Bandera_de_mexico_en_el_escenario
Usos múltiples


Alfredo Villegas Ortega


Hay boletos que valen una vida

Hay fechas que no se olvidan. Hay citas que siempre se cumplen. Hay eventos memorables; historias que se funden y recuerdos que te hacen vivir intensamente.

Cuando yo tenía cinco años (en 1962, The Beatles lanzaron su primer sencillo, (cuando yo no sabía de su existencia, obviamente, cosa que ocurrió unos tres años después, más o menos) con Love me do, como ventana por la que los vientos sesenteros habrían de colarse y de calar muy hondo. Tan hondo que cincuenta y cinco años después, permanecen en mi memoria y en la de millones de personas. ¿Cómo es esto posible si John Lennon, primero, y George Harrison, después ascendieron prematuramente al olimpo etéreo? Justo, por eso, porque la intangibilidad es de lo que se construyen los sueños. Justo, también, porque uno de ellos, el más controvertido, quizá, de los cuatro, nos da chance de vibrar y sentir que la juventud es un estado permanente de ánimo. La juventud que el buen rock y el buen pop hacen posible. Esa magia la hacen posible, aparte de McCartney, otras grandes leyendas del siglo XX. Hacer que uno se sienta de quince, veinte, veinticinco años. Aunque, hay de magias a magias y de leyendas a leyendas.

¿De qué Paul McCartney estamos hablando? ¿Del baby face? ¿Del que, en los hechos, fue el productor y editor del Abbey Road junto a George Martin, cuando The Beatles estaban en franca desintegración? ¿Del fresa que ideó el disco más celebrado en la historia de la música popular, Sargent Pepper´s? ¿Del grueso que compuso Helter Skelter, la canción que pavimentó el camino al heavy metal? ¿Del hombre que llegó a ser el más rico de Inglaterra? ¿Del de las tontas canciones de amor? ¿Del compositor de Yesterday, la que cuenta con más de 1600 versiones? ¿Del chavo de Liverpool a quien John Lennon aceptó en su grupo para convertirse en la mancuerna compositora más grande en la historia de la música? ¿Del jovenazo de setenta y cinco años? ¿Del compositor de Hey Jude, Eleanor Rigby, Let it be, Get back, Blackbird…? ¿Del viejito que sigue produciendo música? De todos ellos, de ninguno. Simples etiquetas. Lo real, es que donde McCartney se presenta, los relojes sufren un colapso, porque los tiempos se sincronizan o se desajustan, porque hay seres a los que el tiempo y la historia les tienen un lugar de honor y consideración especiales, porque son seres de otra dimensión que trascienden su época y permanecen vivos, vitales y jóvenes como hace casi sesenta años.

Aunque uno escucha y disfruta el evento en general, lo cierto es que McCartney es el Beatle creativo que nos queda y somos felices al escuchar las hermosas canciones de su juventud, de cuando formó parte del cuarteto de Liverpool. Esa credencial no la tiene nadie. Es un picaporte al pasado, un puente imaginario en el que caben las sensaciones más intensas y en el que la vida nos regresa un poco de lo que el implacable tiempo se va llevando.

Ver a McCartney, es ver a los Beatles, porque la música sigue ahí, porque ¿quién más nos ha regresar las manecillas de nuestro reloj vital, a la música del cuarteto? Nadie

¿El concierto? Ah, empezó a las 9:15 de la noche y se prolongó hasta la medianoche. Dos horas y cuarenta cinco minutos de delirio colectivo, con cerca de noventa mil personas de todas las edades y de todas las clases sociales. Gente de sesenta, setenta, quince, diez, cuarenta años. Niños, obreros, milenials, amas de casa, profesionistas, peludos, calvos, panzones (¡Ése de las chelas, mándeme dos para acá!). El fenómeno que sacudió los años sesenta sigue vivo, cimbrando la enorme mole de concreto de Santa Úrsula, Ciudad de México.

“¡It´s been a hard day’s night!”. Y todos a brincar, a cantar a ponerse en trance. Cierto, la canción con la que inició no es de él, es de John Lennon, “Mi carnal” como se refirió a su gran amigo con el que compuso tantas rolas eternas. No ha pasado nada. Y de ahí pa´l real, una tras otra, como si estuviera en su juventud en Candlestick Park, en Tokio, el Hollywood Bowl o el Shea Stadium. El tiempo detenido, retrotraído particularmente cundo ejecutaba con maestría las canciones de los Beatles, fueran de él, de John, de ambos o de Harrison, “mi cuate” se refirió con cariño a George, al interpretar magistralmente Something, la canción de amor más celebrada de todos los tiempos. Save Us, My Valentine, Lettin go, Let me roll it, Maybe I’m amazed… muchas de su historia como solista. Me sorprendió ver a tanta gente cantándolas. Todas ellas y más alternadas con la música de The Beatles que era donde los decibeles de cerca de noventa mil almas aumentaban con gran fuerza.

Particularmente destaco de su repertorio como solista, My Valentine, “que compuse para mi esposa Nancy Shevell”, Here today /Aquí, ahora, “Que compuse para mi carnal John”, Maybe I’m amazed / Quizá estoy sorprendido (me encanta), y Live and let die/ Vive y deja morir, esa con la que salen los fuegos artificiales iluminando la noche y retumban las enormes palomas como cañonazos. Todo en un español muy entendible.

Así, ¿The Beatles? ¡Claro! Can´t buy me love (no puedo comprarme amor), Got to get You into my life/ estarás en mi vida), I’ve got a felling/Tengo un sentimiento, We can work it out/ Lo podemos solucionar; You won’t see me/No me verás, Love me do / Ámame (de Lennon), And I love her/ Y la amo, tributo al bolero y el bolero más vendido de la historia; cosas de la vida, con perdón de los Hermanos Gil y Juan Neri; Blackbird/ Mirlo —Pájaro negro, en la que hizo énfasis a los derechos humanos, pues la escribió en el 68 como producto de las tensiones raciales en Estados Unidos; Lady Madonna, Eleanor Rigby, I wanna be your man/ Quiero ser tu hombre, “La canción que compusimos para los Rolling Stones” en 1963, sus cuates, derribando el mito absurdo de que eran enemigos. Being for the beneffit of Mr Kite / Para beneficio del sr Kite, que nunca imaginé escuchar en vivo, una rola sicodélica que cierra el lado A del elepé Sargent Pepper’s, compuesta por John Lennon; realmente me emocionó mucho porque creo que es la primera vez que la toca en vivo; Something/ Algo, ya referida, A Day in the Life/ Un día en la vida, ¿Qué les puedo decir?, inenarrable el coro multitudinario y la historia que esa rola tiene en mi vida; Ob la dí, Ob la da, la canción con la que palomeaba cantándola con mis hermanos, Javier y Raúl en su grupo de rock cuando yo tenía como doce o trece años, Back in the USSR/ De regreso a la URSS, reconocimiento al maestro Chuck Berry por su Back in the USA/ De regreso a Estados Unidos, Let it be/ déjalo ser, y la gente como una sola voz acompañando a un Paul que, hay que decirlo, fue de menos a más. Empezó regular y la voz se fue modulando, increíble, ¿de qué están hechos estos tipos?

Hey Jude, ¿necesito decir cómo se caía el Estadio Azteca con el coro monumental?, Yesterday/ Ayer, Sargent Pepper’s lonely hearts club band/ Sargento Pimienta versión reprise, Helter Skelter/ Desorden, ya referida y que hay que agregar que grupos verdaderamente gruesos la tocan, reconociendo la influencia del “fresa más grueso del mundo” como señalaba Rafael Tonatiuh, en la extinta revista de rock, Mosca. Parecía una banda metalera (grandes músicos lo acompañaron, pero bueno, la leyenda es la leyenda).

¿Y luego? Birthday/ Cumpleaños en la que invitó a unas chavillas mexicanas y una colombiana a subir al escenario para bailar al compás de la canción. Cerró con Golden Slumbers, carry that weight, the end / Sueños dorados, lleva ese peso, el final, el popurrí que cierra, en el Abbey Road, la página más grandiosa de la historia de la música popular, como cerró en la misma medida una noche llena de sudor, corazones acelerados, baile, gargantas afónicas y un agradecimiento a la vida por darnos chance de respirar rico y tragarnos un poco del pastel generoso que nos brindó McCartney la noche del sábado 28 de octubre de 2017. Que viva la vida y la buena música por siempre.

Posdata: McCartney tocó, bajo, guitarra eléctrica, guitarra acústica, ukelele, órgano y piano

Alfredo Villegas Ortega
Maestro en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional y Académico de la Escuela Normal Superior de México.

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