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Cuadro de honor


Eusebio Ruvalcaba

Eusebio Ruvalcaba nació en Guadalajara, Jal. en septiembre de 1951. Como HOMENAJE en su aniversario y por su reconocida labor de escritor publicamos uno de sus cuentos de excelente factura. "El abanderado" (del libro 1994, Cuentos pétreos. México, Seix Barral, 1995) retrata la turbulenta situación en el México de 1994 y se narran las reflexiones de un alumno de primaria que es elegido como abanderado de su escuela.

El abanderado (Cuento)

Lo último que hubiera querido es que me escogieran para la escolta. Porque es mejor estar en la fila, sin que nadie se fije en ti ni tú te fijes en nadie; aunque siempre hay la posibilidad de que en la fila tú sí te fijes en lo que quieras, sea persona, animal, mueble o ciudadano director (como le gusta que le digamos al ciudadano director).

Pero ni modo. Me escogieron y ahí sí no puedes decir “fíjense que no, gracias”.

Porque lo deciden entre el ciudadano director y los maestros de cada grupo. Dicen que se fijan en todo, o sea lo que ellos creen que es todo: las calificaciones y la conducta. Claro está que tienes que estar en sexto. Pero estar en la escolta es una verdadera lata: te sacan a las diez de la mañana de tu clase y bajo el puritito rayo del sol te enseñan a caminar muy derecho, a portar la bandera, a izarla o arriarla (arriarla es lo contrario a izarla, y es así como se debe decir, no bajarla, como lo diría cualquier baboso), según el caso.

Así que cuando dijeron mi nombre dije “¡sopas!, aquí se acabó mi felicidad”. No sé ni por qué me escogieron. Pero puedo decirles que no soy muy machetero ni nada que se le parezca. Simplemente y para que mis papás no me molesten hago mis tareas, y en la clase tengo cerrada la boca, pero no para que me pongan diez en conducta, a mí eso no me importa, sino más bien porque mis compañeros son una bola de retrasados mentales, de esos con los que no puedes hablar de nada que no sea futbol, Gloria Trevi o lucha libre. Y a mí me aburren como si estuviera viendo a Raúl Velasco; por eso prefiero estar solo en el recreo y no echar relajo cuando la maestra sale de la clase por cualquier cosa. Les voy a contar lo que pasa cuando la maestra abandona el salón o mejor dicho lo que hacen Tinajero, Rivera, Peniche, Aguirre -al que le apodan Lolo -, Carrillo y Pantoja.

Pues sí, como gracias a Dios somos puros hombres apenas la maestra pone un pie afuera, Tinajero se sube al estrado y se saca la reata, o el pizarrín, como le dice mi papá; Rivera se orina en una bolsa de plástico y la avienta a la calle -casi siempre le cae a un coche que va pasando -; Peniche le jala los pelitos de las patillas a todos los de la fila; Aguirre, al que le apodan Lolo y dice ser muy sensible, se hace rosca y se pone a llorar; Carrillo saca de su mochila una revista de mujeres desnudas y se empieza a masturbar, y Pantoja se echa un pedo que hace que todos a su alrededor salgan disparados. Yo nomás los observo. Y no nada más porque me haga mosquita muerta sino porque así soy yo. Conmigo nadie se mete porque yo no meto con nadie, no voy con el chisme ni acuso a nadie. Me tienen sin cuidado. Los muy ingeniosos me pusieron El Silencioso. Aunque más bien yo fui el que me puse el apodo. Le dije a Rivera, que es el más broncudo:

-¿Ya sabes cómo andan diciendo que me van a decir?

-No, -dijo -¿Cómo?

-El Silencioso, -repuse yo. Y agregué: pero hay de quien me lo diga porque le pongo sus madrazos.

Por supuesto, al día siguiente todos me decían así. Sobra decir que de ese modo evité que me pusieran algún apodo que en serio fuera a molestarme, aunque se me hace que para que a mí me sulfure un apodo está en chino, además de que no creo que se les ocurra nada original.

Pues digo que estoy en la escolta y aquí estoy. Y justo con los más guerristas, cuyos nombres ya los habrán memorizado pero creo que los voy a repetir por si las purititas dudas: Rivera, Tinajero, Carrillo, Aguirre -a quien le apodan Lolo -y Peniche. Pantoja no; yo le propuse que se pasara a mi lugar y él aceptó encantado, pero la maestra dijo que no, que Pantoja sobraba, que a mi correspondía estar ahí y asunto concluido. Supongo que a estas alturas ya se habrán preguntado por qué escogieron a los más desmadrosos del grupo –salvo yo, que soy más bien indiferente y gris, como ya quedó dicho -y no a los más aplicados, como ha sido siempre y como según dije se acostumbra hacer. Pues por dos razones: porque los más aplicados ya habían estado en la escolta, y para ver si así se disciplinaban los relajientos. Porque según el ciudadano director, que dice que va a ser Secretario de Educación, los revoltosos mejoran si les haces sentirse bien, si les das un voto de confianza, como si fueran excelentes alumnos, bien portados y estudiosos.

Sobre lo que yo habría querido platicar con Tinajero y compañía era sobre otra cosa: sobre Chiapas y el subcomandante Marcos. Pero a nadie de mi grupo le interesa. A mi papá sí. Me lee los comunicados -que a veces están de morirse de risa y otras no tanto -y me cuenta las luchas que desde tiempos muy antiguos entablaron los indígenas y la forma en que los han despreciado, desaparecido y explotado, peor que si fueran animales, y digo peor no porque los animales lo merezcan, sino porque mi papá dice que los han engañado vilmente, que les prometen una cosa, otra y otra, y al final les dan un cuerno. Él mismo ha guardado los periódicos desde el dos de enero -porque el primero no hubo -, porque dice que el día de mañana van a servirme para hacer un trabajo universitario.

Pobre.

Ahí si está muy equivocado porque yo lo último que quiero es ir a la universidad. Tengo otros planes: terminar la primaria y lanzarme a colonizar Nueva Zelanda, porque dicen que están solicitando pioneros como los de las películas.

Tinajero dice que en Alaska te haces rico pelando pescado, que te pagan en dólares canadienses (yo no sabía que había dólares canadienses) y que en menos de dos años regresas a México en un Corvette. Cuando Carrillo oyó el chisme dijo que en Alaska están las mujeres más cachondas del mundo y que a los mexicanos no les cobran. “¿Cómo que no les cobran?”, pregunté yo, “¿pues qué les van a cobrar: tienen una deuda o qué?” No lo hubiera dicho por que todos se rieron de mí. “Porque las mujeres te cobran para que te las cojas, tarado”, dijo Carrillo y me dio un empujón. “Ya lo sabía pero no me acordaba, tarado”, le dije yo y le regresé el empujón.

Por fin llegó el siguiente lunes, el de la ceremonia. A años luz se veía que mi mamá estaba feliz de que me hubieran escogido precisamente a mí para que yo portara la bandera, o sea, para que fuera el abanderado. Y digo feliz porque el día anterior me llevó a la peluquería- a la Dandy, que abre los domingos-, le puso almidón a la camisa, como hace con las camisas de mi papá, y no me dijo que me bañara el domingo en la noche sino el lunes en la mañana, casi de madrugada, lo que provocó que casi me cayera de sueño con todo y bandera. No me dormí porque estaba hecho un nudo de nervios. ¿Y si se me olvidaba para dónde era el flanco derecho, o el izquierdo? ¿Y si se me chispaba la bandera? ¿O si me torcía un pie o me venía un calambre?, a mí que me dan a cada rato. Me podían ocurrir mil cosas. Así que puse toda mi atención para que no se me pasara ningún detalle. Por lo pronto Rivera, Tinajero, Carrillo y Peniche estaban paraditos como soldados. Hicimos un recorrido por todo el patio. El silencio era como el de los cines cuando ves una película de miedo. En la tarima, desde un micrófono, el ciudadano director daba las órdenes: “¡Alto, ya! ¡Flanco derecho, ya! ¡Paso redoblado, ya!” Hasta que por fin llegamos a la tarima, donde él estaba. Mientras se hacía a un lado para que nos acomodáramos, yo quedé frente al micrófono. Y no sé por qué, pero entonces recordé un viejo sueño: dar El Grito desde el Palacio Nacional, tal cual lo hace todos los años el presidente. Así que sin importarme que no fuera 15 de septiembre, agitando la bandera de un lado al otro, grité sin pensarlo dos veces: “¡Viva México!” De inmediato toda la escuela grito: “¡Viva!”, y entonces grité, más fuerte todavía, lo más fuerte que pude, lo primero que me vino a la cabeza: “¡Viva el subcomandante Marcos!” Como si fuera uno solo, la escuela por completo gritó lo mismo: “¡Viva!”

Bueno, eso fue hace unos cuantos meses. No tiene caso decir que mi papá ya no me lee más comunicados -por orden de mi mamá -y que tuve que repetir el sexto año. En otra escuela, por supuesto. Y de paga, para acabarla de amolar.

Eusebio Ruvalcaba
Escritor mexicano, autor de novelas como Un hilito de sangre (1991), Banquete de gusanos (2003) y Sangre de mujer (2007); y de libros de cuento: Las memorias de un liguero (1997); Amaranta o el corazón de la noche (2000); El sol le hace daño a los ancianos (2006)

David Fernando Machorro. 27 de Septiembre de 2013 17:17

esta lectura es muy buena para crear conciencia en los alumnos del significado y recreación en la lectura

JESHUA IVAN RUIZ REVILLA. 11 de Octubre de 2013 17:01

esta lectura es de mucho apoyo para reflexionar gracias

Sergio Omar Gerardo Rivera 2 "a". 20 de Octubre de 2013 14:24

Si es muy interesante los cuentos ya que muestran mucho interés en la lectura para muchas personas

yared styles. 07 de Noviembre de 2013 15:13

lindo el cuento asi me paso ami

Omar Fragoso. 04 de Diciembre de 2013 15:12

Me pareció un cuento emotivo, fui escolta en la primaria,al leer esto, se me genero un vuelco emocional, a mis 31 años ejerzo una carrera que no me convenció del todo,pero al darme unos minutos para leer este cuento, recordé el olor a lápiz y a cantimplora vacía, le dio sentido al día. Gracias.

Elizabeth González. 19 de Febrero de 2014 13:56

Me agradó mucho leer este cuento hace algunos años. Y me parece una fuente inspiradora para motivar a los alumnos de una manera simpática y divertida a leer. Por eso hoy nuevamente busque este cuento para leerlo a mis alumnos de primaria, utilizando la lectura en episodios. Creo que no solo motiva a leer sino también nos enseña que la lectura puede hacernos recordar, entender, revivir el pasado, y hasta divertirnos. GRACIAS por publicarlo.

abigail. 19 de Agosto de 2014 23:31

pues a mi me gusto jeje me hiso reir y me hiso reflexionar me gusto la lectura

Anónimo. 04 de Octubre de 2014 20:42

Ornedan.

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