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Orientación educativa

Trazando sensibilidades

Daniel Lara Sánchez


La comunicación, el medio ambiente… ¿y el desarrollo?

Introducción

No se puede negar que la humanidad vive, a escala global, las consecuencias de un modelo económico-social conocido como neoliberalismo que ha entrado en una profunda y patente crisis, como lo afirma Víctor Toledo: “Tras varias décadas de libre movimiento del capital, inusitada innovación tecno-científica, y una política cada vez más dominada por el poder corporativo, el sueño neoliberal, que prometía bienestar, trabajo y seguridad, se ha convertido en una pesadilla planetaria”1. Prácticamente todos los países que conforman el planeta, de diversas maneras y con varios estilos, han adaptado este modelo de “desarrollo”, pero, ¿en verdad es desarrollo? ¿Y qué tiene que ver la comunicación con todo esto? Éstas son algunas de las cuestiones que intentaremos contestar en el presente ensayo.

¿Qué entendemos por desarrollo y modelos de desarrollo?

Si bien la palabra “desarrollo” puede tener (y tiene) diversas connotaciones, aquí nos referimos a su sentido social. Sunkel señala que un estilo de desarrollo es o constituye “la manera en que dentro de un determinado sistema (social, añadido nuestro) se organizan y asignan los recursos humanos y materiales con objeto de resolver las interrogantes sobre para qué, para quiénes y cómo producir los bienes y servicios”2.

Esta definición pareciera implicar que el desarrollo social es responsabilidad casi única del Estado (nos referimos a desarrollo en las sociedades modernas, es decir, organizadas como tales después de la Revolución Industrial). Esto, si hacemos una primera interpretación superficial. Sin embargo, al reflexionar con mayor profundidad, nos daremos cuenta de que la organización de recursos humanos y materiales para la producción de bienes y servicios es (o debería ser) un asunto pertinente a todos quienes formamos parte de las sociedades modernas.

Desde que las sociedades fueron adaptándose a los procesos de industrialización, cada una con diversos matices y formas de acuerdo a sus contextos, la manera de entender el desarrollo fue cambiando y transformándose, con las implicaciones políticas, pero sobre todo económicas, consecuentes.

Después de décadas de adaptación y transformación, lapso en el que las sociedades modernas fueron transitando por modelos diversos de economía y política, desde el estado rector y la economía mixta (y en varios países un modelo socialista que después de varios años terminó fracasando), ahora nos encontramos con y en el neoliberalismo, donde el estado pareciera tener cada vez menos injerencia en las decisiones de desarrollo (paradójicamente); modelo que, además, se ha instalado en casi todo el mundo, debido a la globalización3.

En el caso de América Latina, continente de por sí conflictivo, rico e interesante por toda la carga histórica que lo sustenta, el proceso de adaptación a diversos modelos de desarrollo fue tomando matices diversos de acuerdo con el contexto histórico.

Así, desde las estructuras precapitalistas de la época colonial, pasando por el sistema de haciendas (o acumulación de tierras) de la era post-independentista, la conformación de estados nacionales, las diversas luchas populares-sociales, el nacimiento de estados oligárquicos, la presencia del imperialismo, el proceso de industrialización, las diversas crisis y la globalización, Latinoamérica es un ejemplo del proceso que también fue presentándose en otras partes del mundo4.

El capitalismo es, pues, el modelo de desarrollo imperante no sólo en América Latina (caso que hemos citado aquí a manera de ejemplo), sino en casi todo el mundo y, como tal, ha experimentado diversas fases de evolución, transformación y adaptación de acuerdo con los contextos de los países en donde se aplica y con el contexto mundial. Este modelo sigue con cierta fidelidad los principios económicos propuestos por teóricos como Adam Smith, David Ricardo, J. M. Keynes y otros, los cuales han sido enriquecidos/complementados por otras teorías de desarrollo económico sustentadas por pensadores como Joseph Schumpeter, Max Weber, W. Rostow y Robert Solow.

Del otro lado de la moneda, han existido teorías alternativas y, por lo tanto, modelos alternativos de desarrollo como el marxismo (por supuesto), la Teoría de la Dependencia (netamente latinoamericana, por cierto), la Teoría del Crecimiento (CEPAL) o la socioeconomía de E. F. Schumacher, quien pugnaba por una economía con rostro humano, respetuosa de la naturaleza y con valores como el rechazo al consumo y la búsqueda de una tecnología libre, simple, barata y al alcance de todos5.

Cualquier modelo de desarrollo busca, en todo caso, parafraseando a Sunkel (supra) regular los procesos de producción, distribución y consumo de los bienes y servicios necesarios para el sustento de la población. En la búsqueda de tal propósito, se establecen de inmediato dos tipos de relaciones: la del ser humano con la naturaleza y la del individuo con sus pares.

En el caso del neoliberalismo, estos dos tipos de relaciones han caído en una profunda crisis, que ya mencionábamos al inicio de este ensayo. Profundizaremos en ello a continuación.

La relación con la naturaleza: Crisis ambiental/La relación con los pares: Crisis social

Una vez que hemos intentado clarificar lo que entendemos por modelos de desarrollo, podemos adentrarnos a reflexionar sobre el medio ambiente. Esto es así porque no podemos analizar la relación entre el ser humano y la naturaleza sin comprender primero la manera en que se da, es decir, cómo la especie humana hace uso de los recursos naturales que hay en este planeta y que le permiten desarrollarse.

En palabras de Salvador Morelos, “El ambiente, medio ambiente o simplemente medio, es todo lo que rodea a un organismo, lo componen los elementos vivos (bióticos) y no vivos (abióticos). Para el ser humano, su ambiente tiene además de los componentes ecológicos básicos, la dimensión cultural en un sentido amplio…”6.

Cada modelo de desarrollo implica una forma de relación del ser humano con su medio ambiente. En el caso del neoliberalismo, esa relación ha sido completamente depredadora: se hace un uso irracional de los recursos naturales con tal de satisfacer las necesidades, gran parte de ellas artificiales y creadas, que este modelo ha mostrado como indispensables. La naturaleza es vista sólo como la parte proveedora de materias primas para lo que el mundo globalizado posmoderno necesita. Un ejemplo sencillo y claro: la necedad de seguir fomentando el uso del automóvil por “comodidad” y economía (traducida en ganancias para los fabricantes de autos y, por supuesto, los gobiernos) con la consecuente explotación y producción de hidrocarburos y la lógica polución que la misma provoca. En pocas palabras: “occidente ha acabado con la naturaleza”7.

Esto podría originar una visión equivocada del problema, visión que, consciente o inconscientemente, han sostenido muchos ecologistas y que plantea que el modelo de desarrollo neoliberal (o cualquier otro) atenta solamente contra la naturaleza. No es así. En realidad, este modelo atenta contra el propio ser humano como especie. Quien está en peligro no es la naturaleza en sí misma, sino la propia humanidad.

Y es aquí donde entra en escena la variable relación ser humano con sus pares. La crisis neoliberal ha calado hondo en la esfera psicosocial del ser humano. Aparejada con la crisis ambiental, la crisis de pensamiento y, por lo tanto, de relaciones sociales, ha llegado para quedarse (al menos por el momento). Como señala Edgar Morin al hablar de la crisis del modelo civilizatorio neoliberal: “un proceso multiforme de degradación de la psicoesfera, es decir de nuestras vidas mentales, afectivas, morales, y todo eso produce consecuencias en cadena y en círculo”8.

Es decir, el modelo de desarrollo también ha creado una crisis en la mentalidad. Producto de ello son las nuevas formas de interacción, huecas en su mayoría, carentes de contenido y de verdadero sentido social. En palabras de Gilles Lipovetsky, estamos en plena “era del vacío”9, donde el consumo, el interés desmedido por el dinero y el poder, el individualismo, la ideologización de todo (en el peor sentido de la palabra) y el establecimiento de relaciones humanas falsas y virtuales permean la vida occidental.

Estamos en una época en la que la humanidad jamás había tenido tantos medios y formas de comunicarse y en la que, paradójicamente, está menos comunicada. La tecnología avanza a una velocidad impresionante, los medios digitales como la internet y sus ramificaciones (el correo electrónico, los portales de medios de comunicación, las redes sociales) son fabulosas y podrían tener un uso benéfico si su potencial fuera explotado al máximo. La explosión del uso en los teléfonos celulares permite a cada persona llevar, cual rémora moderna, su mundo en los bolsillos o junto al cinturón. Y, por supuesto, los tradicionales medios de comunicación masiva evolucionan todos los días, apelando a la individualización de las audiencias para no perder ganancias, dado que estos medios, más que para informar o dar cultura, están pensados como negocios. Ya Roman Gubern, connotado teórico de la comunicación, ha señalado cómo el ser humano occidental media la realidad a partir de cinco pantallas: la del cine, la de la televisión, la de los videojuegos, la del celular y la de la computadora10.

Pero, ¿qué tienen que ver los medios de comunicación, o la comunicación en general, con los modelos de desarrollo?

La comunicación, el desarrollo y el medio ambiente

La comunicación, como fenómeno de transmisión y recepción de información y conocimiento, forma parte del medio ambiente. Y los medios de comunicación masiva, a su vez, forman parte fundamental de un modelo de desarrollo.

El origen etimológico de la palabra Comunicación es el vocablo griego Communicare que, literalmente, significa “poner en común”. De tal forma que cuando comunicamos, ponemos en común con nuestros pares nuestras ideas, sentimientos, información, etcétera. La comunicación es, entonces, una necesidad y una característica humana a la vez. Existen diversos niveles de comunicación: intrapersonal, interpersonal, colectiva y masiva. Esta última está representada por los medios de comunicación que emiten uno o varios mensajes a una audiencia que no es posible calcular en número.

A lo largo de su historia, los medios han jugado papeles diversos en la construcción y mantenimiento de los modelos de desarrollo. El poder, en sus múltiples formas, ha hecho uso de ellos para, sobre todo, mantener su estatus dominador11. Pero esto es mucho más evidente en las sociedades modernas, donde las empresas de los medios han tomado un poder económico, social y político nunca antes visto. No sólo enajenan a las audiencias con los contenidos que generan, sino que sus dueños establecen alianzas poderosas entre ellos mismos, otros empresarios y las autoridades, una simbiosis provocada y sostenida por el modelo neoliberal.

En el caso de México, por ejemplo, en los tiempos del modelo de desarrollo capitalista con un partido único, un presidencialismo exagerado y la fuerza del estado rector, los medios de comunicación sufrían de censura, por lo que la mayoría de ellos se plegaba a las órdenes de las autoridades y recibía “línea” para la generación y transmisión de sus contenidos.

Hoy, las cosas han cambiado. Los medios siguen creando y transmitiendo contenidos favorecedores a los grupos de poder, pero ellos mismos como empresas son parte de sus grupos. Ahora, el Estado es quien parece plegarse a los intereses de los empresarios multimediáticos (y multimillonarios). Esto es especialmente patente en México, donde los dueños de las empresas de medios, en especial dos televisoras (Televisa y TV Azteca), tienen injerencia, directa o indirecta, en el establecimiento de agenda política en el país12.

Y si comprendemos que las empresas multimediáticas forman parte fundamental del modelo de desarrollo neoliberal, comprenderemos que no es parte de sus intereses cambiar tal modelo, antes bien, los contenidos de sus productos (que entenderemos como formas simbólicas) están orientados a defender, sostener y promover este estilo de vida: el modo capitalista de subsistencia, el american way of life como modelo a imitar13. Y, por supuesto, los dueños de tales empresas buscarán, ante todo, el mantenimiento de su estatus y de su vida cómoda, haciendo uso indiscriminado de las concesiones de medios que el gobierno les ha otorgado aunque tales espacios en realidad nos pertenezcan a todos.

Es aquí donde sugerimos/proponemos que puede originarse o fundamentarse un posible cambio, gradual y a largo plazo, del modelo civilizatorio de desarrollo neoliberal. Los medios de comunicación, máxime en esta era globalizada, pueden ser agente de cambio si logran, como empresas y como medios, rediseñar sus contenidos y rescatar/promover/transmitir/sugerir a las audiencias modos de vida respetuosos del medio ambiente y de la relación del ser humano con sus pares.

Va quedando claro, con el devenir histórico y el día a día, que la crisis del modelo neoliberal exige una vuelta de tuerca a un modelo verdadero de desarrollo que permita una adecuada gestión de recursos, más justa e igualitaria. Tal modelo, por lo que sabemos hasta ahora, se llama Sustentabilidad14.

Este modelo de sustentabilidad, defendido entre otros autores, por Víctor Toledo y Rafael Tonatiuh Ramírez, está en construcción, y pensamos que en él cabe y debe insertarse la parte comunicativa, retomando/rescatando el concepto de Comunicación como originalmente se pensaba: “Poner en Común”, algo que los medios masivos de hoy difícilmente hacen, porque sus contenidos no piensan en poner en común sino en transmitir mensajes que benefician sólo a unos cuantos.

Hace falta, y esta es una tarea pendiente para comunicólogos y educadores ambientales, acuñar un concepto operacional de comunicación ambiental o, mejor aun, de comunicación para la sustentabilidad15. Y utilizar tal concepto en propuestas específicas de educación ambiental en medios de comunicación que, aunque ya existen, siguen siendo marginales, poco apoyadas y poco conocidas.

Pero tales propuestas tendrán poco sentido y aplicación si no se basan, primero, en un análisis profundo de la evolución histórica y la actualidad de los modelos del desarrollo. No se puede caer en el error de analizar procesos sociales sin tomar en cuenta el contexto sociohistórico.

Nos queda claro que, en la actualidad posmoderna, los medios funcionan bajo una lógica de poder, consecuencia del modelo neoliberal. Como ya se mencionó arriba, e insistimos en ello, una comunicación alternativa, alejada de los nichos de poder, que retome a la educación ambiental como eje y que apueste por la construcción de un modelo de sustentabilidad, puede ser una herramienta importante y decisiva en la búsqueda de una sociedad mejor, con equilibrio en las relaciones humanas y en las relaciones del ser humano con el medio ambiente.

Estamos en la construcción de ella.

Referencias

  • Arias, R. (2011), Declaración “Por la sustentabilidad de y desde la universidad”, Organización Universitaria Interamericana, Loja, Ecuador. Disponible en internet.
  • Carabaza, A., y J. Lozano (2009), Comunicación y Medio Ambiente, México, Tecnológico de Monterrey.
  • Cueva, A. (2009), El desarrollo del capitalismo en América Latina, México, Siglo XXI.
  • García Bermejo, Carmen, “La TV es un púlpito que se disfraza de ventana”, El Financiero, sección Cultura, 22 de febrero de 2007.
  • Giddens, A. (2000), Un mundo desbocado. Los efectos de la globalización en nuestras vidas, Barcelona, Gedisa.
  • Lipovetsky, G. (1995), La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo contemporáneo, Barcelona, Anagrama.
  • Morelos, Salvador, Curso básico de alfabetización ambiental en quince lecciones y un pilón, s/d.
  • Morin, E. (1993), Tierra Patria, Barcelona, Cairos.
  • Schumacher, E. F. (1973), Lo pequeño es hermoso, Madrid, Crítica.
  • Sefchovich, S. (2008), El país de las mentiras, México, Océano.
  • Subcomandante Marcos (1999), “La Cuarta Guerra Mundial”, plática impartida en La Realidad, Chiapas, disponible en www.inmotionmagazine.com/auto/cuarta.html
  • Sunkel, O. y Nicolo G. (1980), Estilos de desarrollo y medio ambiente, México, F.C.E., citado en Ramírez y Benítez (s/f), Desarrollo sustentable, México, UNITEC.
  • Thompson, John B. (1995), The Media and Modernity. A social theory of the media, California, Stanford University Press.
  • Toledo, Víctor Manuel, “¿Neoliberalismo o Sustentabilidad?”, en Regeneración, número 14, febrero 2011.
  • Documental La frontera infinita (México, Dir. Juan Manuel Sepúlveda, 2007).

5/ VII/2011

1 Toledo, Víctor Manuel, “¿Neoliberalismo o Sustentabilidad?”, en Regeneración, número 14, febrero 2011, p. 7

2 Sunkel, O. y Nicolo G. (1980), Estilos de desarrollo y medio ambiente, México, F.C.E., citado en Ramírez y Benítez (s/f), Desarrollo sustentable, México, UNITEC, p. 5.

3 Este fenómeno/proceso globalizador es explicado profusamente por Anthony Giddens en su libro Un mundo desbocado. Los efectos de la globalización en nuestras vidas, Barcelona, Gedisa, 2000.

4 Cfr., para más detalles de este proceso en nuestro continente, Cueva, A. (2009), El desarrollo del capitalismo en América Latina, México, Siglo XXI.

5 Cfr. Schumacher, E. F. (1973), Lo pequeño es hermoso, Madrid, Crítica.

6 Morelos, Salvador, Curso básico de alfabetización ambiental en quince lecciones y un pilón, s/d.

7 Maestro Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán, en clase de la materia Seminario de Teorías del Desarrollo, UPN 095, 3 de febrero de 2011. Por su parte, el Subcomandante Marcos, en representación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, ha llamado al neoliberalismo y a la globalización la “Cuarta Guerra Mundial”, debido precisamente a su carácter depredador. (“La Cuarta Guerra Mundial”, 1999, en plática impartida por Marcos en La Realidad, Chiapas, 20 de noviembre de 1999).

8 Morin, E. (1993), Tierra Patria, Barcelona, Cairos, p. 77.

9 Cfr. Lipovetsky, G. (1995), La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo contemporáneo, Barcelona, Anagrama, en especial el capítulo III, “Narciso y la estrategia del vacío” y el IV, “Modernismo y posmodernismo”.

10 García Bermejo, Carmen, “La TV es un púlpito que se disfraza de ventana”, El Financiero, sección Cultura, 22 de febrero de 2007.

11 Al respecto, cfr. Thompson, John B. (1995), The Media and Modernity. A social theory of the media, California, Stanford University Press, en especial el capítulo 1, “Communications and Social Context”, en el que el autor diserta sobre la relación entre los medios y el poder.

12 Sobre parte de la triste situación actual del país, cfr. Sefchovich, S. (2004), El país de las mentiras, México, Océano

13 Consecuencia, en parte, de esta idea de mostrar y defender al american way of life como modelo de vida, se deben fenómenos como la migración, lo cual queda documentado en el excelente documental La frontera infinita, de Juan Manuel Sepúlveda.

14 Cfr. Arias, R. (2011), Declaración “Por la sustentabilidad de y desde la universidad”, Organización Universitaria Interamericana, Loja, Ecuador, para una propuesta en este sentido, construida desde los espacios académicos universitarios. Disponible en internet.

15 El libro Comunicación y Medio Ambiente, editado por Julieta Carabaza y José Carlos Lozano para el Tecnológico de Monterrey (2009), representa un esfuerzo importante en ese sentido.

Daniel Lara Sánchez
Comunicador y catedrático

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