Pinocho
Deserciones

Manual de Perplejos

Alfredo Gabriel Páramo


Yo no me enamoré de la maestra

Lo que nos ocurre de niños nos acompaña toda la vida, como los lunares o las mutilaciones. Sin embargo, la aceptación es muy difícil y nos llenamos de artificios para endulzar el asunto. Yo tardé décadas en reconocerlo, pero para mí, primero y segundo de primaria fueron terroríficos. Yo era demasiado chico, ya sabía leer, no me gustaba el futbol… en fin, todos esos elementos que ahora catalogan a un estudiante como nerd, pero que en ese entonces hacían que uno fuera “raro”.

Tuve una profesora a la que por alguna razón idolatré por muchos años, pero era una verdadera bruja: la miss Margarita. Ella me dio clase en primero y segundo, y me hizo acreedor a los castigos más crueles: labios sellados con cinta adhesiva durante el recreo, castigado a pan y agua a la hora de la comida y tal vez lo peor, aseguró que yo era estúpido y no correspondía al sacrificio que hacían mis padres por mi educación.

La crueldad de la miss Margarita pasaba inadvertida. Recuerdo miles de operaciones aritméticas con resultados erróneos, tareas aparentemente mal hechas, la exclamación: “Su hijo es un burro, si lo único que tiene que hacer es copiar”. Efectivamente, solo tenía que copiar, pero absolutamente nadie, comenzando por la profesora a cuyo cargo estaba de lunes a viernes de las 8:30 a las 14 horas, pudo darse cuenta de que el problema no era distracción sino que, simplemente, no alcanzaba a ver el pizarrón debido a la miopía y el astigmatismo.
“Males del siglo”, dice a veces mi papá cuando recordamos esta historia. Yo, a la fecha, lo dudo. Creo que la maestra disfrutaba de la maldad.

altaircuatro@gmail.com

@lavacadiablo

Alfredo Gabriel Páramo
Profesor, periodista, escritor. Twitter @lavacadiablo www.karacteres.com

Anónimo. 04 de Julio de 2016 10:33

En cambio a mi me persiguieron las maestras hermosas, claro que fue mi erotismo infantil"el creido", el asalto de las hormonas masculinas en la edad escolar,desde el tercero de primaria a la educación normal, porque también, ahora que me acuerdo , mi maestra de primer año fue la excepción, no fue tan grande el dolor porque para cuarto año volvió a ser mi maestra, solo que había cambiado, aunque no tanto como mis dos Virginias. la belleza de tercer grado que me abandonó al casarse, y la la Virginia yucateca, la vikinga yucateca de "ojos claros y divinos y mejillas encendidas de arrebol, la belleza que nos hizo cantar en coro una canción dirigida a su autoelogio, bien merecido: Peregrina de Guty Cárdenas, y también Amada Reyes en su clase literatura, pasar por un salón en que daba clase, a puerta cerrada escuché una de las voces femeninas mas bellas , mas educadas, mas inteligentes, mas magisteriales, me cautivó,era el primer año de normal, luego en tercero supe que Amada Reyes nos daría el curso final de la secundaria, al llegar ella al salón entró una belleza indígena, vestida a la última moda, oliendo a perfume rarísimo, grato y oirla, por poco me desmayo, era la dueña de aquella voz cultivada hasta el esteticismo y así fue su curso:uno de literatura española que nos llevó de las muhshajaras judeoesañolas, madres de su literatura hasta la comedia del siglo de oro español que disfrutamos de su puesta en escena y pasando por las “Serranillas” del Marqués de Santillana, devotas canciones de amor a las paisanas pobres de su aristocrático señorío feudal.no cuento de las que siguen, confórmense con estas.

abelrocax. 04 de Julio de 2016 10:35

por impulsos de nectud omití mi nombre, perdón y gracias por su lectura, por cierto que grato leerte profesor Páramo

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