Manifestacion%20politica
LA CLASE

Tema del mes

Rubén Claudio Navarro Hoyo


Foucault y el Final de la Política

Si por algo se recuerda a Foucault es por su irreverencia que llegó a clarificar la dinámica del poder, pero que irremediablemente nos atrapó en su sistema de pensamiento. Su razonamiento fue tan a fondo con una contundencia implacable que ni él mismo pudo escapar de su propia cárcel epistemológica. Cenizas que reconstruyó y volvió a apostar en cenizas, casi de manera instantánea, en un proceso dual de construcción y derrumbe.

Supo bien identificar el origen del poder, pero su desenmascaramiento sólo lo hundió en la parálisis. Le puso voces a las mutaciones, se atrevió a hablar por lo demás; a llenar silencios con su palabra y a colmar de reflexiones a lo no dicho. Arrogándose la verdad criticó a la verdad, encontrándose en un callejón sin salida.

Su tarea sería pues, identificar ese dispositivo (entendido como formación discursiva y material; como fuente de racionalidad; y como respuesta a una urgencia concreta)1 que se montó alrededor de lo prohibido, de lo excluido, para pasar del mero plano descriptivo a otro más general que diera cuenta del cómo opera el poder más allá de las particularidades.

Triple visión de la opresión llevada a distintos planos, al igual que Marx, emprendió su lucha contra el capitalismo, primeramente, tratando de develar su operatividad, para luego intentar encontrar una solución a tan añejo problema. Al igual que Marx, todas sus energías fueron puestas en la descripción, quedando poco ánimo y tiempo para encontrar la salida.

Aún así, una nueva puerta fue abierta. Permitió a los obstinados insistir por otra entrada, aunque se supiese de antemano que se invitaba a la museología del poder: antigüedades de la opresión, reliquias discursivas, vestigios de la estrategia y trazas rancias de la racionalidad.

Valientes recorren su sala permanente con la ilusión de hallar algo olvidado, algo no visto, o algo pasado por alto, pero todos a fin de cuentas, sin exigencia, sin exterioridad, pues al fin y al cabo es la colección privada de Foucault; arquitectónica ya diseñada sin mucha posibilidad de ajuste.

¿Trabajo recreativo? ¿Invitación al buen ocio? ¿Remedio ante la impaciencia que nos rodea? ¿Repetición a guisa de diversión y distracción? Quizás… pero una luz, un recuerdo constante que lo dicho aún no se ha dicho aunque ya se haya dicho.

II

La pavesa radica en la normalización2, en esa posibilidad de legitimar más allá de la mera racionalidad del sometido. Foucault resalta el arte del control, del control efectivo llevado del plano discusivo y materialmente eficaz. La disciplina se dibuja más extrema con apariencia más relajada.

El éxito del trinomio poder saber placer burgués, se debió principalmente a la innovación del abandono de la censura. Si antes las estrategias3 de control se basaban en la negación de las prácticas inmorales, indebidas, etc, el nuevo esquema se cimentaría en convertir el deseo en discurso para neutralizarlas.

Es con base a la disciplina4 en sentido amplio que se mantendrá el control, y no meramente a través de patrones punitivos de carácter legal, que las sociedades encontrarán la fórmula de un dominio estricto. ¿Tras este argumento está negando Foucault la represión? (argumento que fue utilizado constantemente por sus críticos al calificarlo de ambiguo al abordar ese tema), evidentemente no.

El gran avance en las investigaciones de Foucault, se centra en la identificación de esos nuevos modos del ejercicio del saber-poder, justo en la transición de la era victoriana. El identificar a una nueva sociedad disciplinaria en cuanto sus cualidades y efectos:

“Entramos así en una edad que yo llamaría de ortopedia social. Se trata de una forma de poder, un tipo de sociedad que yo llamo sociedad disciplinaria por oposición a las sociedades estrictamente penales que conocíamos anteriormente. Es la edad del control social”.5

Ortopedia mucho más acabada en donde la invasión del sujeto implica el secuestro de la conciencia y el cuerpo, pero en apariencia voluntaria. La manipulación como verdad se presenta como lo correcto, lo adecuado, al grado de dejar en cada sujeto su propio guardián.

“Ese biopoder fue, a no dudarlo, un elemento indispensable en el desarrollo del capitalismo; éste no pudo afirmarse sino al precio de la inserción controlada de los cuerpos en el aparato de producción y mediante un ajuste de los fenómenos de población a los procesos económicos”.6

Así, la sociedad moderna capitalista tuvo la necesidad de crear un conjunto de técnicas de biopoder, mediante las cuales se lograra el sometimiento de los individuos a las extenuantes formas del trabajo industrial. La sociedad capitalista requería de hombres cuya cultura se adaptara a un nuevo modelo urbano, tecnificado, competitivo e individualista.

Como consecuencia general, Foucault identifica una nueva fase de control con la cúspide del capitalismo:

“Por primera vez en la historia, sin duda, lo biológico se refleja en lo político; el hecho de vivir ya no es un basamento inaccesible que sólo emerge de tiempo en tiempo, en el azar de la muerte y su fatalidad; pasa en parte al campo de control del saber y de intervención del poder”.7

III

Analizado las consecuencias del dispositivo, Foucault sienta las bases para esbozar una teoría general sobre el poder, dando así respuesta a todos sus estudios de caso (dispositivos) realizados con anterioridad.

De manera básica, y siguiendo a Gilles Deleuze, el poder sería para Foucault:

“¿Qué es el poder? La definición de Foucault parece muy simple, el poder es una relación de fuerzas, o más bien toda relación de fuerzas es una <<relación de poder>>”.8

Si bien tal afirmación no dice nada novedoso en cuanto al rasgo distintivo del poder, lo original en la aportación de Foucault no gira en su identificación meramente como fuerza, sino en la descripción teórica del cómo opera el poder.

El primer elemento al que hace referencia el poder no debe ser buscado en un punto central, “en un foco único de soberanía de la cual irradian formas derivadas y descendientes”.9 El poder se ubicaría así, en una multiplicidad de esferas móviles puesto que él emerge de todas partes.

Se puede clasificar como omnipresente, no porque de una estructura central se esparzan sus cuotas, sino por que la propia constitución del poder es local e inestable debido a que se está produciendo constantemente de manera desigual. “El poder no es una institución, y no es una estructura, no es cierta potencia de la que algunos estrían dotados: es el nombre que se presta a una situación estratégica compleja en una sociedad dada”.10

Deleuze acota:

“Las instituciones no son fuentes o esencias, no son ni esencia ni interioridad. Son prácticas, mecanismos operatorios que no explican el poder, puesto que presuponen las relaciones y se contentan con <>; su función es reproductora, no productora. El Estado no existe, lo único que existe es un estatismo, y lo mismo se diría en los demás casos”.11 Con lo anterior, Foucault sienta las bases democráticas para entender el poder. Al hacer dicha distinción, asume que al menos, en la dinámica del control, la fuerza es originaria de los miembros del colectivo, radicando la soberanía en los sujetos y no en el entramado institucional. Como potencia, son los individuos la fuente del poder que, de manera diversificada, pueden potencialmente modificar su entorno más allá de las estructuras dominantes en cierto tiempo y espacio.

Al descentralizar los focos de poder, Foucault se acerca al estado prepolítico similar al visualizado por los -Ius Naturalistas como posición de igualdad y de situación de fuerza para dirimir las cuestiones sociales. Sobra decir que, a diferencia de los contractualistas, Foucault asume el conflicto pero niega que tal estadio sea superado por una convención genérica, pues el Contrato Social sólo sería un dispositivo más derivado la modernidad.

IV

Pero si la fuente del poder radica en los sujetos, a consecuencia de esa movilidad establecida, hace que el poder sea inasible y contingente, pues sólo se puede detentar lo que de origen se encuentra afianzado y acabado.

No obstante, en Occidente es frecuente la idea de que el poder radica en las instituciones12, y quien se encuentre al frente de ellas, es quien tiene un control efectivo de la verdad, arrogándose su producción.

Situación muy diferente es el “ejercicio del poder” #&8212;expresión utilizada por Foucault solo para hacer inteligible dicho proceso#&8212;, entendiendo por ésto, la posibilidad de utilizar los mecanismos extraídos de los centros de poder y que se encuentran al alcance, no en afán de producir, sino simplemente de reproducir:

“…el poder no es algo que se adquiera, arranque o comparta, algo que se conserve o se deje escapar; el poder se ejerce a partir de innumerables puntos; y en el juego de las relaciones móviles no igualitarias”.13

Queda claro pues, que Foucault al diferenciar entre producción y reproducción de la verdad, deja esa primera tarea al propio sujeto como fuente originaria del poder, mientras que en la segunda acción, sólo le delega una función formativa y organizadora dependiente del verdadero soberano potencial.

V

En un intento por clarificar aún más la horizontalidad del poder, Foucault al negar la ostentación del poder en un centro determinado, su teoría democrática es afianzada al afirmar que el poder no se posee como un bien; sino que es una relación desigual que se ejerce: circula, funciona en cadena, reticular y transversalmente.

Aclarada ya la cuestión del por qué el poder no se puede asir, ni se le puede dar un carácter patrimonialista, el ejercicio del poder, según Foucault, tendría así dos aspectos fundamentales:

Los individuos sobre los que se ejerce el poder pueden ser el lugar de donde se extrae el saber que ellos mismos forman y que será retranscrito y acumulado según nuevas formas; o bien pueden ser objetos de un saber que permitirá a su vez nuevas formas de control”14

Reafirmada doblemente la idea de autonomía del sujeto, cabe entonces preguntarse: si el ejercicio del poder sólo tarta de reconducir el saber radicado en los centros de poder, ya sea para crear nuevas formar de dominación o perfeccionar las ya existentes, ¿qué papel juegan los liderazgos en las sociedades? ¿cómo se puede identificar al adversario en una lógica de dominación? ¿cómo es posible despersonalizar la función estratégica del poder?.

Héctor Cevallos da una aproximación a tales cuestionamientos:

“Foucault subestima la importancia que tienen los sujetos o instituciones que ejercen el poder y sobrevalora las prácticas y las estrategias de poder que condicionan la actuación de los individuos que se hacen cargo de su funcionamiento. Hay momentos y circunstancias históricas en donde la maquinaria de poder resulta ser indispensable de las personas e instituciones que la crearon y la manejan cotidianamente”.15

Aceptando fielmente que no hay posibilidad de que alguien en particular oriente al poder, debido a que todos en un momento dado ejercen su polo de poder dentro de sus posibilidades, entonces tal aseveración remitiría a un estado de lucha campal, en donde no hay manera de reconocer al adversario, ni mucho al amigo en el combate. Tal radicalidad es sostenida por Foucault:

“No existen, inmediatamente dados, sujetos de los cuales uno no sería el proletariado y el otro la burguesía. ¿Quién lucha contra quién? Luchamos todos contra todos. Y siempre hay algo en nosotros que lucha contra otra cosa en nosotros”.16

Abstrayendo, lo anterior, sólo así cobraría sentido la máxima que Foucault reformuló de Clausewitz al invertir y afirmar que “la política es la continuación de la guerra por otros medios”.17 Con dicha máxima, se prueba que el diagnóstico de Foucault nos lleva irremediablemente al Estado de Naturaleza, pero con la salvedad de que el filósofo francés en realidad cree que dicho estadio efectivamente existió y aún persiste, y no es una mera construcción deontológica al estilo de Kant y Rousseau.

Cabe destacar que los contractualistas antropológicos sostuvieron la misma postura que Foucault en cuanto al aseverar que el Estado de Naturaleza enrealidad fue un hecho histórico18, situación que fue demeritada por los ilustrados al carecer de bases firmes para sostener tal argumento, lo que les llevó a plantearlo sólo como proyecto normativo.

Foucault corre el riesgo de haber levantado una catedral de dispositivos históricos que podrían estar viciados de origen ante la contingencia de la historia, problema ya identificado en Maquiavelo y Kant.

Siendo lo anterior, ¿Foucault se valió de un método impositivo para fundar una teoría política democrática? Probablemente sí, y la respuesta es clara en Derrida en el capitulo dedicado al filósofo francés en La Escritura y la Diferencia. El fondo del asunto sería pues, si recurriendo a prácticas despóticas de pensamiento puede arrojarse prácticas políticas horizontales.

VI

Tal problemática pudiera quedar en resguardo, siempre y cuando, Foucault sólo fuese tomado como un foco más de producción de verdad, en donde su teoría fuera valorada como una simple luz en la luminad del saber, pero eso echaría por tierra todo su modelo teórico al permitir la exterioridad, en sacrificio de su modelo interpretativo.

Con dicha contradicción sería vano seguir insistiendo en el pensamiento de Foucault si se pretende llevarlo a sus últimas consecuencias, pues a final de cuentas, sus reflexiones serían un dispositivo más entre otros, al que habría que combatir.

No obstante, no siendo tan inflexibles en esas contradicciones, en cuanto a la relación entre poder y saber, Foucault afirma que se trata de un asunto de reciprocidad. El saber se vale de una racionalidad para crear un dispositivo, mismo que a su vez, también produce nuevas formar de saber:

“El dispositivo está entonces siempre inscrito en un juego de poder, pero también siempre ligado a uno o unos bornes [límites] de saber, que nacen allí pero que igualmente los condicionan. […] Para decir: eso es un dispositivo, busco cuales han sido los elementos que han intervenido en una racionalidad, en una concertación dada…[…] El dispositivo es lo que permite separar no lo verdadero de lo falso, sino lo incalificable científicamente respecto de lo calificable.19

Es por ello que el dispositivo, abre paso a una forma más acabada del poder, en donde la represión juega un papel secundario, pues lo que está en juego es la posibilidad de legitimar, más allá de lo verdadero.

“El poder más que reprimir <>, y más que ideologizar, más que abstraer u ocultar, produce verdad. La voluntad de saber mostrará, al considerar la sexualidad como un caso privilegiado, cómo se puede creer en una represión sexual que actúa en el lenguaje si uno se atiene a las palabras y las frases, pero no si se extraen los enunciados dominantes, especialmente los procedimientos de confesión que se ejercen en la iglesia, en la escuela, en el hospital, que buscan a la vez la realidad del sexo y la verdad en el sexo; como la represión y la ideología no explican nada, sino suponen un ?agenciamiento o dispositivo en el que actúan, y no a la inversa”.20

VII

Foucault al sostener que el poder tiene una dinámica ascendente, hace referencia a que no existe una lógica de dominados y dominadores. Más bien se trata de suponer que existen múltiples relaciones fuerza que actúan en los aparatos de producción, apuntalados por las instituciones.

Ahora bien, para calma de muchos ante esas aseveraciones que darían la apariencia de ser meras buenas intenciones, Foucault no deja acéfala la cuestión de la dominación. Si bien no hace referencia a que una clase dominante sea la que se encuentra en la cúspide de la estructura, misma que dirige al sistema, en La voluntad de Saber hace referencia a una coincidencia de estrategias reiterativas, las cuales marcan la tendencia del conjunto del cuerpo social, pudiendo ubicarlas como un poder global.

“Las grandes dominaciones son los efectos hegemónicos sostenidos continuamente por la intensidad de todos esos enfrentamiento.”21

La situación se complica aún más. Es aquí donde la contingencia toma su mayor relevancia, pues al no existir un foco de poder el cual pueda dirigir a los demás, sólo queda esperar que la coincidencia o la espontaneidad forme una tendencia para crear una panorama de dominación.

Con el término “inmanencia”, Foucault refiere a que la realidad producida parte de sus condiciones materiales, más allá de la voluntad dirigida de los miembros que están inmersos en ella. Es con base en los requerimientos que se presentan, debido a las relaciones desiguales, que las estrategias se agrupan y de manera inherente abren paso a nuevas formas de dominación.

“En general, creo que el poder no se construye a partir de <> (individuales o colectivos), ni tampoco se deriva de intereses. El poder se construye y funciona a partir de poderes, de multitud de cuestiones y de efectos de poder. Es este dominio complejo el que hay que estudiar. Esto no quiere decir que el poder es independiente, y que se podría descifrar sin tener en cuenta el proceso económico y las relaciones de producción”.22

Saberes acumulados que por sí solos se amoldan y crean estructura más allá de la voluntariedad. Una especia de articulación, no natural, pero tampoco meramente artificiosa. ¿Por dónde no lleva Foucault? A al azar… o tal vez a la nada.

VIII

De acuerdo a Foucault, por intención, hay que entender la adecuación entre la necesidad y el cálculo; no hay poder que se ejerza sin miras ni objetivos. Sin embargo, eso no significa que exista un “inventor central” que diseñe todas las estrategias para un fin común. Más bien, habría que indagar en las coincidencias derivadas de las tácticas desencadenadas, las cuales se agrupan creando dispositivos en conjunto para entender la racionalidad del poder.

“[Una estrategia burguesa] se ha realizado, porque respondía al objetivo urgente de dominar una mano de obra flotante y vagabunda. Existía el objetivo, entonces, la estrategia se desarrolló con una coherencia cada vez mayor, pero sin que sea menester suponerle un sujeto que detentara la ley y la enunciara con la forma de un <<tú debes, tú no debes>> […] Una clase dominante no es una abstracción, pero tampoco un dato previo. Que una clase se torne dominante, que ella asegure su dominación, y que esta dominación persista, todo esto es el efecto de un cierto número de tácticas eficaces, reflexivas y que funcionan dentro de las grandes estrategias que aseguran esta dominación”. 23

Por consecuencia, y siguiendo la regla de la multiplicidad de focos de poder, las resistencias también se encuentran distribuidas de manera irregular, diseminadas en el tiempo y en el espacio, provocando #&8212;a veces y sólo a veces#&8212; coincidencias que derivan en actos unitarios de rebeldía.

“Así como la red de las relaciones de poder concluye por construir un espeso tejido que atraviesa los aparatos y las instituciones sin localizarse exactamente en ellos, así también la formación del enjambre de los puntos de resistencia surca las estratificaciones sociales y las unidades individuales. Y es sin duda la codificación estratégica de esos puntos de resistencia lo que torna posible una revolución, un poco como el Estado reposa en la integración institucional de las relaciones de poder”.

Tales manifestaciones son posibles, cuando los dispositivos vigentes dejan de surtir su eficacia y se vence a la verdad que ellos contienen. Por derivación, la tarea revolucionaria consistiría en provocar esa tecnología alterna, que más allá de apoyarse simplemente en la represión, tuviera la eficacia de crear discursos paralelos, justo como Michel Foucault, lo imagino:

“…establecemos discursos y discutimos no para llegar a la verdad sino para vencerla”

La política vista desde la óptica de Foucault sería, si no imposible, si una cuestión meramente individual, situación paradójica al rasgo distintivo de la política. Es necesario preguntarse hasta dónde lo político es negado por Foucault, no en términos de reconocimiento del conflicto, pues como ya vimos no hay mayor remedio al Estado de Naturaleza planteado por el filósofo francés.

Aún obteniendo las coincidencias y articulaciones apropiadas para vencer la verdad, una nueva verdad emergería a la cual habría que oponer resistencia casi de manera inmediata, volviendo al estadio de guerra original. Respuesta circular que nos lleva a un callejón sin salida, y que de manera final, haría inútil a la política ansiando así su final. ¿Para qué buscar acuerdos de trascendencia general si son imposibles, y de lograrlos, siempre regresaríamos al Estado de Naturaleza? Quizás Foucault no se encontraba tan lejano al viejo Marx.

12/VII/2011

1 [Dispositivo] lo que trato de designar con este nombre es: en primer lugar, un conjunto resueltamente heterogéneo, que implica discursos, instituciones, disposiciones arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medida administrativas, enunciados científicos; proposiciones filosóficas, morales, filantrópicas; en síntesis, tanto lo dicho cuanto lo no dicho, he aquí los elementos del dispositivo. El dispositivo mismo es la red que puede establecerse entre esos elementos. El segundo término, lo que quisiera señalar en el dispositivo es justamente la naturaleza del vínculo que puede existir entre esos elementos heterogéneos: Así, cierto discurso puede aparecer ora como programa de una institución, ora por el contrario como un elemento que permita justificar y enmascarar una práctica que, en cuanto tal, permanece muda, o bien funcionar como reinterpretación secundaria de esta práctica, brindarle acceso a un nuevo campo de racionalidad […] En tercer lugar, por dispositivo entiendo una especie #&8212;digamos#&8212; de formación que , en un momento histórico dado, ha tenido como función principal la de responder a una urgencia . El dispositivo tiene pues una función estratégica dominante. Michel Foucault. “El juego de Michel Foucault” en El discurso del poder, p,184-185.

2 El proceso de normalizar para Foucault, es la creación de la norma “la cual es una portadora de pretensión de poder. No es simplemente, y ni siquiera, un principio de inteligibilidad; es elemento a partir del cual puede fundarse y legitimarse cierto ejercicio del poder. […] …la norma trae aparejados a la vez un principio de calificación y un principio de corrección. Su función no es excluir, rechazar. Al contrario, siempre está ligada a una técnica positiva de intervención y transformación, a una especie de proyecto normativo. Michel Foucault. “Clase del 15 de enero de 1975”, Los anormales, p, 57.

3 Cuando hablo de estrategia tomo el término en serio: para que una cierta relación de fuerzas pueda no sólo mantenerse, sino también acentuarse, estabilizarse, extenderse, es necesario que haya una maniobra. Michel Foucault. “El juego de Michel Foucault” en El discurso del poder, p,195.

4 La consecuencia de la disciplina implica que: “el modelado del cuerpo da lugar a un conocimiento del individuo, el aprendizaje de las técnicas induce modos de comportamiento y la adquisición de aptitudes se entrecruza con la fijación de relaciones de poder…[…]… se fabrican individuos sumisos, y se constituye sobre ellos un saber en el cual es posible fiarse. Doble efecto de esta técnica disciplinaria que se ejerce sobre los cuerpos: una alma que conocer y una sujeción que mantener. Michel Foucault, Vigilar y Castigar, p,301.

5 Michel Foucault. La verdad y las formas jurídicas, p, 98.

6 Michel Foucault. La voluntad de saber, p, 170.

7 bíd.., p, 172.

8 Gilles Deleuze. Foucault, p, 99

9 Michel Foucault. La voluntad de saber, p, 113

10 Ibíd., p, 113

11 Gilles Deleuze. Foucault, p, 105.

12 “Lo que generalmente se denomina <<institución>> es todo comportamiento más o menos constreñido, aprendido. Todo lo que una sociedad funciona como sistema de constricciones, sin ser un enunciado; en suma, todo lo social no discursivo es la institución”. Michel Foucault. “El juego de Michel Foucault” en El discurso del poder, p,187.

13 Michel Foucault. La voluntad de saber, p, 114

14 Michel Foucault. La verdad y las formas jurídicas, p, 135.

15 Héctor Cevallos. Foucault y el poder, p, 33

16 Michel Foucault. “El juego de Michel Foucault” en El discurso del poder, p,197

17 Michel Foucault. “Defender la sociedad”, p, 28.

18 Revisar Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Luis de Molina, Francisco Suárez, Johannes Althusius, Hugo Grocio, Thomas Hobbes y Baruch de Spinoza.

19 Michel Foucault. “El juego de Michel Foucault” en El discurso del poder, p,186-187.

20 Gilles Deleuze. Foucault, p, 55

21 Michel Foucault. La voluntad de saber, p, 115

22 Michel Foucault. “Las relaciones de poder penetran en los cuerpos” en Microfísica del poder, p, 157-160

23 Michel Foucault. “El juego de Michel Foucault” en El discurso del poder, p, 193.

Rubén Claudio Navarro Hoyo
(México D.F: 1974) es periodista, escritor, politólogo y filosofo.

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