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Usos múltiples


Gabriel García Ayala


¡Maldita pobreza!

Bajé del Metro en la estación Ermita. Por curiosidad me asomé en una clínica que está en esa estación, dependiente del gobierno de la Ciudad de México. Una de las enfermeras del lugar, seguramente al verme tan magullado después de viajar en ese transporte público pensó que yo necesitaba los primeros auxilios. Preguntó si se me ofrecía algo. Agradecí la atención y dije que no. Pero en ese momento recordé que no me habían aplicado la vacuna contra la influenza. Me dijo la enfermera que me formara para que me vacunaran. Así lo hice. Mientras tocaba mi turno observé a las personas que esperaban ver al médico.

Vi ancianos vestidos con andrajos, muy delgados, con la mirada perdida y el rostro cetrino. Vi a hombres y mujeres con los rostros pálidos, en cuyos ojos se manifestaba una profunda tristeza. Todos vestidos humildemente. Me percaté que la pobreza tiene un olor desagradable. Cómo no va a ser así, si apenas alcanza para comer, mucho menos habrá para comprar jabón y un buen desodorante, de esos que protegen durante 24 horas. Con todo y que el presidente dijo que el aumento al salario mínimo no es “un ajuste menor”, no alcanza a cubrir la compra de alimentos de la canasta básica. A pesar de que, según estadísticas, los mexicanos trabajan más que otras partes del mundo, el salario mínimo es de los más raquíticos en el orbe. Y recuerdo una estrofa de “Suave patria”, del enorme poeta Ramón López Velarde: “Como la sota moza, Patria mía, /en piso de metal vives al día, /de milagro, como la lotería”

Gabriel García Ayala

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