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LA CLASE

Tema del mes

Federico Cendejas Corzo


Sobre la pintura, la poesía y otras obsesiones

Existen en el mundo muchos conceptos muy difíciles de definir, de asir y de acotar, entre ellos se encuentra, sin duda, el arte. Bibliotecas se han llenado con estudios y reflexiones que intentan llegar a determinarlo, tarea necia, pues el arte en sí es indeterminación. Cuando los estudiosos y los mismos artistas se percataron de esa naturaleza inalcanzable e indefinible del arte, entonces optaron por aproximarse a esta actividad humana de otro modo, uno más abierto, que en lugar de cerrar, abre las puertas a la interpretación y a la imaginación.

El arte mismo tiene funciones sociales, que por supuesto, van más allá del materialismo capitalista o del simple entretenimiento.

De entre todas las artes, la más compleja y emocionante es la música, que escapa, desde mi punto de vista, a todo intento de divagación intelectual. De ahí, existen otras artes, que por sus respaldos más perdurables, permiten dilucidar más sobre su conformación y naturaleza, entre ellos, destacan la pintura y la literatura.

La teoría artística actual ha sostenido la idea de que toda imagen es texto y todo texto es imagen, y estoy muy de acuerdo con ello, pues la literatura no es más que la elaboración de un signo mental, que trae la imagen en sí misma, más aún la poesía, que a diferencia de la narrativa, se acerca mucho más a las imágenes fijas, como lo son la pintura y la fotografía.

Esta relación íntima entre la pintura y la poesía, se expresa muy bien en el siguiente pensamiento de Xavier Villaurrutia, que comparte en su ensayo titulado “Pintura sin mancha” del año de 1940: “La lectura de un poema o la contemplación de un cuadro viviente os darán, mejor que nada, esa consciencia de lo impensable que el razonamiento no alcanza a producir, mucho menos a entregar”. (Villaurrutia, 1940).

La idea anterior nos permite agregar, además de la condición sensorial y particularmente visual de la pintura y de la poesía (esta última, en tanto que es símbolo de lo visual) es que tanto un cuadro como un poema nos permiten dejar de lado la razón pura y entrar en contacto con la emoción. El sentimiento, muchas veces, sale de toda lógica y se convierte en algo netamente irracional, que sin orden alguno, permite entrar en terrenos del autoconocimiento que van más allá de la inteligencia, y que son tan reales como los que podemos racionalizar perfectamente. En este sentido, Jorge Cuesta, otro poeta nos comparte una interesante idea: “La actitud mística cabe en un irracionalismo total, también el misticismo es una forma de la conciencia irracional del mundo”. (Cuesta, 1943).

Esa irracionalidad del arte, permite al hombre, a través de lo emotivo, contemplar lo trascendente, lo divino, conocer (sin conocer) aquello que tiene que ver con el espíritu, y saber, que de algún modo, la experiencia estética del arte, y sobre todo la experiencia estética de la pintura y la poesía brindan la posibilidad de establecer una relación con la realidad sentimental, que rebasa, desde mi punto de vista, cualquier ciencia o disciplina, y se acerca mucho más al sentimiento religioso (ese que facilita el conocimiento divino y no otro), pues “La realidad contiene al hombre y todo el contenido del hombre es realidad”. (Villaurrutia, 1940). No existe nada falso en la pintura o la poesía, no son artificio, son construcciones de una realidad amplificada.

Por supuesto, que no toda la poesía o toda la pintura nos llevará a la epifanía, ya decía Justino Fernández que “Raro es el genio en verdad, porque raros son los hombres que alcanzan el inestable equilibrio de su ser.” (Fernández, 1949). Y concuerdo, no todos los artistas, ni todas las obras, permitirán que la experiencia estética lleve al espectador a la catarsis, y no necesariamente tiene que ver con la calidad de la obra sino con muchos otros factores, tanto de la obra como del espectador que posiblemente impiden que se dé por completo dicha experiencia, idea que seguramente podría ser tratada como tema de una tesis de doctorado.

La pintura es, más allá de toda corriente o clasificación, una expresión, un sentimiento, un momento efímero convertido en eternidad, es un arte que va más allá de la imaginación y sale de toda racionalidad, por ello, muchos espectadores no la soportan, no la entienden, pues para entenderla hay que saber que no se puede entender, paradoja difícil pero no imposible, pues, en cuanto salgamos de la razón y entremos a la emoción, entonces y solo entonces, la puerta de entrada a la pintura se abrirá en nuestra mente.

Bibliografía

  • Cuesta, J. (1943) “El arte moderno” en Poemas y ensayos. México: UNAM.
  • Fernández, J. (1949) “Orozco, genio de América” en Cuadernos Americanos. México: UNAM, nov.-dic. De 1949.
  • Villaurrutuia, X. (1940) “Pintura sin mancha” en Textos y pretextos. Literatura, drama, pintura. México: La Casa de España en México.

Federico Cendejas Corzo
Licenciado en Letras Hispánicas por la UNAM y Licenciado en Comunicaciones por la Universidad Anáhuac. México Norte.

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