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LA CLASE

Tema del mes

José de Jesús González Almaguer


Los tres temblores de septiembre

El primer temblor no lo sentí en mis piernas, ni en el cuerpo. Primero lo escuché: un estruendo que no se correspondía con el movimiento de la tierra, ni de los muebles de la oficina… demasiado ruido para tan poco movimiento. Sin embargo, el tronar de las estructuras, de las techumbres, era tan escandaloso que el sentido de alerta del oído nos hizo correr a todos.

Vi a personas caminar con cierta prudencia hacia la salida del edificio, pero lo que escuchaban los hizo correr sin control… nuestras orejas nos avisaban algo que no percibíamos de otra manera: ¡Esto se va a caer! Todos corrimos, hacia las puertas de cristal, hacia la fachada que es toda de cristal, los vidrios se movían como una cortina agitada por el viento. No vibraban: se sacudían como tela… no sé cómo fue que ninguno se quebró.

Es absurdo, me lo han dicho, pero este temblor lo vi y lo oí, no recuerdo haber sentido que la tierra se moviera.

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No se lo digas a nadie: al día siguiente, me pareció escuchar tres veces la alarma sísmica, aunque nunca sonó. Dos veces en la noche, antes de caer dormido, sentí un nuevo temblor.

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De momento, nadie llora. Hay caras compungidas, rostros conteniendo emociones. Nadie quiere quebrarse, todos desean mostrar fortaleza y control de sus sentimientos. Sin ningún aviso, una chica deja escapar sus lágrimas en silencio. La abraza su amiga y ella también rompe en llanto. De pronto, casi todos parpadean insistentemente y comienzan a llorar. Lo simultáneo hace lo colectivo y lo colectivo hace lo terapéutico.

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No se trata de recordar solo a la perrita Frida. El perro Macario, el perico Lucas, la tortuga sin nombre de la calle Ámsterdam, hay un escuadrón de animales que conforman una Liga de la Vida. Ellos podrían encabezar la recaudación de fondos para la reconstrucción. Algún día ya no estarán aquí. Hagamos lo que toda cultura pop debe de hacer: calcomanías, peluches, portadas de revistas, videoblogs, canciones, visitas a los influencers de la redes sociales… mucho pixel, mucho bit… y logremos captación de recursos económicos y movilización de personas que se traduzca en recuperación de zonas afectadas. Tampoco olvidemos vigilar las manos de quienes gestionen esos programas, exijamos rendición de cuentas, vigilemos el uso transparente de lo donado.

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El segundo temblor es más íntimo… es de amor, cariños, ausencias y anhelos. Pienso en las personas a quienes quiero y que están distantes de mí… y me doy cuenta que estoy lejos de todas ellas, estoy solo y abandonado a mí mismo en una mancha urbana con más de 20 millones de habitantes: tiemblo.

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¿Qué demonios decía Lyotard?
¿Cómo era?
¿Emancipación democrática mediante la anarquía y el desorden?
¿O era desacuerdo, o era caos?
¿O era el temor de mi cuerpo, envuelto en tu abrazo?

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Esa noche soñé que temblaba mientras yo estaba en un edificio. Era hermoso, nuevo, alto y muy iluminado. Me acompañaban mis hermanos y mi padre que murió hace tiempo… todos reíamos, como si la felicidad fuera eterna. El piso vibró como diapasón, con un sonido tan bello que seducía. Apreté la mano de mi padre con las mías. Desperté en el momento en que la construcción se desplomaba.

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¿Por qué, si hay tanta gente en la calle, se siente esta desolación? Sí, es cierto que hay vida persiguiendo la vida. Hay una intensa búsqueda de sobrevivientes, hay esperanza de rescatar personas, el movimiento es febril, incesante, imparable fuerza que labora sin detenerse. ¿Por qué siento a mi ciudad abandonada? Tenemos vida, pero nos han robado el alma. Somos autómatas, actuamos sin detenernos, compartimos sin dudarlo, retamos sin temor a las autoridades, somos solamente una reacción. No tenemos tiempo para la reflexión, casi no lo hay para el duelo y el consuelo, apenas damos un abrazo y regresamos a recoger escombros. Alguien decide cantar y todos lo seguimos: es el himno nacional y después cantamos nuestro segundo himno nacional. Sin embargo, la pesadumbre convive con la ilusión del rescate y con la esperanza de la reconstrucción. No hablo por los demás, solo por mí. Me he quedado sin espíritu, soy un cuerpo robotizado en una ciudad sin mañanas, sin aves, sin árboles, bañada con una lluvia pertinaz, estoy fragmentado por la luz de las lámparas. Solo hablo por mí, ignoro los sentimientos de los demás.
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Hay un tercer temblor: es el de mi voz, es de miedo, angustia, incertidumbre y dolor… se me quiebran las palabras y solo salen expresiones de llanto y tristeza

¡Regresen a trabajar!, dice un vigilante. ¡Salgan todos! grita el responsable del simulacro de hace dos horas… no es confusión, que nadie se equivoque, es la reacción ante lo inimaginable.

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Mi cuñado no tiene el sentido del olfato, así nació. Tiene nueve años y me pregunta ¿a qué huele el temblor? Me arrodillo para vernos de frente: huele al color azul cuando se viste de gris, a un fin de semana sin tus padres, al sudor en las manos cuando sientes un miedo desconocido, huele a una piedra que te pega en la espalda, al día en que te negaron un beso, huele igual que el sabor de esa mosca que te comiste en el parque cuando corríamos, huele a esa cicatriz de tu pierna que te recuerda la caída en la terracería del pueblo… Me mira a los ojos y me dice: ¿Entonces, es algo que llevas contigo siempre?

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Esa noche pienso en ti. Despierto, al día siguiente, con tu nombre en la boca. Me acompañas en pensamiento durante varios días. Finalmente, doy con la idea que me rondaba sin dejarse ver: agradezco que no hayas estado aquí cuando sucedió.
Ya no estás a mi lado.
Ya no te veré.
Ya no tendremos un nuevo abrazo.
Ya no.

José de Jesús González Almaguer
Coordinador del Centro de Educación Continua, FES Acatlán. Experto en Comunicación, Responsabilidad Social y Procesos Organizacionales Docente de la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 095, del Colegio de Imagen Pública y de la Universidad Anáhuac. Ha realizado intervenciones como consultor y brindado capacitación tanto en el sector privado como público y el tercer sector. Su trabajo profesional le ha llevado a recibir distinciones internacionales como el Premio Galardón eco (Estratega de Comunicación) y el Premio Gold Quill, otorgado por la International Association of Business Communicators (iabc). Ha sido Presidente de la Asociación Mexicana de Comunicadores Organizacionales (amco) y ha participado en once libros especializados en español y uno en inglés. Lic. en Periodismo y Comunicación Colectiva, Maestría en Educación, estudios de Maestría en Comunicación Institucional, Especialista en Valores, estudios doctorales en Humanidades y estudios doctorales en Innovación y Responsabilidad Social.

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