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Usos múltiples

Álbum de familia

Mtra. Alma Citlalli Ramírez Beltrán


La Maestra Alma Beltrán; mi madre

Mi mamá la maestra Alma, como muchos la conocieron y la trataron, fue una persona con muchas facetas, yo aprendí de ella muchas cosas que ella tuvo la intención de enseñarme por medio de dichos y refranes desde el “No hay mal que por bien no venga”, sumamente metafísico, pasando por el “Dime con quién andas y te diré quién eres” que te lleva al: aprende a seleccionar tus amistades. Siempre tenía un pensamiento de la sabiduría popular para acomodarte las ideas: “De lo bueno, poco”, “Que el cuerpo sienta lo que recibe”, ambas posiciones extremas de como administrar la vida. 

Mi mamá fue una mujer de trabajo constante, tenía la certeza de que la vida era hacer, no concebía la vida que no creaba: “La ociosidad es la madre de todos los vicios”, me lo decía muchas veces cuando me veía tirada en mi cama leyendo algún libro, pero al mismo tiempo conocía el placer que genera la lectura y entonces se volvía mi cómplice: me dejaba en mi posición de deleite por horas, algo que nunca tendré como agradecerle. 

Mi mamá Almita, como la llamaban sus hermanos, fue una persona que supo amar y amó: a su familia “los Beltrán”, ¡ay de aquel que se metiera con su familia! por supuesto mis hermanos y yo formamos parte de ese círculo familiar.
Mi mamá amó profundamente a un hombre, mi papá José Abel Ramírez Ortega, y es en éste momento que me llegan todos los boleros que aprendí de memoria atestiguando el cariño que se profesaban, siempre de manera abierta y sincera; pero el amor y la sinceridad se pintan muchas veces de pasión. 

Alma amó la belleza: el teatro, la música, la danza y me inculcó ese gusto, amo y respetó y admiró profundamente la vida que nos regalan las plantas, admiraba los colores y las formas de las flores. Era enternecedor verla atendiendo a sus plantas, coleccionándolas.

Mi mamá tuvo un carácter fuerte y muy definido, (formado en el núcleo de un padre militar y una madre que era todo dulzor) aunque ella misma era un mar de contradicciones, había cosas en las que ella creía que no tenían negociación, “la línea recta, es la línea recta” me decía todas las veces que yo argumentaba dialécticamente por opciones distintas de vivir, lejos de estereotipos femeninos con los que nunca estuve de acuerdo. Gracias al gran choque cultural de tener una madre católica conversa al protestantismo, casada con un hombre de tradición liberal, protestante y marxista de vocación, por todo ello inicié a ser quien soy. Lo que enseñan los padres, sin intención pero que finalmente es lo que nos hace ser quien somos. 

Mi mamá fue mi mejor amiga, la única incondicional, eso es lo que más extraño de ella, esa compañía que se fue de mi hace 10 años. Extraño la sobremesa, sus comentarios sobre lo cotidiano, su constante discusión con el mundo que, ahora entiendo, es algo que le tocó a las mujeres de su generación, sin esos debates y contradicciones: entre el feminismo y la sumisión, que ella siempre rechazo (bendita seas mamá) no existiríamos las mujeres de hoy, que damos tantas cosas por sentadas sobre los derechos ganados en esa bella generación de la posguerra. 

No me resta más que vivir agradecida por todo lo que me enseñó mi madre Alma Deifilia de manera consiente, pero también como curriculum oculto.

Gracias mamá: “hasta que el cuerpo aguante”.

Mtra. Alma Citlalli Ramírez Beltrán

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