Usos múltiples

El tímbre de las ocho

Armando Meixueiro Hernández
Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


La enseñanza de las artes: poesía a pecho descubierto

A Ramón Hernández, con incalculable afecto

I

En realidad la poesía la había aprendido en el cuarto del Scribe, más que en un salón de clase. En uno de los desniveles de su casa, en una calle próxima a la avenida Miramontes, en el sur del entonces Distrito Federal. En la cama se desplegaban objetos culturales varios. Entre los tres tomos de los cuentos de Julio Cortázar publicados por Alianza Editorial, las tiras cómicas de Mafalda y las revistas con el tetracampeón Cruz Azul, el delgado y larguirucho compañero de escuela de César Labastida tomaba un libro y leía poemas. El Scribe casi automáticamente abría, por ejemplo, Inventario de Benedetti, miraba fijamente el texto y empezaba a recitar:

No te quedes inmóvil 
al borde del camino, 
no congeles el júbilo,
no quieras con desgana,
no te salves ahora 
ni nunca

Ante la reacción sorprendida de los adolescentes reunidos en la habitación y uniformados de azul con chamarras, rompe vientos y chalecos, el Scribe decía en tono explicativo y con un gesto infantil, ladeando la cabeza:

—Perdón pero es que la poesía se debe leer en voz alta y hay que creérsela.

Por eso en la preparatoria, cuando le solicitaron entrar al concurso de poesía coral por equipos, César propuso un poema de los favoritos en el repertorio del Scribe, escrito por el poeta cubano Nicolás Guillén:

No sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo,
si somos la misma cosa
yo,
.

Tú eres pobre, lo soy yo;
soy de abajo, lo eres tú;
¿de dónde has sacado tú,
soldado, que te odio yo?

Me duele que a veces tú
te olvides de quién soy yo;
caramba, si yo soy tú,
lo mismo que tú eres yo
.

Pero no por eso yo
he de malquererte, tú;
si somos la misma cosa,
yo,
tú,
no sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo
.

Ya nos veremos yo y tú,
juntos en la misma calle,
hombro con hombro, tú y yo,
sin odios ni yo ni tú,
pero sabiendo tú y yo,
a dónde vamos yo y tú…
¡no sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo!

En esa ocasión, elaboraron lo que ahora César sabe que se llama vestuario, entintando las camisetas de color azul para el equipo de siete participantes. Las prendas quedaron como banderas deslavadas, y completaron la indumentaria con pantalones de mezclilla. Se presentaron valientemente y con entusiasmo en el Auditorio Justo Sierra. No ganaron, pero se la creyeron. Leyeron en voz alta en el escenario. Lograron conectar con un auditorio que les aplaudió justamente. Y César agradeció aquellas tardes de poesía con su profe y cuate el Scribe.

II

En su largo peregrinar formativo por las artes, César Labastida también intentó – fallidamente- la danza regional. En una escuela de docentes se matriculó en el taller de baile y tuvo dos joyas de profesores que lograron ínfimos progresos con él. Ni Queta ni Lalo pudieron hacer avances significativos en el incompetente César Labastida. La maestra Queta, disciplinada bailarina, marcaba el paso con un bastón y llevaba el ritmo, que sólo suspendía cuando decía, en un grito:

—César, tiene usted dos pies izquierdos, así no es el tresillo.

—Serán dos pies derechos, maestra Queta, porque soy zurdo. —replicaba el inepto bailador.

Con el profesor Lalo las cosas no fueron mejores, éste enseñaba el paso de una rutina y por más que César lo intentaba reproducir, no lograba descifrar, con la torpeza de su cuerpo, ese galimatías que observaba. Muy pronto abandonó el taller.

Tal vez Labastida nunca aprendió danza tradicional mexicana, pero sí logró apreciar los valores del movimiento cadencioso y de la cultura mexicana, aún en bailes populares donde sigue disfrutando el arte de mover el cuerpo con armonía.

III

La aproximación del profesor César a las artes plásticas tampoco tuvo un sendero amplio y ascendente. En la primaria descubrió que dibujar era un deleite pero que, por razones que en esa época le eran misteriosas, sólo se permitía hacerlo los viernes. El niño César esperaba con ansia el último día de la semana escolar para poner en práctica sus habilidades artísticas, sin embargo, resultaba un problema casi existencial cuando la maestra expelía:

—A ver mis niños, saquen sus lápices y colores, vamos a tener la clase de actividades artísticas. Carlitos les va a pasar hojas blancas para que allí hagan su dibujo. Escriben su nombre atrás. El tema es libre…

“¿Tema libre?” Se preguntaba el pequeño César, “¿y ahora qué dibujo?” El aprendiz de artista sufría largos e intensos minutos de angustia frente a la hoja en blanco, mientras oteaba en los pupitres de los compañeros. Luego de un lapso exasperante de tiempo decidía bosquejar lo que todos estaban garabateando: una escena futbolera, un portero lanzándose para detener el balón.

Improvisadas, superficiales y poco significativas, así habían sido las primeras lecciones del profesor Labastida en las artes plásticas. Sin embargo, la convivencia con un primo de mayor edad lo introdujo en la apreciación de las artes, particularmente en la pintura. Paco, el familiar de César, era dibujante autodidacta; en varias escuelas de educación básica había tenido experiencias desafortunadas que lo etiquetaban como “mal estudiante, indisciplinado”. Sus profesores y algunos compañeros no comprendían su inusual vocación por la caricatura, él consagraba las horas de clase puliendo, cada vez con mayor perfección, un estilo satírico y expresionista que causaba escozor en los modelos representados, y que en su mayoría estaban encuadrados en las autoridades escolares.

—¡Francisco, ¿otra vez dibujando en clase esos monos ofensivos?! —le imprecaba la maestra de Biología en primero de secundaria. —¡Vete a la dirección a burlarte de la más anciana de tu casa!

Pues el primo Paco, así con todos sus conflictos escolares, fue quien contribuyó a la formación artística de César Labastida, sobre todo cuando se reunían en aquel cuarto de azotea, ataviado por múltiples carteles de pintores y en el que, además de una cama sencilla y un librero, había un restirador donde incubaban bocetos, caricaturas, esquemas, paisajes, rostros y garabatos, en hojas de papel bond, en albanene, en cartulinas o en lienzos enrollados.

En esas veladas el profesor Labastida entendió lo que era la perspectiva lineal, lo que representaba un isométrico, la utilización del sombreado, la importancia de la luz en la pintura… Escoltado por imágenes de Da Vinci, Van Gogh, Dalí, Magritte y otros artistas, Paco le infundió a su primo la pasión por la pintura.

IV

El profesor César Labastida escucha un noticiero cultural. La voz de una joven anuncia las celebraciones que se preparan para el pintor austriaco Gustav Klimt, con motivo del Centenario de su muerte.

—La resurrección de la vida y obra de Klimt es lo que estaremos presenciando. —Señala la conductora en tono apostólico.

César revive en su memoria el cuadro de El beso. Se conmueve otra vez, como siempre que lo recuerda.

Ahora un locutor consternado comunica el fallecimiento de Nicanor Parra, el poeta chileno de 103 años, y luego de la semblanza, declama, como homenaje póstumo, la porción de uno de sus poemas.

Nosotros repudiamos
La poesía de gafas obscuras
La poesía de capa y espada
La poesía de sombrero alón.
Propiciamos en cambio
La poesía a ojo desnudo
La poesía a pecho descubierto
La poesía a cabeza desnuda
.

César Labastida se estremece, medita sobre la vida y la muerte, piensa en la sensibilidad hacia la vida y hacia la muerte. Reflexiona sobre el arte de la sobrevivencia y la resurrección. Piensa en Gustav Klimt, piensa en Nicanor Parra… y en todos los artistas que perduran gracias a la sensibilidad de sus obras… Y entonces cavila en la “poesía a ojo desnudo, a pecho descubierto, a cabeza desnuda…” Renacen en su memoria los poetas anónimos, los artistas ignorados, los maestros que le enseñaron a apreciar la sensibilidad de la vida y de la muerte. Entonces, posan en su mente el Scribe, la maestra Queta, el profe Lalo, el primo Paco, el tío Monchis…

—Sí m’hijo, lee “El inmortal” de Borges todas las veces que puedas. Vas a encontrar un cotorreo diferente en cada lectura. —Sugiere el tío Monchis, un mes antes de morir, a su sobrino, el profesor universitario.

César Labastida se conmueve, piensa en la muerte, en la vida, en la sobrevivencia, en la resurrección; piensa en el arte, en su esencia, y afloran en su rostro lágrimas como poesía a ojo desnudo.

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

abelroca. 31 de Enero de 2018 18:43

Armando, Rafael: la poesía se escapa de la vida cotidiana, para pasearse en libertad fuera de los muros del oprobio; nace, se cobija, emerge desde el vientre de la realidad y consuma su bautizo con el vigor del nuevo efecto, el del bebé contraste,el de la paradoja iluminante, que potente desafía los entendimientos breves, no nació para ellos, aunque tampoco para sepultarse en el olvido. Poetas fueron los escultores griegos que poblaron los templos y fincas del pasado y los bandidos museos de las europas dominantes, ellos supieron ver en la oscuridad de la piedra el esplendor de la belleza humana, bandidos los poetas en la entraña de las conspiraciones hicieron
del drama, en comedias y tragedias el ejercicio de la palabra que alborota el entendimiento y nos invita a descifrar sus convulsivos componentes. Poetas hubo en los bardos medievales de Provenza que hicieron de romance cancionero la conversión de lo romántico del común hablar en lo inefable del amor cantado: la canción romántica y con él santificar con hermosura literaria el amor frustrado. la guerrilla contra las invasiones opresoras también desataron las cuerdas de la lírica poética y poetas fueron las musas inspiradoras de los griegos que construyeron academia,s biblotecas y museos y poetas también las chilenas nuestras de las parras y los arcángeles que encontraron en el amor pedagógico el rebelde entusiasmo para denunciar y combatir las tiranías, la inicua explotación de pobres y los mansos y esculpir con sus personas, sus poemas y sus canciones la dignidad de la lucha y de su triunfo del honor. Veo en fin que no hay poesía sin filosofía ni filosofías sin poesía y en sus respectivas entrañas brotan y se integran la belleza en el saber y el saber en la belleza.

abelroca. 31 de Enero de 2018 18:45

Armando, Rafael: la poesía se escapa de la vida cotidiana, para pasearse en libertad fuera de los muros del oprobio; nace, se cobija, emerge desde el vientre de la realidad y consuma su bautizo con el vigor del nuevo efecto, el del bebé contraste,el de la paradoja iluminante, que potente desafía los entendimientos breves, no nació para ellos, aunque tampoco para sepultarse en el olvido. Poetas fueron los escultores griegos que poblaron los templos y fincas del pasado y los bandidos museos de las europas dominantes, ellos supieron ver en la oscuridad de la piedra el esplendor de la belleza humana, bandidos los poetas en la entraña de las conspiraciones hicieron
del drama, en comedias y tragedias el ejercicio de la palabra que alborota el entendimiento y nos invita a descifrar sus convulsivos componentes. Poetas hubo en los bardos medievales de Provenza que hicieron de romance cancionero la conversión de lo romántico del común hablar en lo inefable del amor cantado: la canción romántica y con él santificar con hermosura literaria el amor frustrado. la guerrilla contra las invasiones opresoras también desataron las cuerdas de la lírica poética y poetas fueron las musas inspiradoras de los griegos que construyeron academia,s biblotecas y museos y poetas también las chilenas nuestras de las parras y los arcángeles que encontraron en el amor pedagógico el rebelde entusiasmo para denunciar y combatir las tiranías, la inicua explotación de pobres y los mansos y esculpir con sus personas, sus poemas y sus canciones la dignidad de la lucha y de su triunfo del honor. Veo en fin que no hay poesía sin filosofía ni filosofías sin poesía y en sus respectivas entrañas brotan y se integran la belleza en el saber y el saber en la belleza.

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