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Deserciones

Manual de Perplejos

Alfredo Gabriel Páramo


Día del maestro

Todos los días se escuchan comentarios sobre lo flojo que son los maestros, los días que tienen de vacaciones, su poca capacidad o proverbial ignorancia. La gente cuenta historias del profe que escribe “haiga”, que cree que Juárez descubrió América o que vende calificaciones por unos pesos o, de plano, por alguna botella.

Si estos profesores existen, aseguro que son los menos. A la mayoría de los docentes le gusta que los alumnos aprendan, disfruta cuando saben de sus logros, se esfuerza en que los estudiantes salgan adelante. Lo mismo los de primaria que los de universidad; los de escuela pública o privada.

Salvo algunos pocos, los lectores de esta columna aprendieron a leer y escribir gracias a algún maestro, de alguna maestra normalista, de esos mismos que ahora se dice no sirve para nada. La mayoría, aprendió las bases de historia, literatura y ética de esos profesores que tan fácilmente se desprecian ahora.

El caso de los profesores universitarios no es tan diferente. Se les evalúa y califica bajo criterios que poco tienen que ver con la crítica o la enseñanza, pero sí mucho con la productividad y el agrado de alumnos que se ven como consumidores de un producto. Profesores que carecen de seguridad en sus trabajos, que ganan por hora-clase, sin sindicatos, seguridad social o derechos laborales.

La mayoría de las personas suponen que los futbolistas, los actores o las estrellas mediáticas tienen derecho a fortunas inmensas y caprichos estúpidos, pero a los maestros no les queda más que callar y obedecer por sueldos bajos o, de plano, miserables, y todavía se asombran de la situación actual.

Alfredo Gabriel Páramo
Profesor, periodista, escritor. Twitter @lavacadiablo www.karacteres.com

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