Usos múltiples

El timbre de las ocho

Armando Meixueiro Hernández
Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


Una visita al museo Jtatik

El profesor César Labastida viaja en un taxi destartalado por la carretera que va rumbo a San Cristóbal de las Casas, después de haber conocido Zinacantán, en Chiapas. Y es que los editores de Pálido punto de luz lo invitaron a presentar un libro en el Congreso Nacional de educación ambiental y sustentabilidad en Tuxtla Gutiérrez. De esta manera es que está aprovechando, saldado el compromiso, para visitar los lugares típicos de la región.

César no conocía el Estado de Chiapas, pero los amigos que lo acompañan ya le habían platicado del sureste mexicano. Armando presumía haber estado en San Cristóbal la navidad de 1993, y aseguraba que aquella noche se habían escuchado balazos que se confundían con cohetes a causa de los festejos; y que camino a Bonampak se habían encontrado con varios retenes militares que detenían autos buscando armas.

—El gobierno de ese tiempo ya sabía del movimiento zapatista porque en un retén nos dijo un sardo: “ya saquen las armas, güeritos”. —cuenta Armando, acodado en el asiento del copiloto.

Tonatiuh, otro de los pasajeros del taxi, mira embelesado el paisaje que ofrece la sierra chiapaneca y comenta que las especulaciones del compañero de viaje, muy probablemente, eran ciertas. Recrea las ocasiones en que él ha estado en Ciudad Real, nombre de ese territorio durante la Colonia, y describe con lujo de información, el desarrollo sociocultural de la zona.

César añade que Chiapas es cuna de grandes poetas y narradores. Los cuatro paseantes evocan escritores:

—¡Rosario Castellanos!—dice Tonatiuh adelantándose a todos.

Oswaldo, torciendo sus piernas junto a la ventana trasera del auto, pregunta que si Balún Canán es una novela de Rosario Castellanos. César responde que sí, y que de ella misma es Ciudad Real, un libro de relatos que se titula igual al nombre antiguo del estado.

Ciudad real tiene cuentos bien chingones. —afirma el profesor Labastida. —Son cuentos que tratan sobre la pobreza y la explotación de los indígenas de Chiapas. Recuerdo que uno de ellos narra cómo un güey abusa de los indígenas utilizando un sello de goma gubernamental.

&#8212¡"El advenimiento del águila"! —grita Tonatiuh. —Sí, es un cuento buenísimo.

Balún Canán también tiene tintes indigenistas, ¿no? —expresa Oswaldo. —Me acuerdo que trata sobre una niña, creo que de Comitán, y cuenta cómo la Nana indígena va profetizando la desgracia de la familia, creo que en tiempos del cardenismo…

—Ansina es, mi hermano. —confirma Armando.

El auto serpentea por la carretera con un traqueteo desafinado. Los pasajeros mencionan otros escritores chiapanecos: Eraclio Zepeda, Jaime Sabines, Fernando Trejo…

—También tres poetas de la espiga amotinada: —agrega Armando. -—Óscar Oliva, Jaime Augusto Shelley y Eraclio Zepeda.

—¡No manches! —Interpela Tonatiuh. —¡Augusto Shelley es chilango!

—Sí, los chiapanecos eran: Óscar Oliva, Laco Zepeda y Bañuelos. —aclara César. —Los otros poetas del grupo de La espiga amotinada eran Shelley, chilango, y el sinaloense Labastida, Jaime Labastida. Es curioso que ese libro de poemas ya no lo estén publicando. Dicen que era un texto muy explosivo, versos con mucha carga social y comprometida…

—¡Ey! ¡¿Ya vieron ese edificio?! —exclama Tonatiuh, señalando con el índice. —Parece un museo.

Le piden al chofer que se detenga, y éste les explica que se trata de un museo nuevo que acaban de abrir, pero que no tiene mucha publicidad, y que incluso hay taxistas que se niegan a llevar turistas ahí, porque es el museo de Samuel Ruiz.

El chofer regresa unos metros en el automóvil y conduce a un terreno modestamente arreglado y vacío. En la entrada hay un rótulo que contiene el dibujo de un pentágono que representa una mitra y un letrero en la parte inferior donde se lee: “Museo. Jtatik. Samuel.”

—¡Es el museo del Tatic! —exclama entusiasmado Armando. —¡Qué buena onda! No sabía que se escribía “Jtatik”.

El lugar resulta un atractivo inesperado para los visitantes. Aunque pequeño, registra en sus reducidas salas la historia de los indígenas en Chiapas, el desarrollo de la diócesis de San Cristóbal empezando por Fray Bartolomé de las Casas y concluye con la trayectoria, infatigable y sorprendente, del obispo Samuel Ruiz.

En una de las vitrinas, Tonatiuh observa con detenimiento una línea del tiempo que resalta las fechas significativas del obispo de San Cristóbal.

—Mira Armando, Samuel Ruiz ya era obispo cuando el Concilio Vaticano II, y también estuvo con Illich en los setenta.

—Sí Tona, ya te había comentado que Samuel Ruiz había participado en el CIDOC con Méndez Arceo e Illich. Desde entonces su compromiso social. —responde Armando. —Pero mira, aquí hay un ejemplar de En esta hora de gracia.

—¿Y eso qué? —Pregunta Oswaldo.

—Es una Carta pastoral que Tatic envió a Juan Pablo II donde explica la situación que se estaba viviendo en Chiapas antes del movimiento zapatista. En la carta se describe la situación de miseria, injusticia, pobreza y explotación. Muy parecido a como estamos ahora. En ese contexto, era indudable una reacción.

El museo resguarda documentos y objetos personales del obispo Samuel Ruiz que dan cuenta de un compromiso social incuestionable, y presenta la manera en que fue tomando conciencia del contexto donde se encontraba. Jtatik introyectó en cuerpo y alma aquello de la opción preferencial por los pobres que defendía el Concilio Vaticano II.

A los turistas les llama la atención una fotografía en la que aparecen decenas de líderes internacionales frente a la catedral de San Cristóbal. Se trata de la primer visita del Consejo Interreligioso Internacional de Paz organizado por Jtatik en 1996.

Aparecen personajes como el Dalai Lama; Ghosananda, patriarca supremo del budismo en Camboya; Dalil Boubakeur, rector del Instituto musulmán de la Gran Mezquita en Paris; Joseph Elder, presidente del comité del Consejo, entre otras personalidades.

—¡Todo un sendero de paz! —expresa César Labastida. —No en balde le decían “El caminante”

—Así es, César. Y en el libro Cómo me convirtieron los indígenas se comprende la gran labor pacífica que realizó antes y después del conflicto zapatista. —Apunta Armando.

—¿Ustedes creen que un país pueda cambiar sin llegar a las armas? —Interroga Oswaldo con sinceridad.

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

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