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LA CLASE

Tema del mes

Pablo Salido Moulinié


Y aún así me siento solo... La dependencia a los celulares y la conquista de nuestras mentes

Nunca había analizado tanto su sonrisa. Es de las cosas más bellas que he visto en mi vida. No es una dentadura perfecta, y tampoco está posando para una fotografía. Simplemente está riendo. Me está viendo a los ojos. Éste es un momento perfecto. Un momento en el que mi alma salió de mi cuerpo y entendió que esto es de lo que se trata la vida, de vivirla, de ver sonrisas, de escuchar, de hacer contacto, de mirar a alguien a los ojos y entender su verdad, sus deseos.

Empecé a tener un estilo de epifanía, mi día parecía el extracto de una película futurista. La mayoría de mis amigos veía con atención sus celulares y éramos pocos los que manteníamos una conversación. Fue en este momento de epifanía, en el que me levanté y les dije: “todos denme sus celulares”. Las reacciones fueron obvias: “¿Para qué?” “Yo lo necesito usar ahorita” “estoy esperando un mensaje importante”. Les dije que no había de otra, que necesitaba tener todos los celulares. Parecería que estábamos en examen y que yo era su profesor.

Desafortunada o afortunadamente, somos una generación que creció con las redes sociales, para nosotros, es difícil entender el mundo sin ellas. Según el estudio de GlobalWebIndex, 1 de cada 4 minutos lo pasamos navegando nuestras redes sociales. 5 o 6 horas de celular al día aproximadamente. Un mes completo de cada año de nuestra vida. Estas cifras aumentan cada año.

Me costó trabajo convencerlos, pero lo logré. Tenía todos los celulares juntos, listos para ser escondidos. No iba a soportar un minuto más de esto. Tengo 23 años, estoy de viaje con mis mejores amigos, a un lado de hermosos paisajes, y al parecer, nos interesa más saber qué es lo que está pasando en nuestras redes sociales (o al menos eso comunicamos).

El cambio es obvio y sin embargo inesperado, la convivencia aumentó exponencialmente. No había preocupación por lo que estaba pasando ni lejos ni cerca de nosotros, simplemente estábamos ahí. Nadie ignoraba al otro por estar contestando un WhatsApp o viendo una foto de Instagram. La atención no se desvía, simplemente se vuelve innecesaria. No hay en qué concentrarse, todo quedaba simplemente en nosotros, todo quedaba en simplemente ser.

Fue fácil en un principio, todo era risas y disfrutar de la convivencia, pero a la hora de salir a la calle las cosas se complicarían. Decidimos ir a caminar y tomar una cerveza (aun sin celulares). Nos habíamos puesto entre todos un reto, el cual, planeábamos cumplir.

¿Qué nos hace hoy en día dependientes a nuestro teléfono? La facilidad y seguridad para hacer todo en nuestro día a día. No perdernos, comprar cosas, comunicarnos. Aunque México está desarrollándose tecnológicamente de forma un poco más lenta, gran parte de la población ya se está adaptando a las plataformas digitales para vivir y realizar actividades del día. Todo se empieza a hacer a través de Internet. La gente de bajos recursos que no cuenta con banda ancha en su casa, mejor paga un servicio de telefonía para poder realizar búsquedas, generar información y mantenerse al pendiente. Prácticamente todo se puede hacer con el celular. ¿Qué va a pasar si se nos acaba la pila? ¿Si se nos descompone el celular?

La gente camina, veloz, mirando a sus pantallas. Familias enteras comiendo con al menos un integrante viendo su teléfono. Parejas sentadas en bancas, con la playa a menos de 100 metros, ambos, en su celular. Todo esto se vuelve impactante al momento de observarlo, y al mismo tiempo que piensas que el contacto humano ya no existe en nuestra sociedad, empiezas a sentir un tipo de ansiedad. Todos lo empezamos a manifestar poco a poco. ¿Qué tal que alguien se quiere contactar conmigo? ¿Y si hay una emergencia? Todos lo pensábamos. Nadie lo quería decir. Ya nos queríamos regresar. Ya queríamos regresar a checar nuestro celular.

Pero claro que la tecnología es una de las drogas más poderosas y adictivas. Genera muchas emociones, resuelve muchos problemas. Despertamos, y no nos toma menos de 15 minutos (dato comprobado por IDC Research) para checar nuestro teléfono.

Estrés, ansiedad, envidia con aquellos que sí tenían sus dispositivos. Envidia, a aquella joven que estaba tomando café con su amiga y que tenía su celular, puesto en la mesa, pantalla hacia arriba, justo delante de ella. Tranquila. Al pendiente de todo y todos. Nuestro estrés crecía. Parecía que estábamos solos. ¿Es posible que nos podamos sentir solos estando acompañados?

¿Qué fue lo que perdimos? ¿Seguridad? ¿Contacto? ¿O acaso más bien la tecnología nos ha llevado a perder lo que nos hace seres vivos únicos? El contacto humano. Los cambios y adaptaciones son rápidos. Existen muchos beneficios gracias al uso de tecnología. Seguridad, facilidad de acceso, comodidad. Los cambios los podemos ver día a día con nuestros ojos. Al principio fue un celular y una cámara. Ahora lo es todo: juegos, películas, libros, información, contacto e incluso nuestra cartera. Todo en un solo lugar. Claro que nos vamos a hacer dependientes al uso de los teléfonos inteligentes. ¿El problema? Nos alejamos de lo que tenemos cerca, e incluso perdemos de nuestras habilidades más importantes.

El regreso fue rápido. Todos llegaron a lo mismo, no hubo necesidad de anunciar que el reto había terminado. ¿El golpe más grande? Revisar nuestras notificaciones y todos darnos cuenta de lo mismo, no había ninguna novedad importante.

Un estudio publicado en “Computers in Human Behavior” hecho por psicólogos canadienses, sugiere que las nuevas tecnologías nos están afectando cerebralmente. Al tener gracias a los widgets una forma fácil y rápida de resolver problemas, ya no nos tomamos el tiempo para pensar analíticamente. Muy probablemente, es imposible para un joven de 17 años hoy en día resolver un problema por su cuenta sin tener acceso a internet.

“Descubrimos que aquellos que piensan de forma intuitiva y no analítica al ser presentados con un problema a resolver, tienen dependencia a sus teléfonos inteligentes para tomar decisiones de su día a día”.

La conclusión del estudio fue que los teléfonos se han convertido en una extensión de nuestra mente. Se espera que un tercio del planeta cuente con un teléfono inteligente para finales del 2018. Un tercio de los humanos, va a razonar a través de un teléfono inteligente.
La sugerencia de los psicólogos alrededor del mundo nunca ha sido detener el crecimiento tecnológico. Simplemente educar a la gente para que el uso de la tecnología, y en específico, el uso del internet, se haga de manera consciente y moderada. Con descansos y respiros para ver lo que tenemos alrededor. Si no, de alguna u otra forma la tecnología, la extensión de nuestras mentes, va a estar controlando el mundo en unos años.

Al volvernos a sentar a comer, les pregunté a todos: “¿Todo bien?” Y la respuesta de todos fue la misma, con una mirada: todo en orden.

Pablo Salido Moulinié
Estudiante de la Licenciatura en Comunicaciones. Universidad Anáhuac. México.

abelroca. 19 de Julio de 2017 12:41

Increible, el futuro llegó antes de lo previsto, los robots ya dominan a las personas , a la gente, al mundo, desde los teléfonos,cada día mas inteligentes hasta las máquinas de producción de algoritmos que domina la globalización capitalista, la nueva esclavitud consumista anula las relaciones cara a cara , sostiene en cambio las ligas electromagnéticas y su atadura en “la nube”, suprema expresión del control global único.

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