Usos múltiples

El tímbre de las ocho

Armando Meixueiro Hernández
Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


La sutil paradoja entre libertad y educación

Pensar la educación como concepto asociado a la libertad es un asunto que ha tenido ensimismado al profesor César Labastida desde aquellos tiempos en que decidió ser docente. El tema de la libertad, por sí mismo, ya le había apasionado antes, y los primeros recuerdos de una reflexión más escrupulosa se remontan a sus clases de Ética en la escuela preparatoria donde estudió.

En el curso de Ética, el profesor Martínez Luna les había encargado ver la cinta Blade Runner para discutir el tema de la libertad, evoca César sin dificultad. La historia le impactó mucho al estudiante, aunque su comprensión no había sido del todo adecuada. Había varias escenas que le eran confusas y desconcertantes pero la idea de que unos robots se rebelaran en contra de los humanos le había resultado sugerente.

La disertación que hizo el maestro Fernando Martínez durante la clase, vinculando la película con la noción de libertad, le fue igualmente confusa. César Labastida sólo podía reproducir algunas situaciones y momentos: La portada blanca y roja del libro de Gutiérrez Saenz que tenía sobre el pupitre y en el que estaban subrayadas ciertas frases del capítulo sobre la libertad; un par de expresiones sueltas que emitió el profesor mientras, histriónico, comentaba la película: “Así que, no hay libertad sin responsabilidad porque si no, sería libertinaje”; “la identidad humana se sustenta en la libertad, en la capacidad de tomar decisiones, así lo vemos con Deckard en la película…”; “… la libertad se sostiene en un conjunto de valores.”

Después, en esa asignatura del área 4 que cursó con el inolvidable maestro Samuel Vargas Montoya, César Labastida descubrió que Sartre, un filósofo al que calificaban como “existencialista”, se había desbocado al polemizar en casi toda su obra sobre el concepto de libertad. El profesor de preparatoria, insigne defensor del tomismo, narraba que Jean Paul Sartre, en su agonía, había solicitado un sacerdote para confesarse. “El paladín de la libertad absoluta”, remataba Vargas Montoya, “se había arrepentido.”

La libertad humana seducía con persistencia las meditaciones más inocuas del joven César Labastida. Quedó sorprendido cuando leyó, por azar, Niebla de Unamuno, novela que había dejado analizar un flemático profesor de literatura hispanoamericana y que, por obvias razones de resistencia estudiantil, César sepultó durante un tiempo en el empolvado estante de su habitación. La historia de ese libro ponía “contra las cuerdas” la relación del autor con su protagonista: ¿hasta dónde llegaba la libertad de Augusto Pérez frente a las decisiones de Miguel de Unamuno?

Inducido por las reflexiones marginales de la preparatoria, César se embriagó con lecturas del existencialismo: Camus, Heidegger, Sartre, Jaspers, Kierkegaard, Unamuno… A pesar de su formación en ciencias de la comunicación, el estudiante universitario no dejaba aquellas dosis de droga existencial. Tiempo después, recuperó la cordura, cuando una llamada telefónica lo puso al frente de nueve grupos de educación media superior para impartir sociología, en medio de “manadas de cetáceos hiperactivos con hormonas desbordadas y escasez de pensamientos”, como solía expresarse de los estudiantes el rancio profesor de Biología. Ese fue el momento en que César, ya docente, reconsideró el tema de la libertad y comenzó a vincularla con la educación.

El profesor Labastida no tuvo que esperar mucho para encontrar una respuesta al escozor provocado por sus reflexiones filosóficas. Al término del año escolar lo enviaron a un curso intensivo sobre enseñanza. Allí le recomendaron la lectura del libro Filosofías de la educación de Octavi Fullat. César descubrió en ese amplio ensayo la descripción de un conjunto de pedagogías que, oponiéndose a las teorías que sólo educan con el fin de reproducir y mantener un sistema social, pugnaban por una educación libertaria. Encontró que si bien es cierto que la educación supone límites al instinto, también es un elemento fundamental para impulsar la libertad.

A partir de entonces, el novel docente creyó entender mejor la sutil paradoja entre educación y libertad, comenzó a replantearse esas nociones en apariencia contradictorias. En su horizonte pedagógico surgieron nombres como Neill, Lapassade, Lobrot, Rogers, Ferrer… Pero con los que quedó extasiado fueron particularmente Ivan Illich y Paulo Freire. Del primero, le seducía el radical proyecto de desescolarización de la sociedad; del segundo, toda la propuesta de concientización y liberación en la que César Labastida creía descubrir un existencialismo sartreano desde la trinchera.

Cuando leyó Pedagogía del oprimido de Freire, el profesor Labastida advirtió de un modo casi natural conceptos sartreanos. Reconoció entre las frases del ensayo algunas de las ideas centrales en la filosofía de Jean Paul Sartre: la libertad en situación.

Para el filósofo francés, aducía el maestro César, los actos humanos se expresan como libertad en situación, y éstos pueden manifestarse como hechos de libertad situada, cuando las determinaciones pesan más que la decisión consciente de un sujeto; o como actos de libertad situante, cuando la decisión consciente del sujeto trasciende las determinaciones. Así es como lo describía Freire de una manera práctica y sencilla, en el que la educación se vuelve un factor que puede condicionar o proyectar la libertad humana. Parafraseando a Sartre y Freire, el profesor Labastida concluía que el hombre es una libertad en educación cuyos actos se expresan como libertad educada o como libertad educante.

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El maestro César Labastida entra al salón de clase, cierra la puerta, saca de su portafolio un marcador. Observa a sus alumnos. Inmediatamente después  saca la lista y  comienza su ritual matutinito:

Abundis, Acosta, Cabrera, De la Peña, Escalante, Fernandez…

Va colocando,  con su mano izquierda, un puntito a los que contestan “Aquí” o “presente”. Al finalizar el pase de lista, escribe la palabra Libertad en el pizarrón, teniendo buen cuidado en que sea lo suficientemente grande para que pueda ser vista por todos sus estudiantes, y pregunta en tono retador, al tiempo que observa la palabra escrita y a los jóvenes. Intenta sacudirlos o por lo menos que dejen de arrastrar el dedo en sus dispositivos:

—¿Qué significa Libertad en el siglo XXI?

—No estar preso.

—Está bien,  María ¿Pero el que no está preso es libre?- replica rápidamente el profesor Labastida.

—Libre significa que no tiene ataduras —contesta Hilda desde el fondo del salón con mirada poética.

—Tú misma ¿Cómo qué ataduras? -pregunta César de inmediato.
—Como no pedir permisos.

—¿Si ya no pides permiso eso ya es libertad? –interpela el profesor Labastida.

—Claro que no, pero algo es algo —sonríe Hilda.

—Vamos, piensen, por favor piensen queridos alumnos.

—Profe, la libertad es un estado mental: se puede estar preso y pensar libre, y estar libre sin márgenes de acción—contesta Julián, el rechoncho joven del cabello largo atado con una liga.

—Explícate…

—Yo puedo estar en la casa sin salir un fin, si tengo el gusto de estar con lo que me gusta: cheleando con mis cuates,  mis videojuegos, viendo netflix o con mi novia— se oye un rumor y risas en el grupo.— Y puedo estar solo, sin lana y sin tener qué hacer en la calle.

—A ver, ¿La educación que están teniendo o han tenido los hace libres? —los vuelve a retar Labastida.

—No manche maestro ¿cómo cree?  Pura disciplina, regaños y tareas.

—A veces eso no es tan malo —contesta un institucional Labastida- ¿Ustedes creen que la educación debe tener límites?

—Yo pienso que yo sin límites me la pasaría en mi cuarto encerrado, pero la neta sí con mi chava. —afirma Julián.

—¿Ustedes creen que la libertad debe tener límites? —Vuelve a la carga el insistente maestro.

—Profe, —se atreve a expresar Mariana, estudiante que casi nunca participa pero siempre ostenta un dejo punzante. —acabo de ver Blade Runner 2049 y la peli es extraña, saca de onda, pero de lo que creo haber entendido me preguntaba cuál será el límite del hombre. ¿Es posible que se hagan robots así, como los que salen en la peli? ¿Será posible que el hombre no tenga límites para crear y destruirse a sí mismo?

César Labastida queda sorprendido por los comentarios de la joven y se siente identificado con ella.

—¿Tú qué piensas, Mariana? —Le devuelve la pregunta.

—Yo también la vi, profe, —interrumpe Julián. —Y esa peli está bien loca.

—Bueno, pero ¿qué piensan de lo que acaba de preguntar Mariana? —Reitera el docente.

—¡No hay límites para la imaginación humana! —afirma Hilda. —Yo creo que va a llegar bien lejos, y así… Vea nada más cómo sacan cada vez mejores iPhones y celulares.

—¿Entonces la imaginación no tiene límites? ¿Entonces el hombre es totalmente libre?

—Ay no, prof, ¿cómo cree? Sólo digo que no se sabe hasta dónde podremos llegar. Y sólo digo de la imaginación, y así…

—Profe, es que sí me dejó pensando la peli. —retoma la palabra Mariana. —El problema de Ryan Gosling, el robot, es averiguar de dónde viene, quién lo creo y para qué… Más allá de si es libre o no.

—Mariana, ¿crees que lo que quiere averiguar “K”, el personaje que representa Gosling, no tiene que ver con la libertad?

—Pues no sé, profe…

De pronto, los recuerdos de César Labastida se disuelven en el presente, en un instante: el profesor Martínez Luna aparece explicando Blade Runner 2049; Julián, Hilda y María dialogan con el maestro Vargas Montoya; Harrison Ford es “K”; Ryan Gosling es Roy Batty, el replicante que le salva la vida a Deckard; Mariana escucha la clase de Ética del profesor Martínez Luna…

—He visto cosas que ustedes los hombres no creerían. Ataques a naves incendiándose en Orión. He visto los rayos C pasar por la puerta de Tannhauser… Todos esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia… —expresa con angustia Mariana, que es Julián, que es Martínez Luna, que es Deckard, que es “K”, que es el profesor César Labastida.

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

abelroca. 02 de Noviembre de 2017 18:34

¡Fantástica entrega! queridos Rafael y Armando, la yunta supo labrar un difícil territorio el de los valores morales como contenidos y fines del proceso educador y de como esos esos valores se abrieron al cultivo de la paradoja planteada por ustedes en una una sabrosa explicación, la cosecha vendrá de quienes se atrevan a cursar por tal surco. y aquí vengo yo a ofrecer otra que me parece valiosa, ustedes dirán por qué, aunque para ello vengo acompañado de un viejo y enorme amigo mio conocido desde mis aprendizajes con el Maestro Antonio Ballesteros y Usano se trata de Don Juan Mantovani producto del trastierro antifascista italiano en la historia argentina del siglo XX. Maestro ¿cómo deben entenderse las antinomias educativas?Entre nos Mantovani mi mejor maestro de filosofía de la educación: Abel con mi debido respeto a tus amigos empecemos reconociendo que una paradoja es en realidad la primera proposición de un problema con dos términos lógicamente contrarios o aun mas contradictorios en los que uno propone y el otro opone:tesis y antítesis. Maestro en sus lecciones nos ilustró en las antinomias kantianas para explicar el problema del universo y demostrar la imposibilidad d alcanzar una solución metafísica al respecto. Bien Abel: pero no es este el caso:alla el “topos uranus” de la inteligencia; acá el bathós profundo de la experiencia: este es el sutil encanto de el caso de tus amigos: las antinomias pedagógicas son de esta naturaleza. tienen distinto alcance y mas amplitud, no son lògicas, son reales, pertenecen a lo mas concreto que tiene el ser humano: su vida plena.Y ¿que significa, Significaría eso en la sutileza de la paradoja propuesta?pues nada menos que: la presencia de dos elementos opuestos que no se excluyen, pero en donde uno quiere preponderar. En el texto de tus amigos no hay solución aparente pues el predominio de un término implica la disminución del otro y como sabemos nunca se llega a la anulación del otro, cierto que el desarrollo del debate que iniciamos implicaría lo contrario, dado lo cual veamos el siguiente ejemplo: "Si en términos genéricos calificamos a la educación ateniense de idealista y de realista a la educación romana, no significa ello que el elemento integrante opuesto haya faltado, sino que predominó en esa dirección, y esto basta para definir y caracterizar la educación de esos pueblos de la antigüedad. Abel no eres un joven maestro, has vivido y reconocido estos problemas prácticos de la educación y hoy valorarías lo dicho antes:Las antinomias están implícitas en el proceso educativo, aunque es difícil que el educador que actúa prácticamente las perciba de inmediato porque las encara decisoriamente en una práctica vital .Maestro diríamos que yo, bueno el maestro trabaja con ellas sin saberlo.Así es Abel recuérdate: para que haya saber, conciencia de los problemas,hay que teber tiempo y espacio para queplantear sus paradojas sea nítida y segura, para lo cual es necesario entregarse a la pura contemplación de aquello que trasciende la apariencia superficial. Y eso tiene que ser necesariamente “a posteriori”tal vez en otro momento solitario, pacífico donde una reflexión seria pueda revelar la trama, el drama, el problema del proceso educativo y una sutil antinomia como la de este caso. Maestro Mantovani y ¿existe realmente una antinomia entre la educación y la libertad? esta antinomia ¿es la libertad o la educación? juguemos a que no lo sabemos, tengo Abel una propuesta: El pedagogo italiano Mariano Maresca propone que el proceso de la educación es como un vaivén de los términos opuestos.¿que te parece? me encanta eso de vaivén, con sonrisas el maestro Mantovani continúa:En su obra “Antinomia dell´educazione” sostiene que toda la vida del espíritu es un gran trabajo, un inminente conflicto:un trágico contraste entre dos exigencias antagónicas…cada término se nutre de lo opuesto y esto es la vida en la cual la síntesis de estos contrarios es la esencia de la vida espiritual, del diálogo interior. te propongo Abel continuemos estos ejemplos con el examen de la aportación de el pedagogo italiano Mariano Maresca quien apoya su concepción del proceso educativo en el examen no de una, sino de cuatro antinomias fundamentales referentes la paradoja a que nos han convocado tus amigos:1a.el ser y el deber ser en el hecho educativo. 2a. Autonomía y Heteronomía en el proceso educativo. 3a. Instucción informativa e instrucción formativa y 4.Educación individual y educación social.
Maresca nos orienta: "Estas antinomias están ligadas por una idea central unificadora la unidad en la lucha de contrarios y es que de sus términos paradójicos debe configurarse a lo largo de este examen una concepción unitaria de la educación, la cual la lograremos a través de aclaraciones de contradicción y unidad de esos elementos, para que desde la primera hasta la última vayamos construyendo una línea ininterrumpida que facilite gradualmente la comprensión del problema central y con él: la relación entre el punto de partida y el punto de mira. Emmpecemos por la relación entre el ser y el deber ser para lo cual no basta plantear explicaciones diferenciales no debemos quedarnos en ellas no quedarnos en ellas; hay que descubrir la manera como se relacionan:primero mediante el análisis del predominio el predominio de una liberación autónoma del educando o el de una intervención heterónoma: la del educador o la autoridad educadora, Maresca propone que la educación no es solamente la relación formal y abstracta de el ser y el deber ser, es mas que una paradoja, es la obligada síntesis: educar-se-(es decir cada uno por si mismo) es lograr la autoconciencia, es conocerse:saber que pensarse, debatirse, problematizarse, estudiarse es pensar la propia intimidad espiritual, la del ser pensante, es profundizar siempre mas el mundo interior y su conexión con el mundo exterior y esta es la libertad educadora, Pasamos a otra paradoja en síntesis la función del saber en el proceso educativo la misma en el alumno que en el maestro. Maestro Mantovani: ¿vale el saber,el conocimiento por si o por su valor en la formación?la respuesta de Maresca es sutilmente sintética: el valor de la información no solo radica en ella, su importancia radica en la eficiencia con la que se desenvuelve en la espiritualidad de quien se educa; lo formativo y lo informativo valen conforme a la última antinomia en la solución al conflicto que nace de cada yo individual con sus semejantes o sea el choque de los intereses individuales con los sociales el cual puede resolverse por el predominio definitivo de los derechos del individuo sobre los derechos de la sociedad o viceversa y ahí es donde el problema educativo se inclina osblemente a ver en cada educando una individualidad independiente o un ser de la comunidad.Y maestro Mantovani ¿la libertad se agota en la solución espiritual de la paradoja. O ¿hay otro nivel espiritual para ello? Bien planteado Abel desde Sócrtes la voluntad es el nivel de la personalidad en el que socialmente se expresa la libertad, que es la libertad de decidir, en la que se es ma libre cuando se basa esa decisión en un saber, en una una conciencia clara de las opciones en las que funciona esta facultad. Muy bien Abel pasemos a otro ejemplo: Giovanni Gentile: otro educador i que es considerado como un alto representante del idealismo italiano ha descubierto el tronco que sirve de sostén a la educación: nada menos que una antinomia fundamental: no una lucha no entre dos términos; sino la lucha entre dos contradicciones en la que cada una de las cuales se presenta como verdadera e irrefutable y aquí vienen: 1a.que el hombre objeto de la educación es y debe ser libre; 2a. que la educación niegue la libertad del hombre. O expresadas de otro modo por el ilustre filósofo de la educación: 1a. La educación presupone en el hombre la libertad y tiende a darle siempre mayor libertad; o la educación trata al hombre prescindiendo de la libertad que él posee y lo hace de tal modo que le despoja de todo….finalmente depende del modo como se mire cada uno de los términos de esta antinomía depende el sentido y la solución al mayor problema que puede ofrecer la vida escolar, aquel de la conciliación entre la libertad del alumno y la autoridad del educador.nuevas paradojas que se abren en otros problemas de la vida práctica y lo que llaman los idealistas los dilemas que se aclaran en la vida espiritual y con el ejemplo de los maestros de origen italiano:darle tiempo y espacio a cada uno de sus términos; es decir liberar para cada término su oportunidad. la contradicción deberá conducirnos necesariamente a nuevas síntesis, si las buscamos, las encontramos, esta es la solución dialéctica de las paradojas y no es fácil encontrarlas, pero es bello intentarlo.

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