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LA CLASE

Tema del mes

Enrique Krauze


El método de las generaciones

¿Tiene la historia una trama? Luis González, uno de los hombres más sabios que en el mundo han sido, creía en la libertad, pero acotada por un orden necesario, inscrito en el título de uno de sus maravillosos libros: La ronda de las generaciones.

Recuerdo su forma de trabajo: sobre la mesa del comedor de su casa disponía unas grandes hojas de papel cuadriculado. Las llamaba “sábanas”. Cada una correspondía a una generación. Aprovechando simétricamente renglones y columnas, iba vertiendo —primero con lápiz, luego con tinta azul— datos significativos de centenares de personajes en cada etapa de sus vidas. Así recogió los sucesivos hechos y obras de las élites mexicanas que don Luis llamaba “las minorías rectoras”: artistas e intelectuales, políticos, empresarios, militares y eclesiásticos. Pacientemente, iba dibujando un retrato colectivo en donde, de un golpe visual, podía contemplar una era generacional desde la aurora hasta el crepúsculo. Al cabo de su jornada de trabajo, enrollaba pacientemente sus sábanas. Escribir era casi una crónica (hecha siempre con gracia y humor) sobre el extraño y fascinante movimiento espiral de las generaciones.

¿Qué es una generación? Todos usamos la palabra para referir a un “nosotros” difícil de definir. Ortega y Gasset (el padre del método, en su obra En torno a Galileo) escribió: “las variaciones de la sensibilidad vital que son decisivas en la historia se presentan bajo la forma de la generación”. Aunque referida solo al universo literario, creo que la mejor definición es la de Octavio Paz:

La generación es un grupo de muchachos de la misma edad, nacidos en la misma clase y el mismo país, lectores de los mismos libros y poseídos por las mismas pasiones e intereses estéticos y morales. Con frecuencia dividida en grupos y facciones que profesan opiniones antagónicas, cada generación combina la guerra exterior con la intestina. Sin embargo, los temas vitales de sus miembros son semejantes; lo que distingue a una generación de otra no son tanto las ideas como la sensibilidad, las actitudes, los gustos y las antipatías, en una palabra: el temple.

El filósofo español Julián Marías sistematizó el método de Ortega. A partir de un hecho histórico trascendente, prescribía identificar a sus minorías rectoras (sus edades, sus personajes más sobresalientes que llamaba “epónimos”) para de ahí desprender el ciclo. Compuesto por cuatro generaciones separadas por quince años (la distancia habitual entre maestros y alumnos), cada ciclo era como una sinfonía en cuatro movimientos: creación, conservación, crítica y ruptura.

La Reforma —el hecho de mayor trascendencia del México independiente— abrió el ciclo liberal, cuyo análisis comprueba (casi matemáticamente) el método de las generaciones. Duró, en efecto, 60 años (de constitución a constitución, de 1857 a 1917) e incluyó cuatro minorías rectoras de distinto “temple”: los militares constructores y pacificadores de la generación de Porfirio Díaz, los “Científicos” que consolidaron ese orden (como Limantour y Justo Sierra), los críticos de “la centuria azul” (como Andrés Molina Enríquez) y los revolucionarios que destruyeron el orden liberal: Madero, Zapata, Villa, Obregón, Calles, Vasconcelos, Luis Cabrera.

El método funciona para estudiar a las élites del siglo XX. He recurrido a él para historiar la cultura y la política pero cabe aplicarlo a la vida empresarial, la Iglesia y quizá también a la milicia. Al cerrarse el ciclo liberal, dio inicio el revolucionario, con sus cuatro generaciones: los fundadores institucionales de la Generación de 1915 (1890-1905), los consolidadores del orden revolucionario (1905-1920), los críticos de medio siglo (1920-1935) y los rebeldes del 68 (1935-1950).

En términos políticos, un nuevo ciclo histórico comenzó en 1994: la difícil construcción de la democracia. Ya están en el escenario público las generaciones que lo integran: la posterior al 68, hoy predominante, nacida entre 1950 y 1965; la Generación X (1965-1980), la Generación Y (1980-1995) y la de los menores de 20 años, que cerraría el ciclo.

No es una cábala ni un ejercicio ocioso: es un método que arroja luz sobre las actitudes colectivas. Quizá cabe recorrer las fechas pocos años atrás o adelante. Quienes habitan en los límites caen, de acuerdo con su “temple”, en el grupo anterior o el siguiente. Pero vale la pena identificar la propia posición y preguntarse cuál ha sido (o podrá ser) su papel en la ronda de las generaciones.

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Enrique Krauze

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