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LA CLASE

Tema del mes

Paulina Ruiz


Septiembre en movimiento

Era la mañana del 19 de septiembre del 2017, apenas comenzaba el día las 11 de la mañana, mi labor en la universidad terminaría hasta las 4 de la tarde faltaba mucho para que saliera cuando de pronto la alarma de incendios se escuchó sin embargo en el Estado de México no hay alarma, por lo tanto era un simulacro ya que el 19 de septiembre de 1985 México fue azotado por un terremoto que terminó con muchas vidas, 10,000 para ser exactos.

En mi dos años de estancia en la Universidad Anáhuac México Norte nunca había presenciado un simulacro y vaya que dos años son muchos, por lo que muchas personas no sabían qué hacer, sin embargo todos se seguían como borregos sin correr, incluso me sorprendió que le pregunté a un profesor, que a dónde íbamos y me respondió con un “No sabría decirte”.

Regresamos a clases después de unos 15 minutos de estar afuera con incertidumbre y sin darle importancia a lo que ocurría. Continuamos con la clase de radio y salimos temprano a desayunar a las 12:20, Fer mi amiga compró una pasta, se fumó un cigarro mientras que yo intentaba huir de su humo ya que dejé de fumar hace unos meses.

Decidimos entrar a la siguiente clase diez minutos tarde, ya que no íbamos a la misma clase, nos separamos en las escaleras y me propuse llegar a mi salón.

Iba dejando mis cosas en el suelo cuando sentí que el suelo se movía, un mareó pensé, pero al escuchar “Profe está temblando” ver la cara de todos espantados sin saber qué hacer, agarré mis cosas, todos gritaron sin embargo una voz sabia se escuchó diciendo “A ver, tranquilos”, lo que dio paso a un segundo de tranquilidad y todos salieron.

Comencé a bajar las escaleras lentamente hasta que el edificio se empezó a mover demasiado y fue cuando decidí correr. Una niña sujeto mi brazo desesperada por bajar rápido y empezó a gritar “nos vamos a morir”, corrí más rápido, lo que no se debe hacer, dejando atrás a la extraña que en ese momento parecía ser mi amiga.

Salí, alejándome del edificio, y de cualquier ventana, sin preocupación alguna ya que no me daban miedo los temblores. Observe que muchos se quedaron a un lado de los cristales sin pensar en lo que les podría pasar. La Universidad era todo un caos, pero la escena que más llamó mi atención fue una señora de limpieza que se limpiaba las lágrimas diciendo “mis hijos”, al parecer traumatizada por el temblor que azotó a México unos días antes, yo no comprendía porque las niñas lloraban y gritaban, pues a mí me había parecido algo “leve”.

Hasta que mi celular comenzó a vibrar muchas veces con notificaciones de vídeos, que contenían lo sucedido hasta el momento, edificios completamente derrumbados, las trajineras de Xochimilco, las personas dentro de un departamento sin salir, realmente estaba pasando, se repetía el momento del 85.

Mensajes de mi madre desesperada diciendo: ¿voy por ti a México? o te regresas a Toluca? Sin saber qué hacer me dirigí hacia el estacionamiento, corrí por mi coche ya habiéndome comunicado con mis familiares, llegué al estacionamiento y me encontré con un hermoso Prius color rata intacto, me apresuré a salir del estacionamiento, cuando ya estaba saliendo me marcaron para decirme que no fuera al departamento, ya que tenían que revisar la infraestructura, por lo tanto volví a estacionarme en la parte de arriba sin darle importancia a la probabilidad de una réplica.

Fueron 20 minutos de tranquilidad, sin saber qué hacer, mi madre insistiendo en qué tomará carretera, mi hermana incomunicada, claro estaba que no la dejaría. Una amiga asustada me marcó y me dijo que nos regresáramos a Toluca, que si era posible que le diera asilo, sin pensarlo le dije que sí. Mis primas me marcaron y me dijeron que nos regresáramos juntas, yo no comprendía por qué todos estaban demasiado alterados.

Decidimos huir de los temblores y tomar la autopista, sin pensar en pasar al departamento, piso 19, ya que en Toluca tiembla más leve. Con una hora y media de trayecto escuchando el radio empecé a comprender el caos que estaba viviendo y me preocupé un poco más al ver las redes sociales.

Comimos en mi casa, vimos una película, y cuando daban las 12 de la madrugada me percaté que la gente había cambiado, de pronto era otro México, lo digo con la piel chinita, las personas olvidaban las clases sociales, la humildad era notoria, ya no eran solo mexicanos, sino hermanos, brazo con brazo, rescataban personas debajo de los escombros, con una mano sujetaban una pala y con la otra se limpiaban el sudor, todos juntos, como país, como nación, con el granito de arena que todos ponían de alguna forma, al ver esto me sentí impotente.

Estaba acostada en un sillón escroleando en mi pantalla, dando likes, reenviando vídeos, lejos de todo lo que sucedía. Sin embargo fue hasta que vi un vídeo que me hizo sentir algo indescriptible. Bastaron 7 segundos para hacerme sentir todo y nada al mismo tiempo, eran personas ayudando cantando el “cielito lindo” con voces de heroísmo y esperanza, después de ese día de tantas emociones solo puedo pensar que hermoso es ser mexicano, chinga!

Paulina Ruiz

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