Usos múltiples

El tímbre de las ocho

Armando Meixueiro Hernández
Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


La costumbre de resistir por siempre y para siempre

Cuando César Labastida leyó la noticia de la disculpa oficial que hacía el gobierno mexicano a las tres mujeres hñáhñú quedó sorprendido (Proceso, 2017) y La Jornada; pero cuando presenció el video en el que Estela Hernández, una de las jóvenes acusadas, respondió a la disculpa, sintió que la esperanza renacía de nuevo.

Custodiada por la bandera nacional y, paradójicamente, por un banderín de la Procuraduría General de la República (PGR), la muchacha de atuendo indígena habló fluida, sólida y contundente, fincada en la certidumbre que sólo puede dar la honestidad y la nobleza. El discurso fue impecable. Su voz, que por lo que denunciaba sugería ser el de una maestra, fue el símbolo de la resistencia que durante siglos de tormentos y desgracias han sufrido muchas comunidades latinoamericanas, sobre todo los pueblos originarios.

Al escuchar el demoledor discurso, el profesor César Labastida advirtió que una luz intensa germinaba en su corazón. El maestro quedó conmovido y releyó uno de los párrafos del artículo del periodico La Jornada:

“Estela Hernández, convertida en la voz de los agraviados de México, señaló a las instituciones responsables. A la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que estuvieron calladas ‘a pesar de saber del caso y de decirnos que no se podía hacer nada porque era un delito muy grave’, les exigió que se pongan a trabajar de verdad, que no sólo den recomendaciones cuando ya otras instituciones no gubernamentales las han realizado. Al procurador general de la República le dijo que no estaban contentas ni felices por el acto de disculpa, pidió que cese a la represión contra los pueblos indígenas, la persecución de luchadores sociales y exigió la liberación de los presos políticos, ‘quienes su único delito es aspirar a mejores condiciones de trabajo, vida, patria digna y justa’”.

Sin mucho esfuerzo, César Labastida asoció la imagen de la disculpa con acontecimientos de resistencia a las diversas formas de colonialismo. Recordó el elocuente libro de Eduardo Galeano: Las venas abiertas de América Latina. Se posaron en su mente actos en defensa de cultura y territorios que han realizado comunidades indígenas y mestizas: Atahualpa y los incas, Moctezuma y los mexicas, Polidoro y los charrúas, Simón Bolivar en Sudamérica, los movimientos independentistas de Latinoamérica, los mapuches contemporáneos en Argentina y Chile, el movimiento zapatista, Chico Mendes y los recolectores de caucho en Brasil y los cientos de movimientos de afectados ambientales en nuestra América latina …

Y también rememoró a frailes y religiosos que desde la colonia y hasta nuestro días han defendido los derechos de los desposeídos: Bartolomé de las Casas, Vasco de Quiroga, Francisco de Vitoria, Toribio de Benavente, Méndez Arceo, Samuel Ruiz, Carlos Mugica, Alejandro Solalinde, Raúl Silva Henríquez, Leonardo Boff, Camilo Torres, Oscar Arnulfo Romero…

Y el profesor César Labastida repitió la frase contundente con la que Estela Hernández concluyó su discurso:

—“¡Hasta que la dignidad se haga costumbre!”

“Así debemos resistir por siempre y para siempre, como una dolorosa pero necesaria costumbre”, pensó el maestro, “no hay mejor manera de educar y fortalecer la esperanza.”

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

abelroca. 02 de Agosto de 2017 10:14

Vasconcelos tiene algo de lo poco que le reconozco: el rescate de “la dignidad” como un valor humano, ciudadano, democrático, personal, jurídico y naturalmente pedagógico que me remite a ese hermoso momento en que los griegos se revolucionaron hasta hacer una democracia vivible, visible,en que descubrieron una categoría gnoseológica y claro ética:la virtud, palabra que pasaba de referir la cualidad que distinguía una cosa de otra como su causa motora: “en virtud dela cual” hasta referir las sustantivas calidades morales de la ciudadanía: la dignidad de la persona humana, la dignidad democrática, la dignidad de las libertades humanas, en aquel tiempo en la lucha por las dominaciones tiránicas y las guerras médicas. Vasconcelos asimila el concepto en la era posrevolucionaia con su concepto de la raza cósmica que valida lo negado como fuè el absurdo reniego porfirista heredero del criollos de la independencia acerca del valor humano, de la dignidad de los pueblos indígenas, reniego asumido moral y políticamente a lo largo de la independencia, la reforma, el porfirismo y el carrancismo constitucional.La raza cósmica englobaba un futuro de reencuentro con los otros, los indignos, los pueblos indios, las clases marginadas, ahora sujetos de una dignidad que nos identificaba a todos sin indignidades devaluatorias con dignidades establecidas,construídas, valoradas y defendidas. los criollos posrevolucionarios se pronunciaron en contra, la indignidad de los indios no podía ser asumida por las clases blancas sumidas en una ignorancia clasista de odios por los pueblos vencidos por la conquista, Ni siquiera Cortés sufrió esos desaires, reconoció lo indígena como la nueva dignidad de los españoles, causa que le provocó el desprecio del emperador Carlos I de España y la leyenda negra europea.Son los pueblos indígenas, los marginados, los sometidos quienes lograremos la recuperación de la dignidad ciudadana como acción viva cotidianaEstela nunca se rajó; hoy, ahora un holandesito que casó con mexicana, compite en el ciclismo europeo con un lema muy mexicano: “no me rajo” en fin.

abelroca. 02 de Agosto de 2017 10:15

Vasconcelos tiene algo de lo poco que le reconozco: el rescate de “la dignidad” como un valor humano, ciudadano, democrático, personal, jurídico y naturalmente pedagógico que me remite a ese hermoso momento en que los griegos se revolucionaron hasta hacer una democracia vivible, visible,en que descubrieron una categoría gnoseológica y claro ética:la virtud, palabra que pasaba de referir la cualidad que distinguía una cosa de otra como su causa motora: “en virtud dela cual” hasta referir las sustantivas calidades morales de la ciudadanía: la dignidad de la persona humana, la dignidad democrática, la dignidad de las libertades humanas, en aquel tiempo en la lucha por las dominaciones tiránicas y las guerras médicas. Vasconcelos asimila el concepto en la era posrevolucionaia con su concepto de la raza cósmica que valida lo negado como fuè el absurdo reniego porfirista heredero del criollos de la independencia acerca del valor humano, de la dignidad de los pueblos indígenas, reniego asumido moral y políticamente a lo largo de la independencia, la reforma, el porfirismo y el carrancismo constitucional.La raza cósmica englobaba un futuro de reencuentro con los otros, los indignos, los pueblos indios, las clases marginadas, ahora sujetos de una dignidad que nos identificaba a todos sin indignidades devaluatorias con dignidades establecidas,construídas, valoradas y defendidas. los criollos posrevolucionarios se pronunciaron en contra, la indignidad de los indios no podía ser asumida por las clases blancas sumidas en una ignorancia clasista de odios por los pueblos vencidos por la conquista, Ni siquiera Cortés sufrió esos desaires, reconoció lo indígena como la nueva dignidad de los españoles, causa que le provocó el desprecio del emperador Carlos I de España y la leyenda negra europea.Son los pueblos indígenas, los marginados, los sometidos quienes lograremos la recuperación de la dignidad ciudadana como acción viva cotidianaEstela nunca se rajó; hoy, ahora un holandesito que casó con mexicana, compite en el ciclismo europeo con un lema muy mexicano: “no me rajo” en fin.

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