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LA CLASE

Tema del mes

Víctor Manuel Caamaño Cano


Educación sexual en el aula: asignaturas pendientes para el profesorado

Con cariño para Gabriela y Víctor Manuel, para quienes el futuro ya está aquí.

…la sexualidad se convierte en el secreto, en lo más sagrado, en tabú social del cual todo saben, sospechan, aducen incitan, pero del que nada debe revelar, manifestar o ejercer su práctica en forma ostentosa y pública.

Michel Foucault

A manera de anécdota: hace unos días, al presenciar la exhibición de la película Y tu mamá también, a media sala y función, con voz varonil se dejaron oír los gritos homofóbicos y anónimos de alguien que sin duda con ello conjuraba su latencia homosexual. En parte, de ahí surgió la idea de compartir estas reflexiones.

Son varios los retos que enfrenta hoy, como ayer, la educación sexual en la escuela, primordialmente la de nivel básico. En primer lugar, y a pesar de que mayoritariamente los padres de familia reconocen la necesidad de dicha educación para sus hijos, y que trabajosamente se abre paso en las aulas, la legitimación de esos conocimientos muy útiles en la era del VIH-SIDA no dejan de presentarse resistencias aisladas a nombre de diversas causas.

Aunque los sectores marcadamente tradicionalistas desearían que el silencio y/o la satanización hacia los conocimientos en sexualidad fueran la actitud elegida y la regla vigente, no deja de ser contradictorio que el desenvolvimiento social, en plena globalización, plantea complejas contradicciones sobre el tema. Es decir, no se puede tapar el sol con un dedo cuando el desarrollo de las tecnologías mediáticas ofrece amplios estímulos e información para la juventud y la niñez. También está el hecho de que una realidad compleja y diversa se quiera someter al estrecho corsé de definiciones y lineamientos unilaterales; esto ofrece dificultades y la principal es que el pensamiento único se ve desbordado.

De la misma forma, el concepto de familia que en ocasiones pretende definir y retratar a una sociedad anterior a la actualmente existente, plantea problemas y tensiones que se reflejan en la sociedad y en la institución escolar. Asimismo, la emergencia de actores nuevos —mujeres organizadas que reivindican sus derechos y minorías sexuales que se visibilizan—; los avances en la tecnología no reproductiva; la incorporación creciente de la mujer en el mercado laboral y la conformación de una diferente realidad de familia monoparental; los avances en la legislación internacional y en los programas y acuerdos mundiales, como fueron la Plataforma de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Mujer (Beijing, 1995) y el Programa de Acción de la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo (El Cairo, 1994), entre otras realidades, vuelve exigible una visión más plural e informada.

Ciertamente, es mucho lo que en ocasiones se le exige al maestro o se espera de él, pero el punto central es que la calificación académica en los temas de sexualidad humana se vuelve una necesidad impostergable en el actual currículum escolar.

Los testimonios del pasado que reeditan el presente: la lucha por el alma infantil, cito a continuación algunos párrafos de lo escrito por la señora Josefina Santos Coy de Gómez, en su artículo “La educación sexual destruye la dignidad humana”, publicado en el periódico La Palabra, el 1 de junio de 1933,1 es decir, hace por lo menos 68 años:

No se puede pensar en la educación sexual sin sentir vértigo ante la magnitud de los desastres morales que traerá consigo; tampoco se puede concebir que haya hombres que se dicen cultos y honorables y que aprueban semejante desviación del sentido moral.

¿Romper el velo de la inocencia? ¿Poner ante los ojos cándidamente asombrados de los niños las crudezas de la vida? ¡Qué estupidez, qué maldad y qué cinismo!

Según dice la prensa, se comenzará a impartir la educación de higiene sexual desde el tercer año de primaria: es decir, a niños y niñas de ocho, nueve y diez años. Y ¿qué fruto sano podrían sacar estos pequeños de esa enseñanza que no comprenderán rectamente porque su inteligencia, por razón de su edad, aún no está capacitada para hacerlo? Esta idea monstruosa, criminal y absurda, no producirá en la práctica más que desolación y desvergüenza. Rasgar el velo de la inocencia es tanto como arrojar a los niños con los ojos vendados en el mar tumultuoso y bravío…

…El primer sentimiento de una niña cuando se le muestren gráficamente, como se pretende hacerlo, las relaciones sexuales, será de repugnancia por su pudor instintivo, luego de inquietud malsana y por fin de desvergüenza…

…Los niños deben ser sagrados mientras conservan su pureza y el maestro está obligado a respetar esa bella ignorancia de la vida que los hace tan adorables…

…Con la bendita ignorancia de los problemas sexuales fueron educados nuestros abuelos y supieron ser hombres y mujeres conscientes de su responsabilidad y de su dignidad humanas; con la ciencia altamente inmoral que el gobierno absurdamente pretende imponer, no hará más que sujetos que serán candidatos forzosos para el lupanar y para el manicomio…

Seleccioné estos párrafos reveladores porque están inscritos en el inicio de cuatro momentos históricos fundamentales de la Secretaría de Educación Pública (SEP): 1933, 1972, 1992 y 1998, en los que la educación sexual en las aulas parece que ha pasado del rezago al consenso2 ya que existe una amplia aceptación de que la SEP debe participar en esta formación de los alumnos.

La necesidad de ajustar los requerimientos sociales de educación sexual ha llevado a la SEP a una modificación de los libros de texto de secundaria y de 5º año de primaria. Si bien hubo intentos de reiniciar, en un primer momento, la polémica ya superada y la movilización social impulsada en otras oportunidades por sectores representativos de la iglesia católica o que responden a sus intereses, en esta última ocasión la secularización del laicismo demostró la viabilidad de las reformas sin mayores sobresaltos.4 Las reformas a los libros de primaria y de secundaria que, en los textos de educación cívica y ética abordan contenidos sobre sexualidad humana, han puesto de relieve la urgente necesidad de capacitar y/o actualizar al magisterio para abordar satisfactoriamente estas temáticas. El presente artículo pretende introducir algunas reflexiones sobre el asunto.

Algunas inercias en el aula

De acuerdo con los resultados de un estudio de la Secretaría de Educación Jalisco, efectuado en una muestra de 93 docentes de 50 escuelas secundarias, se señala que 41 por ciento de los profesores/as manifiesta que no debe hablarse en las escuelas de sexualidad con los alumnos, afirmativamente. Asimismo, para 37 por ciento resulta embarazoso contestar las dudas que los adolescentes les plantean acerca del tema, contra 53 por ciento que no; 71 por ciento ve con buenos ojos que los medios de comunicación sean una alternativa para difundir educación sexual; 36 por ciento respondieron correctamente cuál es la diferencia entre sexo y sexualidad; 26 por ciento confundieron los dos términos y el resto dio una definición biológica incorrecta, o no contestaron. Lo más significativo es que, a pesar de eso, los profesores/as reconocen estar conscientes de las consecuencias de una inadecuada educación sexual en términos de enfermedades de transmisión sexual, en abortos, en traumas sexuales y en la tendencia a la desintegración familiar.

En otro estudio realizado se aplicó un cuestionario de conocimientos básicos acerca de la sexualidad a 64 maestros/as de educación básica. La edad promedio de los/as encuestados/as fue de 28 años. La calificación promedio obtenida en escala de 0-10 fue de 3.92 puntos: los docentes con 3.68 y las maestras con 4.04.

Asimismo, 75 por ciento de los/as encuestados/as creen que la masturbación es dañina; más de la mitad de los/as maestros/as opinan que la homosexualidad es una enfermedad y debe curarse, y que basta verlos para saber si son o no gays.

Sobre este último punto, no está por demás recordar el catálogo de prejuicios sobre la homosexualidad, producto de la desinformación, los clichés y los temores.

Más allá de las declaradas insuficiencias o de los temores y tabúes para hablar autorizadamente acerca de la sexualidad, existen limitaciones inherentes a una forma dominante de mirar y vivir la sexualidad que siguen determinando la educación en sectores importantes del magisterio, ya que a pesar de todo sigue existiendo una gran desinformación y confusión. Para superar lo anterior, sería deseable y recomendable una mínima revisión bibliográfica.

A manera de ilustración y de acuerdo con los datos anteriores, a continuación van algunos ejemplos de dichas limitaciones o carencias:

La primera de ellas es que, si bien se han actualizado los libros de texto de primaria y secundaria, falta una capacitación al magisterio que acompañe tales innovaciones. Y esa capacitación pasa por cuestiones tales como los derechos delos/las niños/as y una propuesta co-educativa y no sexista, pero también por una preocupación tendiente a combatir las formas de privación o discriminación y de violencia física, emocional y sexual, determinadas por razones o estereotipos de edad, de etnia, de clase social, de discapacidad o de orientación sexual.

La segunda es que por motivo de una influencia biologista y positivista se favorecen y vuelven predominantes enfoques de carácter genitalista y fisiologista, sin atender la sexualidad como objeto de estudio integral y a la vez transversal a la experiencia escolar.

En la tercera sigue teniendo fuerza la idea de que el magisterio no se debe comprometer con tales materias porque de entrada se considera algo potencialmente muy delicado y que no puede sino presagiar problemas, en primerísimo lugar con los padres de los/las niños/as y adolescentes y, en segundo lugar, con las autoridades educativas y con la opinión pública. Sobre el particular, habría que añadir dos cosas: a) se puede abordar la sexualidad con tranquilidad, objetividad y como factor de crecimiento, sin violentar o incomodar a nadie; b) valdría la pena revisar las cifras negras que sigue arrojando la deficiente educación sexual (medida en términos de embarazos precoces, embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual, etcétera) para repensar ese punto de vista. La cuarta carencia es que se mantienen en pie patrones muy rígidos que, por considerarlas escandalosas, siguen dejando de lado asignaturas pendientes sin información sustentada para abordarlas, como por ejemplo la masturbación, el abuso sexual infantil, la orientación sexual, las expresiones comportamentales de la sexualidad.18 Ello no impide que en las escuelas y en los hogares, a pesar del silencio y la reprobación, esto constituya una realidad más cotidiana de lo que imaginamos y aceptamos.

La quinta, la creencia muy extendida y ciertamente sin ningún sustento empírico, de que hablar abiertamente de sexualidad es abrirle los ojos a la inocencia infantil, sin reconocer que, por el contrario, la información objetiva, oportuna y pertinente favorece el ejercicio responsable y no precoz de la sexualidad.

La sexta, una forma de percibir y razonar de forma totalizante, sin mediaciones: o afirmativo o negativo, o blanco o negro, natural-antinatural, moral-inmoral, normal-anormal, salud-patología; fórmulas que bien podríamos, sin mucho esfuerzo, calificar de binarias, es decir, sin contexto, matiz, ni gradación. Texto sin contexto que resulta pretexto para esa deformada forma de percepción. Mensajes implícitos: la finalidad principal de la actividad sexual es la procreación. Sólo la posición del misionero es la correcta. La monogamia está programada en el ADN.

Si no hay virginidad femenina no hay virtud. No existe ni libido ni sexualidad en niños y ancianos. O la primacía del cuerpo o la primacía del alma. Bueno o malo como fórmula generalizadora. Hay roles y actividades exclusivos para hombres y para mujeres. La razón pertenece al hombre y el sentimiento a la mujer. Por “naturaleza” los hombres son incontinentes y las mujeres pudorosas.

Homosexualidad al cien por ciento o heterosexualidad al cien por ciento, etcétera. Ytodo esto se complica si agregamos la doble moralidad que suele acompañar las formulaciones comentadas.

Séptima, de paso habría que señalar que son escasos los esfuerzos, ya no digamos de investigación, sino de simple puesta al día, del avance de las novedades en este campo, lo cual se encuentra ligado a la escasa tradición de trabajar verdaderamente en equipo, ya que, en la institución escolar actual, todo, o casi todo, está orientado a favorecer los esfuerzos individuales y aislados de sobrevivencia, sin acciones sostenidas y de carácter colectivo para la reflexión, el análisis y la discusión.

Octava, de la misma manera, se tendrían que revisar las concepciones dominantes en lo que hace al sexismo19 y la homofobia, dadas las formas extremas que se llegan a presentar de esas expresiones.

Novena, la fuerza de una tradición social y cultural que percibe la sexualidad como mortificante y antierótica. Hay mucha tela de donde cortar en el análisis histórico para explicar cómo y por qué en occidente se construye dicha tradición social y cultural a partir, por ejemplo, del mundo grecolatino clásico. Referencia curiosa resulta la de Platón en El banquete, texto que contiene el mito griego de la eterna búsqueda de la otra mitad de la esfera original, por el castigo de Zeus de separar los cuerpos de hombres, mujeres y andróginos.

La décima, y muy ligada a lo anterior, las petrificadas ideas sobre un pretendido orden natural eterno y omnipresente, es decir, no histórico, y una muy discutible y absolutista idea de normalidad como rasero verticalmente axiomático, lo que significa evidente en sí mismo. Por supuesto que ambos conceptos exigen una amplia discusión fuera de los límites de estas notas. Sin embargo, el trabajo de los/as docentes se llega a constituir de tareas predecibles y rutinarias que atienden más a la forma que a los contenidos realmente transformadores y críticos, llegando así a producir docentes formalistas, conformistas y dependientes del sentido de autoridad y subordinación, muy caro a su percepción; dependientes también de una creencia de normalidad y moralidad que permea sus ideas sobre la sexualidad.

En ese contexto, podríamos pensar en vacíos significativos en el ejercicio docente que refuerzan esas rutinas, como por ejemplo, la ausencia de la pedagogía de la pregunta, es decir, de poner interrogantes en las evidencias, la ausencia de un docente integrado a una política cultural capaz de impulsar una reforma social consentido democrático, la falta de reconstrucción de las preconcepciones, pero, sobre todo, de una introspección sobre su propia vida sexual; prerrequisitos fundamentales para una acción reflexiva y transformadora del magisterio que permita el replanteamiento de la sexualidad como realidad biopsíquica. Como vínculo afectivo y erótico. Como derecho a elegir y como responsabilidad de la elección. Como construcción social histórica y cultural. Como realidad compleja inasible a través de fórmulas simplificadoras.

¿Desde dónde y hacia dónde la educación sexual? ¿Hemos revisado los/las educadores/as nuestros miedos, fobias, sentimientos de culpa, inseguridades y, tal vez, prejuicios asociados a la noción de sexualidad? La elección de temas y el enfoque y vocabulario empleados denotan parte delcurrículum oculto de quien enseña. La carga emotiva y moral con la que colorean los temas también. ¿Es problema de los alumnos o de los adultos la incapacidad de, o el bochorno al, abordar ciertos temas asociados a la sexualidad y a la curiosidad y realidad de los/las niños/as y adolescentes? ¿Cuáles son las necesidades de los/as niños/as y los/as adolescentes acerca del conocimiento de su sexualidad en un mundo globalizado pero, a la vez, diverso y complejo? ¿Qué es lo que requieren saber para una sexualidad informada y responsable, para su ejercicio saludable y pleno o para su abstinencia? ¿A qué hogueras conducen los caminos de la desinformación? ¿Por qué pretender negar la capacidad de niños y jóvenes para discernir y decidir de acuerdo con su libre albedrío e interés? ¿Por qué no escucharlos y propiciar con ellos el diálogo constructivo? ¿Por qué cerrar los ojos a las estadísticas que reflejan la realidad de la niñez y la adolescencia? ¿Por qué insistir en la venda y la sordera, más que en la comunicación con empatía y receptividad?

Si se asume que la represión de la sexualidad cohabita con la más amplia promoción y explotación del deseo y de lo prohibido en prósperas industrias del ciberespacio, del espectáculo, de la diversión y de la prostitución, ¿esa represión de la sexualidad está arrojando los resultados que de ella se esperan? ¿No es acaso la agudización de algunos problemas el producto neto de la doblemoralidad (condenar en público lo que se practica o desea en privado) vigente entorno a la sexualidad?

¿Qué viabilidad tiene hoy la propuesta de abstinencia sexual? ¿Qué alternativas se ofrecen a los jóvenes de hoy día que se vuelven física y sexualmente maduros a una edad mucho menor que las generaciones anteriores? ¿Qué consecuencias acarrean el silencio y el miedo como disciplinadores del potro del deseo? A final de cuentas, el control de la sexualidad, del cuerpo, es un control político (Foucault), ya que la cultura machista de dominación sigue sustentada en la desigualdad y el privilegio (derecho privado, en su acepción latina original).

¿Alguien en particular puede imponer su visión unilateral de las cosas, su mandato sobre cuerpos y subjetividades, el control de la sexualidad a través de canones inflexibles, o esa pretensión es un ejercicio inútil? Recordemos la existencia de sexualidades, así, en plural. ¿De qué modernidad y democracia podemos hablar cuando se menoscaba o sustrae la posibilidad del libre examen de la sexualidad, de la posibilidad de educar en la libertad y la responsabilidad, como binomio de la misma sustancia?

Para arribar a la modernidad es imprescindible aceptar que la sociedad contemporánea contiene un amplio abanico de texturas y colores con los que se conforma la diversidad social y ciudadana. Que el proceso democratizador para ser legítimo debe incorporar, entre otras cosas, una educación sexual que se inscriba dentro de las mejores tradiciones de la educación laica, de libre examen de las ideas, de sustentación científica, de predominio de la razón, de libertad de expresión y de respeto a la pluralidad y a la diferencia de opiniones, sin la pretensión sofocante de una verdad única e indiscutible. Se requiere de información independiente, confiable, precisa y completa que necesitan los ciudadanos para sacudirse servidumbres y ser libres, más que el tedio de demandar que todo el mundo piense lo mismo y haga lo mismo, al mismo tiempo y de la misma manera.

Notas

1 Tomado de la antología Algunos datos y opiniones sobre la educación sexual en México, SEP, Talleres Gráficos de la Nación, México, 1934, p. 54.

2 Entrevista con Olac Fuentes Molinar, subsecretario de Educación Básica de la SEP. Letra S suplemento del periódico La Jornada, 3 de septiembre de 1998, p. 6.

3 Encuesta en revista Educación 2000, núm. 40, septiembre de 1998, p. 23.

4 Entrevista con Olac Fuentes Molinar, op. cit.

5 Por ejemplo, los de Valentina Cantón y los de Susan Pick.

6 Periódico Siglo 21, 17 de enero de 1997, p. 6.

7 Antonio Peralta Sánchez, “Educación sexual, ¿hasta cuándo?” suplemento Lunes de la Ciencia, del periódico La Jornada, 7 de septiembre de 1998, p. 11.

8 Luis González de Alba, Los derechos de los malos y la angustia de Kepler, Cal y Arena, México, 1998, pp. 23-32.

9 Por ejemplo: Sylvia S. Hacker y Randi Hacker, Lo que todo adolescente en verdad quiere saber sobre el sexo, Diana, México, 1997; Anabel Ochoa, Respuestas para vivir una sexualidad inteligente y segura, Selector, México, 1998; Vivianne Hiriart Riedemann, Yo sexo, tu sexo, nosotros…, Grijalbo, México, 2001; Vivianne Hiriart Riedemann, Educación sexual en la escuela. Guía para el orientador de púberes y adolescentes, Paidós, México, 1999. También en internet:
www.sanamens.com/index3.htm www.adolescenteshoy.com/ www.maseducativa.com/cgi-bin/busqueda.cgi? terms=TRA02
www.imesex.edu.mx

10 Dice Marta Lamas: “La relevancia aterradora del sexismo es que, contra los datos de la realidad, prevalece la fuerza de la simbolización. Así surgirán a lo largo de los siglos las explicaciones y justificaciones para que las mujeres no hagan ciertas tareas o hagan otras; para que obedezcan al marido; para que no estudien; para que toleren la frigidez o la castidad como virtudes; para que no voten; para que acepten no tener el control de sus cuerpos; para que no deseen el poder; o sea, para que reciban, como algo ‘natural’ o merecido, la violencia de la moral sexista en todas sus formas y manifestaciones”. Marta Lamas, “La violencia del sexismo”, en Adolfo Sánchez Vázquez (ed.), El mundo de laviolencia, FCE, México, 1998, p. 457.

11 En México, del total de casos de enfermedades de transmisión sexual notificados, 26.4 por ciento corresponde a la población de 15 a 24 años de edad.
En lo que se refiere al SIDA, éste ha incrementado su frecuencia en el grupo de edad de 10 a 19 años y particularmente en el de 20 a 29 años, lo que indica una importante exposición al riesgo durante la adolescencia. Gabriela Rodríguez y José A. Aguilar, “El cuerpo, la nueva tarea infantil” en Letra S, suplemento del periódico La Jornada, 3 de septiembre de 1998, p. 9.

12 En México, se estima que 16 por ciento de los embarazos corresponde a mujeres adolescentes. Rodríguez y Aguilar Gil, op. cit. Por otra parte, información local establece que 36 por ciento de las mujeres que dan a luz en el Hospital Civil son adolescentes. Esta cifra equivale a que cada año, 5,100 menores de 19 años se convierten en madres. Una tercera parte de ellas tiene menos de 19 años. Los partos se han multiplicado por cuatro de 1990 a 1997. De continuar la tendencia en 2001 una de cada dos mujeres que alumbren en el nosocomio citado será adolescente, en relación estrecha con la instrucción recibida. 42 por ciento de las niñas que ya tienen hijos, apenas terminaron la primaria; 25 por ciento son analfabetas; 22 por ciento estudiaron la secundaria y 3 por ciento estaban estudiando algún grado de preparatoria (Público, 27 de noviembre de 1997, p. 8.)

13 Edward Rowan, Los placeres del autoerotismo, ALAMAH, México, 2001.

14 “Un bebé falleció por un abuso de su padre”, Público, 30 de junio de 2001, p.
41.

15 El DIF Jalisco recibió 1,800 reportes de niños maltratados entre enero y octubre de 1997; una de cada diez mujeres maltratadas emocional y físicamente solicitan apoyo, hay carencia de Ministerio Público especializado, existen daños emocionales, físicos y de orden sexual. El Occidental, 23 de octubre de 1997, primera plana. También en primera plana: “El maltrato infantil casi impune en Jalisco”, Público, 2 de julio de 2001.

16 Ernesto Lammoglia, Abuso sexual en la infancia, Grijalbo, México, 1999.

17 Rinna Riesenfeld, Papá, mamá, soy gay, Grijalbo, México, 2000.

18 Francisco Delfín Lara, “Variantes de las prácticas eróticas o expresiones del comportamiento erótico”, en Antología de la sexualidad humana, tomo I, Porrúa, México, 1998.

19 Ver “La sexualidad masculina hegemónica”, en Mabel Burin e Imelda Meler, Varones. Género y subjetividad masculina, Paidós, Buenos Aires, 2000.

20 Yan Yanin López Chinchilla, “El discurso autoritario y las relaciones dedominación en la escuela primaria”, en La Vasija, año 1, vol. 1, núm. 3, México,
agosto-noviembre de 1998.

21 César Carrizales Retamoza, “Hacia una política de la investigación educativa para docentes”, en Profesionalización docente y escuela pública en México 1940-1944, Antología Básica Licenciatura en Educación, Plan 1994, UPN, México, 1994, p. 55.

22 Henry A. Giroux, “La educación de los maestros y la enseñanza democrática”, en Profesionalización docente y escuela pública en México 1940-1944, op. cit., p. 185.

23 José Gimeno Sacristán y Ángel Pérez Gómez, “Comprender y transformar la enseñanza”, Morata, Madrid, 1992, pp. 63-77. Citado en Escuela, comunidad y cultura local en… Bibliografía Básica, Textos de la UPN, pp. 90-94.

24 James Leslie McCary et al., Sexualidad Humana, Manual Moderno, 5ª edición, México, 1996, p. 259.

25 Ibid., p. 236.

Víctor Manuel Caamaño Cano

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