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LA CLASE

Tema del mes

Cristina Ávila-Zesatti


Samuel Ruiz: el obispo de la Paz

Don Samuel Ruiz, obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, fue propuesto en dos ocasiones para recibir el Nobel de la Paz, aunque murió sin obtener ese premio. Esta es una breve semblanza del llamado ‘obispo de los pobres’.

Enviado por el Papa Juan XXIII, Samuel Ruiz llegó a Chiapas con la encomienda de “enseñar” a los indígenas. Él acabó aprendiendo de ellos. La práctica de la teología de la liberación y su peculiar manera de practicar su propia “teología indígena” que simpatizaba con los movimientos sociales y sus causas, llamaron la atención tanto del Gobierno mexicano como de la jerarquía más conservadora del Vaticano

«Después de 500 años de evangelización, no hay sacerdotes verdaderamente indígenas» se lamentaba alguna vez el obispo, que veía que la Iglesia “occidentalizaba” a quienes aceptaba en su seno.

Ya en 1993, Ruiz daba muestra de su transformación interna cuando publicó ‘En esta hora de gracia’, su carta pastoral en donde advertía sobre la gravedad de las injusticias sociales de México, particularmente en detrimento de los indígenas.

En Chiapas, una región casi hermana de Guatemala en el sentido social y geográfico, don Samuel fue uno de los primeros apoyos de Rigoberta Menchú, a quien le unían diversas causas. El obispo colaboró con ella en 1993, en el histórico retorno de más de 2.300 refugiados. En realidad, entre 1982 y 1995, él había encabezado la atención a quienes huyeron de la cruel guerra civil guatemalteca.

En el marco del levantamiento zapatista, fue mediador en el conflicto entre los rebeldes y el Gobierno mexicano, para cuyo efecto fundó la Comisión Nacional de Intermediación, la CONAI, un órgano que vivió de 1994 hasta su disolución en 1998. La labor de intermediación en este y otros conflictos continuaría con la entidad llamada Servicios y Asesoría para la Paz (SERAPAZ).

Samuel Ruiz participó en 1995 en la firma de los llamados “Acuerdos de San Andrés”, que luego inspirarían futuras transformaciones a la Constitución, aunque no del todo cabales con las peticiones indígenas. Por su apoyo a las comunidades de la zona, el obispo fue acusado por el Gobierno mexicano (liderado entonces por Ernesto Zedillo) de «instigar una filosofía de la violencia», debido a lo cual, el proceso entró en un impasse. Mientras, el conflicto vivía una tensa calma con elevada presencia de militares en Chiapas y los alrededores.

Las cosas a la fecha no han cambiado mucho aunque la guerrilla zapatista depuso oficialmente las armas en el año 2000, el mismo año en que don Samuel se retiró jubilado a la ciudad de Querétaro, donde siguió colaborando con las organizaciones que fundó, y con las organizaciones de diversos movimientos sociales mexicanos.

A pesar de los pesares gubernamentales, fue incluso llamado para mediar nuevamente y de manera breve entre el Gobierno de México y el Ejército Popular Revolucionario (EPR)  , una organización armada que opera en Guerrero y Michoacán.

«Hoy se muere por optar por los pobres», sentenció en su momento el Tatic (el padre). Este bien podría ser su epitafio, pues don Samuel Ruiz vivió y murió entre los pobres. Sus funerales fueron prácticamente ignorados por las autoridades, por los grandes medios informativos y por la jerarquía de la Iglesia católica, no así por los indígenas y la parte más marginada de un México también olvidado, que es quien más reconoce y venera la enorme labor realizada por “el obispo de los pobres”, el hombre que pudo haber sido el segundo premio Nobel de la Paz de origen mexicano, pero que igual que Gandhi, se quedó en el intento por ser ‘políticamente incorrecto’
Publicado originalmente en CP

Cristina Ávila-Zesatti
Periodista y corresponsal de paz (http://www.corresponsaldepaz.org). Acaba de ser galardonada con el Premio Woman Peace Award 2017.

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