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Deserciones

Afilar las garras al Puma

Joel Ortega Juárez


Chile movimiento autónomo

Los estudiantes chilenos tienen una larga tradición de lucha a través de su organización nacional; la Federación de Estudiantes de Chile. Ni siquiera la dictadura pinochetista consiguió exterminarla.

En el mundo obrero y sindical se da el mismo fenómeno.

Esta tradición de lucha y organizaciones autónomas ha sido un gran aporte a la autonomía de los movimientos sociales, los cuales no dependen de personalidades, que a veces disfrazan su condición militante tras la máscara de la sociedad civil, aunque muchos sean activistas de la Iglesia de la Liberación o incluso Obispos. Tienen todo el derecho a participar en las luchas civiles, sociales o políticas, aún en su condición de ser miembros de la Iglesia Católica. Lo que ya no es tan claro es sí lo deben esconder o usar para cuestionar abierta o simbólicamente al laicismo estatal. Como ocurrió en el discurso de Javier Sicilia el 8 de mayo en el zócalo y después en su encuentro con Calderón donde le puso un escapulario y un rosario.

La debilidad del movimiento social en México es producto del sistema corporativo, que sigue totalmente vigente y ha suplantado a los trabajadores e incluso a los empresarios.

Ese es una tara que se prolonga en el conjunto de la sociedad y a ello se debe la ausencia de ciudadanos. No puede haber democracia sin ellos.

En Chile, tras la caída de Pinochet mediante un referéndum, se instauró un modelo de coalición de la izquierda socialista y la derecha moderada, que gobernó por más de dos décadas mediante los Gobiernos de la Concertación.

El Partido Comunista Chileno se apartó de esos gobiernos, pero aunque tiene una fuerza electoral menor a los socialistas y demócrata cristianos, tiene una gran influencia en los movimientos sociales, como el estudiantil, que ayer fue reprimido violentamente.

Gracias a la existencia de dos grandes “esferas” de participación política: la electoral e incluso gubernamental y la del movimiento social autónomo; en Chile no ocurre el fenómeno mexicano de esperar cada vez la aparición de un líder (Cuauhtémoc Cárdenas 88, Marcos y el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional en 94, Andrés Manuel López Obrador en 2006 y ahora Javier Sicilia) o de un movimiento denominado de la sociedad civil.

Además de la solidaridad con el movimiento estudiantil chileno, tanto a sus demandas a favor de la educación pública y a las de los obreros en huelga; junto la exigencia del cese a la represión; este movimiento en el Cono Sur debe servirnos para construir aquí el movimiento autónomo.

10/VIII/2011

Joel Ortega Juárez
Economista y pensador social

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