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LA CLASE

Tema del mes

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


Once notables e identificables arquetipos docentes (Que nos impulsan; a pesar de la adversidad actual)

Estos profesores son ejemplos vivos de la pasión por su disciplina convertida en entusiasmo por enseñar e innovar, ejemplos de la reflexividad autocrítica, de la mentalidad de crecimiento y del afán por mejorar y aprender, ejemplos de la empatía, la generosidad y el compromiso con sus alumnos, ejemplos, en fin, de hasta dónde puede llegar la calidad humana y la excelencia de los que enseñan en nuestras universidades.

Alfredo Prieto Martín

Hacer un recuento de los maestros que nos inspiraron presenta desde el inicio una bifurcación: por un lado, reúne un gran desafío de recordación y selección, y, también, significa hacer un enorme homenaje a quién se tomó el tiempo, el amor, la paciencia y el conocimiento acumulado, así como la calma, de formarnos. Por lo mismo, al enumerarlos —en nuestro caso personal— creo que dejaríamos algunos brillantes profesores fuera de la documentación selectiva sobre todo por razones de la memoria y sus huecos. No es este entonces un homenaje particular, sino colectivo.

He tenido una larga vida como alumno (¿ya habrá terminado?) y ha comenzado también a ser larga la experiencia como docente, por lo que mi trayectoria educativa es si no rica o sabia; longeva . A ese paso del tiempo, me atengo y no a mis lecturas pedagógicas en esta reflexión y selección.

Con este acumulado de recuerdos docentes y a veces con los sentidos, otras con la cognición o la emoción, lo primero que diríamos es que a semejanza de las abejas y las huellas digitales, cada docente es diferente en forma inevitable a los demás; único e irrepetible. Esta simple verdad de Perogrullo bastaría para eliminar técnicamente cualquier impulso o tentación de evaluación única.

Supongo que la característica diferenciadora también pasa en las demás profesiones y sus prácticas, se nos ocurren algunos ejemplos: cómo se comportan distinto en un quirófano los médicos cirujanos o como dan consulta; o como diseñan en forma particular los arquitectos sus edificios; o como resuelven problemas los ingenieros; o como llevan un caso los abogados; o diagnostican los psicólogos. No hay recetas únicas; tampoco cabezas que piensen lo mismo. Cada uno mata las pulgas o soluciona los vericuetos profesionales en forma particular y también única. Aunque hubieran estudiado en la mismas escuela y ser hijos de los mismos padres. Somos distintos y es de celebrarse.

En la coyuntura actual de crisis educativa, es también indispensable señalar que la inmensa mayoría de los maestros que conozco o con los que tomé alguna clase cumplieron su cometido y con creces. En lo que me ha tocado observar, concluyo que en cualquier oficio existen maestros destacados para compartir una cosa y no tan buenos para otras. Lo bueno y lo malo, ya se sabe, está a veces determinado por las circunstancias. Hay muy buenos oradores o formadores de oratoria; hay genios y enamorados de la enseñanza de, por ejemplo, la historia o la matemática, anatomía, biología o la geografía o compulsivos ganadores de premios que van desde el aseo hasta los mejores promedios; destacados en los concursos, por ejemplo, del canto del himno nacional o de cualquier rasgo literario o de dibujo o de muy variados otros certámenes: bailes regionales, teatros, danza, poesía coral, redacción, etc.

Hay cualidades que no se enseñan como el regate o driblar, le escuché decir a Jorge Valdano recientemente en una conferencia sobre el futbol infinito. Yo le añadiría, con respecto a la docencia, que muchas cualidades más bien se aprenden como el control o el dominio de un auditorio o que resultan inexplicables como el carisma de un mentor.

No hace falta ser marxista o teórico de la reproducción para saber que el desempeño docente está determinado por condiciones concretas de una terca realidad, que en el caso de nuestro país se ha negado a crecer o desarrollarse, por lo menos, en indicadores económicos (de ahí de que prácticamente de cada dos habitantes en México uno tenga nivel socio-económico por debajo de la línea de pobreza) o en mejoría en mínimos de bienestar. En casi cualquiera rubro o indicador: salud, vivienda, ambiente sano, etc. Vamos hacia atrás a lo que se logró en el desarrollo estabilizador en los sesenta del siglo pasado.

Por lo anterior, cualquier evaluación sobre el estado de la educación debería comenzar, no por buscar culpables, sino por reconocer que las políticas públicas y sociales han resultado insuficientes o francamente deficientes, sobre todo en las últimas cinco administraciones públicas federales.

No está de más recordar, hoy más que nunca, que los maestros mexicanos trabajan en la adversidad, contra una marea de desigualdad social y en condiciones también muy precarias: no hay suficiente y actualizado material didáctico o mobiliario escolar; la arquitectura de los recintos educativos es anacrónica; no es prioridad la formación y actualización de los profesores; ellos están sobrecargados de trabajo administrativo y ahora los han amenazado de perder su empleo con la aplicación de exámenes que no reflejan las condiciones reales del desempeño docente y que fueron solo comprados en el extranjero y pesimamente adaptados a la circunstancia nacional.

A pesar de todo, los profesores tienen un carácter inmenso y resiliente. La gran mayoría de los profesores enfrentaba la adversidad con éxito. A los que parece no importar alumnos descuidados, hambrientos, abandonados o distraídos; padres groseros o metiches y con frecuencia ignorantes; funcionarios que se auto-convertían en cadenas de trasmisión de los mandatos superiores y sus órdenes en cascada.

Los maestros durante un largo periodo de tiempo- que ya empezamos a añorar – tuvieron el carácter y el temperamento y para salir adelante en la encomienda que se les depositó y prescribió, siempre desde arriba, casi sin objeciones ante tareas a veces absurdas, poco lógicas y sin sentido. Los profesores fueron obedientes, leales y disciplinados ante un sistema que nunca los oyó.

A continuación y con el pretexto que nos da el tema del número 70 de la Revista Pálido.deluz intentamos una apretada caracterización, que pretende unificar en sus cualidades de, tal vez, miles de notables maestros mexicanos, reconociendo sus diferencias individuales, que ya mencionamos.

Aclaramos, también, que ha sido tal, el desprestigio y la persecución al gremio por parte de las autoridades y medios de comunicación en el último lustro, que decidimos no incluir en esta clasificación a maestros que podrían ser ubicados como malos, incompetentes o no aptos. Esos, si los hay, se los dejamos a los conductores de una televisión urgida de una seria transformación y a las autoridades actuales sin experiencia magisterial comprobable, atrincherados en una ley que no se debatió en los legislativos y cubriéndose detrás de los niños y los doscientos días laborables (¿ya son menos días en el calendario escolar?;¿ y ahora si consultan a los colectivos escolares?).

Reconocemos, para esta ocasión sólo once tipos docentes (hay muchos más como, por ejemplo, el lúdico, el comprometido, el divertido, el anecdótico y el desafiante, etc.). Los nombramos de acuerdo a como se les señala en los patios, pasillos de las escuelas o afuera de ellas o de plano les asignamos un nombre que los identifique. Estos ejemplos son tipos ideales. Son más un homenaje que un referente científico. Ninguno de esta selección de once arquetipos se encuentra en estado puro en nuestro sistema educativo nacional. Aunque es probables que algunos de ellos, en la realidad, tengan características de otro de los citados

Estos son los arquetipos de notables docentes encontrados en nuestro caminar, nuestra circunstancia y determinación histórica. Los compartimos para aumentar esta lista con otros notables profesores que seguramente existen y forjan este país en alguna escuela. También con la ilusión de que el ejemplo contagia.

1.- El profesor cumplidor. Son la mayoría, se trata de maestros que tienen un desempeño homogéneo, parejo a lo largo del año, de la vida profesional y de trato con los demás: dan buenas clases, cubren el programa, llegan a tiempo, son prudentes, justos al evaluar y tratan de que sus alumnos aprendan.

2.- El preceptor estricto aquí entran los profesores notables, idolatrados por los padres, envidiados por los colegas y temidos por los alumnos que exigen y se auto-exigen más allá de un patrón de normalidad. Famosos por sus tareas y revisiones, orden/ordenes, vara alta, limpieza y sobre todo por tener e inculcar disciplina y a veces un poco de temor.

3.- El educador innovador, estos tendrían que ser la mayoría de los maestros, pero sobre todo por la arcaica forma de organización escolar (con horarios fijos, disciplina preestablecida que desde el uniforme, formar a los grupos, avanzar, toques de timbre, formas y distribución de mobiliario) no lo son. Pero los hay que siempre están pensando en mejorar lo que hacen, en cambiar alguna actividad, en introducir un nuevo contenido o dinámica. Dínamos y transformadores nunca se detienen, sus cursos jamás se repiten.

4.- El didacta empático, tienen una facultad especial no sólo para conocer a los alumnos (que lo hacen) sino comprenderlos a cabalidad; se ponen siempre en el lugar de ellos, los entienden y los impulsan. Actúan como si fueran amigos y cómplices de sus alumnos. Los conocen y siguen en su trayecto escolar y más allá de la escuela.

5.- El preceptor trabajador, son, ni más ni menos, los que sostienen a las instituciones educativas. Cubren mucha cancha y siempre están. No fallan. Son puntuales, cumplidos y dispuestos. Colaboran y son acomedidos. Tienen disposición para cubrir el tramo laboral y- si tienen tiempo y hay que hacer- hasta más. Viven la educación con intensidad, pasión y entrega. Su vida está en las escuelas; se pierden cuando no están entre pizarrones y pupitres. Tienen iniciativas y son inagotables. Temen a la jubilación.

6.- Los maestros gregarios, también son muy trabajadores pero les gusta hacerlo en equipo. A veces son competitivos y descalifican a los otros, pero al interior del sub-grupo que conforman son leales, honrados y honorables. Pasan un largo periodo de la vida profesional juntos.

7.-El profesor erudito, saben de muchas cosas pero de algo a profundidad y les va la vida en trasmitir su sabiduría. Hablan ordenadamente, con pausa y buscan en el reto o en la pregunta detonadora la participación activa de los alumnos. Hablan más que escuchar. Ejemplifican con su saber y con su vida. Son libros abiertos. Se pueden confundir con el maestro tradicional, pero es muy distinto en la importancia que le da el aprendizaje del otro. También en la calidad de lo que sabe por su experiencia y formación. Es un docente teórico y duda de las aplicaciones.

8..- El mentor show-man, es parecido al anterior, pero con una gran ventaja, no le importa pasearse por encima de las bancas, cantar, leer un cuento o una poesía, subirse al escritorio o acostarse, retroalimentar positiva o negativamente a los alumnos o disfrazarse de lo que sea. La clase es un espectáculo de conocimiento. El show debe comenzar, nunca detenerse y el alumno aprender

9.- El maestro detonador de pensamiento. Están al día en términos teóricos y de actualidad pedagógica, así como del contexto social. Tienen posiciones asumidas —de izquierda, centro o derecha— ante la vida, la verdad, la sociedad y el hombre. Son notables sus referencias culturales y existenciales. Les interesa más que piensen y asuman comprometidamente la vida los alumnos, que el cumplimiento del programa escolar. Ven con lentes éticos el mundo y son auto-críticos e irónicos.

10.- El maestro estratégico, este docente juega en su curso con diversas didácticas, estrategias y dinámicas. No le presenta un solo frente al alumno. La clase puede suceder hacia el frente o con cualquier orientación dentro o fuera del salón. Los alumnos son movidos y obligados a responder y actuar con muy diversos formatos (casos, problemas, dinámicas, cuestionarios, técnicas, representaciones, etc.) y el intercambio es permanente. Son personajes dispuestos aprender y hacer pequeñas sociedades de aprendizaje colaborativo.

11. – El profesor red social, este es muy reciente de este siglo- todavía en proceso de legitimación social: institucional e individual – pero efectivamente tiene un uso obsesivo-compulsivo de las redes sociales y el internet. El conocimiento es extraído de las interconexiones posibles en base a lo desafiante de los contenidos que se deben abordar con la complejidad y suficiencia de una sociedad tecnológica como la actual. Esta por lo tanto instalado en la sociedad actual posmoderna y digital en forma inevitable. Pero también tiene un lado humano y crítico, por lo que no se permite ser sólo un nodo autómata de la realidad virtual.

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

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