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LA CLASE


Blanca Heredia


Asignatura pendiente: aprendizajes básicos

Un estudio independiente y riguroso sobre aprendizajes básicos en lectura empleó la siguiente pregunta (nivel segundo de primaria) para evaluar la comprensión lectora en una muestra de niños/jóvenes entre cinco y 16 años en Puebla, Quintana Roo, Veracruz y Yucatán, entre 2014 y 2016.

Juanito siempre estaba serio. Nada podía ocurrir a su alrededor que le arrancara una sonrisa siquiera. Aunque mirara payasos muy graciosos que contaban chistes, hacían actos de magia y hacían bromas muy divertidas, nada, el niño seguía muy serio. Un día temprano, despertó a su mamá diciendo: ¡Ya me salieron mis nuevos dientes! Desde ese día, Juanito es el niño más sonriente que conozco. Pregunta: ¿Por qué no quería reír Juanito?

Poco más de la mitad de los estudiantes de cuarto de primaria evaluados no pudo resolver correctamente esta pregunta. Lo mismo ocurrió con 17 por ciento de los alumnos de tercero de secundaria, así como con 13 por ciento de los jóvenes nivel bachillerato.

Ese mismo estudio utilizó dos divisiones simples (por ejemplo: 225/5) para evaluar si los niños/jóvenes sabían hacer divisiones nivel de cuarto de primaria. Los resultados que arrojó la medición fueron los siguientes: poco más de la mitad de los alumnos de quinto de primaria no pudo resolver correctamente la pregunta. En igual situación se ubicaron tres de cada diez jóvenes nivel de tercero de secundaria y dos de cada diez de nivel bachillerato.

Para valorar la capacidad para resolver un problema aritmético expresado en palabras, igualmente nivel cuarto de primaria, el estudio empleó la siguiente pregunta:

Sofía compró dulces para sus 15 alumnos y a cada uno de ellos le dio 1 chocolate, 2 chicles y 1 paleta. Si los chocolates cuestan 7.00 pesos, las paletas 2.00 pesos y los chicles 6.00 pesos. Pregunta: ¿Cuánto gastó por todos los dulces que compró?

Estos fueron los resultados: 87 por ciento de los niños nivel quinto de primaria no pudieron contestar correctamente el ejercicio. Tampoco lo consiguieron 58 por ciento de los jóvenes de tercero de secundaria y 45 por ciento de los jóvenes de bachillerato evaluados.

El estudio Medición Independiente de Aprendizajes (MIA) del CIESAS (Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social) y la Universidad Veracruzana, coordinado por Felipe Hevia, es parte de un movimiento internacional de evaluaciones educativas independientes y rigurosas realizada por ciudadanos, que surgió en India. Dicho estudio no es el primero en alertarnos sobre nuestras muy serias carencias en calidad educativa. Lo que lo distingue es que pone el lente justo donde se ubican algunos de nuestros problemas más graves y apremiantes en la materia. En específico: en aprendizajes básicos en lectura y aritmética.

Está bien y es importante ser ambiciosos y exigentes en lo que le pedimos al sistema educativo mexicano. Muy bien aspirar a colocar la educación nacional en posición de afrontar los retos que vivirán sus egresados en el siglo XXI.

Resulta, sin embargo, de elemental honradez y sentido común reconocer que sin habilidades de comprensión lectora y aritmética mínimas no habrá progreso educativo posible. No lo habrá, pues una proporción excesivamente alta del estudiantado y de la población toda carece de los saberes y destrezas indispensables para poder aprender cosas progresivamente más complejas. En esas condiciones, promesas educativas muy ambiciosas se parecen a ofrecerle a alguien que no sabe caminar la posibilidad de ganar una competencia de salto de altura.

No se trata ni estoy argumentando aquí a favor de concentrarnos única y exclusivamente en lectura y matemáticas. Lo que sí es urgente es darle la más alta prioridad en la acción y el debate educativo a la pregunta en torno a cómo asegurar que las escuelas mexicanas les ofrezcan capacidades habilitantes mínimas a todos los estudiantes del país.

Para entrarle en serio a ese problema no bastan pretendidas balas de plata tipo el aumento en el gasto educativo o la evaluación docente. El asunto es peculiarmente complejo y requerirá voluntad política, conocimiento sólido e involucramiento social amplio y sostenido. Dado que, sin esos tres ingredientes, seguiremos donde estamos, resultaría muy importante que los candidatos presidenciales nos dijeran qué piensan sobre esto y qué piensan hacer al respecto.

Blanca Heredia

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