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LA CLASE


Jaime Amador Ambriz


Puntos de (des) encuentro. Encíclica Laudato si y la escuela de Fráncfort.

Introducción

Ha sido creciente cada vez más la preocupación acerca del deterioro ambiental y todas sus vertientes en temas tales como cambio climático, desarrollo sustentable, renovación de recursos hidráulicos, biodiversidad, energías sustentables, contaminación, de todos los actores sociales involucrados (ONU, 2004) (Global Reporting Initiative, 2016) (Gobierno de la República, 2013), tanto a nivel internacional, nacional regional, local e individual. La iglesia católica inclusive ha manifestado su postura acerca de tales preocupaciones en la encíclica Laudato Sí (Francisco, 2015) y señala que la actividad descontrolada del ser humano en especial la económica ha ocasionado dualidades positivas y negativas en la sociedad, por un lado la técnica y la racionalidad han impulsado progresos científicos en biotecnología, agroindustria, etc. por el otro lado tal progreso material no ha sido acompañado por un progreso social, moral, ético; y ha impuesto modelos de crecimiento económico y consumismo sin considerar el medio ambiente. Muy importante es indicar que el deterioro ambiental se encuentra intrínsecamente relacionado con la pobreza1 (Banco Mundial, 2013), ya que existe un deterioro de la calidad de vida y menoscabo de lo social y con diversas formas de poder basados en la relación entre tecnología, finanzas, economía, política, corporaciones transnacionales y el divorcio del estado-nación (Bauman, 2008) o el debilitamiento del estado a su mínima expresión ante redes de comercio y flujos de información (Castells, 1999).

La doctrina social de la iglesia postulada en la encíclica Rerum Novarum en 1891, se constituyó como “una tercera vía entre comunismo y capitalismo para organizar a la sociedad” (Bellocq, 2012, pág. 338) y tiene como objeto de estudio a “la moralidad de los comportamientos del individuo en sus relaciones sociales, como la justicia de las instituciones políticas, económicas, etc.” (Bellocq, 2012, pág. 339), la doctrina social aglutina cinco realidades (Colom citado en Bellocq, 2012; pág 342):

1. El magisterio.
2. Su explicación sistemática.
3. La teología moral social.
4. El pensamiento social cristiano.
5. Y la praxis social inspirada cristianamente.

Son los puntos cuatro y cinco en donde se da un cruce con las ciencias sociales sobre todo en las relaciones sociales que se dan horizontalmente —entre individuos, o entre organizaciones y sus pares— y verticalmente —entre individuos y organizaciones—, es decir, instituciones justas y personas buenas2; o dicho de otro modo justicia y legalidad en las instituciones (poder político) con la finalidad de lograr el bien común, y la ética personal que son acciones individuales bondadosas y en los mismos principios de bondad en relaciones con otros sujetos con la finalidad de lograr el bien individual.

Para la teoría crítica en la escuela de Fráncfort, uno de los tantos intereses radicaba en “explorar las posibilidades de transformar, el orden social por medio de una praxis humana” (Jay, 1989, pág. 85) enraizada en concepciones hegelianas, marxistas, nietzscherianas, freudianas, hursselianas, weberianas, schopenhauerianas y un amplio etc. además sólo por mencionar algunas de las más significativas fuentes teóricas de la Escuela. Horkheimer creía que la praxis sometería las contradicciones del sistema capitalista y desembocaría en una revolución cultural impulsando el cambio social, para ello había que concebir al hombre como individuos de una colectividad arraigados en sus condiciones socioeconómicas. En lo que respecta al ideal de justicia absoluta contenida en la religión, Horheimer afirmaría que

“tiene una cualidad quimérica, La imagen de una justicia completa no puede realizarse nunca en la historia, porque aún cuando una sociedad mejor reemplace le desorden actual y se desarrolle, la miseria pasada no se tornaría positiva y el sufrimiento de la naturaleza circundante no sería trascendido. Como resultado la filosofía, expresa siempre una inevitable nota de tristeza, pero sin sucumbir a la resignación” (Jay, 1989, pág. 93).

Horkheimer, Nietzsche y Adorno (Jay, 1989) criticaban a la moralidad occidental tradicional, en particular el ascetismo que había permeado en la cultura occidental por medio de la moralidad vista desde la ética cristiana, es decir, la miseria era promovida desde la mirada cristiana y por ende a las masas trabajadoras y su paupérrima situación, además de su decreciente papel revolucionario. Esta visión ascética hace olvidar la dimensión material de la realidad, las amenazas de la sociedad moderna deben de combatirse pues con la acción en el mundo histórico y no exceder en las críticas la degeneración del racionalismo burgués en sus aspectos formales y abstractos, es decir, que la moralidad individual de Kant estaba interiorizada y separada de la ética pública e ignorante de lo irracional que puede resultar el mundo externo, el imperativo moral sería más por piedad y preocupación política para mantener el status quo; por lo tanto “la religión no debería ser comprendida solamente como una falsa conciencia, porque ayudaba a preservar una esperanza de justicia futura, la cual era negada por el ateísmo burgués” (Horkheimer citado en Jay, 1989, pág. 106), mientras que en Hegel había una necesidad de reconciliar lo público de lo privado reconciliando la política con la acción moral para la realización de la justicia por medio de la lucha para lograr su conquista.

El trabajo desde la visión religiosa —Dios dignifica el trabajo— como categoría trascendente de la actividad humana esconde una ideología ascética, darle mucha importancia al trabajo es hacer propaganda capitalista, bajo esa tónica, Walter Benjamin establece que por medio del trabajo se logra el “dominio de la naturaleza a la par de los retrocesos de la sociedad y ostenta ya los rasgos tecnocráticos que encontramos más tarde en el fascismo… el trabajo tal y como ahora se le entiende, desemboca en la explotación de la naturaleza” (Citado en Jay, 1989, págs. 107-108). La escuela de Fracfurt rechaza la Fetichización del trabajo ya que es asumir una felicidad sensual en donde la gratificación personal3 en la cultura burguesa es negada y violentada, —recordemos en Kant que distinguia entre el interés individual y la moral pública—, esto hizo una dicotomía entre el deber y la gratificación personal —que ambas suman la verdadera felicidad— concediéndole más peso al deber o interés individual y olvidando y reprimiendo las gratificaciones personales haciendo posible el entretenimiento de masas para enajenar al trabajador y encauzar su resentimiento hacia la aparición de las industrias culturales.

El Poder bajo la perspectiva de la Escuela de Fráncfort, en particular desde la visión de Foucault, este se encuentra vinculado a procesos ideológicos y a su deducción desde la economía, es decir, determinar los mecanismos y las relaciones de de los dispositivos de poder utilizados en los diferentes niveles de la sociedad, es bastante ilustrativa la clasificación hecha por Deleuze y mencionada por Miguel Morey para comenzar a elucidar sobre el tema (Foucault, 2000)

  • es descubrir el funcionamiento de las relaciones de poder —el postulado de la propiedad— como una estrategia de la clase dominante, señalar su papel histórico, fáctico y efectivo para develar cómo han sido esas relaciones de dominación.
  • La microfísica del poder indica que el Estado no el único lugar donde reside el poder —postulado de localización—.
  • El poder se encuentra inscrito a algún modo de producción por el cual a través de su estructura (mecanismos) se ejerce el poder —postulado de la subordinación—.
  • La represión y la ideología debe de ser encubierta por una imagen positiva y la producción de normas —postulado del modo de acción—.
  • El modo y procedimientos de evadir la ley mediante ilegalismos, —postulado de la ilegalidad—

Es finalidad de este ensayo, es disertar y hacer una aproximación dada la extensión del tema entre los puntos de (des)encuentro de la encíclica Laude Sí y la iniciativa privada en relación a los temas medioambientales en las empresas y los conceptos concernientes de la Teoría Crítica de la Escuela de Fráncfort en lo concerniente a relaciones sociales y poder.

Desarrollo.

La preocupación por los temas de cambio climático, medio ambiente, sustentabilidad, etc. han sido incorporados al discurso empresarial desde la década de los 50, aunque anterior a esa década ya se podían encontrar prácticas de responsabilidad social4 como lo es la filantropía y las mejoras de las condiciones laborales de los empleados (Carroll, 2008) no obstante, a lo largo de la historia existe una larga tradición de colaboración entre iglesia y hombres de negocios como mecenas de obras de arte, construcción de iglesias, educación, proyectos comunitarios etc. La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) funciona como fuente de “denuncias y defensas de los derechos ignorados y violados, especialmente los derechos de los pobres, de los pequeños, de los débiles” (Argandoña, 2012), este mismo enunciado funciona igualmente para las condiciones de mercado en donde el hombre es el centro y fundamento de toda actividad económica siendo la propiedad privada y la libertad económica un derecho inalienable, además las empresas son estructuras mediadoras “situadas entre el individuo en su vida privada y las grandes instituciones de la vida pública” (Richard Neuhaus y Peter Berger, 1977; citados en Guitian, 2006, pág. 76), estas estructuras tienen la capacidad de “generar y transmitir significado para la propia identidad de la persona y valores adecuados” (Guitian, 2006, pág. 76) mediante la integración de valores éticos a las actividades empresariales se deduce que no es finalidad única de las compañías enfocarse únicamente en aspectos económicos, además de forjar en los individuos y en ellas mismas un sentido de responsabilidad y preocupación por la esfera pública (Guitian, 2006).

Un lugar coincidente para atisbar las posturas acerca de los problemas ambientales que involucran tanto a las empresas, como a la iglesia y la teoría crítica sería precisamente un análisis crítico de los documentos que emiten acerca del tema, en las empresas serían sus reportes de sustentabilidad, en la iglesia su carta encíclica Laudato Si, ambos documentos podrían considerarse medios de comunicación en ambas organizaciones, considerando su construcción ideológica como representación de su forma de pensar y nos acercaría a la comprensión de cómo el conocimiento es generado, el público a quien va dirigido cómo es persuadido y cómo es socialmente aceptado; y es que en muchos de los casos la responsabilidad social es una simple estrategia en la manera de hacer negocios, (Porter & Kramer, 2006) utilizada como mejora de imagen, maximización del valor de la empresa o lograr influencia en las políticas públicas, (Rebeil Corella, 2012) lo cual conduce a la falta de credibilidad y legitimación (Ihlen, 2011).

Más allá es importante comprender sus relaciones estratégicas entre las compañías y los poderes políticos y eclesiásticos en este caso, el impacto de estas relaciones y su representación a través de un medio de comunicación basados en suposiciones culturales y posiciones ideológicas dentro de contextos históricos-culturales (L´Etang, Lugo-Ocando, & Azreen Ahmad, 2011), es decir la formulación de prácticas de Responsabilidad social no son neutras y están enraizadas en ideologías bien definidas; Melé (2008) ha identificado cuatro teorías:

La teoría del valor de los accionistas (Shareholder Value Theory o Fiduciary Capitalism) tiene su origen en las ideas neoliberales de Milton Friedman, en las cuales establece que la única responsabilidad de un negocio es maximizar las ganancias para los accionistas y sólo incorporar acciones de Responsabilidad Social si contribuye a la maximización cumpliendo con un marco legal y ético del país en donde se tienen operaciones, existe una distinción de responsabilidades entre gerentes y propietarios aunque sus intereses deben de estar alineados. Las acciones de responsabilidad social se consideran un mecanismo para obtener sólo una relación de costo beneficio.

La Teoría del Desempeño Social Corporativo, retoma postulados de la sociología para “dar una respuesta a requerimientos sociales, y políticas, programas y resultados tangibles que reflejan las relaciones de la compañía con la sociedad” (Wood, 1991; citado en Melé, 2008; pág 49), el compromiso de la empresa aparte de la creación de riqueza y obligaciones legales, es incluir asuntos éticos al comportamiento organizacional atendiendo las expectativas y preocupaciones sociales para lograr la legitimización de la operación del negocio.

La Teoría de la Ciudadanía Corporativa tiene su origen en la ciencia política (May & Roper, 2014), y de todas las teorías es la mas reciente, ya en la década de los 80s en los círculos de negocios y académicos se hablaba del concepto (Altman & Vidaver-Cohen, 2000; citados en Matten & Crane, 2005), pero no fue hasta el World Economic Forum de 2002 que el término proliferó (Matten & Crane, 2005), bajo esta óptica, la ciudadanía corporativa es una metáfora de la ciudadanía humana y como tal ha obtenido el status legal de una persona-ciudadano, Por su parte, desde la tradición liberal el concepto de ciudadanía, conlleva tres derechos que todo sujeto tiene: los derechos sociales, los derechos civiles y los derechos políticos (Marshall, 1965; citado en Matten & Crane, 2005), para las corporaciones siguiendo la misma noción de la metáfora humana supone que no necesariamente tengan derecho propiamente a ejercerlos, sino que como actores públicos están obligados a respetarlos. Continuando con ese punto de vista liberal de la ciudadanía, las corporaciones han asumido muchas de las funciones del Estado que ya no puede desempeñar, consecuentemente tienen que comprometerse con una ciudadanía activa dentro de la sociedad para cubrir las carencias de las instituciones gubernamentales que conforman el Estado. La suplantación de las funciones del Estado por las corporaciones es lo que legitimiza su derecho a reclamar la ciudadanía. Sobre todo en aquellos países donde el gobierno falla al garantizar la ciudadanía, las corporaciones suplirían parcial o completamente ese papel como ya ocurre en los derechos sociales a través de mecanismos de privatización o reformas a al estado de bienestar, en proteger los derechos civiles en un territorio dado o a participar indirectamente dentro de los derechos políticos en apoyar o obstaculizar un proceso político. Así que la corporación pasa a ser “un administrador de derechos de ciudadanía, proveedor de derechos sociales, facilitador de derechos civiles y un conducto o un canal para los derechos políticos” (Matten & Crane, 2005, pág. 174).

La teoría de los grupos de interés (Stakeholders) propuesta por (Freeman, 1984) define a los grupos de interés como

“cualquier grupo o individuo que puede afectar, o es afectado por, el logro del propósito de la compañía. Los grupos de interés incluyen empleados, clientes, proveedores, accionistas, bancos, ambientalistas, gobierno y otros grupos que pueden ayudar o afectar a la corporación” (pág. vi).

La teoría surgió en el contexto de optimizar los tiempos y las relaciones –además de la eficiencia y la efectividad- de los gerentes que tienen una agenda constantemente llena a nivel interno como en el externo de la compañía con las turbulencias del entorno a las cuales debe de afrontar de una manera expedita; ejemplos de dichas turbulencias son los cambios medioambientales en el mundo y los activistas vinculados a ello que exigen mayor conciencia a las empresas, demandas laborales y sindicales, escasez de materias y otros temas con los proveedores, cabildeo con el gobierno, exigencias de los clientes, competidores, grupos de interés especiales (grupos de personas que mantienen una posición respecto a un tema en particular), medios de comunicación y así sucesivamente. La propuesta de Freeman en este sentido es la de desarrollar pericia en tales áreas para la comprensión en cada stakeholder, y asumir el reto de la integración de conceptos, procesos, y efectos derivados de las preocupaciones de los grupos de interés, así “cómo formular, implementar y monitorear estrategias para tratar con estos grupos” (Freeman, 1984, pág. 26).

La adopción de la Teoría de los stakeholders por la RSO se debió en parte en considerar a determinados actores sociales y sus relaciones como adversarios a una organización y a reflexionarlos dentro del proceso estratégico (Freeman, 1984) lo que contribuyo a la postre al estudio de la relación entre empresas y sociedad y tratar de comprender las relaciones complejas existentes entre temas políticos y sociales, y las organizaciones. En la actualidad la teoría de los grupos de interés ha evolucionado hacia la negociación y protección fiduciaria de las organizaciones además de las demandas de los stakeholders al proponer que sus representantes sean incluidos a la estructura de gobernanza y toma de decisión de las organizaciones.

Como se aprecia, existe una interrelación entre fuerzas políticas, élites internacionales y nacionales y eclesiásticas y sociedad en general que están generando políticas públicas y discursos en los cuales es importante dilucidar el rol de explotados y empoderados con tales prácticas

Conclusión.

Si tratáramos de establecer una similitud entre la encíclica y la escuela de Fráncfort comenzaría por mencionar la praxis que caracteriza a la escuela práctica y la teoría social enfocadas en el hombre de ambas instituciones. Lo que vemos en realidad en las dos concepciones tanto de la iglesia como de la teoría crítica es una dialéctica confrontada con otras ideologías y por lo tanto otros intereses en concebir la explotación de los recursos naturales de nuestro planeta.

Los estudios postcoloniales pueden añadir una dimensión política-poder al análisis de la responsabilidad social organizacional y se debe de considerar a los stakeholders como beneficiarios directos de los programas e involucrarlos en una relación dialógica para constatar si no es retórica los beneficios recibidos y considerar sus relaciones de poder con otros grupos de interés, con la corporación misma, y las relaciones con otros grupos de poder, por ejemplo, a nivel organizacional revelar conexiones políticas, redes, carteles, asociaciones industriales y think Tanks además con los hacedores de políticas públicas y cómo la responsabilidad social es utilizada como herramienta para mantener el status quo de la hegemonía disfrazando prácticas de consumo y siendo la preocupación por el medio ambiente solo una herramienta de economía política, sin la consecución de una justicia plena dada la subordinación de tales temas a la lógica de acumulación de capital.

Referencias.

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1 Aunque el Informe está basado en los efectos del cambio climático en África y Asia, es obvio el impacto global que está teniendo la actividad humana con la emisión de gases de efecto invernadero

2 Rerum Novanim, n. 41; Cuadragésimo Anno, n. 11; Caritas in Veritate, nn. 11.

3 A mayor gratificación personal, mayor interacción comunal; resultado: Mayor felicidad. Es decir una íntima relación sujeto-objeto.

4 como se le suele conocer al cuidado del medio ambiente por parte de la iniciativa privada

Jaime Amador Ambriz

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