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Orientación educativa

Lo ético, lo estético y lo patético en la escuela

Alfredo Villegas Ortega


La farsa del modelo educativo de la SEP

Un verdadero proyecto educativo debe sustentarse en la realidad, para partir de ella, superar lo malo que hay en la misma y para ver con esperanza, hacia adelante. Salvo con Vasconcelos y Torres Bodet, las reformas educativas sólo han sido maquillajes superficiales que poco abonan a la construcción de un verdadero proyecto que resuelva lasa grandes carencias culturales del país.

En los últimos sexenios, la situación se ha agudizado, y más que avanzar nos hemos empantanado de manera lamentable. Ello obedece, en gran medida o, más bien, es resultado de las directrices que dicta la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), organismo internacional cuyos objetivos se orientan al desarrollo económico de las naciones que lo integran, entendido el desarrollo como el crecimiento de las fortunas de los grandes empresarios, tanto transnacionales como nacionales. Generar riqueza, acumular y derivar migajas para la subsistencia precaria de las mayorías.

En esa lógica, poco importa la distribución y acceso al capital cultural y económico de la gente. Importa, sí, que las reformas estructurales que hayan de ejecutarse, sirvan para reproducir las condiciones sociales existentes, si nos atenemos a la lectura de Althusser. La educación, por supuesto, es el engrane fundamental para conservar y acentuar las diferencias y los privilegios de una y otra clase social. Educar para mantener el orden, para crecer económicamente a costa de los trabajadores. Formar una masa acrítica y manipulable que sea presa fácil de los mensajes políticos, de las dádivas y recompensas miserables que se les ofrecen para vender su voto, enajenar su voluntad y para minar su capacidad crítica; para nulificar individuos y crear ejércitos de miserables que sostienen las riquezas de una élite que se reparte los fabulosos dividendos.

Producir, vender, maquilar, evadir impuestos, explotar, domesticar, golpear, perseguir, acallar, controlar, comprar…No cabe en la voracidad empresarial, en los dictados e intereses de la OCDE, de la burguesía nacional y de los capitales transnacionales, la menor consideración para realmente crecer y desarrollarse superando las terribles e indignantes diferencias señaladas.

El magisterio nacional ha dado la batalla para enfrentar a un gigante cuyos tentáculos se extienden en los medios, la banca, el gobierno, el sindicalismo entregado y la mayoría de los partidos políticos. En esa lucha se enfrentan la dignidad contra la mezquindad. En esa batalla, si pierde el magisterio, no sólo se vulneran los derechos de un gremio; en esa lid se dirime gran parte del futuro del país.
México no puede estar sujeto a los dictámenes de una casta ajena a las necesidades reales de la gente. No podemos seguir secuestrados por ellos. De persistir y agudizarse las diferencias, se perpetuarán la miseria, la ignorancia, la violencia y todos los males posibles.

Hay varias rutas de salida, pero requieren de la participación y apoyo de la sociedad. Complejo, pues parte de ésta, como se señaló, ha sido domesticada. No obstante, debemos, como gremio, unificar nuestras fuerzas, combatir por todos los medios posibles la farsa de modelo y de reforma educativa que se va colando con los mecanismos y la enorme fuerza institucional.

Una de las rutas es informar a la comunidad educativa, in extenso, cuáles son las intenciones ocultas de la burguesía nacional y de los organismos internacionales que promueven y dictan el camino a seguir.

El nuevo modelo educativo, no tiene sustento pedagógico, no es novedoso, ni traza el camino para crecer como país, todos.

El modelo educativo, vino al final del sexenio, después de una reforma laboral disfrazada de educativa que encontró gran resistencia de los maestros. El modelo es por donde tendrían que haber comenzado, pero, una vez más, no es el remedio que estamos necesitando. Hablar hoy de aprender a aprender, de la importancia de la profundidad por sobre la extensión de los contenidos, del inglés, del programa de fortalecimiento a las normales, de impulsar las artes, el pensamiento y la educación física, entre otras cosas, es mera retórica por falso y porque no hay nada nuevo bajo el sol.

Aprender a aprender y, por ende, a pensar es algo que Jaques Delors planteó hace más de veinte años, se ha aplicado y no ha resuelto nada importante, pues mientras se sustente en educación por competencias, seguiremos reproduciendo seres funcionales que no proponen sino que ejecutan eficientemente lo que se quiere que aprendan, para que no se altere el estatus.

Respecto a la profundidad, en efecto, es más importante que los estudiantes, al concluir su educación básica, conozcan y apliquen lo aprendido, que sepan comunicarse, razonar, ubicarse en tiempo y espacio histórico y geográfico, que fortalezcan su identidad. Es decir, es más importante que esos conocimientos básicos, estén bien afianzados y no querer abarcar tanto para no llegar a nada, como ha venido ocurriendo.

Este podría ser el punto fuerte del modelo, pero cuando se ha hecho al vapor, a la salida del sexenio, como respuesta obligada ante la presión social y magisterial, lo que va a ocurrir, en los hechos, será una mera reducción de contenidos. Además, habría que soportar dicha propuesta con argumentos solventes, recuperando las múltiples propuestas de maestros y expertos, y no sólo del grupo de notables, principales responsables de ejecutar las órdenes de la OCDE y de Mexicanos Primero, agrupación, ésta, de carácter empresarial que intenta acabar con las escuelas normales y tener acceso franco al control y expansión de las escuelas privadas en detrimento de las públicas. Realmente, en los últimos años, la Secretaría de Educación Pública se convirtió en un despacho más de la agrupación empresarial mencionada.

Otro de sus planteamientos es fortalecer las escuelas normales. Esto sí es totalmente cínico e irresponsable, pues si con alguien se han ensañado Mexicanos Primero y su filial, la SEP, ha sido con las Escuelas Normales, abandonadas a su suerte, con exigencias absurdas de ingreso, sin difusión y exhibidas como escuelas formadoras de vándalos y parias enemigos del progreso. El decremento en su matrícula es brutal y obedece a dichas cuestiones, además de salir a pelear una plaza en el libre mercado, cuestionándose la validez de sus estudios. “¿Para qué estudiar para maestro de primaria, por ejemplo, si al salir debo pelear por la plaza con un dentista al que sólo le bastará resolver bien un examen, que no muestra realmente quién sabe enseñar o no?”. “Mejor estudio para dentista y si no me coloco en el mercado, pues aunque sea seré maestro”, sería la forma más lógica de pensar de cualquier egresado de bachillerato. Que no nos vengan con que van a fortalecer a las Escuelas Normales; este gobierno entregado e ilegítimo es el que quiere terminar con la historia del normalismo

Tomo un último ejemplo de lo absurdo, falso e insuficiente modelo educativo. Se dice que se va a fortalecer la educación física. Han desaparecido la Dirección General de Educación Física. Esa es la importancia que tiene para el gobierno una actividad tan importante como ésta.

Anuncian su modelo ya de salida. ¿Será respetado y continuado por el siguiente gobierno? Por supuesto que no. La historia es clara al respecto. Empezará en primero y segundo de primaria, en primero de secundaria y en el bachillerato. ¿Por qué sólo en esos grados? Porque no hicieron la chamba completa, porque lo importante era correr maestros y no crecer educativamente. Empezó el gobierno con la reforma educativa. ¿Justo al salir implementan el modelo educativo —el que debiera ser el eje de todo los demás-, debemos creerles? ¿Debemos suponer que realmente les importa la educación de miles de niños (y de maestros para enseñarlos) cuando nunca mostraron intenciones al respecto?

La historia los está juzgando. Y a los maestros también, si no actuamos como corresponde. Debemos resistir y organizarnos para liberarnos del secuestro en el que literalmente nos tienen, antes que sea irreversible.

Alfredo Villegas Ortega
Maestro en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional y Académico de la Escuela Normal Superior de México.

jesùs caballero. 04 de Julio de 2017 11:00

Alfredo nada podemos ni debemos esperar de la casta gobernante, han convertido la democracia, la soberanìa pretendida desde principios del siglo XIX en una mostruosidad: una sociedad de castas que acaban indiferentes entre sí; aunque ocupen el mismo espacio, como en la India legendaria: los chatrias, la casta divina quevive solo para si misma, como los eupátridas griegos solo para el ocio, la acumulación de la riqueza y la indiferencia dominadora contra las demás, los paryas , la casta mas baja totalmente ignorada, viviendo de las sobras del orden piramidal dominante y eso es la población rural atendida por el Conafe, Oportunidades, Salario rosa y una educación con cambio curricular constante sin contemplaciones de los padres ciudadanos , ni delos alumnos, situación que comparten con el resto de los alumnos y padres de familia del país, dizque sujetos de los derechos humanos que la constitución les otorga, y en los debieran haber sido educados. Advierte también que los maestros adultos tratados como criminales, además contratados sin derechos laborales,sin una actualización en lo constitucional, así que vencidos en las votaciones, humillados se presentan a sus labores docentes. ¿pueden educar en la democracia que no existe? o ¿en la personalidad que vive sus derechos humanos que debiera garantizar ese gobierno? recuerdo a los protagonistas de estas pelìculas de los años cuarenta del siglo XX, una inglesa y otra norteamericana: Gungadin donde el héroe hindú muere en defensa de sus dominadores y
a Sabú en el libro de las tierra vírgenes mostrándose como el Hijo de la Selva, mas allá de los mas pobres casmpesinos incluso cazado como fiera. Así estamos, ni mas ni menos a la altura de los paryas.por cierto Keisser en su programa econòmico actual, desde la Ciudad de México se plantea: ¿Podrà México dejar de ser vasallo de los Estados Unidos? Y tú y yo: ¿cuando los esfuerzos de los mejores maestros pasarán de la calidad lograda a la cantidad necesaria para producir el cambio?

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