Concierto_rolling_stones_mx2016
Re-creo


Alfredo Villegas Ortega


Una banda muy chida. Un concierto ídem.

Y ahí vamos, parte de la banda familiar montados en la Urban de Gaby Alonso, para ver a los Rolling Stones. 15 jóvenes, unos por edad, otros porque como diría Rod Stewart, forever young… ¿cuál es el resorte que mueve a un grupo de gente tan disímbolo a acudir a ver a un grupo de rock? ¿La leyenda, la afinidad musical, el espectáculo, la historia viva, ver a esos jóvenes septuagenarios que se resisten a envejecer? Ahí vamos por el atajo que sugirió Carlitos, ahí vamos escuchando a Joel y a Rafa Tonatiuh disertando alegremente, a Carlos cotorreando con su chela en mano. Me pregunto, ¿qué tan bueno estará el show? No encuentro respuesta. Ni siquiera me esfuerzo. Me basta con saber que estaré, una vez más, siendo testigo de una historia, que podré cantar, tararear, recordar, vivir. Porque la vida es eso, entre otras cosas, dejarse ir por el instinto, respirar. Sudar, dejar de ser un rato y volver a ser en ese mismo trance.

Más de una hora para llegar. Tránsito terrible, paradas de emergencia para desaguar…llegada al fin. Cruzamos del Palacio de los rebotes hacia el Foro Sol. ¿Que hubo otro grupo de telonero? Ni en cuenta. Tarde pero sin sueño. Llegamos justo para ver a sus satánicas majestades. Dos o tres cheves de a $100 para animarse. “¡Lleve la playera del concierto, la taza, la gorra, la chamarra…!”. El hermoso barroquismo chilango. Las güeras y los prietitos, los nerds y los ñeros, los rucos y los chavos. Las Lomas y Tepito. Hay espacio para todos. Eso es lo que se llama un fenómeno atemporal, trascendente, vivo, histórico. Eso son, ladies and gentleman:¡ The Rolling Stones!

Justo a las nueve el show comienza: ¡Sart me up…!". Jagger , Richards, Wood, Watts y los fenomenales músicos que los acompañan, hacen que la multitud de más de sesenta mil almas, delire..El paroxismo, el orgasmo colectivo. Una a otra, las rolas se suceden. Jagger habla en español, nos dice que somos un público chido, que antes bebían tequila y ahora mezcal. Que Sean Penn lo quiso entrevistar y que se escaparon…Risas, aplausos, entrega total al grupo y al líder carismático, sensual y más joven que nunca. Movimiento, baile, guitarreos, rolas, una, otra…No somos una masa alienada, somos una masa hedonista, despojada de rutinas, reencontrada con su pasado, con muchas ganas de disfrutar y vivir la magia que nos brindan los Rolling Stones

Felices comentamos, bailamos, escuchamos Brown sugar, I miss you, Simpatía por el diablo. Rock, pop, blues, buen blues, inspirado y con la improvisación que demanda el blues en vivo y que requiere buenos ejecutantes. Jagger toca la armónica, la guitarra, pero sobretodo, actúa, canta, baila. Es Jagger. Wood y Richards sincronizados magistralmente. Watts, como siempre sosteniendo las rolas con su bataca precisa y discreta. Minimalista, rica, genial como cuando tocan Paint it Black.

De repente, hasta se hace el coro de You can’t always get what you want. Más como de jazz que sinfónico como en la versión original, pero magnífico.
Rolas, más rolas. Delirio colectivo. Se acerca el final y en el encore, rematan con Satisfaction una de sus canciones más célebres y que reflejaba lo que sentía (¿siente?) la juventud de los sesenta: “No puedo obtener satisfacción pero lo intento..”. Cierra la noche, no así la leyenda que seguirá viva por siempre. Es hora de emprender la retirada. Gracias Rolling Stones por una noche de magia que nos hace recordar que la juventud es más una disposición a querer revolucionar el mundo y a participar de los sueños colectivos y muy personales también.

Alfredo Villegas Ortega
Maestro en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional y Académico de la Escuela Normal Superior de México.

Rubén Inclán. 19 de Abril de 2016 18:56

Estimado Alfredito, gracias por seguir siendo un ruckero de Lengua Colorada, nos alientas a los ruckeros que estamos caminando en el último cuarto del reloj, sedientos del espléndido blues whiskero.

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