Pink%20floyd%2002v
Usos múltiples

El tímbre de las ocho

Armando Meixueiro Hernández
Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


¿Autoridad o autoritarismo?

I

Roberto Follari, fue por mucho tiempo, catedrático de la carrera de Sociología en la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco, de la ciudad de México, donde estuvo exiliado, durante el proceso de las terribles dictaduras argentinas de la década de los setenta y parte de los ochenta del siglo pasado. Regresó a su país después de esto para colaborar en la construcción de la democracia y a seguir en la docencia y la investigación, armado de su sabiduría, de la voz templada y de un lápiz que no deja de mover. En uno de sus regresos a México da una conferencia, ahora en un salón de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Llegamos tarde, pero le alcanzamos a escuchar, una frase que nos conmueve:

—Nuestra generación, por cuestiones de convicción y luego de represión luchamos siempre contra un autoritarismo que, por aquellos años, lo permeaba todo. Sin embargo, también hemos de reconocer que cuando nos tocó ser autoridad, nos costó un trabajo bárbaro; en casa y en la escuela, por ejemplo.

II

César tenía poca experiencia docente en esa institución que lo había contratado, pero la conocía lo suficiente ya que había sido estudiante en esa escuela.

Al entrar al salón de clase, su mirada se transformó. Aún permanecía la nostalgia de aquellos años pero ahora observaba todo desde otra perspectiva. Ya no estaba sentado frente al pizarrón, miraba alumnos y bancas desde el frente, parado sobre la tarima. Ya no era aquel estudiante de preparatoria, ahora era el profesor. Tenía una autoridad delegada por la escuela.

Una gran carga de compromiso invadía a César. Impartir clases en donde se había estudiado era una responsabilidad significativa. ¿Qué hacer en esos casos? ¿Cómo enfrentar la docencia con autoridad?

Para el novel profesor la reflexión no había sido tan consciente en ese momento, así que acometió el reto del curso con lo que posee un novato: Entusiasmo, algo de conocimientos y crítica. Así que César trató de reproducir a los maestros que había admirado antes, reduciendo todos los defectos, y con audacia propuso un curso crítico y reflexivo.

El profesor se explayaba alrededor de la tarima con gran pasión, escribiendo esquemas extraordinarios sobre la pizarra y disertando con alegría. Sus primeras clases causaron buena impresión en los alumnos, aunque a decir verdad, poco le entendían. César, entonces, buscó otras alternativas didácticas. Reconoció que la pura exposición no bastaba, así que pensó en materiales audiovisuales, ya que en sus incipientes cursos pedagógicos se los habían sugerido. Y pensó que algunas cintas podrían ser la herramienta perfecta para explicar, si no todos los contenidos, sí algunos de ellos. Ocurrió que para uno de los temas del curso, la película Naranja mecánica caía como “anillo al dedo”, por lo que planeó la fecha, apartó la sala correspondiente, preparó un cuestionario y con mucho ánimo se lo anunció a sus alumnos. Los estudiantes recibieron con alegría la idea.

La iniciativa provocó un gran escándalo. Primero por romper con la rutina escolar: Trasladarse del salón de clase a la sala de proyección generó un desorden que hizo que los supervisores de piso se pusieran muy nerviosos, amonestando y castigando a más de diez estudiantes. Luego, César percibió que para el Consejo directivo, el hecho de ver una cinta, era una declarada manifestación de incompetencia docente o de una velada tentación de “perder el tiempo”; por último, ver Naranja mecánica era una verdadera osadía. La película, decían los asesores pedagógicos (aunque la mayoría de ellos jamás la habían visto), contenía escenas y vocabulario impropios para alumnos de esa honorable institución.

El profesor César fue reprendido cordialmente por su supervisor de piso y el Consejo directivo lo citó en reunión extraordinaria. Allí, lo conminaron a reconsiderar sus estrategias didácticas, le recordaron el Ideario de la escuela, le resaltaron su inexperiencia docente, le prohibieron hacer ese tipo de experimentos y le enfatizaron que no todo material se podía utilizar para la enseñanza. “Por algo existían los asesores pedagógicos”. Allí, finalmente, lo flagelaron y le hicieron vivir en carne propia el ejercicio de un poder institucional. César allí, como docente, recibió su primera lección de autoridad ¿o autoritarismo?

III

La vez que César trabajó más en su vida no fue en el Colegio en el que inició dando clase y del que era egresado. La vez que con más entusiasmo y cariño trabajo el Profesor César nadie lo mandó, no contestó un volante de trabajo, una orden, no firmó un memorándum, no asistió a una junta, no recibió instrucciones, no lo reprendieron con la voz en alto y los ojos desorbitados, no vistió de saco y corbata. Esto sucedió hace tiempo con un director que logró ser una significativa autoridad entrañable de la institución educativa de la que fue responsable. No porque el nombramiento como director o el peso institucional dependiera de él, ni por el tiempo y salario de los demás, sino debido a cinco cosas esenciales que a César siempre le inspiraron: ser un ejemplo de tenacidad e inteligencia, trabajar todos los días duro no delegando sino liderando, ser respetuoso con los demás, creer en los otros colocándolos no en el lugar descubierto, sino para el que son más aptos y educando permanentemente al que aceptaba su consejo.

IV

—¿Ya sabes para que te hicimos bajar, no?
—Sí.—contesta César —Aquí en el Colegio está generalizado el rumor de que antes de que empiecen las vacaciones, si te llaman a la oficina de Plutarco, es que te van a correr.

—No crea esos rumores… Pero efectivamente, lo vamos a liquidar— le dijo Plutarco, con los lentes obscuros a media nariz, que evitaban ver la dirección de su mirada. El copete caía descuidadamente sobre la frente.—te tocan dos meses de salario y 10 días por año.

—Eso no es lo que dice la ley.

—Pues si no está de acuerdo, estimado maestro César, puedes demandarnos. Pero no te lo recomiendo; vas a perder.

—Por cierto: ¿Cuáles fueron los motivos?

—Aquí no necesitamos de motivos.
César sale de la odiada oficina. “Me tocó”, se dice. Sobrevivió algunos años al draft de gargantas. Ellos seguirán en busca del inexistente maestro ideal; César la forma de seguir educando.

V

César pertenece a una organización casi-secreta El AGGUAS (Asociación por un Gutierrismo y/o Gumarismo Unido y Asumido) cuyos militantes elucubran sobre el sometimiento de los hombres en la clase media urbana actual. Se inspiró la Asociación en el famoso personaje Gutierritos de la telenovela mexicana (1958) y en el personaje cinematográfico Gumaro de La familia Pérez (Martínez Solares, México: 1949). En realidad el Agguas son cinco o seis amigos que comen informalmente una vez por semana en algún lugar de comida rápida de un centro comercial cercano al trabajo, del que un maestro peruano, a su paso por el Colegio, calificó como decadente.

Al platicar sobre su vida cotidiana comenzaron a encontrar semejanzas sobre una mujer inédita en la historia de este horrible país de machos. No se lamentan o quejan, solo platican, describen y proponen comparaciones. Sobre todo disfrutan en colectivo del giro del poder en los ámbitos domésticos de clase media que han ocurrido en los últimos veinte años. No lo festejan; lo que les deleita es el hallazgo y su elaboración analítica: platicar sobre la circularidad del poder y su nuevo rostro femenino en los hogares de profesionistas.

En la última comida por ejemplo discutieron, con verdadero fervor franciscano, si los miembros de la citada asociación tenían algo que podrían considerar de su propiedad. Alguien sostuvo que los miembros del Agguas, no tenían nada. En ese instante se escuchó un gol en la televisión del establecimiento.

Otro amigo que se caracteriza por tener varias novias, preguntó entre burlón y en crisis existencial:

—¿Yo puedo ser del AGGUAS?

—Si eres sometido, por todas o alguna de tus novias, lo eres, y serás aceptado. —alguien le contestó como rito de iniciación.

VI

A César le gusta el cantante catalán Joan Manuel Serrat. Pero le gusta más cuando explica o traduce una letra. Al llegar a su casa toma un cd. Lo limpia sobre su chaleco a la altura del estómago dándole movimientos circulares. Le encanta sobre todo escuchar la parte final de la canción Sería fantástico:

Sería fantástico
no pasar por el tubo.
Que todo fuera como está mandado y nadie mandara.
Que llegara el día del sentido común.
Encontrarse como en casa en todas partes.
Poder ir distraído sin correr peligro.
Sería fantástico que todos fuéramos hijos de Dios.

Sería todo un detalle
y todo un gesto, por tu parte,
que coincidiéramos, te dejaras convencer
y fueses como yo siempre te imagine.

César se queda pensando en la frase: …_que nadie mandara_. ¿Sería posible en el momento y mundo actual? No lo sabe, pero decide repetir esa canción.

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

Agregar comentario