Constituyente_1857
Orientación educativa

La república del Jueves

Miguel Hernández Labastida

Entre 1983 y 1985 Miguel Hernández Labastida escribió semanalmente en la Revista Jueves de Excélsior. Hemos emprendido el desafío de republicar algunos de estos textos que nos permiten distinguir a treinta años de distancia una suerte de aterradora actualidad, y también de incansable esperanza. En esta ocasión publicamos un texto que reflexiona sobre el Distrito Federal y su posibilidad jurídica como Estado a través de los Constituyentes del 57

Pánico a la democratización del D.F.

El pasado martes 9 de noviembre se discutieron en la Cámara de Diputados las Reformas y modificaciones a la Ley Orgánica del Departamento del D.F. El resultado no fue el que mayoritariamente esperaban los ciudadanos del D.F. de poder finalmente ser considerados con todos sus derechos para poder elegir a sus gobernantes, sino al de algunas reformas administrativas que lejos de democratizar al D.F., lo mantienen más sujeto y sumiso al Regente de la ciudad, ya que le ampliaron sus facultades.

Fue precisamente en esa discusión, donde nuevamente Acción Nacional, a través de sus diputados Alberto Ling y Gerardo Medina, reiteró la demanda que ya desde 1857 los constituyentes Zarco, Ignacio Ramírez, Guillermo Prieto, Castillo de Velazco, Zendejas, Del Río y otros más, hacían a nombre de la población del D.F. de elegir a sus propios gobernantes y de constituir el Estado del Valle de México.

Como es bien sabido, el D.F. se constituyó como una vil copia del Distrito de Columbia de los EE. UU. de Norte América. Allá los estados de Maryland y Virginia cedieron el territorio que vino a ser el asiento del Gobierno Federal Norteamericano, y cuya área no podía exceder de diez millas cuadradas; en cambio aquí ya existía la Ciudad de México como centro de su historia, política, religión y economía, cuando se le delimita con una superficie mucho mayor para establecer el D.F., truncando de tajo los derechos de sus habitantes por lo que se refiere a la elección de sus autoridades y representantes. Todo injustificadamente según discutía Guillermo Prieto desde 1856.

Se replicó a la demanda de Acción Nacional que habría conflicto de intereses entre los poderes Federales y los poderes Locales en caso que se determinara la elección de sus propias autoridades. Veamos las respuestas de Zarco, Ramírez, Prieto y Castillo de Velazco:

“Se ha dicho –pronunció Zarco—que es imposible que existan en un mismo punto el Gobierno General y el de un Estado y así se propaga una idea falsa de la federación y se pinta al Gobierno de la Unión como una planta maldita que seca y esteriliza cuanto esté a su alrededor. Una vez proclamado el derecho del Distrito a exigir como los otros Estados, no hay motivo para retardar el ejercicio de este derecho, que debe ser efectivo desde el momento que se promulgue la Constitución, sin restricciones que no se han puesto a Colima ni a Tlaxcala.”

Don Ignacio Ramírez por su parte dijo:

“Se habla mucho de conflictos entre los poderes locales y los generales; pero éstos no son más que vanos fantasmas. Si se comprende bien cuáles son las funciones de uno y otro poder, se verá que es imposible que se choquen. El Gobierno General puede muy bien recaudar los impuestos de todo el país, puede administrar las Aduanas marítimas sin tener la menor disputa con el poder Local. De la misma manera puede disponer del ejército y, en fin, ejercer todas las atribuciones que le encomienda la Constitución. Ningún inconveniente hay en que los poderes Locales queden enteramente libres para ejercer sus funciones; si se originan algunas disputas, ellas serán de la misma naturaleza que las que susciten en cualquiera otro Estado. Si en otro tiempo hubo algunos conflictos, fueron enteramente ridículos; nacieron de funciones de iglesia y asistencias al teatro; fueron cuestiones de etiqueta que no volverán a suscitarse porque se comprende ya cuáles son los altos deberes de la autoridad y se ven con desdén cuestiones tan pueriles.”

Por su parte, Don Guillermo Prieto insistió:

“Retardar la erección del Estado del Valle es conculcar el principio federativo, es violar la misma Constitución, es incurrir en una monstruosa inconsecuencia.”

Y por último, Castillo de Velazco dijo:

“Se ha creído que hay incompatibilidad entre el Poder Local y el Federal y esto no es exacto porque la Constitución determina cuál es la órbita que a cada uno corresponde.”

Por lo que se refiere al condicionamiento de que solo saliendo del D.F. los poderes Federales se podría constituir el Estado del Valle de México, veamos lo que replicaba Ignacio Ramírez:

“En esta época los principios progresistas que son la libertad, la igualdad, el derecho, la justicia, tienen la ventaja de que nadie se atreve a negarlos ni a combatirlos de frente. Para fustrarlos se recurre a moratorias, a condiciones poco francas. Esto ha sucedido con el Distrito. Se proclaman sus derechos, pero con plazo, con condiciones, de tal manera que la proclamación es una burla sangrienta, una inhumana ironía, una Constitución idilio, una Constitución novela… El Distrito quiere existir como existen los Estados y se le condena a injusto pupilaje… Recurriendo al ejemplo de los Estados Unidos, se ha dicho que México debe estar en la condición de Washington. Pero no se ve o no se quiere ver que la Unión Americana no sacrifica a sus libertades los derechos de trescientas mil almas, (población en aquel entonces de la Ciudad de México) no se ve que Washington es una ciudad puramente oficial, hecha a propósito para los empleados y cuya residencia le es ventajosa… El que habla no es representante del Distrito, no es tampoco hijo del Distrito, pero tiene que cumplir el deber que le impone el clamor de trescientos mil habitantes. Vuelva al Congreso sobre sus pasos, no consuma una obra de iniquidad, tome por guías la razón y la justicia, fuera de las que todo es transtorno y confusión. No falle sin oir y admita siquiera a discusión la exposición del ayuntamiento, para obrar con conocimiento de causa y no declararse infalible. Si todo se frustra, el Distrito se vengará, sí, se vengará de tanto odio y de tanto ultraje, apoyando la misma Constitución que lo deshereda, recibiendo como hermanos a los hijos de todos los Estados, abriéndoles sus escuelas y sus colegios y difundiendo su civilización en todo el país.”

Jueves de Excélsior 1 de diciembre 1983

Miguel Hernández Labastida
Político mexicano, miembro del Partido Acción Nacional, ha sido Diputado Federal y de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

abelrocax. 29 de Junio de 2016 14:59

las ciudades capitales han sido y son metrópolis, es decir ciudades a la medida de sus ciudadanos, los ciudadanos quieren una residencia oficial de sus poderes públicos, las habitantes de las ciudades que no fueron democracias, fueron hechas por sus tiranos, sus califas, sus reyes, sus papas; no todos los habitantes de las ciudades fueron ciudadanos, sujetos de los derechos a elegir gobierno, no solamente fueron clases subordinadas, vecinos, servidumbre, oficialidad, sicarios, aparatos represivos, mendigos, prostitutas, ladrones y"parias", así que ciudadanos: dueños del poder urbano, unos cuantos,:democracia solo entre pares, el empeño democrático post revolución francesa creó un monstruo ingobernable: la democracia de todos los los sujetos de los derechos del hombre,y en el siglo XX de todos y de todas, cuando las activistas femeninas lograron la validez de su sufragio, .
Hoy la ciudad de México que fue la mítica ciudad de Huitzilopochtli el dios sostenidos por su sacerdote Tenoch-Mexi, la ciudad de los tenochcatl-mexicatl(los de Mexi)fue capital de un imperio, luego la muy noble y leal ciudad de M{exico, capital del virreinato de la Nueva Espana y del Imperio Mexicano de Agustín de Iturbide, dejó de serlo cuando surgió el Distrito Federal, sede de los poderes federales de la Unión. en Ella desde tiempos de Izóoatl en que los macehuales cedieron el poder a los sacerdotes miitares, sus habitantes dejaron de tener derechos políticos, en sus intentonas hubo siempre derrotas, incluso la ciudad llegó a tener la misérrima connotación burocrática de Departamento del Distrito Federal( un gobierno local nombrado desde la Presidencia Federal; una élite política formalizaba, limitando el acceso al voto legal a unos cuantos, el fraude electoral definía las clases políticas:los organizadores y los votantes, aquellos: los ciudadanos reales, estos los acarreados, los derrotados,los defraudados, los desconsiderados y finalmente los ignorados,
El poder fáctico hoy hará su constitución la inmensa mayoría de los citadinos (aun no tenemos gentilicio formal) no tienen, ni tendrán acceso a la bendita paridad democrática, los dueños de la Ciudad de México harán en su nueva Constitución hasta lo imposible para no ceder ese poder.

Agregar comentario