Usos múltiples

El tímbre de las ocho

Armando Meixueiro Hernández
Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


¿Podemos educar y enseñar algo a las nuevas generaciones?

El profesor César Labastida impartía en la carrera de Comunicación una de esas asignaturas insondables desde la selección del nombre: Semiótica y estética. Por fortuna, no era la primera vez que se responsabilizaba de ese curso y ya dominaba la mayoría de los contenidos y temáticas que se proponían en su programa.

En medio de una clase, el maestro César explicaba el concepto de signo desde Saussure, Pierce, Hjelmslev y Eco. Después del desarrollo y distinción de las ideas en un resplandeciente cuadro sinóptico, había pensado una maravillosa estrategia didáctica, como lo obligaban los innovadores cursos de actualización que había recibido.

Pocos estudiantes tomaban apuntes a la manera tradicional, es decir, utilizando pluma y papel. La mayoría, altamente tecnologizado, recuperaba la información escribiendo en sus laptops, Tablets o incluso en celulares, pero alternando esa actividad con el intercambio de mensajes por redes sociales, whatsap e instagram o bajando música y videos por internet. Un selecto grupo de irresponsables permanecía indiferente a la explicación. En evidente autismo o síndrome de Asperger, esos alumnos rumiaban sus propias excrecencias mentales. Sin embargo, para controlar la ansiedad, infería el docente, mantenían entre sus inquietas falanges algún dispositivo electrónico y destilaban saliva desde la comisura de sus labios.

Al terminar la conceptualización del término signo y de garabatear un esquema simétrico de diferencias y semejanzas entre los autores involucrados, el profesor César Labastida interpeló:

—¿Queda claro? ¿Se entendió lo que es signo para cada autor?

—…

—¿Hay alguna pregunta, duda o comentario? —insistió el maestro, dirigiendo su mejor mirada punzante hacia Ricardo Santomás, uno de esos alumnos indolentes que seguía sumergido en sus ensoñaciones.

Santomás dio un pequeño salto sobre su pupitre, enfocó la cámara del celular hacia el pizarrón, encuadró el dispositivo haciendo un gesto con la lengua de fuera, y mientras realizaba la fotografía, emitió un cínico: “¡No profe, no tengo dudas!”

Una serie de “clicks” se escucharon luego de la acción de Santomás. El profesor Labastida contuvo su enojo. “¿Cómo es que ahora los estudiantes atienden a sus clases? ¿Acaso son generaciones multitask?” Caviló el profesor César. Después de todo, el tiempo lo apremiaba para implementar la estrategia didáctica en la que demostraría que no habían entendido nada y por tanto, saborearía una dulce venganza.

César Labastida borró el esquema que estaba en la pizarra blanca del salón y proyecto sobre ella, apoyado por cañón y computadora, una pintura del renacimiento. Entonces planteó:

—El que me diga de quién es esta pintura obtendrá 1 punto más en el examen parcial de este mes.

El profesor César manejaba con perfección milimétrica el condicionamiento skinneriano. Eso de los premios y castigos se le daba como herencia natural, instintiva. Esperaba con una sonrisa sarcástica la respuesta. Varios alumnos aullaron nombres de pintores en forma indiscriminada.

—¡Picasso! ¡Dalí!

—¡Rembrandt!

—¡Leonardo da Vinci!

Los estudiantes ahora sí observaban con atención la imagen proyectada. Ninguno acertaba. El maestro conminó al orden y pidió que levantaran la mano y que, hasta que se les concediera la palabra, opinaran. En el desconcierto, Ricardo Santomás levantó su mano. El maestro César señaló con morbo.

—A ver Ricardo, ¿de quién es la pintura?

—¡De Rafael, prof! —bramó el estudiante sin dejar de mirar su celular, y agregó: —y se llama Los desposorios de la virgen.

Sorprendido el maestro Labastida tuvo que reconocer el acierto. Otorgó el punto, ejemplificó en el cuadro las nociones de significante, significado y referente, y prosiguió con otra pintura, ahora del futurismo. De nuevo, la jauría de estudiantes aulló apelativos.

—¡Rafael!

—¡Monet! ¡Van gogh!

—¡Picasso!

El profesor César ignoró los alaridos y encontró que Santomás levantaba su mano nuevamente. Lo volvió a desafiar.

—A ver Ricardo, ¿sabes de quién es esta pintura?

—Sí, prof, —espetó el joven oteando su celular. —es de Giacomo Balla.

—¡No se vale profe! —reclamó una estudiante. —Lo que pasa es que Santomás es un ñoño Millenial. Y hace trampa, lo está buscando en internet.

Extrañado, el maestro César Labastida no discernía cómo era que el abúlico y desinteresado alumno atinaba a las respuestas correctas. Continuó con ejemplos de las nociones de símbolo, señal e indicio y presentó la imagen del siguiente lienzo, un fresco del expresionismo. Por debajo de la tormenta de rugidos, César enfocó su atención en Ricardo. Descubrió que discretamente fotografiaba la imagen y que luego de digitar sobre el celular, volvía a elevar su mano.

El profesor Labastida ignoró a Santomás sin dejar de vigilarlo, les concedió la palabra a otros estudiantes. Uno a uno se equivocaron, fallaron en la respuesta. Sólo quedaba Santomás con su brazo extendido. El maestro le concedió la participación.

—Es de Otto Dix y se llama La guerra.

—Es correcto, Ricardo. —aceptó el profesor. —Pero te doy el punto si nos dices cómo le haces para encontrar al autor de las pinturas.

—¡Ay prof, es muy fácil! Lo hago con una app que se llama Paintings history y que reconoce las imágenes.

El profesor César Labastida se sintió un anciano decrépito, inútil y rebasado por el tiempo. Recordó vagamente el inicio de la película La sonrisa de Mona Lisa. Toda su experiencia docente se desmoronaba frente a una generación de la que entendía poco o casi nada y de la que ignoraba sus habilidades y nuevas concepciones.

En otro momento, un joven docente le había advertido que él estaba entre los baby boomer y la generación X, y que probablemente ya no comprendía a los millenials y menos aún a los de la generación Z. Todo ese argumento le pareció una broma de mal gusto. Sin embargo, ahora se preguntaba: ¿Cómo se están formando las nuevas generaciones? ¿Podemos educar y enseñar algo a las nuevas generaciones ante el Tsunami tecnológico global?

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

Anónimo. 04 de Julio de 2017 11:13

Rafael y Armando gracias por informarnos de la desaparición del magisterio como una profesión necesaria para las generaciones del vigésimo primer milenio. efectivamente Internet cumple funciones magisteriales que crearon “sistemas antidummies” para el suso de sus sistemas de información, sin estos no sería inviable nuestro paso por ellos, malnegocio para google, Windous, Apple y la avanzadísima tecnología oriental.ellos forman a sus esclavos digitales solo aptos para el consumismo, sin embargo el artículo nos regala una posibilidad de supervivencia, descubierta en la Atenas del siglo V antes de Cristo. por cierto la clase, la lección del profe. César es un ejemplo del escolasticismo que sucumbió ante el modelo de la Ilustración.jesus caballero.

abelroca. 04 de Julio de 2017 11:14

Rafael y Armando gracias por informarnos de la desaparición del magisterio como una profesión necesaria para las generaciones del vigésimo primer milenio. efectivamente Internet cumple funciones magisteriales que crearon “sistemas antidummies” para el suso de sus sistemas de información, sin estos no sería inviable nuestro paso por ellos, malnegocio para google, Windous, Apple y la avanzadísima tecnología oriental.ellos forman a sus esclavos digitales solo aptos para el consumismo, sin embargo el artículo nos regala una posibilidad de supervivencia, descubierta en la Atenas del siglo V antes de Cristo. por cierto la clase, la lección del profe. César es un ejemplo del escolasticismo que sucumbió ante el modelo de la Ilustración.jesus caballero.

Armando Meixueiro. 04 de Julio de 2017 11:23

Estimado Jesús, gracias por tus comentarios, siempre enriquecedores. Me quedo con la duda respecto a la lección del profe César ejemplo del esolasticismo. ¿Cómo eran esas lecciones? ¿Cómo y por qué sucumbieron al modelo de la Ilustración?
Ojalá nos puedas sacar de la ignorancia y ampliar nuestras reflexiones y preguntas con respecto a la enseñanza y los aprendizajes de esos tiempos, y de los recientes.
Gracias nuevamente.

abelroca. 05 de Julio de 2017 15:32

las lecciones de la educación escolásticas son clásicas de la educación superior europea.
El escolasticismo de Santo Tomàs de Aquino formateó la enseñanza superior, lo escolástico fue la escuela, el consejo escolar o claustro académico, el currículo escolar, la cátedra escolar, la lección escolar, a cargo de el lector en aquellos tiempos famosos estudiosos productores de textos valiosos según las autoridades escolares y religiosas. El modelo de las lecciones siguió alguna tradición latina- no olvidemos que esto surgió antes de la creación de la imprenta- de “Lectio, Repetitio y Disputatio” El lector daba su lección leyendo textos de las Humanidades grecolatinas, de los autores padres de la iglesia y de los recién acreditados estudiosos árabes y judíos, los catecùmenos, o escolares eran casi analfabetos, los libros solo prestados al lector y lel ejercicio de la memoria creó fabulosos memoristas, capaces de la Repetitio exacta, el modelo escolàstico recupero tambièn la Disputatio un debate entre el lector y sus pupilos para mostrar la memorización exacta de los textos y en su avance en el tiempo la habgilidad en el debate para pasar de tesis, a la antítesis y de ahí a la síntesis en algunas escuelas no se valió la derrota,se invitó a encontrar nuevas antítesis, con lo cual se desarrolló una intelectualidad que revolucionó el dogmatismo papal.
Las escuelas universitarias actuales en todo el mundo se sostiene académicamente con el modelo escolástico reformado, en las universidades inglesas el lector es siempre un distinguido escritor o investigador aprobado por la Academia de las Ciencias, lee su tesis, su texto reconocido y añade la explicación, los estudiantes estudian rigurosamente el contenido, demuestran que lo dominan exacta y formalmente y formulan al lector preguntas, proponen hipòtesis que se examinan bajo elstado actual de la ciencia y el formalismo lògico riguroso, no han faltado estudiantes que rebaten los textos del autor y acaban formulando otros caminos hacia nuevos estudios, es ta es la cultura universitaria europea creadora de los au genios de la Reforma religiosa,de los autores de ciencia y literatura renacentistas y de la ilustración, casi todos antidogmàticos,algunos de ellos revolucionarios, muchos ruptores de los paradigmas.
El escolasticismo dogmatico de la Nueva España formò auna juventud que no pudo trascender las limitaciones absolutistas de las coronas ade los Austris y los Borbones que descubrieron que el debate minaba la fe religiosa y el reconocimiento de sumisión a las órdenes reales, los criollos novohispanos descubrieron su mexicanidad contrariando lo momificado de la escolástica oficial, por ello algunos se escaparon de esos estudios encontraron otros caminos:la libre empresa experimental, la libertad de palabra escrita y de publicación y no vacilaron en denunciar a ese escolasticismo de momia medieval defensora de una fè por siglos mostrada innecesaria y de una abyecta sumisión al poder de las monarquías,la independencia por esto invalidò la existencia de la Real y Pontificia Universidad de México, creó los institutos literarios y Cientìficos que crearon las generaciones de la Reforma liberal, de la defensa del Imperio,incluso implantadora del positivismo, luego acusado de otro dogmatismo, un escolasticismo cientificista apto solo para formar a los profesionales liberales que la tiranìa porfirista necesitaba para conservar el poder hasta que la generación del Ateneo de Juventud de Henriquez Ureña, Sierra y Vasconcelos mostraron sus defctos y se abrieron a las espectativas del avance científico y cultural de la Europa del siglo XX recuperadoras de los debates y las nuevas proposiciones.
El profesor Labastida hace una limpia descripción del estado actual del escolasticismo universitario. El lector persiste, da su lección, la mayoría de sus pupilos se sienten indiferentes, y uno solo muestra el dominio de los nuevos medios rebasando el enciclopedismo del lector, en efecto la imprenta dotó a los estudiantes de los siglos XVI al XXI de los textos que antes eran dominio exclusivo de la iglesia, la memoria se consideró innecesario, las fichas bibliográficas documentaban los estudios, los escritos se estructuran racionalmente, las hipótesis se prueban en el experimento, la medición y la presentación gramatical y lógicamente escolásticas y las tesis son objeto de un examen escolástico que buscará descubrir lo valioso de sus argumentos y sus redacciones, lo escolástico es el espíritu de la educación superior, tal vez a ese espíritu se refería el revolucionario ateneísta que rector de la Universidad Nacional de México pretendido por su fundador en 1910, perdón por los dedazos.

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