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LA CLASE

Tema del mes

Allende Márquez Ortíz


Desde la trinchera, 19S17

Varias veces me han dicho en estos días, “Cada quien ayuda desde su propia trinchera”, desde sus propios recursos, medios y principios. Sin duda las trincheras se han excavado de mil maneras en 5 días, y creo que ninguna ha sido suficiente, pero también han sido necesarias.

Parte I
Desde la trinchera del miedo y la incertidumbre.

“No griten, no corran, no empujen”, les grité a mis alumnos, nunca antes pude decir previamente la frase de corrido, ni sabía que la tenía en mi memoria; afortunadamente fue rápida la reacción y salimos por la puerta de emergencia, salí al final e instintivamente tomé mi laptop, aún no sé por qué lo hice, al salir un alumno me toma de la mano y me dice, “estás helado”, ¿cómo podría estar?, más que con miedo, tomé mi teléfono y mandé mensajes a mis hermanos y amigos cercanos, ¿están todos bien?, afortunadamente todos contestaron afirmativamente; pocos minutos después me enseñaban las primeras imágenes de los edificios dañados. Agradecí a mis alumnos que se quedaron unos momentos preguntando en que podrían ayudar, y observé a otros asustados y con miles de preocupaciones, incluso de aquellos que empujaron y corrieron los entiendo y espero puedan preocuparse por el que está a su lado.

Pasamos la tarde esperando noticias y saber a dónde movernos, la Ciudad de México un caos, decidimos no movernos hasta que fuera el anochecer; “están robando en Constituyentes, aprovechando que el tráfico está atorado”, pensé; —son unos desalmados.

Las noticias fueron y vinieron en todas direcciones, nada que no esté en redes sociales, plataformas de noticias y medios tradicionales. Sin embargo la incertidumbre de esa primera noche fue de las más largas y oscuras que se ha vivido en esta ciudad.

Videos fluyeron rápidamente en los dispositivos móviles, recordaba cada vez que veía uno que alguna persona, amigo o conocido vivía por ahí, el Campus Ciudad de México, donde trabaje 7 años, con muchos daños, muchos heridos, 5 muertos al siguiente día dijeron. Amigos de la condesa, ex alumnos y lugares por los que he caminado lentamente en fines de semana, tremendamente afectado.

Y todo lo observaba a través de mi dispositivo móvil, a lo lejos. Recursos, agua, comida. Los personajes se organizaron y empezaron a hacer lo necesario.

La incertidumbre y miedo de quienes estaban bajo los escombros, el papá y la hermana de un profesor de la facultad donde trabajo, los niños de la escuela, las familias; lo veo por la televisión, nuevamente alejado, desde una trinchera que empecé a cavar desde la hora cero…

Puedo acercarme a la zona de desastre, “no, de seguro no te van a dejar pasar, hay mucha gente”, ¿qué hay que llevar?, “llévalo a los centros de acopio, ahí lo distribuirán.” Son las trincheras comunitarias que se han cavado a través de los jóvenes, los estudiantes, los vecinos; la comunidad hace la unión, no el individualismo, pero un individuo aporta a la colectividad. Observas uno a uno cargar comida, escombro; otros dar un abrazo, cargar a una persona, acariciar a un perro.

Los medios sociales vertieron información de mil maneras, siguen, los tweets, los likes y los mensajes compartidos, fluyen en la red de las calles, carreteras que surgen de la necesidad no, no de la vanidad; no solo en la ciudad, sino de las poblaciones para Puebla; Morelos, Oaxaca, Estado de México.

La trinchera crece se expande, la gente voltea y el miedo y la incertidumbre se vuelve en acción.

Parte II
Desde la trinchera de la empatía, ímpetu y solidaridad.

La mayoría de mis ex alumnos y estudiantes son parte de la generación considerada milenial, a quienes he criticado en varias ocasiones, y quienes en este momento me han cerrado la boca y demostrado que SU GENERACIÓN es de unión, trabajo y esfuerzo por los demás; no solo de aquellos que viven o estaban en la Condesa, o en la Roma, o un poco más al sur en la Narvarte o en la Colonia Del Valle, sino de todos los puntos de la ciudad que accionaron y se volcaron a ayudar.

Los pude observar a la distancia y tratando de conectarlos en sus propios medios, confieso que no soy el más ducho en twitter, pero entendí que por ahí se movían, se conectaron y lograron establecer redes reales de apoyo. Movieron escombros, movieron camiones, cuerpos y voluntarios con el poder de un texto de 140 caracteres, con imágenes solidarias, sin ego, con el valor que pocos tienen para adentrarse a esta zona de desastre.

La clase social no importó, alumnos de universidades públicas y privadas, rockeros, fresas, hipsters, extranjeros, punks, chicos banda, repartidores de pizza, repartidores de Rappi, de Uber Eats, chopers, bicicletos, triatletas, motonetos, “pachuchos, cholos y chundos”, diría Jaime López.

Siguen apuntalando no solo con polines, sino con mensajes de texto, grupos de whatsapp, comunidades en Facebook, re tweets y sin dejar de vivir en el mundo real, transportan a los padres, niños y adultos mayores, en sus vehículos;  no dudan en ofrecer llevar a Morelos, Oaxaca, Puebla, Malinalco, lejos de la comodidad de su casa; algunos perdieron su departamento temporalmente, sacan lo que pueden para asilarse con amigos, que evidentemente serán más que solidarios.

Por otro lado la destrucción cobra víctimas de esta generación y la siguiente, alumnos de escuelas primarias, alumnos de universidades, jóvenes trabajadores en oficinas, niños que estaban con sus papás, bebés…

Mamás que lloran ante el montón de escombros donde están sus hijas y nietas sepultadas, “salí corriendo para buscar a su hermana, regresé y sé que están ahí enterradas, justo aquí enfrente” se dirigen la mamá al reportero, ella no pasará de más de 60 años, sus hijas en los 30, sus nietos niños aún, mujer morelense de Jojutla para ser más precisos.

“Los jóvenes tomaron la ciudad dicen en las redes sociales”, que no la suelten; los habíamos catalogado como irresponsables, aquellos que querían solo vivir la buena vida, o que de alguna manera querían vivir su vida, como ellos están aprendiendo a hacerlo; tal vez no habían mostrado su carácter, o no queríamos verlo. El grueso de su generación llena de orgullo, demuestra que no solo son activistas digitales, que son capaces de tener un país en sus brazos, literal y metafóricamente y que el futuro es para ellos, y de quienes los siguen.

La trinchera de mi generación, se conforma en otro momento, tal vez algunos con responsabilidades y miedos propios de la edad, otros arrojados y sobrevivientes de otros tiempos, nos escondemos y salimos a la vez, peleamos de otra manera, con otras herramientas, pero nos adaptamos a las de quienes nos siguen; a mi me congela el miedo, pero me acciona hacia otras alternativas de ayuda, para conectar a aquellos con quien convivo todos los días, lleguen a donde tienen que llegar.

No era empático con ellos la mayoría de las veces, ahora sé que ellos si lo son, no había tenido el ímpetu que ellos tienen, ahora nos hacen creer que el de ellos es de alguna manera el que formará el futuro del país.

Sin embargo no hago a un lado a la generación que está arriba de mi, la de mis hermanos, sus amigos, nuestros padres, que son los que formaron a estos jóvenes, son aquellos que se preocupan por sus hijos pero los impulsan, son los que aportan con lo que tienen, organizan brigadas, ponen camiones y recursos, no tienen miedo, son solidarios, se formaron en el ideal de la ayuda del brazo con brazo, hombro con hombro. No son críticos con sus hijos más que cuando llegan tarde y pedos, confían en ellos, son lo que ellos sembraron.

De mi trinchera veo, observo y conecto, con miedo, el espíritu está frágil, el corazón, dolido.

La frustración está en mi boca y mi mente, pero mi cuerpo no se mueve, solo acciona a veces, intenta buscar soluciones, pero el temor a no ser tan fuerte domina.

Parte III
Desde la realidad.

Recuerdo que después del 85, veníamos muchas veces al aeropuerto de la Ciudad de México desde Texcoco por Los Reyes y después por la Ignacio Zaragoza, ahí se observaban los campamentos que se convirtieron por muchos años en el hogar de las personas que perdieron su casa, departamento o lo que tuvieran en ese momento; observaba yo que la gente lavaba su ropa, sus trastes ahí en la avenida, en medio del tráfico, los camiones que iban a la TAPO pasaban a toda hora junto a ellos, los coches particulares y de servicios de igual manera; ¿cómo se acostumbra una persona, una familia, padres, abuelos y niños a vivir así?. La necesidad supongo yo.

Estamos a 5 ó 6 días de este 19 de Septiembre, nuestro 19S; 31 años de simulacros, de mover a millones de personas a las 11 am cada año, la gente a veces tomándolo como una molestia, un chiste o una oportunidad para el café o para un cigarro. Los bebés del 85 tienen 32 años, tal vez ellos son papás de esta nueva generación; sin duda un ciclo interesante ante una sociedad que no veía su camino, que no encontraba el punto de sutura; tal vez es la sacudida física y social que necesitábamos. No por necesidad social, sino por orden natural.

La realidad nos alcanza, tenemos que continuar, o, ¿tenemos que continuar?, ¿no sería necesaria una pausa?, ¿no debemos continuar con las labores de rescate y de re construcción?

O debemos seguir, porque a esta crisis, le sigue una cruda, y a esta hay que curarla, valga la metáfora. Casas, albergues, gente hospitalizada, ¿campamentos?, no solo en CDMX, en MOR, PUE, EDOMEX, enseñarles a construir casas, darles los materiales, pagarles para que lo hagan, ¿y los recursos federales ante zonas de desastre? Como saber que fueron bien utilizados, que llegaron a donde tenían, y sin politizar, ¿cómo dar asestar el golpe oportuno a aquellos oportunistas, a los que posan solo para la foto?, ¿cómo exigirles?, ¿cómo demandar como patria aquellos que juraron ante el congreso, federal y estatal?  Más preguntas que respuestas claro está.  Sin duda desde mi trinchera no tengo la respuesta.

Esta trinchera está en un círculo más alejado, no hay claridad, es como estar en Londres dirigiendo el día D y el desembarco de Normandía, nada más que sin generales, sin cabezas, sin un Eisenhower o un Montgomery; en cambio tenemos a alguien que no sabe contar. (Perdón no lo pude evitar). Un círculo de trincheras de estructuras oficiales y no oficiales que de alguna manera quieren poner el orden en un caos que ni un partido político, ni un presidente, ni una sociedad civil esperaba. Trincheras separadas, la de los gobernantes, la de los políticos, la de los milenial, la de los críticos, la de las mujeres, la de los hombres, la de la iglesia, de los universitarios, de los que perdieron todo, de los que han ganado todo y escapado, de los oportunistas, de los miedosos, de los equilibrados. Demasiadas.

Ahora bien, ¿qué debe suceder para que una mujer vuelva a confiar en el hombre?, ¿qué debe el joven vivir para que confiar nuevamente en las instituciones?, ¿podrá las ciudades y poblaciones afectadas confiar en seguir viviendo?, la realidad supera a esas respuestas, porque no puedes quitarte, no puedes hacerte a un lado, y no puedes echarte para atrás, la vida es como Mike Tyson, pega y fuerte, y siempre para adelante. O aprendemos a pelear y también estar echados pa´lante, o deberemos esperar 30 años de nuevo, ¿deberemos esperar 30 años de nuevo?.

La realidad es que muchos están ahí, muchos otros estamos alejados y tratando de hacer algo, y a otros que su vida continúa, ninguna de las tres está mal. Lo que si estaría mal, es que no aprendamos una vez más, desde elegir a nuestros representantes y gobernantes, hasta no elaborar protocolos post catástrofe, donde colocar albergues, donde son los puntos de reunión, donde debe haber equipo suficiente, donde deben reunirse los víveres y donaciones, quienes son líderes de brigadas, y así muchas otras cosas que no son solo el simulacro cada año.

Observé el video de un niño que grabó en una secundaria técnica, da risa sin duda su narración, pero si se observa en el fondo, todos los niños están en el suelo, abrazados, tal como se les indica, los profesores los cuidan, supervisan, los que están en un tercer piso, están esperando instrucciones, se logró algo, falta aún más en ese tema.

Mi trinchera no es tan positiva, pero se cavó como muchas otras y quiere unirse a las demás. Desde acá se ve nublado el día, pero igual que siempre, el sol sale, la gente despierta y sigue adelante, es la raza, es el espíritu, es la fortaleza de quienes estamos acostumbrados a seguir adelante. Es una verdad, pero la verdad espero que ahora si lo logremos. Lo que eso signifique.

Allende Márquez Ortíz
Coordinador académico de la Facultad de Comunicación de la Universidad Anáhuac.

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