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LA CLASE

Tema del mes

José Félix Díaz Bermúdez


Libertad y educación

Hace varios años, el maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa publicó el libro titulado: “Andrés Bello, educador”, en el cual reflexionaba sobre la magna obra civilizadora del gran caraqueño y en el cual exaltaba la noble condición de su humanismo, mediante el cual contribuyó a fundar a las nacientes repúblicas latinoamericanas sembrando en ellas ilustración, republicanismo, instituciones y ciudadanía, como objetivos de la educación, sin la cual no se forma cabalmente la nación.

Uno de los capítulos del libro es el referido al tema: “Libertad y Educación”, en el cual el autor  destacó la dramática tarea que tuvo que emprender el sabio Bello a quien le correspondió vivir: “la angustia de un mundo que nacía entre las enfurecidas y destructoras fuerzas de la guerra, de naciones que hacían su tránsito del servilismo a la libertad” y que en medio de ello: “buscaban ansiosas salir del estado de barbarie en que las había sumido la tiranía, sin encontrar sendero abierto porque todos desembocaban en el odio y la matanza”, según Prieto.

Se empezaban desde entonces a enfrentar en nuestra historia dos fuerzas opuestas: por una parte, la civilización y la República, la cultura y el derecho, que fueron indispensable fundamento de la revolución política y de la lucha por la independencia, y por la otra,  la realidad representada por un pueblo ignorante y jefes ambiciosos, ajenos al ejercicio racional del gobierno y de la política, quienes habían encontrado en el empleo arbitrario e indebido de las armas: “la manera de dar satisfacción a sus apetitos de mando y a sus aspiraciones  de riqueza”, tal y como señalaba Prieto.  En medio de ese drama, resaltó la presencia de hombres como Bello que fundaron la educación republicana para asegurar la independencia y superar los errores y vicios que amenazaban con sus actos destruir los logros alcanzados. Resultaba esencial formar a nuestras naciones americanas para la libertad y que la educación en ellas fuese el instrumento para modificar los viejos hábitos coloniales y las nuevas formas del autoritarismo y la arbitrariedad.

No puede concebirse entonces la educación sin libertad, ni la libertad sin la educación para crear y desarrollar al individuo y a una nación, y como bien lo señalaba Montesquieu: “en ninguno pesa más la obligación de proteger este ramo importante de la prosperidad social que en los gobiernos republicanos”, por el valor en que se fundan y por los derechos que sustentan.

Igualmente, a juicio de Prieto, en el pensamiento de Andrés Bello no sólo está presente la misión de instruir, de difundir conocimientos, sino que los mismos correspondan a las realidades nacionales, que se extienda la educación, en palabras del propio Bello: “a las clases menos acomodadas”, “porque no es sólo en bienestar de una pequeña porción de la sociedad el que se debe promover”.

Era y es necesario impartir en nuestra América una educación civilizadora, democrática y libre, y según el concepto de Bello con respeto a la Universidad, ésta debía ser no solo centro de formación profesional, sino también conservador y transmisor de la cultura, de la investigación, del humanismo y de la ciencia, y además: “creadora de modelos presentados al pueblo”, como observó Prieto, lo que evidencia el carácter esencial e influyente que por naturaleza a la Universidad le corresponde en la obra de construir un país.

Andrés Bello defendió el valor prioritario de la educación y la importancia de su institucionalidad. En la célebre exposición que hizo sobre el presupuesto universitario ante el Congreso de Chile el 03-09-1845, confrontó a los legisladores ante la indispensable reflexión sobre si la Universidad era o no necesaria, preguntando categóricamente: “¿Y cuál es el objeto que merezca una más seria atención a la legislatura que la instrucción del pueblo en un Gobierno Popular? Yo no conozco ninguno”. Con tal alegato, Bello estaba sosteniendo con ejemplar firmeza el derecho a la educación, a la existencia digna de la Universidad y la verdadera obligación de un gobierno democrático ante las mismas.

Pero si alguna reflexión del ilustre Bello testimonia la finalidad que la libertad y la educación deben tener en el hombre y en la sociedad,  encontramos aquella que ofreció a la juventud al indicar como mensaje sustantivo: “aprended a juzgar por vosotros mismos: aspirad a la independencia del pensamiento”, para ser individuos, para ser ciudadanos, para ser hombres libres, por  encima de la voluntad de cualquier otro, por encima de la voluntad de los gobiernos jamás superior a la autoridad de la nación, al mandato de la Ley y a la soberanía del pueblo.

Jfd599@gmail.com

Publicado originalmente en |  El universal, Caracas Venezuela, martes 13 de mayo de 2014  12:00 AM

José Félix Díaz Bermúdez

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