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Deserciones

Mirador del Norte

G. Arturo Limón D.


JFK el magnicidio que nos cimbró a todos

Reflexionar serena, muy serenamente, es mejor que tomar decisiones desesperadas.

Franz Kafka

JFK ¿POR  QUIEN Y POR QUÉ  FUE ASESINADO… A 54 AÑOS DESPUES?

Todos quienes ya habíamos nacido antes de la década de los años 60, y teníamos edad para hacer memoria de ello, claro que  recordamos el momento de aquel 22 de noviembre del año 1963, recordamos donde estábamos y qué hacíamos…

RECORDAMOS LO QUE SUCEDIÓ EN DALLAS TEXAS.

Lo que siempre dudamos y lamentamos es no saber; ¿QUIEN Y POR QUE MATARON A JOHN F. KENNEDY? ese carismático presidente de los Estados Unidos de Norteamérica cuya muerte dejo un misterio que parecía seria develado por los archivos que Donald Trump en su condición de mandatario pero los de los poco más de 3000 documento solo aparecieron al derredor de 2800, los restantes al parecer guardan aun la verdad , si es que esta se conoce.

Empero lo cierto es que la verdad, la verdad, está muy lejos aún de aparecer a la luz, sin embargo, al no dar la cara esta, la conjetura que es su principal fachada leamos aquí lo que llamo la Verdad Histórica derivada de la desclasificación de documentos y la dosificación impuesta por Trump con el temor o la asesoría de menos interesada de las agencias de inteligencia norteamericanas.

Veamos lo que aquí se muestra, pensemos comparemos y hagamos después nuestra propia decisión de qué y a quién creerle.

“LA VERDAD HISTORICA”

“Por orden del presidente Donald Trump, el gobierno de Estados Unidos desclasificó este jueves por la noche 2800 documentos secretos sobre el asesinato del expresidente John F. Kennedy, provocando con ello un aumento en las dudas y teorías de conspiración de lo ocurrido el 22 de noviembre de 1963.

“Hoy ordené que finalmente se levante el velo”, indicó el presidente Trump en el memorando que envío el jueves la Casa Blanca a todas las agencias federales de inteligencia para la desclasificación de los miles de documentos.

Aunque, en términos generales, la información que contienen los expedientes concluyen que el exmarino Lee Harvey Oswald fue el asesino solitario de Kennedy, y que no hubo contubernio ni participación de los gobiernos comunistas de la Unión Soviética, Cuba, ni de la ultraderecha estadunidense, la información abre interrogantes que generaran más teorías de la conspiración.

“El 1 de octubre, en la Ciudad de México, Oswald llamó a la embajada de la Unión Soviética, y hablando en un mal ruso, preguntó si había alguna novedad sobre el telegrama de Washington”, destaca uno de los documentos relacionados a la interceptación telefónica que hizo la Agencia Central de Inteligencia (CIA) al asesino de Kennedy.

Semanas antes de matar (N:A: supuestamente) con tres disparos de un rifle semiautomático a Kennedy desde el sexto piso del edificio del Depósito de Libros Escolares de la Ciudad de Dallas, Texas, Oswald estuvo en la Ciudad de México para supuestamente solicitar visado en la embajada soviética y en la de Cuba.

“Durante su estancia en México, Oswald se entrevistó y habló con varios agentes rusos y cubanos”, subraya otro de los documentos.

La información sobre Oswald en México no es nueva, en documentos desclasificados con anterioridad ya se había establecido la conexión del asesino de Kennedy con agentes rusos y cubanos, pero en esos expedientes como en los desclasificados este jueves, se descarta la participación extranjera en el crimen.

“No tuve alternativa y acepté esas redacciones para evitar un potencial daño irreversible a nuestra seguridad nacional”, afirmó Trump en el memorando y en referencia al hecho de que en el dossier de los expedientes desclasificados, se retuvieron otras 1800 páginas de documentos secretos los cuales deberán ser liberados por la CIA en abril de 2018.

Entre los documentos que retuvieron las agencias federales de inteligencia, se encuentra un expediente de 338 páginas redactado por J. Walton Moore, el jefe de la oficina de la CIA en Dallas.

Por igual, se mantiene como “TOP SECRET” un documento de 18 páginas sobre la reunión que sostuvo el empresario texano, Gordon McClendon, con Jack Ruby, el dueño de un centro nocturno, quien dos días después del asesinato de Kennedy mató a Oswald, evento que fue transmitido en vivo por la televisión estadunidense.

Se espera que en abril de 2018 se liberen los expedientes relacionados con los exiliados cubanos Orlando Bosch y Luis Posada, acusados de derribar con una bomba un avión en 1976, acto terrorista que en el que murieron 73 personas N.A. de origen cubano) .

La desclasificación de los documentos no obedece totalmente a una orden de Trump. El mandatario lo que hizo fue pedir que se cumpliera con la legislación aprobada por el Congreso federal estadunidense, y que promulgó como ley el expresidente George H.W. Bush, el 26 de octubre de 1992.

Bajo esa ley conocida como el Acta sobre el asesinato del presidente John F. Kennedy, se estableció que a partir de su promulgación, 25 años después se liberaran todos los documentos sobre lo ocurrido el 22 de noviembre de 1963, a menos que el titular del poder ejecutivo (Trump, en este caso) considerara que se mantuviera bajo reserva la información que pudiera afectar la seguridad nacional. Por esta razón, la CIA convenció a Trump que fuera hasta abril del próximo año cuando se libere el 2% de los expedientes que no se dieron a conocer este jueves.

De entre los miles de documentos desclasificados, en cientos de páginas se hace mención a las investigaciones que ordenó el entonces director del FBI, J. Edgar Hoover.

En 1964, Hoover, como se lee en uno de los expedientes, “ordenó a la oficina del FBI en Nueva York, dar seguimiento a un pitazo sobre una reunión que se celebró antes del asesinato (de Kennedy) en la casa de Ruby con un individuo y el oficial de la policía de Dallas, J.D. Tippit, a quien Oswald hirió después de haber disparado contra el presidente”.

En otros expedientes se da cuenta de que varios integrantes del exilio cubano en Estados Unidos, fijaron la cuota de 100 mil dólares como pago por el asesinato del líder cubano, Fidel Castro, y de 20 mil dólares, por el de Ernesto “Che” Guevara, y de Raúl Castro, el actual presidente de Cuba.

Los documentos desclasificados no permiten leer la identidad de varios de los agentes de la CIA y del FBI que investigaron el caso del asesinato de Kennedy”. N.A. Aquí a mi parecer está el, MEOLLO DEL MISTERIO. Que deseo algún día y pronto se conozca,.

LOS SUPUESTOS BIEN PUESTOS

Vale la pena analizar estos supuestos derivado del trabajo de Javier García Sánchez.

“En principio, se trataba de una novela, como la que escribiría luego su admirado Stephen King, 22/11/63, que se titularía El francés, en referencia al alias y lugar de origen del quinto y último de los presuntos tiradores de precisión. Pero el autor se encalló a las 20 páginas y lo asaltó la duda. «¿Y si me sucedía como a Don DeLillo en Libra y me equivocaba al colocar los disparos en escena?», se preguntó. Luego lo asaltó el pudor, «ya bastante novela fue todo aquello para escribir la mía». Y finalmente llegó el aluvión de novedades a raíz de 50º aniversario del asesinato en 2013 donde «la gran mentira» seguía allí y campaba a sus anchas, y con la indignación y la rabia que le provocó constatarlo tomó la ambiciosa decisión de escribir un ensayo. Así nació Teoría de la conspiración. Desconstruyendo un magnicidio: Dallas 22/11/63 (Navona), la nueva obra de Javier García Sánchez (Barcelona, 1955), más de 600 demoledoras páginas que echan por tierra la versión oficial del asesinato del presidente norteamericano John F. Kennedy con tanta pasión como rigor a la hora de ordenar y exponer todo lo escrito, investigado y desclasificado (a cuentagotas) del asunto, en buena parte desconocido para el lector español, que cambiaría el mapa geopolítico del siglo XX. «Me enorgullezco del tono vehemente porque una historia de sangre es necesario contarla con sangre», se justifica García Sánchez, aunque no lo necesite porque la pasión de su estilo no va en desmedro del rigor con el que rearma el gigantesco rompecabezas. «Estamos rodeados de conspiraciones, pero esta es la madre de todas ellas», dice el autor, que le dedica su trabajo al medio centenar de testigos de lo que sucedió en la plaza Dealey de Dallas el 22 de noviembre de 1963 que perdieron la vida de las formas más diversas (suicidios, accidentes de caza y automovilísticos, balas perdidas, asaltos violentos y una larga lista de etcéteras) desde entonces. «Hablo de una cincuentena de víctimas colaterales del magnicidio porque conocemos los nombres, pero pueden que sean más», aclara el autor. Entre ellos, no sólo la amante de JFK Mary Pinchot Meyer, asesinada de dos tiros en la nuca mientras hacía running unos meses después, sino hasta el inocente taxista que recoge a Lee Harvey Oswald sin prisa alguna, minutos después de las detonaciones (puede que hasta seis y no tres como dice la versión oficial) en la plaza Dealey, y muere algunos años después en un inexplicable accidente de tráfico. «Víctimas que ni siquiera se mencionan en los libros de 2013 del 50 aniversario», se indigna el autor. Como en la famosa película de Oliver Stone JFK, la diana de García Sánchez es el funesto Informe Warren, la gran tapadera institucional de la conspiración, pero el barcelonés también se desfoga con agallas disparando a autores como Norman Mailer, que décadas después continuaba defendiéndolo, alimentando la intoxicación y negando la evidencia. «El informe de la bala imposible es como narrar la II Guerra Mundial sin una sola mención del Holocausto», sintetiza con dureza. Y las evidencias que expone García Sánchez son incuestionables: el presunto loco solitario con veleidades comunistas Lee Oswald era un disciplinado marine que trabajaba para la CIA y dos semanas antes del atentado le pide órdenes por carta al agente Howard Hunt, que luego sería condenado por el escándalo del Watergate. «De hecho, Hunt confesó la operación de la CIA antes de morir, pero no sólo estuvo él en Dallas, sino hasta cinco condenados del Watergate», señala el autor, que está convencido de que «Nixon estaba enterado, sabía que JKF no saldría vivo de Dallas, porque ya lo habían intentado unos meses antes en Chicago». Por no mencionar la supuesta arma homicida, «un rifle defectuoso y descalibrado que ni los peritos se atrevieron a disparar por miedo a que les estallara en la cara». Pero quizá la prueba más contundente que recaba es la implicación del congresista Lyndon B. Johnson en el complot, cuando se reveló en el año 2000 la presencia de una huella dactilar de su hombre de confianza, el agente de la CIA Malcolm Wallace, en el supuesto lugar de tiro de Lee Oswald, un burdo montaje desde una ventana de un almacén de libros con ángulo imposible. La tesis de García Sánchez es tan conocida como sencilla y más que creíble, con centenares de pequeñas pruebas y testimonios: el magnicidio fue un golpe de estado encubierto, al servicio del lobby armamentístico y cierto sector republicano para garantizar la intervención en Vietnam y la gestión del conflicto cubano, orquestado por la CIA y ejecutado mayormente por la mafia, con la connivencia del FBI. «La pieza clave de toda la operación fue un hombre que sólo cumplía órdenes, y quizá ni supiera porqué estaba allí o creyera que debía proteger al presidente. Puede que Lee Oswald fuera un héroe», aventura el autor.”

El disparo de la conspiración

Para García Sánchez el disparo clave del ‘coup d’état’ no es ninguno de los supuestamente tres (según el cuestionado ‘Informe Warren’) que acabaron con la vida de JFK, sino el que tuvo lugar a quemarropa, 48 horas después del magnicidio, a las puertas de la comisaría de Dallas, cuando trasladaban al chivo expiatorio de la operación orquestada por la CIA, Lee Harvey Oswald. «Con el disparo de Jack Ruby comienza toda la historia que ocultaría para siempre la verdad», dice el barcelonés. La inocencia del marine parece más que comprobada, no sólo «porque detestaba las armas y no podía darle ni a un concejo a cinco pasos según su hermano Robert», sino por el hecho de que la última llamada telefónica permitida que hizo detenido fue al oficial de Inteligencia Naval de Carolina del Norte, John Hurt, a cuyo mando respondía, solicitándole instrucciones, «cuando ya era consciente de que había caído en una gran trampa». «Fue un soldado hasta el final», dice el autor, que cita en su trabajo una imagen de la nota de la telefonista que trasfirió esa llamada aquel 23 de noviembre de 1963” 1.

PARA PENSAR MAS

  • CATALUÑA ¿EL PRINCIPIO DE OTRA BALCANIZACION?
  • TRUMP ¿EL MURO FRENARA LAS DROGAS?

1 Fuente, Javier García Sánchez: «Puede que Lee Oswald fuera un héroe» 17/03/2017 11:36 EM Matias Nespoldo

G. Arturo Limón D.
G. Arturo Limón D. Miembro del Cuerpo académico de Sustentabilidad UNAM, y Miembro de la Comisión de Educación en Mesoamérica de la UICN. Profesor investigador de la Universidad Pedagógica Nacional de Chihuahua UPNECH

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