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Usos múltiples


Gabriel García Ayala


Un amigo es como un confesor laico

Ayer visité a mi querida amiga Teresita Maldonado Salazar, quien me honra con su amistad desde hace más de veinte años. Ella hace honor a lo escrito por el filósofo Francis Bacon con respecto a la amistad, en el sentido de que: “un amigo es como un confesor laico”.

Me recibió con grandes muestras de cariño, un abrazo y dos libros. Ambos de Alberto Manguel, un incansable promotor de la lectura y ganador del Premio Alfonso Reyes 2017. Uno de ellos, De libros y lecturas, dedicado a mi persona por el mismísimo autor. El otro titulado Mientras embalo mi biblioteca, una elegía y diez digresiones. En éste se refiere a las experiencias que le han deparado ser guardián y amante de los libros: el orden de las bibliotecas públicas y el caos en la personal; la variopinta composición de la misma: mezcla de ediciones, lenguas y géneros, desorden con la cual me identifico. Al leerlo me surgieron varios sentimientos de culpa. Y es que debido a que he andado como judío errante he tenido dolorosas separaciones. He debido abandonar los libros de mis escritores favoritos: George Orwell; las obras completas de Richard Wright; las de Javier Marías, sobre todo Un corazón tan blanco; los libros de Manuel Puig: El beso de la mujer araña y Pubis angelical, principalmente; una colección de 100 libros que compraba cada semana en la que aparecían los principales escritores surgidos a lo largo de la historia, de la Editorial Bruguera: Truman Capote, Rafael Alberti, Céline, Borges, Hemingway, Pablo Neruda, Alejo Carpentier, Carson McCullers, Joseph Conrad, entre otros. Casi todas las novelas de Juan Marsé, de quien extraño sobre todo Últimas tardes con Teresa que leí varias veces, una lectura entrañable. Los libros de Norman Mailer, de Boris Vian, de Paul Bowles, de Kurt Vonegut; la biografía de Ingmar Bergman. Varios libros de Yukio Mishima. O mis novelas favoritas de José Tomás de Cuéllar: Baile y cochino y Ensalada de pollos. O las novelas de Ignacio Manuel Altamirano, sobre todo Clemencia.

He tratado de recuperar un libro que me marcó (además de la Biblia) llamado Las cárceles del alma, del escritor húngaro Lajos Zilahy. Lo tienen en Amazon, pero cuesta más ¡de tres mil pesos! De tal manera que me reconfortan los libros que me ha regalado mi amiga del alma. Gracias nuevamente.

Gabriel García Ayala

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