Marcha_intolerancia
Usos múltiples

Mentes peligrosas

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Armando Meixueiro Hernández


La intolerancia, los absurdos históricos y el intento de destruir vidas en dos películas

La intolerancia no es sólo una cuestión de poder.

Salman Rushdie

I

Nosotros tan memoriosos, empezamos con dos recuerdos:

1.- En el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la Universidad Nacional Autónoma de México, una tarde de 1987 el profesor Gustavo García, que impartía la clase de Cine Mundial, nos dio una prodigiosa cátedra sobre la importancia —en la creación y conformación del lenguaje cinematográfico— del cine mudo, en sus poco más de treinta años de existencia en los albores del siglo XX.

El ejemplo que nos compartió para sostener su tesis fue hablar sobre la obra del genio del cine norteamericano D. W. Griffith (ya en otra se había referido al gigante del arte soviético Eisenstein) y nos demostró argumentativamente muchas de sus aportaciones. Más adelante, en la otra mitad de la clase, nos describió el que consideraba, el film más importante de Griffith: Intolerancia ( 1916), relato y analizó ampliamente cada uno de los cuatro episodios de la película, que son: La huelga obrera de 1912 en los Estados Unidos de Noerteamérica; La caída de Babilonia; La Pasión de Cristo y La noche de San Bartolomé, demostrando como el padre del cine norteamericano, en cada uno de estos segmentos que se van intercalado, lo que los conecta e hilvana no es la mujer que mece la cuna— afirmaba— sino la intransigencia, el fanatismo, la obstinación y en muchos sentidos la ceguera de quién manda y dictamina en una época histórica.

Concluía la clase con una definición personal:
—Después de esto, no quiero que me pregunten:

¿Por qué su revista cinematográfica se llama Intolerancia?

2.- A un colega del oficio magisterial, que también intentaba escribir le negaron la publicación de un artículo en una Página de un periódico de circulación nacional, en la que también nosotros colaborábamos en forma gratuita, por ahí de 1999. El colega, nos comentaba con cierto pesar, que el artículo que escribió era sobre el totalitarismo y que el argumento que esgrimieron los editores, para no publicarlo, era que lo que había escrito incluía el capitalismo bárbaro actual, como una variante de totalitarismo y los editores consideraban que el modelo que hoy domina políticamente a Occidente no es totalitarismo (bendito sea Dios), sino una democracia imperfecta.

—Esa imperfección fue lo que no permitió ver publicado tu artículo— le dijimos para consolarlo, sin lograrlo.

II

Por intolerancia, en principio entendemos el acto de no soportar las opiniones y conductas de los demás, por lo tanto, las formas de pensar ajenas a las de determinado grupo. También las manifestaciones explicitas o implícitas, sean estas políticas, religiosas, raciales o culturales que se oponen a determinado tipo de creencias, representaciones o ideologías por ser son contarías a las de otras personas. La intolerancia es una oposición abierta ante algo.

Para algunos teóricos la intolerancia tiende a silenciar u oponerse a las ideas de otros por miedo o temor a lo que no se considera propio o cercano. Algo de lo que no se conoce, dudamos, o se percibe como cierta amenaza, posibilidad de contagio o infiltración o se ha influido, cultural o educativamente para rechazarlo u odiarlo, por lo cual se generan estrategias, tácticas y dispositivos sociales o individuales para contrarrestarlo en forma social o política, o incluso violenta de persecución o extinción. Puede incluir acciones de encierro, exclusión, desacreditación, destierro o en forma extrema el entierro.

En un siglo bélico como el pasado, con cientos de conflictos que terminaron en guerra entre países o al interior de los mismos, la intolerancia se manifestó de muchas formas. Dos películas recientes han recuperado igual número de historias sobre este terrible ingrediente, que se manifestaron en forma evidente antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) en distintas ideologías y geografías, pero teniendo como órganos fundamentales el odio y el castigo, por acciones y decisiones del pasado.

III

Trumbo (Roach J, Estados Unidos de Norteamérica: 2015) es una película sobre la intolerancia en Hollywood, antes y después de la llamada cazaría de brujas contra los supuestos comunistas que se encontraban infiltrados en la meca del cine, emprendida por el senador Joseph McCarthy.

De hecho el primer acierto del film es documentar como el huevo de la serpiente de la intolerancia contra los soviéticos y su sistema económico-político, después del enfrentamiento mundial, se va incubando y fabricando poco a poco en la sociedad norteamericana, de muchas formas y pretextos hasta convertirlos en los rivales de la guerra fría (1945-1989) y tratando de desterrar todo lo que se percibiera como rojo: con artículos periodísticos o noticieros cinematográficos; con actores como John Wayne (y otros vaqueros cinematográficos como R. Regan,) que representan simbólicamente mucho de lo que un buen norteamericano debe aspirar (valentía, osadía, exterminio de los malos, conservadurismo, etc.), con acciones específicas contra los productores cinematográficos; en la manipulación ideológica del ciudadano normal norteamericano, etc. Todo esto antes de la aparición en escena del senador McCarthy. Los soviéticos y el modelo que estaban tratando de construir pasan de ser aliados necesarios en la Segunda Guerra Mundial, a enemigos a vencer por cualquier medio. En el fondo se quería dejar claro con estas acciones que solo había un nuevo dueño del planeta y no eran los soviéticos.

La historia se centra en los veinte años cruciales (1946-1965) de la vida de un maduro y exitoso guionista Dalton Trumbo y como la industria cinematográfica de Estados Unidos, primero lo pondera, luego lo trata de destruir y, también como sobrevive a este intento a todas luces intolerante y absurdo al mismo tiempo.

Primero vemos a un Trumbo pleno social y profesionalmente, conviviendo con su familia y amigos. Después seremos testigos de cómo comienza y va creciendo la conspiración antes descrita en muchos incidentes que se van sumando. Por ejemplo, en un cine después del noticiero que en el que a Trumbo le ponen la etiqueta de comunista, alguien al reconocerlo al salir de la sala de proyección y le arroja refresco. Posteriormente en otra escena el guionista y su hija dan un paseo vespertino. Ella montada en un caballo le pregunta a su padre si es un comunista. Trumbo hace un esfuerzo educativo por explicarle la inequidad en la sociedad actual y su posición política.

También en la película asistiremos nuevamente al juicio ya repetido en otros film y documentales ( Buenas noches, y buena suerte, 2005; Chaplin: 1992), etc. de cómo diez de los mejores escritores de libretos de Hollywood son citados a declarar por haber formado parte de le Partido Comunista, como son callados al no contestar lo que y en la forma que se les pregunta. Finalmente como son condenados a prisión, por negarse a contestar y por no delatar a otros y no aceptar su culpabilidad. Sin embargo, la intolerancia, si lograra quebrar otras voluntades de personajes y actores de Hollywood, que los delataran a ellos. A la intolerancia le encanta el juego de la delación en el que todos son probables culpables.

Tal vez lo mejor de la historia vendrá cuando al salir de la cárcel, este grupo de guionistas con Trumbo a la cabeza, se reposicionen en la industria gracias a su talento (que siempre es indispensable en el arte), una estrategia bien diseñada y orquestada de pedidos y envíos de manuscritos y sobre todo a guardar pulcramente un anonimato sobre su notable producción artística.

Al final de la película vencerá esta estrategia; pero no en la realidad Hollywood que nunca se repondrá en sus contenidos a este acto de intolerancia y barbarie. El desbalance ideológico en la producción cinematográfica hacia un sesgo conservador en los films norteamericanos es más que evidente. Primero el código Hays en los años treinta y después las acciones del Comité de Actividades Antiestadounidenses y el macartismo una década después sellaran cualquier posibilidad de pluralidad en el cine, dejando muchos y notables sacrificados. El miedo a estás acciones hace huir y limpia cualquier idea progresista en los libretos.

A pesar de los logros como escritor del excéntrico Dalton Trumbo —entre los que destacan algunos premios de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas y uno de los mayores alegatos anti-bélicos de la historia del cine mundial, dirigido por él mismo Johnny tomo su fusil ( 1971)— no hay muchas historias de diversidad ideológica en Norteamérica. El capitalismo y la industria cinematográfica, no es una excepción, tiende a la estandarización a veces en forma atroz.

IV

En la cinta El esgrimista (Härö K. Finlandia- Estonia: 2015) observamos del otro lado de la cortina de hierro en la guerra fría, otro ejemplo de intolerancia y destrucción de vidas por creencias o sospechas políticas en la Estonia perteneciente a la extinta Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas,.

Vemos a un personaje llamado Endel que llega a una pequeña comunidad en esa república soviética en la década de los cincuenta del siglo pasado. Es el tiempo de plena purga estalinista, en la que todo lo que no fuera a favor de la dictadura del proletariado y abonará al sueño de sociedad sin clases sociales, era proscrito a una cárcel en la fría y lejana Siberia, por los sistemas de inteligencia y el partido en el poder.

Para tener un ingreso económico Endel entra a una escuela como profesor de educación física, intentando primero hacer un club de esquí sobre nieve, pero al no tener material con que trabajar (este es socializado con la comunidad para diversos usos) decide abrir un espacio, para la enseñanza y práctica de lo que es su pasión: la esgrima.

En la trama del film nos vamos enterando de que este enigmático individuo está huyendo, de algo que paso en San Petersburgo, en donde era campeón y participante del equipo nacional de esgrima.

El director de la escuela comienza una investigación a Endel, al dudar de la disciplina deportiva que el ahora maestro enseña —a la que llama práctica feudal — y no tardará en encontrar en los archivos de San Petersburgo, el pasado al que fue obligado a militar el ahora maestro y que en la circunstancia actual se vuelve un peligro para la escuela, el pueblo y el régimen político dominante. Por miedo a las repercusiones el director lo delatará con las autoridades centrales y Endel será obligado a pasar un tiempo en prisión, ante el desconcierto de sus alumnos.

Como en la Vida de los otros ( Henekel-Donnersmarck: Alemania: 2006) lo que presenciamos es la potencia perseguidora y aniquiladora del régimen socialista, poco antes de que este cambie. La película se desarrolla en los últimos años de la vida del dictador José Stalin y también en una guerra fría con la impronta de la intolerancia, en el otro extremo del planeta. Lo que demuestra que la intolerancia es un virus con altas capacidades de adaptación. En la guerra fría se dio en un lado y en otro, poniendo en riesgo a la humanidad entera.

La intolerancia es ciega, no puede ver el contexto en el que se da la supuesta traición, los éxitos deportivos tanto de Endel como de sus alumnos o al impacto de un buen profesor en unos seres humanos. Lo que importa es la el castigo y que este sea ejemplar para que nadie se atreva a repetirlo.

El contexto es de miedo y traición no solo para el profesor (observamos como el abuelo de un estudiante es hecho preso con cualquier pretexto), sino para el país entero. Y lo que sorprende en la cinta es que aún en ese entorno, exista amor y formación transformadora cuando un adulto decide intervenir positivamente con lo que sabe hacer, en un grupo de estudiantes.

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

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