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Deserciones

Afilar las garras al Puma

Joel Ortega Juárez


Diálogos del Castillo de Chapultepec; una vía.

Los costos de la foto, el abrazo y la expresión “señor Presidente” son muy altos. También (de abogado del diablo) la reunión es insólita. Un diálogo así fue imposible en el 68, tampoco en el 88, menos en el 2006, ni en Oaxaca en el mismo año. Encuentros semejantes han sido los del Consejo Estudiantil Universitario y el Consejo General de Huelga con funcionarios secundarios en el 86 y el 99. Otros semejantes fueron los “Diálogos de Catedral” en San Cristóbal entre el Ejercito Zapatista Liberación Nacional y el representante de Salinas, Manuel Camacho.

Dialogar siempre es mejor a recibir balas.

El vaso se puede ver medio lleno o medio vacío.

La frase inicial estamos hasta la madre, no corresponde al abrazo entre Sicilia y Calderón.

Se puede interpretar como claudicante o al contrario como logro, porque obligó a Calderón a escuchar palabras duras:
bq. “Ustedes, señor Presidente, son responsables de haber declarado una guerra contra un ejército que no existe y está obligado a pedir perdón a la nación y en particular a las víctimas…¿Les parecemos bajas colaterales, números estadísticos?…

Escuchar esas palabras con el rictus de molestia y luego responder:

”estás equivocado Javier… puedo pedir perdón por no proteger la vida de las víctimas. Pero si de algo, en todo caso, me arrepiento es no haber enviado a tiempo fuerzas federales a combatir criminales que nadie combatía, porque les tenían miedo o estaban comprados por ellos.”

No debiera causar extrañeza que un duelo de éste tipo, cada quien quiera sacar la mejor parte a su favor. Tampoco que se desvanecieran las posiciones de cada quien, para adoptar sin chistar la del otro.

Si, preocupa la postura de Calderón de mantener su estrategia: “voy a seguir combatiendo a los criminales con las fuerzas federales”; aunque ello sea un recurso para afirmar que no se ofrecen opciones claras de parte de Sicilia y su otros compañeros del diálogo del Castillo de Chapultepec.

Sí es un defecto del discurso de Sicilia (desde el principio) limitarlo al dolor y al consuelo y no plantear claramente, por ejemplo, la legalización de las drogas y con firmeza el repliegue de las tropas a sus cuarteles. Tampoco ha sido correcto invitar a la “sociedad civil” a construir un Acuerdo y luego maniobrar para mantener sin cambios lo leído el 8 de mayo.

No se construyen opciones democráticas con posturas intolerantes para los que piensan distinto, menos recurriendo al recurso de descalificarlos por ser “radicales” e “intrusos”.

Los diálogos del Castillo pueden abrir un camino distinto. Amén.

26/VI/2011

Joel Ortega Juárez
Economista y pensador social

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