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LA CLASE


Hugo Aboites


Elecciones y proyecto educativo

Después de cientos de millones de pesos, toneladas de propaganda, mítines, tinacos, promesas y acarreos, el espacio electoral del estado de México ofreció a los mexicanos atentos un resultado gris, sin esperanza, sin resultados claros y contundentes, sin discursos y tampoco hechos (como un esfuerzo de unidad de la izquierda) capaces de sacudir el impasse político-electoral de años que invade cada rincón del país. Si en 1988, en 1994, en 2006, el país se detuvo y por un breve momento se miró a sí mismo como capaz y a punto de transformarse, lo que el Edomex anunció para 2018 fue sólo la perspectiva del ascenso de la insignificancia (Castoriadis). Victorias o derrotas de tres puntos porcentuales no cambian al país, lo entrampan. El mundo electoral, falto de significancia, ya no es parte de la realidad de quienes habitamos este país, lo real ahora es la inseguridad, la violencia desatada, las mujeres asesinadas y los periodistas acallados a balazos, los jóvenes sin escuela, el desempleo, pero, también, un enorme espacio de luchas fragmentadas, dispersas y sin un horizonte de nación. Coronado todo por una clase política —bien representada por algunos preclaros gobernadores— cada vez más frívola y corrupta, un estamento que, evidentemente, tampoco tiene ya algo significativo que decir a los mexicanos; salvo invitarlos a vender el voto y ampliar así la corrupción. Se trata de una crisis ya no política, económica o social sino de fondo, desde el basamento mismo de la ética, de las cavernas que con sus techos en arco sostienen los mundos sociales. Es una inestabilidad creciente que tarde o temprano tenderá a aglutinarse y hacer sentir su enorme peso en algún espacio y momento inesperado. Y del derrumbe aflorarán ahí todos los reclamos, los adeudos históricos, las víctimas, pero también esperamos, los proyectos de una nueva nación.

Porque en todos estos años, lustros, en cada una de esas pequeñas y grandes luchas, se han venido acumulando lecciones, talentos y experiencias. Y éste es el material con el que inevitablemente se tiene que construir un nuevo proyecto. Ahí está lo que lograron los estudiantes del 86-87; lo que hicieron los campesinos de La Laguna y muchos otros mexicanos en 1988; la transformadora saga de los zapatistas en 1994; la lucha de estudiantes en 1999-2000; las autodefensas auténticas en 2000, y la lucha magisterial, todavía en desarrollo, de 2013 hasta la fecha. Éste último ha logrado lo que lastimosamente falta a los partidos: la capacidad para detenerse a pensar, desde cientos de discusiones en todo el país, en un proyecto de educación (y por lo tanto, en un proyecto de nación). Frente al desastre de la desunión de las izquierdas electorales, han mostrado también la capacidad de mantener la unidad, a pesar de estar integrada por muy disímbolos rumbos geográficos y culturales, rurales y urbanos, mestizos e indígenas, todos maestros. Un proyecto que, finalmente, retoma las necesidades y dinámicas locales, que bebe de fuentes diversas y que encarna los deseos más profundos de muchos educadores. Y lo materializa en un documento. Se trata de las Bases para una Propuesta de Educación Alternativa en México (https://es.scribd.com/document/342545317/Bases-Para-Una-Propuesta-de-Educacion-Alternativa-en-Mexico-3-0) (2017, 64 páginas), que abre una reflexión colectiva sobre la educación, una propuesta de proyecto nacional de la educación que en muchos lugares los maestros pueden recuperar para alimentar sus propios esfuerzos.

Ante el fracaso de un proyecto desde arriba, desde el poder centralizado y burocrático, este otro, de hombres y mujeres capaces de resistir y trabajar durante años promete una vitalidad que urgentemente necesita el país y la educación. A diferencia del oficial, no es un documento acabado, especificado al detalle y, por tanto, de aires monolíticos, sino una desarmable propuesta de guía para la reflexión y transformación de la acción educativa, incluyendo grandes principios para la práctica pedagógica, los temas centrales, la evaluación, la relación con la comunidad. Es un documento que, precisamente para ser útil a la nación requiere del complemento y mejora a partir de la reflexión de grupos locales, incluyendo a estudiantes de toda edad, familias y la comunidad a la que sirven. De ahí que es también un documento base para encuentros regionales, estatales e incluso nacionales donde a partir de su experiencia y de sus críticas y reflexiones puede enriquecerse notablemente.

Desde la arena electoral es difícil generar este tipo de iniciativas, la agenda prioritaria es ganar elecciones, algo poco compatible con el enorme y paciente esfuerzo de construcción y participación de cientos de miles para generar un proyecto de educación. Y no es raro que, una vez logrado el triunfo electoral, el intento quede subordinado a la lógica del poder y sus exigencias cotidianas. Por eso, estos procesos de amplia participación y construcción deben hacerse respetar por partidos y gobiernos; requieren de apoyo y de apertura de espacios, pero no de avasallamiento. Es decir, es indispensable la autonomía. Porque ésta hace posible que los que siempre han estado abajo hablen desde arriba. Y marquen así las grandes líneas de la política, sobre todo las de educación. Y, con eso, transformen el país.

Hugo Aboites
Rector de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México

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