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Orientación educativa

Decisiones

Federico Cendejas Corzo


La máscara de la inteligencia

Para Octavio Paz, la llamada ‘inteligencia’, es un concepto que describe la manera en que las personas observamos al mundo y aprendemos de él, o por lo menos, es lo que puedo concluir a través de la lectura de su texto “La inteligencia mexicana” contenido en su aclamado Laberinto de la soledad de 1950.

Esa manera de aprender y percibir al mundo, tiene especiales resonancias en el mexicano, pues la historia de nuestro país y la configuración de la persona mexicana es el centro del mencionado libro de Paz.

Ser mexicano, es entonces, por antonomasia, una ‘inteligencia’, una manera de tomar las ideas universales y unirlas a nuestra propia realidad, interpretando, reinterpretando y ajustando a nuestros ojos ese conocimiento que viene de afuera para mirarnos a nosotros mismos.

Como bien menciona Liliana Weinberg en una entrevista al respecto del ensayo, la voz de Paz y otros escritores latinoamericanos, ayuda a configurar nuestra realidad, y en ese sentido, a retratar desde la subjetividad personal, una colectividad mexicana.

Entre las páginas del texto de Paz, existe una idea que no paraba de hacer ruido en mi cabeza, por su contundencia y claridad y a la vez por su ampliamente debatible argumento, que no hizo mas que causar un poco de confusión en mí y a la vez, abrir mis ojos a esa realidad de la que habla Weinberg: “el mexicano es un ser que cuando se expresa se oculta; sus palabras y gestos son casi siempre máscaras.” (Paz: 173) que complementa con otra: “La mexicanidad, así, es una manera de no ser nosotros mismos, una reiterada manera de ser y vivir otra cosa.” (Paz: 183)

Me permitiré divagar un poco al respecto, y llegar entonces a comprender de mejor manera el concepto de ‘inteligencia mexicana’.

Partiendo del supuesto de que los mexicanos somos seres que para defendernos ante la adversidad de nuestro contexto, utilizamos todo el tiempo máscaras, y fingimos ser lo que no somos, o tal vez llegamos a creer que somos lo que no somos, puedo pensar que esa negación o doble negación de nuestra esencia, raíz de nuestra existencia, es simplemente una manera de comportarse, es decir, tal vez somos auténticos con esas máscaras, ese disfraz es lo que nos hace sinceros. Me explico, un intelectual, es un intelectual porque esa es la máscara que ha elegido para desenvolverse en la sociedad mexicana. Ese papel, que antaño se desempeñaba como defensor de las ideas y educador de las masas y que ahora se mueve en el escenario de la academia, las conferencias y la oposición (a veces histérica) del gobierno y otras instituciones dominantes es la manera en que ese grupo de personas llamadas ‘intelectuales’ son auténticas.

Ahora bien, puede ser que la idea de la máscara incomode a más de uno, pues siempre cuenta con connotaciones peyorativas, pero pienso, que no solo los mexicanos sino el género humano necesita forzosamente del disfraz, primero que nada como un mecanismo de defensa y después como un aliciente para no lastimar al otro cuando uno quiere hacerlo. Sabemos que la sabiduría popular reza que “la verdad no peca pero incomoda” y esa incomodidad puede resultar, en ocasiones catastrófica. La máscara es necesaria, no conozco a nadie (ni siquiera a aquellos que se jactan de ser totalmente auténticos y sinceros, pues encuentro en eso una máscara más grande que los que no lo hacen) que no haya dicho una “mentira piadosa” o que no conteste “bien” a la pregunta de “¿cómo te ha ido?” cuando no es así.

Esto, por supuesto tiene que ver con la inteligencia y el mundo de las ideas, pues al adoptar cierta postura ante la realidad estamos haciendo uso de esa inteligencia de la que habla Paz. Vuelvo al ejemplo de la máscara y de los motivos que hacen a las máscaras mexicanas más interesantes o particularmente especiales que a las máscaras del resto del mundo y es porque existen otros elementos importantes que Paz trata en otros capítulos del Laberinto de la soledad, y son, la muy especial sensibilidad mexicana ante la crítica y en general ante el mundo externo y el complejo de inferioridad. Con esas grandes debilidades, debemos construir máscaras más potentes, más resistentes y más hermosas que puedan contrarrestar los embates de susceptibilidad e inferioridad.

Todos jugamos un papel, o por lo menos, eso nos han hecho creer, esa realidad mexicana que se configura, a través de una ‘inteligencia’ especial, es otra de las máscaras que necesitamos para sobrevivir. Una inteligencia, es el resultado de muchas cosas, claro está, el mismo Paz lo sostiene. Los mexicanos no seríamos mexicanos sin, por ejemplo, la cultura de la religión católica (se sea o no creyente, se sea o no católico), o sin el apego maternal o la camaradería del compadrazgo, porque son esas cosas las que construyen la identidad que tantos intelectuales se han esforzado por definir, por construir con sus palabras.

La más fundamental sociología, dice que todos los individuos construyen su inteligencia por el contexto que los rodea, primero por la familia, y después por la sociedad, la religión, la educación escolar, el gobierno y por grupos de interés; es lo que Paz menciona como tomar ‘las ideas del exterior’ para volverlas nuestras, porque claro está que todo ese exterior que nos influye no es exactamente retratado en nuestro interior tal y como es, sino que desde nuestros ojos, con nuestra mirada y nuestro pensamiento nos lo apropiamos y los hacemos diferente, tal vez no mejor ni peor, solo diferente. En esa diferencia radica que, todos los humanos en general, y los mexicanos en particular, construyamos nuestras máscaras, es decir, hacemos de la inteligencia una máscara.

Bibliografía

  • Paz, O. (2004) “La inteligencia mexicana” en El laberinto de la soledad/ Postdata/ Vuelta a “El laberinto de la soledad. México: Fondo de Cultura Económica, pp. 173-187.
  • Garza Saldívar, N. (2007) “El ensayo como una poética del pensamiento, una entrevista con Liliana Wienberg” en Andamios, volumen 4, número 7, diciembre de 2007, pp. 271-287.

Federico Cendejas Corzo
Licenciado en Letras Hispánicas por la UNAM y Licenciado en Comunicaciones por la Universidad Anáhuac. México Norte.

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