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Usos múltiples

Mentes peligrosas

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


El brazo con peluche hablante como Mi otro yo

Mi otro yo (El Castor, Foster, J EU: 2011) es el relato de un tramo de la vida Walter Black, un maduro empresario norteamericano heredero de una industria juguetera, casado con dos hijos y que se encuentra deprimido. A causa de esto su mundo se desmorona sin poder contenerlo: los números de su empresa van hacia abajo, la familia apenas lo soporta, solo y ultra medicado, prefiere dormir a cualquier otra cosa. La película arranca con esta descripción y la huida e intento de suicidio de Walter en la habitación de un hotel. Pero que será salvado por una marioneta de peluche encontrada horas antes en un contenedor de basura; el Castor del título original.

El supuesto es absolutamente inverosímil: a partir de de ese momento el castor se convertirá en interlocutor o mediador entre Walter y la realidad, ante la sorpresa/angustia/duda/ complicidad/aceptación/ pena/ celos de sus seres más próximos. Ayuda mucho a dar credibilidad un Mel Gibson en lo que mejor sabe hacer: actuar.

Pero la película no se desbarranca pronto en una ficción fantástica llena de efectos y superficialidades, sino que nos mete a reflexionar sobre algunas realidades inmediatas de las que destacó cinco: la terapia, la relación familiar, las vidas normales, la vida empresarial y la escuela. Aspectos de la que hablaré brevemente.

Las nuevas Terapias cinematográficas

La película reconoce y demuestra el agotamiento de las terapias centradas en la superación personal del individuo. Lo que se agradece y desconcierta. El filme se niega de entrada el camino de la felicidad, gracias al esfuerzo y pundonor de la lucha individual, saltando zonas erróneas o buscando amigos o terapeutas duros, blandos o solidarios. Tampoco hay la redención de la terapia de grupo.

Lo que aparece es la extensión de la personalidad representada en un juguete, que le da voz al yo y que explica, justifica, ayuda, traduce, interpreta al ser deprimido que lo maneja. Además, por las razones de ser parte de Walter, se introduce a la vida de éste hasta en los intersticios más íntimos y personales

Castor no es una prescripción médica. Es una irrupción con tarjeta de presentación, que además no solo es bondadoso, colaborador y sumiso, sino que evolucionara hacia el dominio total de Walter, teniendo un funesto destino, que no permite más al yo que se desdobla.

Nos atrevemos a aseverar que después del Castor irrumpirán nuevas terapias cinematográficas; en los que valdría la pena poner al descubierto los otros elementos del esquema de personalidad freudiana: el ello y el superyó, en el contexto actual.

Relación familiar: modelos y madre

La familia de Walter podría haber sido tomada de un comercial. La vida perfecta, en apariencia: Un desahogado nivel de vida económico, esposa todavía hermosa ingeniera- diseñadora de Montañas Rusas, hijo preparatoriano destacado en el submundo de la escuela por su capacidad de redactar metiéndose en la vida de quien le ayuda a escribir e hijo menor solitario y taciturno

Dos partes de la vida familiar llaman la atención, a saber: la relación pader-hijo y la madre. Los hijos, ya lo hemos dicho con Kusturica, tendemos a repetir a los padres de múltiples formas. Sin embargo es la primera vez que vemos un hijo que documenta conscientemente en postics que pega en su cuarto todos sus parecidos o rasgos de personalidad del padre presentes en él, llegando a 51, para tratar de evitarlos sistemáticamente. Esta lucha lo llevará a una depresión parecida a la de su progenitor, tratando de salir, éste sin marioneta, confesando el peso del padre como modelo.

La Foster encarna, a semejanza de su otra película dirigida: Mentes que brillan (EU: 1991), una madre luchona que quiere sacar adelante a la familia. En cierto sentido, como las de antes, aunque profesionista, vestido negro de coctel y camioneta. A pesar de que el esfuerzo a veces no sea suficiente, sobre todo ante un gigante como es la depresión.

Las vidas ¿normales?

El mejor Castor es sin duda el empresario que es entrevistado en los medios de comunicación. Ahí hace declaraciones contundentes sobre lo que es la normalidad y las aspiraciones a una felicidad prefabricada, como único camino. El Castor también lo dirá en la noche de celebración del vigésimo aniversario de bodas y en el regalo de las fotos familiares: Walter no quiere recordar; no quiere regresar. Walter termina huyendo de la cena romántica.

La felicidad es un discurso dominante en el que nos convencen de creer,y que pocas veces se refleja en los hechos, dice un Castor muy próximo a Foucault.

El Corporativo: empoderamiento y sencillez

Hay dos partes que gustan de la vida en empresa cuando el Castor toma las riendas; la primera es como empodera a su gente; trabajarán para lo que fueron contratados, pero tomando decisiones al interior del equipo. Consecuencia: se obtienen mejores resultados.

La segunda es cuando, al jugar y escuchar a su hijo se da cuenta Walter/Castor de lo que se abandona con los juegos ante el espejismo de la tecnología y los videojuegos: las cosas manuales, elementales y sencillas en las que siempre se aprende.

La escuela

¿Qué es la escuela en esta película? Lo inexistente. Vemos al hijo de Walter vendiendo sus trampas escritas en los pasillos de la preparatoria. Trampas que luego son valoradas en el discurso de graduación; vemos un padre de familia encargado de la salida de los niños a los que parece conocer; vemos la expresión creativa segregada en grafitis callejeros que son perseguidos y encarcelados; vemos una carta de no aceptación a una Universidad. No vemos maestros por ningún lado.

11/VII/2011

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

wilma baeza. 07 de Agosto de 2011 14:06

en nuestro país los flamantes funcionarios de la educación
pretenden desaparecer a los maestros pues creen que “la caja tonta puede ser la más lista” o que dentro de las telenovelas… juan osorio nos ayuda.es lamentable el cuestionamiento a los maestros y toda la parafernalia hollywoodense que pretende eliminar a los maestros estimulando la educación en casa debido a los “bajo resultados en los examenes” (standarizados por supuesto),la violencia entre otros motivos, en fin y falta ver malas enseñanzas o mejor dicho no la vean

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