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Deserciones

Lo ético, lo estético y lo patético en la escuela

Alfredo Villegas Ortega


Vida, enfermedad y muerte. Temas ajenos en la educación escolar

Si me vuelvo loco, por favor no conectes tus cables en mi cerebro
If/ Pink Floyd.

No siempre estamos preparados para todo. Bueno, esa es una frase muy pesada. Matizo, no nos hemos preparado para cosas fundamentales que tarde o temprano tenemos que enfrentar, todos.

En la escuela podemos aprender a comunicarnos, a desarrollar el pensamiento lógico y el razonamiento abstracto. En ella, aprendemos que hay un pasado, otras culturas, otras dimensiones. Convivimos y socializamos. Aprendemos del error ajeno y del acierto de terceros. Proyectamos nuestras habilidades o nos frustramos por las inercias institucionales, el rigor o el desapego de sus actores.

En la escuela, nos juntamos y resolvemos problemas. Mucho aprendemos en la escuela y, también, mucho lo tomamos de la vida misma, de los principios familiares, de los miedos y los vuelos de ésta. Soñamos, crecemos, triunfamos o fracasamos. Nos insertamos en el modelo económico vigente y funcionamos, o resistimos y promovemos el cambio. Mucho de ello se aprende en la vida y la escuela. No así, cuestiones fundamentales como la vida, la enfermedad y la muerte. Eso, regularmente, se envuelve en un manto religioso, mágico.

Cuando pienso en un enfermo terminal, por ejemplo, vienen a mi mente muchas cosas, la ciencia que no tiene todas las respuestas, la ética que no siempre aplica bien ni en la misma dimensión en cada caso, la familia que termina por agotar muchas de sus reservas con el enfermo, en algunos casos, o que decide abandonarlo a su suerte y a la soledad y tortura que supone cualquier tipo de internamiento, no sólo médico.

Y, por supuesto, el enfermo, que regularmente no tiene opción y ha de resignarse ante la frialdad, la ponderación del tiempo en otros términos, la convivencia con el dolor, la pérdida de dignidad, en ocasiones, cuando se es tratado con desdén, asco o, simplemente, como un vil pedazo de carne sin remedio.

No se trata, ahora, de definir lo que tendríamos que decidir como sociedad. ¿Qué hacer ante la inminencia de la muerte? ¿Qué tendría que cambiar en los hospitales, en los médicos y las enfermeras? ¿Qué podríamos enseñar en las escuelas al re4specto? ¿En qué momento nos convertimos en una sociedad insensible? ¿Quiénes somos para decidir sobre el dolor y la vida de otro? ¿Existen los mecanismos legales suficientes y claros para determinar por uno mismo cuando habrá que desconectar todo?

Sólo preguntas. No quiero inducir nada. No hay nada más triste que un enfermo crónico, con dolor, sin esperanza y abandonado por una ciencia que no puede hacer más, por una ética con argumentos débiles ante un pensamiento religioso predominante u por un marco jurídico poco claro y limitado.

La sociedad, parece ocupada en otras cosas. Hay que rendir, triunfar, acumular, destacar, pisar fuerte. En esta lógica, los enfermos son un estorbo, ya bastante cuestan como para pensar en ellos. No sirven, son una carga económica para el estado y para la familia. Así es, aunque suene cruel, y lo es. Somos una sociedad fría, en la que cuenta el que aporta, no el que ocupa recursos y no puede valerse por sí mismo.

La muerte, la dignidad, el dolor y la vida, son asuntos que dan miedo o que se dejan en manos de otros, aunque éstos reconozcan sus limitaciones, frecuentemente, y sólo se encarguen de prolongar la vida de otros artificialmente.

O también, en manos de otro, distante de esta tierra, aunque omnipresente, aunque no sabemos cuál será su voluntad final con el enfermo, ni si su gracia alcanza a aquellos que no creen en él.

Vida muerte, enfermedad, enfermo, instituciones médicas, dignidad, libertad, ética, creencias, ciencia, familia, ley.
No es un embrollo fácil, no es un dilema cualquiera. No, cuando la única educación que recibimos al respecto, se basa en una tradición oral, impregnada de magia y resignación religiosa. No cuando, en la escuela abandonamos esos temas que debieran ser básicos. ¿Hay algo más importante que cuidar la vida, procurar la salud y hablar del dolor y de la muerte que tarde o temprano nos alcanzará?

Ese tema complejo, por la diversidad de aristas, se convierte en complicado porque la madeja se enreda fácilmente, y los prejuicios oscurantistas acaban por inhibir la necesaria reflexión ética de parte der la sociedad.
Los médicos, por ejemplo, antes que profesionales, son seres humanos, atrapados, frecuentemente, en su cultura, su religión y en la propia ética médica que busca, por sobre cualquier consideración, la salud y, por supuesto, la vida, así se deba prolongar indefinidamente a costa del dolor del enfermo.

Difícil pensar en los enfermos cuando mostros mismos, los que producimos, trabajamos, pagamos impuestos y demás, estamos enfermos como sociedad. Nos corroe la indiferencia, nos consume la insensibilidad, nos olvidamos del otro y abandonamos a su suerte al enfermo.

Alfredo Villegas Ortega
Maestro en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional y Académico de la Escuela Normal Superior de México.

abelroca. 02 de Agosto de 2017 09:12

la vieja lección ateniense cuando sus tiranos y las guerras médicas los demolían, los atenienses se rebelaron e iniciaron una revolución que acabó en el Siglo de Oro de la democracia de Pericles quien con los votos ciudadanos hizo el dominio de la economía en el rincón del mundo del oriente mediterráneo, la ciudad se reconstruyó, la Asamblea, el Senado, la diosa Atenea tuvieron magníficos palacios,incluso el mercado se convirtió en plaza pública democrática donde todos ventilaban asuntos politicos, sociales, econó incluso dramáticos, por un momento los hombres se descubrieron a sí mismos como procuradores de su destino, bueno mientras les duró, pero desde entonces la cultura griega, ateniense creó el mundo en que vivimos.

abelroca. 02 de Agosto de 2017 09:13

la vieja lección ateniense cuando sus tiranos y las guerras médicas los demolían, los atenienses se rebelaron e iniciaron una revolución que acabó en el Siglo de Oro de la democracia de Pericles quien con los votos ciudadanos hizo el dominio de la economía en el rincón del mundo del oriente mediterráneo, la ciudad se reconstruyó, la Asamblea, el Senado, la diosa Atenea tuvieron magníficos palacios,incluso el mercado se convirtió en plaza pública democrática donde todos ventilaban asuntos politicos, sociales, econó incluso dramáticos, por un momento los hombres se descubrieron a sí mismos como procuradores de su destino, bueno mientras les duró, pero desde entonces la cultura griega, ateniense creó el mundo en que vivimos.

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