El gobierno alerta de que la amenaza del día cero será lo peor que ha enfrentado una gran ciudad desde la Segunda Guerra Mundial o el atentado del 11 de septiembre. Ya hay conversaciones con la policía federal de Sudáfrica porque “el sistema policial usual no será adecuado”. Los residentes, cada vez más temerosos, se susurran entre sí sobre el caos que se avecina.

La razón de las alertas es sencilla: el suministro de agua de la ciudad está por quedarse completamente seco.

La policía le impone una multa de 250 dólares a un lavador de autos por su uso del agua. Credit Joao Silva/The New York Times

Si continúan bajando los niveles de agua, Ciudad del Cabo deberá declarar el día cero en menos de tres meses. Las tuberías de los hogares y los negocios tendrán que cerrarse hasta que lleguen las lluvias. Los cuatro millones de residentes de la ciudad deberán hacer fila para las raciones de agua que se repartirán en 200 puntos. La ciudad se prepara para el impacto en la salud pública y el orden social.

“Cuando llegue el día cero deberán llamar al ejército”, dijo Phladie Ranqueste, quien estaba llenando su auto con contenedores de agua en un manantial en el que la gente estaba haciendo fila ansiosamente.

Se suponía que Ciudad del Cabo no iba a llegar a esto, pues es reconocida por medidas ambientales como una gestión cuidadosa del agua.

Pero después de una sequía que ya lleva tres años, considerada la peor en un siglo, los funcionarios sudafricanos dicen que la ciudad está en riesgo de convertirse en una de las pocas grandes urbes del mundo en quedarse sin agua para las tuberías de hogares y negocios.


La piscina pública de Westridge, en el barrio de Mitchells Plain, a las afueras de la ciudad, luce vacía.Credit Joao Silva/The New York Times

Los hospitales, las escuelas y otras instituciones vitales todavía obtendrán agua, según funcionarios, pero la escala a la que tendrán que ser cerrados otros grifos será severa.

Los problemas de Ciudad del Cabo representan así uno de los mayores peligros que supone el cambio climático: el riesgo cada vez mayor de sequías poderosas y recurrentes. África es un continente particularmente vulnerable a los efectos del cambio climático y la situación en la ciudad sudafricana es una advertencia particularmente potente para otros gobiernos que no tienen los mismos recursos o no han trabajado tanto para adaptarse y volverse más resilientes.

Por ahora, los líderes políticos han prometido trabajar en conjunto para “derrotar al día cero”. Conforme los niveles en las represas que alimentan a la ciudad siguen bajando, los funcionarios apuran la producción de fábricas de desalinización y de acceso a aguas freáticas. A partir de febrero los residentes enfrentarán fuertes sanciones si se sobrepasan de su límite diario de agua, que a partir de ahora pasará de 87 a 50 litros por día.

Hace apenas unos años, la situación pintaba completamente distinta. En 2014 las represas estaban al tope después de varios años de lluvia.


Un grifo de uso comunitario en Mitchells Plain Credit Joao Silva/The New York Times

La ciudad había sido especialmente exitosa en cuanto a la conservación del agua. Aunque la población había aumentado en un 30 por ciento desde principios de la década de 2000, el consumo total de agua se había mantenido estable. Muchos de los recién llegados estaban en zonas más empobrecidas donde se consume menos agua y eso ayudó a que disminuyeran los niveles de uso per cápita.

Las medidas de conservación –como los arreglos de fugas y de tubería vieja, la instalación de medidores y los ajustes a las tarifas– tuvieron un impacto considerable. Quizá demasiado: la ciudad logró conservar tanta agua que pospuso la búsqueda de nuevas fuentes.

Durante años hubo advertencias de que el suministro necesitaba diversificarse y ampliarse. Prácticamente, toda el agua proviene de seis represas que dependen del agua pluvial, una situación muy riesgosa en una región tan árida que enfrenta un clima cambiante. Las represas que hace unos años seguían llenas ahora están al 26 por ciento de su capacidad, de acuerdo con funcionarios.


Mark Bleloch revisa sus tanques de agua en Constantia, un suburbio adinerado de Ciudad del Cabo.Credit Joao Silva/The New York Times

Desde 2007, el Departamento de Agua de Sudáfrica advirtió que la ciudad necesitaba complementar las presas con aguas freáticas, desalinización y otras fuentes debido al impacto potencial del cambio climático.

Mike Muller, quien dirigió el departamento entre 1997 y 2005, dijo que la estrategia de conservación de agua de la ciudad, sin nuevas fuentes, ha contribuido “en gran parte a los problemas de Ciudad del Cabo”.

“La naturaleza no está dispuesta a ceder”, añadió Muller. “Habrá sequías graves. Y si no te has preparado, te van a golpear duramente”.

Ian Neilson, el vicealcalde de Ciudad del Cabo, dijo que estaba en los planes conseguir nuevas fuentes de suministro pero “no se previó que serían requeridas tan pronto”.

Otras ciudades han enfrentado la escasez grave de agua; Brasilia, por ejemplo, declaró estado de emergencia hace un año y los expertos han dicho que la falta de agua en Brasil, que ha afectado a más de 800 municipios en todo el país, se debe al cambio climático, la rápida expansión de la agricultura, problemas de infraestructura y falta de planeación.


La fila el 22 de enero para llenar contenedores con una fuente natural en Newlands Credit Joao Silva/The New York Times

La escasez del agua en Ciudad del Cabo también ha resultado en divisiones políticas, especialmente dado que buena parte de la responsabilidad para la infraestructura del agua recae en el gobierno del país, liderado por el Congreso Nacional Africano. Ese gobierno es el que controla el suministro para Ciudad del Cabo, otras municipalidades y para el sector agrícola de la provincia, incluida la industria vinícola al este de la capital legislativa. Los expertos dicen que durante los dos primeros años de la sequía no impuso límites al suministro para la agricultura y que eso empeoró el problema.

“El gobierno nacional está dando largas”, dijo David Olivier, quien estudia cambio climático en el Instituto de Cambio Global de la Universidad del Witwatersrand.

Sin embargo, el gobierno de la ciudad también cometió errores. El año pasado en vez de enfocarse en posibles soluciones, como aprovechar los acuíferos locales, el gobierno se concentró en construir unidades de desalinización temporales, dijo Kevin Winter, experto del Instituto de Agua a Futuro de la Universidad de Ciudad del Cabo.

“Tarda mucho tiempo construir módulos de desalinización, de tres a cinco años, y el costo es considerable”, dijo Winter. “Todavía más costos durante una crisis”.


Algunos habitantes de lugares alejados como Mitchells Plain se preguntan cómo lograrán cargar el agua desde los puntos de distribución. Credit Joao Silva/The New York Times

Neilson, el vicealcalde, reconoció que “se desperdició algo de tiempo”. La ciudad, dijo, ya “redirigió de manera dramática sus esfuerzos”.

También ha impulsado un mejor control del consumo. A nada de quedarse sin agua y sin tiempo, Neilson dijo que estaba “especialmente al tanto” de la necesidad de asustar a la gente para que cambie su conducta, pero sin causar pánico. “Creo que no hemos logrado eso hasta ahora”, dijo.

Hasta el momento solo el 55 por ciento de los residentes se han quedado por debajo del límite de 87 litros por día.

Helen Zille, quien gobierna la provincia Cabo Oriental, que incluye a Ciudad del Cabo, escribió hace poco en un periódico local que considera inevitable que se cierre por completo el suministro. La pregunta que queda, escribió, es: “Cuando llegue el día cero, ¿cómo aseguramos que el agua sea accesible y prevenimos la anarquía?”.

Norimitsu Onishi informó desde Ciudad del Cabo y Somini Sengupta, desde Nueva York. Kimon de Greef colaboró con este reportaje desde Ciudad del Cabo y Ernesto Londoño, desde Río de Janeiro.


¿Qué sucede cuando una ciudad se queda sin agua?: Ciudad del Cabo está a punto de comprobarlo. Jason Burke/Johannesburgo

Gran parte de África del sur se recuperó de una sequía producida por El Niño

Los habitantes de Ciudad del Cabo dejarán de tener agua corriente en sus casas si en un plazo de dos meses no consiguen contrarrestar los efectos de la peor sequía que azota actualmente a la segunda ciudad más importante de Sudáfrica en casi un siglo.

Las autoridades locales han avisado a sus cuatro millones de habitantes de que si no reducen su consumo antes del 12 de abril, tendrán que hacer cola frente a 200 grifos para recoger su ración diaria de 25 litros.

La ciudad, que atrae a millones de turistas al año, ha impuesto estrictos controles contra el derroche de agua, entre los que se incluye procesar a aquellos propietarios que utilizan más del límite de 87 litros diarios. Sin embargo, las medidas no han sido suficientes, lo que ha obligado a las autoridades a fijar una fecha límite nueve días antes de lo esperado.

“Por culpa de una caída en los niveles de la presa de un 1,4%, la fecha límite desde hoy se traslada al 12 de abril”, dijo este martes el teniente de alcalde Ian Neilson en un comunicado. Cada día que el consumo de agua exceda los 500 millones de litros, la fecha límite de consumo normal de agua se acercará, dijo.

El próximo 1 de febrero, entran en vigor una serie de medidas todavía más estrictas que limitarán el uso máximo por persona a 50 litros por día, en vez de 87. A principios de este año, la ciudad publicó una lista para poner en evidencia a los peores infractores en cuanto al uso del agua en Ciudad del Cabo, y aseguró que está poniendo multas a los que más agua desperdician.

Hasta el momento, se ha pedido a los agricultores que corten el riego, a las compañías de alquiler de coches que dejen de lavar los vehículos, los hoteles han restringido todos los usos del agua, mientras que a los turistas que se alojan en viviendas particulares se les ha pedido que restrinjan su aseo personal.

También se están produciendo conversaciones para que las bases militares de Sudáfrica puedan almacenar agua. Las autoridades del país han sido criticadas por fracasar a la hora de implementar lo antes posible las restricciones de uso y por ignorar las alertas de los expertos durante años, antes de producirse la sequía.

Los expertos dicen que es poco probable que se alcancen los objetivos.

“El día límite ha ido yendo hacia una dirección, directo hacia nosotros”, explica Christine Colvin, residente y experta en agua dulce en WWF. “La única manera de darle la vuelta a la situación es que los ciudadanos cambien de manera drástica su consumo, pero hasta ahora no lo hemos hecho muy bien. Incluso ahora solo la mitad de la población respeta el límite de los 87 litros”.

¿Qué sucede en una gran ciudad sin agua corriente?

Probablemente, el distrito comercial central se salve del cierre total para proteger la economía y los suministros de reserva se destinarán a cubrir servicios vitales, como los hospitales. Se desconoce cuál es el impacto que se produce cuando una gran ciudad pierde su suministro de agua potable.

Los pantanos alrededor de Ciudad del Cabo, azotada por la peor sequía en un siglo, en la mayor parte de los casos no se han repuesto en los últimos tres años porque no ha llovido y están a punto de secarse.

Se han formado colas en los manantiales naturales alrededor de la ciudad. Los residentes buscan minimizar el uso de la red normal de agua y tener reservas de emergencia. “Todas las tiendas de mi barrio habían vendido todas sus botellas de cinco litros en cuestión de horas después del anuncio”, asegura Heather Hirschman, que tiene 57 años y vive en el barrio de Muizenberg. “Estoy acumulando agua como un loco”.

Nikkita Elliott, gerente del restaurante frente al mar Cape to Cuba, en Kalk Bay –un destino turístico muy famoso alejado del centro de la ciudad– espera seguir con su negocio utilizando solamente el agua de las fuentes públicas. El restaurante ha dejado de servir agua procedente de las tuberías y da solo agua embotellada. También han puesto carteles animando a sus clientes a tirar solo sólidos, han instalado una alarma de bloqueo para evitar que se rompan las tuberías y ahora lavan los platos a mano.

“Muchos propietarios de negocios y ciudadanos están haciendo todo esto con sus propias manos y están haciendo lo que pueden”, comenta Elliot. En general, la gente está preocupada de que las autoridades no tengan un plan claro para los puntos de distribución.

Helen Zille, la jefa de gobierno de Provincia Cabo Occidental, comentó que si cada familia de Ciudad del Cabo enviaba a una persona a buscar su ración de agua, habría unas 5.000 cada día en cada uno de los puntos de distribución.

“En la situación en la que estamos, el desafío supera cualquier cosa a lo que una ciudad importante haya tenido que hacer frente desde la II Guerra Mundial o el 11-S”, dijo Zille, también exalcaldesa de Ciudad del Cabo.

Alianza Democrática, el principal partido de la oposición en Sudáfrica, gobierna tanto en Ciudad del Cabo como en Provincia Cabo Occidental.

Gran parte de África del sur se recuperó de una sequía producida por El Niño después de las fuertes lluvias de verano. Pero Ciudad del Cabo recibe la mayor parte de lluvias durante el invierno del hemisferio sur y los científicos dicen que no hay garantías de que vaya a haber una buena temporada de lluvias.

La reducción del consumo de 1.100 millones de litros al día en el año 2016 a 518 millones en estos momentos no ha sido suficiente. “La situación se ha llevado fatal. Nos tendrían que haber avisado de esto hace años”, comenta Hirschman.

Muchos de los residentes más ricos de Ciudad del Cabo tendrán la posibilidad de salir de la ciudad y quedarse con amigos o familiares en cualquier parte, o incluso viajar al extranjero. Pero millones de personas que viven en los barrios más pobres de la ciudad no tendrán esta opción.

Se cree que la sequía se ha visto agravada por una serie de factores, entre los que destacan el aumento de la población y del desarrollo económico, la deficiente planificación a largo plazo, una insuficiente inversión en investigaciones en el sector del agua y las “sedientas” especies invasivas.

Colvin dijo que los residentes en Ciudad del Cabo y las autoridades necesitan comprender de una vez que el cambio climático se traduce en sequías agudas que podrían ser “la nueva vida normal”. “Esto no es un hecho aislado. Necesitamos utilizar esto para reiniciar nuestro sistema y estar preparados para el futuro que nos espera”, concluyó.

Norimitsu Onishi

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