Clase
Deserciones

Lo ético, lo estético y lo patético del Sistema Educativo Nacional

Alfredo Villegas Ortega


Educación superior; retos y compromisos sociales ante una juventud excluida.

¿Qué hay con las posibilidades educativas que se ofrecen en línea? Hoy, muchas carreras y posgrados se cursan en línea, y parece una magnífica idea, toda vez que los espacios físicos no se corresponden con la demanda. No obstante, deberíamos cuestionarnos acerca de la dudosa calidad de lo que ofrecen. Regularmente, otorgan becas a estudiantes de bajos recursos que no pudieron acceder a instituciones oficiales de renombre y que no pueden costear una licenciatura o posgrado en una institución privada solvente.

Uno de los mayores filtros del sistema educativo nacional, se localiza en el bachillerato. Su diversidad, en la práctica, es sólo un disfraz que oculta la diferencia en programas, instalaciones, nivel del personal académico. Un bachillerato de mala calidad, se convertirá, en muchos casos, en una barrera infranqueable para acceder al escalón siguiente y, con ello, muchas de las expectativas de movilidad social, reales o no, se verán canceladas.

Para no quedar en el desamparo educativo, la necesidad y la ignorancia hacen que la gente recurra a muchas instituciones ‘patito’ a estudiar licenciaturas o posgrados ‘patito’. Así, aparentemente, la cobertura se va equilibrando. Se daría en los hechos, un proceso equidad y distribución de las oportunidades. No es así. La desigualdad no desaparece. Las habilidades adquiridas, las competencias profesionales, pregonadas hasta el cansancio por la autoridad, sencillamente no aparecen, y el ejército de desempleados que producen se agrega al que ya, de manera regular, se avienta de regreso a la sociedad desde las otras instituciones solventes, públicas y privadas que, en teoría y apariencia certifican con mayores atributos y competencias profesionales.

Como todo en el sistema capitalista, la escuela al servicio del mercado. La educación como producto que se oferta y se compra o desecha por un mercado voraz, feroz, competente, egoísta y sin el menor criterio de promoción del cambio y la transformación social. Las universidades públicas no han hecho su tarea. Y no es menospreciar la muy importante función que cumplen en la investigación científica, social, filosófica, médica y de muchos otros tipos que se realiza de manera cotidiana en sus recintos. No, me refiero a que no se han convertido en el necesario espacio que cubra las demandas de mucho más gente que, año con año, son rechazados por ellas. No hay presupuesto, arguyen. En efecto, la responsabilidad mayor se localiza más arriba. Pero el monto presupuestario que crece pingüemente o decrece en ocasiones, pudiera destinarse de otra manera. Una de ellas, por cierto, podría ser difundir, ofrecer y atraer cada vez más a alumnos rechazados en las licenciaturas y posgrados en línea.
Estas instituciones sí cuentan con los programas, los docentes y los medios modernos para hacer llegar la educación a un número mucho más significativo de estudiantes y, con ello, eventualmente, responder a la demanda social y no quedarse cruzados de brazos, eludiendo su enorme responsabilidad que tienen y orientando su presupuesto con un criterio menos chato que el de las burocracias ortodoxas y facciosas que gobiernan muchas de ellas, y cuyo ejemplo arquetípico es el de la UNAM.

Promover la educación superior a un mayor número de aspirantes, no es problema sólo de nuestras instituciones de educación superior, pero es evidente que también es su problema y que mucho de lo que pudiera intentarse para darle solución a tan terrible problema de desigualdad podría saldarse parcialmente, aunque sea, si se buscan soluciones y se toman medidas para coadyuvar a corregir ese lastre.

La mera educación no resuelve un problema estructural que atraviesa por el usufructo del país por una casta de gobernantes y empresarios que han saqueado hasta la ignominia los recursos de todo tipo, incluidos los humanos que son vistos en esa lógica: recursos. Recursos para saciar su voracidad. Esto no solo pasa en nuestro país, pero dadas las condiciones en que vivimos, en lugar de mejorar en el índice de desarrollo humano (IDH) que mide el bienestar y la salud social de las naciones, vamos hacia atrás, particularmente en las regiones rurales y los cinturones de miseria de las grandes ciudades. Así es, en este caso los rectores y directores de las instituciones de educación superior, parecen atados de manos ante semejante problema, pero no es tan solo por eso. También es cierto que no han cumplido con su tarea a la hora de ser más creativos en la captura de una inmensa matrícula de rechazados (hasta el término es lacerante) que, por hoy, quedan expuestos a la voracidad de mercaderes de la educación que abren infinidad de licenciaturas y posgrados, de dudosa reputación pero a ‘buen precio’, tanto en línea como presenciales. ¿Quiénes pierden? Los de siempre. La gente más necesitada. Aquella para quien la educación debiera ser el puente vinculante con un mundo menos opresivo y marginal. ¿Quiénes ganan? Los mercaderes que ven a esa población como un mercado jugoso al que pueden exprimir; esa triste realidad, difícilmente cambiará mientras nuestro sistema educativo no tenga mecanismos de compensación efectivos, mientras no se promueva más investigación educativa, mientras la educación siga siendo vista como la generación de mano de obra barata. Mientras los ciudadanos no hagamos lo que nos corresponde para recuperar nuestra calidad ciudadana y exijamos una democracia realmente representativa, funcional y con criterios sociales distintos a los que pregona el discurso oficial, tan vacuo, demagógico y eficaz…., sólo para los fines particulares de….ellos, de la casta gobernante.

Concluyo:

1.- Hay una matrícula creciente de jóvenes que no encuentran lugar en las universidades públicas.

2.- Las universidades públicas debieran tener otras ofertas educativas, entre ellas la educación en línea, con mayores alcances que lo que ofrecen ahora, atractivas, solventes y, eventualmente, promotoras de criterios inclusivos. Las instituciones más grandes y con mayores recursos del país, (UNAM e IPN) deben abrir más campus, como ahora se les denomina, en otras partes de la república, para que el carácter nacional que ostentan lo sea realmente.

3.- Parte de esa demanda no resuelta por las universidades públicas y privadas solventes, es capturada por un voraz y creciente mercado de instituciones ‘patito’.

4.- La mayoría de los jóvenes excluidos son de bajo nivel económico y proceden de un diversificado y excluyente bachillerato, al que urge reformar para que sus egresados cumplan con los mismos estándares de conocimiento, con las mismas competencias si nos atenemos al discurso en boga.

5.- La educación, aun la de calidad de las buenas universidades públicas y privadas, no resuelve el problema del desempleo y el subempleo, pero sus directores y rectores deben ser más creativos y orientar su presupuesto bajo criterios académicos, sociales y de promoción de la cultura para un mayor número de aspirantes. La responsabilidad social que se les ha conferido es enorme y no puede limitarse a la lógica facciosa, de encumbramiento personal y de la casta o grupo político al que pertenecen.

6.- Se requiere un mayor presupuesto educativo, un mejor destino y aplicación de éste, y otra política y filosofía de la educación, Peras al olmo, cierto…Necesitamos otro tipo de gobierno, distinto al actual. Esto sólo se soluciona con el concurso ciudadano por recuperar los atributos que nos han arrebatado. Ello no detiene ni descalifica los argumentos anteriores. Aun contra corriente, debemos impulsar mecanismos para capturar cada vez más a un mayor número de estudiantes, arraigarlos y brindarles las herramientas de investigación, lectura y construcción dialéctica de sentidos, de manera que puedan obtener, al menos, una mejor educación que, de entrada, los convierta en seres críticos, propositivos, informados y demandantes de sus derechos (entre ellos, claro, el de una mejor educación) ; esos ciudadanos urgen para pensar en otro país; un país justo, más allá del discurso; una sociedad democrática que empiece a formarse en las escuelas, que exija y participe y no solo deposite un voto.

Aunque suene difícil, sí, hay mucho por hacer en la educación, y en el caso que nos ocupa, mucho que pudiera revertirse y equilibrarse desde la educación superior.

Alfredo Villegas Ortega
Maestro en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional y Académico de la Escuela Normal Superior de México.

abelroca. 05 de Diciembre de 2016 09:05

DICEN LOS PROFETAÓVENES PARA EMPLEOS QUE NO EXISTEN, UNA TECNOLOGÍA AUN NO EXISTENTE, PARA UNAS COMPETENCIAS AUN NO IMAGINADAS, PARA UN MUNDO QUE SERÁ DISTINTO DEL PRESENTE

abelroca. 05 de Diciembre de 2016 09:16

Dicen los catastrofistas que estamos educando para unos empleos aun no diseñados, unas nuevas competencias laborales de una tecnología imprevisible en un mundo diferente del presente, perdón por la falta de anteojos

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