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LA CLASE

Educación Ambiental

José Luis Silverio Morales


Breve historia del educador ambiental rural o la resistencia del sujeto sustentable

A lo largo de mi trayectoria dentro de la educación ambiental, un saber emergente importante y que debería ser prioritario dentro de un programa nacional educativo, he vivido experiencias, todas ellas provechosas para mi persona y espero que para otras personas.

Durante doce años pertenecí al grupo académico del posgrado en Educación Ambiental de la Universidad Pedagógica Nacional-Unidad 095 y en el participé guiando materias como Medio Ambiente y Desarrollo, Calidad Ambiental y Legislación Ambiental, confieso que esta última era la menos apegada a mi perfil profesional, no así, en las dos primeras en la que me desenvolví mejor junto a mis alumnos. Otras experiencias importantes fueron, por una parte, la preparación de cuadernos sobre problemática ambiental, biodiversidad y cambio climático para talleres de educación ambiental dirigidos a maestros de educación básica de la Secretaría de Educación Pública. Y por otra la actividad como docente en un bachillerato tecnológico en la especialidad de Biotecnología, la cual después de seis generaciones de alumnos fue erróneamente eliminada, a mi parecer. En esta, también guie y facilite a los alumnos hacia la implementación de proyectos productivos sustentables, meramente escolares, con un manejo de la biotecnología llamada tradicional, pero no la del ADN recombinante, por razones obvias, que finalmente conformaron un paquete de técnicas productivas como la elaboración de composta, vermicomposta, producción de vino artesanal, producción de yogur, producción de hongos comestibles y prototipos para la generación de gas metano y biofiltro para olores fétidos, entre otros.

Algo que es la esencia importante de este documento fueron la realización de salidas y visitas a áreas naturales junto con los alumnos del posgrado en Educación Ambiental en la cuales se escudriñaron estuarios, lagos, manglares, selvas y bosque, playas y hasta chinampas o bien museos o jardines botánicos. Poco a poco fue creciendo mi admiración por la figura del que yo llamaría educador ambiental rural, con una característica muy especial como es la de no haberse formado en alguna universidad, pero que a cambio tiene un enorme conocimiento de su entorno y ecosistema y solo faltaba sumarle la interpretación científica que pronto aprendieron.

Este educador ambiental rural o sujeto sustentable, cumple además con otras características notables como son:

  • Conocimiento y manejo de los recursos naturales a su alcance con cero o mínimo impacto sobre ello o aún más, la restauración de ecosistemas afectados.
  • Conservación de su entorno ecológico
  • Implementación de prácticas productivas sustentables como el ecoturismo, la producción artesanal de bebidas y alimentos, así como de artesanías.
  • Su lucha y resistencia constante y permanente a favor de los ecosistemas ante el embate del capitalismo salvaje que busca en todo momento apropiarse de la naturaleza para crear desarrollos hoteleros o aun ecoturísticos.
  • Son capaces de conectar los sistemas; político, económico-productivo, educativo, científico y tecnológico a los ecosistemas. Esto se llama economía ecológica algo que no existe en el modelo de desarrollo prevaleciente global. Ellos se manejan dentro de una economía que no ignora ni margina nuestra clara dependencia de la naturaleza, sino que la cuida, la conserva y la utiliza sin impactarla.

En nuestro país existen por lo menos dieciocho comunidades, refiere el investigador Víctor Toledo, que llevan a cabo prácticas sustentables como el conocimiento de vegetación con fines alimentarios, medicinales u ornamentales, con prácticas de caza y pesca racionales, prácticas de agricultura orgánica, manejo forestal; rescate, en algunos casos, de sus lenguas originarias y con una identidad basada en sus rituales, fiestas y cosmovisión que los hace diferentes al habitante de las grandes ciudades con su modelo de desarrollo depredador, derrochador, consumista y de desprecio o inadvertencia de la naturaleza.

Las personas de estas comunidades son reales sujetos sustentables y obviamente son parte de la sustentabilidad que caracteriza a los ecosistemas.

Lo anterior lo he confirmado plenamente debido a la invitación reciente que me hicieron los maestros del Posgrado, estoy jubilado, para visitar a dos áreas naturales de México, una fue la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán que abarca parte de los estados de Puebla y Oaxaca y una de las más grande del país; y la otra la estación biológica de la Mancha en el Municipio de Actopan en el estado de Veracruz donde es fácil comprobar todas las características del educador ambiental rural antes mencionadas.

Hoy, cuando se ciernen grandes amenazas por parte de la globalización económica, neoliberalismo y capitalismo contra la naturaleza y contra comunidades originarias, o cuando una nueva ley Forestal no toma en cuenta el manejo forestal comunitario o quita poder a los consejos forestales comunitarios, o cuando aparece la bioprospección que es la tendencia a apropiarse de los recursos bióticos con sus genomas por parte de las grandes industrias biotecnológicas mediante la aplicación de patentes al margen de la decisión de comunidades rurales, o bien una nueva ley sobre aguas territoriales que tienden a la privatización del recurso hídrico, resulta importante e inaplazable el apoyo y reconocimiento por parte de instituciones educativas, sobre todo de educación superior y de la población a estos educadores ambientales rurales. Algunas ya lo hacen pero faltan más.

Mayo de 2017

José Luis Silverio Morales

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