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Orientación educativa

Trazando sensibilidades

Ricardo Domínguez Pérez


La estética escolar: entre el autoritarismo y el sentido de la autoridad

“El consejo y la autoridad (…)
tendrán que ver que les compete
cuidar de mejor forma posible de los jóvenes”
Martín Lutero, Citado por J. Amos Comenio

“No se debe enseñar nada por mera
autoridad, sino debe exponerse mediante
la demostración sensual y racional (…)
A falta de cosas, cuando estas no sean
accesibles se recurrirá a las imágenes —he aquí
el por qué el Orbis Pictus”
Juan Amos Comenio.

Uno de los temas menos debatidos en el ejercicio del trabajo docente es el sentido que guarda la autoridad del docente dentro de su espacio profesional, por su origen eclesiástico la obediencia del discípulo ante la tutela de la autoridad del docente no fue cuestionada hasta la pedagogía moderna, entre los primeros en proponer un nuevo sentido a la figura de autoridad fue Amos Comenio, principios que aún no han logrado, después de 500 años, convertirse en la tradición escolar, donde la autoridad recae en el docente, esta deviene de su saber y es otorgada por una institución que la respalda y le otorga poder mediante, por ejemplo las calificaciones, pero nos preguntamos ¿esto es autoridad? o es una forma de autoritarismo, ¿cuál es la diferencia entre autoridad y autoritarismo escolar?, ¿cómo se refleja el autoritarismo en la estética escolar?, ¿cuáles son los principios estéticos-pedagógicos de un educador que genera autor/idad, a partir de ser autor de su propia formación?.

Primeramente es necesario revisar ¿qué es autoridad? Autoridad proviene del latin autoritas, la cual a su vez se deriva la palabra auctor, cuya raíz es augere que significa progresar, aumentar, autoridad es una cualidad del ser creador, quien se puede convertir en autor de algo al aumentar las cualidades de la cosa, ya que lo que crea es de su autoría, y con ello generar el progreso en base a su creatividad en su hacer, se promueve algo que deviene de su creatividad, por su autoría y se convierte en autoridad sobre lo que crea o promueve, con una mirada estética el autor es sensible ante lo que crea, el autor al crear algo, recrea su vida.

El docente es autor de su propia vida profesional, de cómo se ha formado, depende el ejercicio de la autoridad que establece con los otros, cuando su ejercicio profesional se debate entre el deseo inconsciente de formar a otros a su imagen y semejanza o de instalar en los otros el deseo de formación, bajo estos dos paradigmas se establecen dos pedagogías antagónicas: la escuela autoritaria o represiva y la escuela con autoridad es decir con espíritu democrático o escuela moderna.

Como se mencionó anteriormente el docente es autor de su formación profesional y responsable de su saber y hacer profesional, su trabajo sobre sí mismo depende de su deseo de aumentar sus cualidades como profesional de la educación, el deseo de formarse es el dispositivo como sujeto que lo obliga a buscar su progreso en torno a su saber profesional, en tanto que su capacidad creativa sea enriquecida por su experiencia en conjunto con el saber teórico que se va apropiando y trasformando en su práctica docente, el docente es el principal autor de su propia formación, es responsable de aceptar sus límites y posibilidades profesionales, autores como el francés Gilles Ferry plantean que la “(…)hablar de formación es un trabajo sobre sí mismo, libremente deseado”.

La autoridad del docente depende de su solides como profesional de la educación, no del respeto disciplinario impuesto sobre los educandos como herencia de la escuela clerical, pero sí de la direccionalidad ética y estética que tengan sus deseos profesionales, pero este deseo profesional no siempre es claro, por eso es necesario develarlo mediante teorías pedagógicas o analíticas que lo incluyan en su reflexión epistémica.

¿Cuál es el deseo del docente ante la autoridad y autoritarismo?, iniciaré con una tesis de Michel Foucault: el deseo del docente (obvio, no es el de todos) es ejercer poder y control disciplinario, como se plantea en el famoso Texto de “Vigilar y castigar” en el libro se expone la estética del autoritarismo y compara a la escuela con la cárcel y el hospital, la panóptica del vigilante en la escuela se percibe en los pupitres de los estudiantes, el estrado del docente, los rituales para ingresar a la escuela o a los salones de clase, la vestimenta de los estudiantes, los cuadernos, los colores de los edificios escolares, la estética de las escuelas secundarias públicas son buen ejemplo del sometimiento al control disciplinario y de la confusión que esto crea en el ejercicio de la autoridad con el autoritarismo.

Otro deseo del docente que lo ubica entre este umbral, es la falsa ilusión de formar a los otros, el docente que se asume como formador de los niños, adolescentes, jóvenes o adultos, tiene la ilusión de formar, esto es lo que algunos pedagogos o analistas le llaman transferencia, el punto de partida es el docente que los forma a su imagen y semejanza, este es el baremo; la imagen del docente, sus deseos, sus gustos, su estética y los valores son el punto de partida para imponer en los otros su propia visión del mundo, es la negación de los deseos del otro, en el cumplimiento de este deseo (bien intencionado en el mejor de los casos) impone su “autoridad”, es decir convierte el acto de formar en una imposición autoritaria.

Otro umbral es la falacia de la negación de ejercicio de autoridad, cuando se niega la posibilidad de ejercerla, en una clase de secundaria me toco escuchar como algunos estudiantes pedían a un profesor que pusiera orden en el grupo, la crisis en el aula también viene cuando el docente no es autoridad, la delega y no media en el proceso de socialización y aprendizaje de los estudiantes, ser autoridad es conditio sine qua non del trabajo docente, ser autoridad es el reflejo de su propia formación y en esta medida será colaborador (coautor) en la formación de los estudiantes, ello los lleva a da paso a la toma de consciencia, de postura ante el mundo de vida de los otros, siempre en compañía de una autoridad que los oriente en la escuela, ¡este es el trabajo docente!.

¿Cuál es el sentido ético-estético de la autoridad?, hacer que los otros: niños, adolescentes, jóvenes o adultos, sean autores de sí mismos, en medida de sus posibilidades y capacidades individuales y sociales, es decir tomen las riendas de su formación, como un proceso libremente deseado, en base a incrementar su capacidad creativa, se acostumbren a ser autores sensibles de su vida, asumiendo los retos y riesgos que esto implica, sin delegar en otros lo que pueden hacer por sí mismos, autoridad implica generar autonomía en los otros, no soledad o falso individualismo.

Ejercer autoritarismo no debe ser el deseo de la docencia, pero sí ser autoridad, lo que implica el libre reconocimiento de los otros sobre el que tiene autoridad, es decir el que posee una formación sólida, por lo tanto la autoridad se crea colectivamente en el imaginario social de manera libre, mientras tanto el autoritarismo se impone sobre el deseo y el reconocimiento de la colectividad.

Finalmente la autoridad y el autoritarismo necesitan del poder, pero en dimensiones diferentes o antagónicas, la segunda concentra el poder contra el otro, es decir el deseo de dominio sobre el otro es la base para servirse de él, la primera la autoridad necesita poder, pero este es colectivo, se ejerce y piensa buscando lo mejor para la comunidad o los sujetos que la componen, en el acto de educar algunas veces su ejercicio se confunde con autoritarismo, pero el sentido no es el sometimiento de la voluntad de los sujetos, sino la promoción de que el otro se haga cargo de su vida, de su libertad, que aprenda a ser responsable de sí mismo y asuma las consecuencias de sus actos, es decir sea autor sensible de su vida y no delegue la autoría de sí mismo, aprenda a sentirse como un proyecto de vida única e irrepetible.

08/08/2011

Ricardo Domínguez Pérez
Maestro experto en arte

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