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LA CLASE

Tema del mes

Gabriel García Ayala


Puño en alto

La tierra vuelve a sacudirse después de un letargo de 32 años. Estoy en casa con mi hijo. Ya estaba temblando cuando se escucha la alerta sísmica. Empiezan a caerse los libros y los cuadros empiezan a cobrar vida, se balancean de un lado a otro. Le grito a mi hijo que debemos salir del edificio. Juntos bajamos las escaleras a toda prisa. Ya en la calle vemos que los edificios se balancean. Mi hijo quiere saber de su madre. No hay señal en los celulares y se ha ido la energía eléctrica. Muchas personas están en la calle, muchas de ellas observando con tristeza y pavor el estado de algunos edificios, en donde apenas unos segundos antes vivían tranquilamente, Mi hijo y yo nos dirigimos a la calzada de Tlalpan. Yo voy con el temor de observar las escenas provocadas por el temblor de 1985 y caminar nuevamente sobre escombros, como lo hice sobre las ruinas de la Procuraduría, en donde trabajaba. En el camino vemos que uno de los edificios del Ceneval tiene cuarteaduras y los vidrios rotos. Seguimos por la calle Antillas. Ahí se desplomó parte de un edificio estrenado hace 9 meses. Por ahí paso por las mañanas cuando voy a correr, de tal manera que observaba cómo se construía, y ahora está en ruinas. Allí ya hay un grupo de trabajadores de la construcción dispuestos a ayudar. Después recorrimos otras calles, casi en todas ellas hay edificios con serios daños. Regresamos a casa aturdidos, tristes, con miedo. En el camino nos encontramos a varios jóvenes que con picos y palas ya iban en auxilio de los habitantes de un edificio que se vino abajo en la calle Bretaña y Plutarco Elías Calles. Este gobierno no merece al pueblo que tiene, siempre solidario. He visto sobre todo a jóvenes de todas las clases sociales, ya sea repartiendo víveres o ayudando en las labores de rescate. Y repito nuevamente: ¡Que vivan los jóvenes! También levantemos el puño por ellos.

Gabriel García Ayala

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