German_silva_1994
Orientación educativa

Decisiones

Viviana Leal Reyes


La vuelta que cambió la vida de Germán

Recuerdo el día que conocí a Germán Silva. Una mañana del 16 de junio, me encontraba saliendo de casa para ir como todos los días a correr a mi lugar favorito. Me tocaba correr una distancia de 18 kilómetros pues llevaba más de dos meses entrenando para lo que iba a ser mi tercer medio maratón. Llegué media hora tarde de lo que acostumbro y por eso, empecé a correr con mayor rapidez. La primera vuelta no fue pesada, llevaba cuatro kilómetros y me faltaban 14 más. Para la tercera vuelta, paré porque sentía que ya no podía pero de manera sorpresiva me encontré con algo inesperado. Escuché una voz atrás de mí. Enseguida di una vuelta para ver de quién se trataba, era Germán. Me dijo: “No pares aunque pienses que ya no puedes más, es una de las diferencias que tiene la gente exitosa”. Me quedé fría, no le pude decir nada, me sonrío y continuó su camino. En esos momentos recordé aquella vuelta que le cambió la vida a Germán Silva.

Era 6 de noviembre de 1994. A la ciudad de Nueva York le esperaba una mañana llena de emoción pues se trataba del maratón nº24, que se celebraba con gran entusiasmo por ser uno de los eventos deportivos más mediáticos del mundo en donde participarían más de cincuenta mil atletas. Éste forma parte del conjunto de “Grandes maratones mundiales” en donde también figuran el de Boston, Chicago, Berlín y Londres, y desde el 2013, el de Tokio. Los corredores se preparaban desde las 5:00 am para salir de los hoteles y apresurarse a llegar a la salida de el evento. Germán despertó desde las 4:30 am, pues en verdad no había podido dormir mucho pensando en lo que le esperaba esa mañana. Miró el reloj, y decidió apresurarse para salir ya que a los atletas elite los llevaba un camión hasta el principio de la salida del maratón. Germán, era ya considerado un corredor elite de el estado de Veracruz. Él venia de un pueblo llamado Tecomate en donde aprendió a correr. Para Germán, correr era un sueño y desde chico, le demostró a su papá lo bueno que era corriendo ya que su papá le decía que correr no era un deporte, es por eso que un día apostó con él ganarle al camión que subía hasta Tecomate; apostó una carrera con el camión y le ganó. Desde entonces, fue creciendo entrenando cada vez más pero sobretodo fue conociendo a personas que lo inspiraron a correr maratones. El maratón de Nueva York iba a ser para German, el tercero que corría, pero esta vez, no sólo iba a cruzar una simple meta, esta vez, iba a ganarlo.

El entrenamiento de Germán no había sido fácil pues en su primer maratón, en Rotterdam 1992, tuvo un desbalance en el glucógeno que no le permitió seguir en el kilómetro 40. Sin embargo, un año más tarde, Germán tuvo que poner mucho más esfuerzo y dedicación para quedar en tercer lugar con un tiempo de 2:09:01 en el maratón de Londres. Él, formaba parte de un grupo de corredores entrenados por Rodolfo Gómez. El equipo de Rodolfo estaba formado por corredores mexicanos elite que se dedicaban año con año a romper records mundiales en maratones. En éste, integraban grandes maratonistas como Andrés Espinosa quién ganó el maratón de Nueva York en 1993 y quien motivó a Germán a esforzarse suficiente como para ganarlo el siguiente año. Otro de los integrantes, era Benjamín Paredes, un atleta de el Estado de México que se volvió un muy buen amigo de Germán pero sobretodo, su mayor contrincante. Durante todo el año de 1993, Germán se dedicó a mentalizarse que para el próximo año, iba a ganar el maratón de Nueva York. Él, decidió visualizarse para ver qué era lo que tenía que hacer y cómo tenía que actuar ya que sabía que no bastaba con ser un buen corredor, había mucha competencia entre sus compañeros y entre los atletas elite de todo el mundo pero junto con su equipo, llevaron una base de entrenamiento fundamental para ganarlo.

Se acercaba el día para correr el maratón, así que él, junto con sus compañeros de equipo, decidieron volar a Nueva York tres días antes para prepararse. Un día después de su llegada, Germán decidió ir a correr como parte de su preparación. Llegó hasta Central Park. Quedó fascinado con el parque, así que empezó a recorrerlo a un ritmo calmado pero para cuando se dio cuenta, llevaba más de dos horas corriendo. Entró en pánico ya que tenía la carrera más importante de su vida en dos días y sintió que había sido mucho. Dormir fue otro de los problemas que tuvo antes de el maratón. No pudo dormir mucho esos dos días ya que los nervios lo despertaban. Él sabía que iba a ganar pero también sabía que no iba a estar fácil. La noche antes de el gran día, había una rueda de prensa en donde tras varias preguntas, afirmó que iba a ganar el maratón porque ya lo veía como un trato hecho, es por eso que sin haber dormido nada, la mañana de el 6 de noviembre de 1994, Germán sabía que iba a ganar.

Germán salió de el hotel para reunirse con los atletas elite de todo el mundo y para su traslado al centro militar donde se encontraba la salida de la carrera. En cuanto llegaron, empezaron a calentar. Germán tenía nervios pero a la vez, decidió concentrarse. El maratón ya estaba por comenzar. Colocaron a todos los atletas elite hasta delante de la salida ya que eran alrededor de cincuenta mil participantes. Germán se acercó con Benjamín ya que aparte de ser compañeros de entrenamiento y grandes amigos, los dos iban por el mismo propósito: ganar el maratón de Nueva York. Había otro atleta mexicano, Isidro Rico quien formaba parte de el mismo equipo que Germán y Benjamín y quien les deseó mucho éxito a ambos. A las 7:00 arrancó la carrera. Germán y Benjamín empezaron a correr al mismo ritmo. Junto con ellos, se encontraban grandes atletas de todos lados de el mundo, incluyendo Kenianos, Portugueses y Americanos. Había mucha gente así que Germán estaba muy motivado porque estaba haciendo lo que más le gustaba hacer, correr.

Delante de Germán y Benjamín, se encontraba un conejo; éste es aquél que te va marcando el ritmo, se trataba de Vincent Rousseau, un belga que también era candidato a ganar. En los primeros diez kilómetros, se podía notar la competencia de los corredores. Había muchos que llevaban muy buen ritmo. Los mexicanos se encontraban casi a la misma distancia ya que les gustaba trabajar en equipo porque sabían que de esta manera, eran mucho más fuertes. Hicieron una buena estrategia entre Isidro Rico, Benjamín Paredes y Germán Silva alrededor de el kilómetro veinte, en donde se unieron para correr con más velocidad para de esta manera, ganar ventaja entre los demás corredores. Todos iban muy concentrados, Germán no iba pensando más que la meta se acercaba cada vez más. Estaba tan concentrado que no se había hidratado tantas veces. En realidad, no se imaginaba más que la meta y ese primer lugar, aunque todo podía pasar.

En el kilómetro 25, se fueron quedando atrás atletas. Germán y Benjamín llevaban el mismo ritmo; los dos llegaron al kilómetro 30. Éste kilómetro es conocido como: “El muro del maratón” ya que aparece un cansancio físico y mental imposible de superar para muchos corredores pues les empiezan a fallar las fuerzas y otros se ven obligados a bajar drásticamente el ritmo. Lo más importante para poder seguir durante esta etapa del maratón es el control mental ya que el cerebro es el responsable de la producción de energía en el cuerpo. Sin embargo, para Germán y Benjamín, el kilómetro 30, fue un simple momento pensando cuándo utilizar una estrategia para así tomar la mayor de las ventajas. Germán se veía exhausto pero sin embargo, siguió corriendo. Pasaron los 40 kilómetros de muchas estrategia, calma, concentración y confianza. Llevaban dos horas con nueve minutos en el maratón y era momento de cruzar la meta. Llegaron al kilómetro 41, Benjamín y Germán iban siguiendo el camino. A lo lejos, podían sentir que la meta estaba por venir. Delante de ellos, se encontraba una motocicleta con una cámara de televisión que iba grabando el evento por la cual Germán se iba guiando. Iba tan concentrado que sin pensar, la cámara de televisión dio vuelta a la derecha para cortar camino y Germán la siguió. La vuelta que le cambió la vida, el error que marcó la diferencia. Germán había dado una vuelta a la derecha en vez de seguir hacia delante. Benjamín en cambio, siguió por el camino correcto. Lo primero que sintió Germán al darse cuenta fue una decepción de saber que no iba a cumplir su sueño. Tenía dos opciones, conformarse por un segundo lugar o intentarlo sin importar las consecuencias. El atleta decide tomar el riesgo y se incorpora de nuevo a la ruta, Benjamín se encontraba a 200 metros de distancia y la meta a 300 metros. German siguió corriendo, corrió porque necesitaba alcanzar a su compañero Benjamín para ganar su sueño. Estaba a metros de Benjamín, pero Germán seguía corriendo. Aceleró el paso, corrió hasta rebasar a su compañero, a una velocidad alrededor de 2 minutos con 40 segundos por kilómetro. Estaba tan mentalizado, tan decidido, que lo pudo lograr aún teniendo un desgaste físico notable. Estaba por cruzar la meta, volteó hacia atrás, vio a Benjamín. Germán Silva cruzó la meta con 2 horas 11 minutos y 20 segundos, Benjamín llegó un segundo después. “No hay un mejor lugar para ir a ver lagrimas, que la meta de un maratón”, él comenta. Germán tuvo un sentimiento tan inexplicable, de haber logrado su propósito que hasta la fecha, es considerado como uno de los momentos más emocionantes en un evento deportivo. El mejor error de German Silva fue haber dado una vuelta hacia la derecha. Un maratón es como la vida diaria, todo puede pasar. Hay veces que uno comete errores que te cambian la vida, sin embargo, lo importante es ver que la carrera aún no ha terminado.

El orgullo para Germán, no significó únicamente haber cumplido uno de sus mayores metas. El padre de Germán llevaba años recolectando dinero para poder llevar luz eléctrica a Tecomate. Luego de gran premio, el Gobernador de Veracruz se comunicó con Germán para ver en qué le podía ayudar ya que Germán se volvió un orgullo para el estado. Él, le pidió ayuda para llevar luz eléctrica a Tecomate y en menos de dos meses, el Gobernador se volvió a comunicar con Germán para avisarle que se había subido el switch de luz en su pueblo. Los recibos de Tecomate hoy en día dicen: Luz Tecomate de Germán Silva.

Actualmente Germán Silva es bicampeón del maratón de Nueva York, tiene medallas de plata y bronce y hasta la fecha tiene el récord mexicano de un medio maratón con 1:00:03 minutos y aún ya retirado, sigue inspirando a muchas personas a ser mejores. Pero realmente lo que hizo ganar a Germán y lo hiciera diferente a los demás, fue superar sus obstáculos, sus ganas de perseguir sus sueños, alcanzar una meta, seguridad en sí mismo, preparación y fortaleza mental. El cierre del maratón del ’94 fue más corazón e impulso del corredor que preparación.

No me había quedado claro lo que Germán me había dicho ese día, hasta que luego entendí a lo que se refería. El problema de algunos personas es que no saben cómo empezar, les da pavor hacer un cambio y les falta motivación. No se trata de correr una distancia en específico se trata de la superación personal, de competir contra ti mismo hasta que te sientas satisfecho con tus logros. Es saber que siempre vas a poder ser mejor, es no conformarte pero sobretodo es dar un primer paso para el cambio. Realmente así es como uno empieza a correr, con ganas de alcanzar una meta porque correr lo haces con las piernas pero llegar a la meta con el corazón.

Viviana Leal Reyes
Estudiante de la licenciatura en comunicación de la Universidad Anáhuac. México Norte.

Irene Montes de Oca. 16 de Abril de 2016 22:11

Maravillosa cronica de un momento fundamental en la vida de Germán. Viviana retrata con certeza lo que significa el diario vivir; recorremos los caminos con el impulso del corazón, sin él, se vuelve imposible.

Guadalupe Esparza. 18 de Abril de 2016 09:05

Excelente cronica, muy envolvente. Espero publiquen más de la misma autora.

Mauricio Mireles. 18 de Abril de 2016 09:07

Realmente disfrute la cronica, ya que más allá del hecho de correr, te inspira motivación para todo lo que hagas en la vida, realmente disfrute como Viviana narra con detalle los hechos. Muy buena.

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