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Tarea

Poesía coral

Alfredo Villegas Ortega


Educación, civilización, porvenir y medio ambiente.

La educación ha de transformar el mundo. Lo ha hecho. La civilización también lo hizo. Y el desarrollo. Y la ciencia. Acaso, todos forman parte de la misma ecuación: educación, ciencia, desarrollo, civilización… Educamos al nuevo hombre, al hombre por venir. Ese porvenir, cíclicamente, es alcanzado para significar obsolescencia, caducidad… y, volver a empezar. ¿Quiénes son los que etiquetan el progreso, los que definen la civilización, los que ponen la bandera cada vez más alta, para que nos esforcemos, todos los días, mujeres y hombres, durante generaciones, para llegar a la cima, al confort, a la cosecha tecnológica, inteligente y proveedora, rentable, merecida, anhelada? ¿Dónde ha quedado la civilización? ¿Qué significa? ¿Quiénes la usufructúan? ¿Qué papel juega la educación en esa ecuación: conocimiento, capital cultural, progreso, porvenir, civilización, desarrollo?

Hoy, la pregunta central que los educadores tendríamos que plantearnos, no es qué tanto enseñamos ni cómo enseñamos. Sino para qué enseñamos. Las respuestas son múltiples, pero habría que encontrar el común denominador que englobe las necesidades, expectativas, condiciones culturales, étnicas y regionales que son, por definición, diversas.

Somos humanidad y en el trance civilizatorio, en el que la educación juega un papel preponderante, no a todos nos ha sido repartido, equitativamente, el capital cultural construido por siglos. Ni qué decir de la acumulación del capital, a secas. Hoy, a pesar del desarrollo y los avances científicos, las desigualdades son más ominosas que antes. Desde el África subsahariana, hasta Centroamérica y partes de Asia, la miseria, la desertificación, la hambruna y la falta de una aplicación real de los derechos humanos, se extienden y nos hacen preguntarnos, ¿en verdad hemos llegado a la cúspide civilizatoria? ¿Ese era el mundo por venir que se esperaba con el arribo de la modernidad?

Desde la lógica del marxismo, poco podríamos esperar de la educación, mientras persistan las condiciones estructurales que determinan la explotación, la acumulación, el despojo, la existencia de opresores y oprimidos. Desde una lógica iluminista, la educación habría de colocarnos en el umbral del conocimiento, transformación de la realidad y búsqueda de nuevos sentidos. Pero, frecuentemente, repetimos currículums educativos, sin la más mínima reflexión, sin darnos cuenta que, en ocasiones propiciamos un cambio para que, al final…no cambie nada…La política educativa de los países debiera sentar las bases para que los ciudadanos, gradualmente, superaran las diferencias, hasta encontrarse en un plano más horizontal, justo y equitativo. No es así, por desgracia, en países como el nuestro. Aquí (y en China) manda el capital (Marx tiene razón, hoy más que nunca), un capital voraz, insaciable y, frecuentemente, ciego, al no darse cuenta de que la tensión entre opresores y oprimidos puede propiciar desenlaces cruentos.

Más allá de cuál deba ser el camino que finalmente nos lleve al abismo o a la redención social, lo cierto es que en las escuelas de este siglo XXI, requerimos la participación de maestros convencidos y conscientes de la gran responsabilidad que tenemos en la transformación de la realidad y en la búsqueda del anhelado porvenir, a ver si, por fin, tiene un sentido diferente al que nos han prometido las castas que detentan el poder político y económico.

Si vemos el mundo como un ecosistema interactuante e interdependiente, podemos darnos cuentas que las consideraciones económicas, culturales, regionales y educativas deben pasar por la consideración de cuál es el mundo que anhelamos por venir. Cuál debe ser el perfil humano global, el ciudadano que queremos para que el círculo vicioso, crecimiento—desarrollo—acumulación—explotación—marginación—destrucción se acabe y se convierta en uno virtuoso, crecimiento—equidad—respeto—vida—posibilidad—expectativa-salud… ¿Es posible? Es un tanto utópico. No verlo así sería pecar de ingenuos. No obstante, a contracorriente, debemos empujar para la transformación de la realidad, así sepamos que nunca se alcanzará a cabalidad, sabremos que un mejor escenario, eso sí, nos esperará, muy distinto al actual que padecemos.

El mundo, no es solo el pedazo de tierra y aire que tenemos enfrente, no sólo es mi gente, mi sangre y mi raíz. Es eso y mucho más. El mundo, también es el hambre, el desarrollo, la miseria, la estulticia, la ruindad, la posibilidad, el sentido; la frontera y lo que hay del otro lado, es oriente y occidente, sur y norte, totalitarismo y libertad, explotación y dignidad, posibilidad y vida, insensatez y muerte. El mundo es lo que hemos construido, destruido, reconstruido. El mundo, también, es ese globo enorme que ya existía cuando aparecieron los primeros hombres. Esos hombres y mujeres que transforman su entorno; esos seres que hablan, juzgan, inventan, se organizan, crean sus dioses, escriben, hacen política, establecen distintas morales.

¿Cómo acceder a ese enorme espacio, tiempo, historia, naturaleza y creación desde el aula, cómo entenderlo, cómo fincar y asumir responsabilidades, blasones y vergüenzas? ¿Para qué enseñar hoy? ¿Desde qué plataforma, ideología, anhelo y compromiso educar? Si hay un presente, debemos comprometernos para enseñar desde la posibilidad, para que se vaya recomponiendo el tejido social, el entorno natural, empezando por el espacio local que ocupamos. Pensar en el otro como la parte que me complementa y da sentido. Pensar en la tierra, el aire, el agua, la riqueza, la cultura y el desarrollo como algo asequible, viable, valioso y necesario para todos, aquí y ahora, mañana y siempre. Fomentar una cultura de la sustentabilidad, desde planos horizontales, éticos, políticos y económicos. En el que la historia se revise y tratemos de reproducir sus aciertos y evitar sus errores. En el que la moral signifique el ejercicio de la libertad responsable en cada uno de nuestros actos. En el que la naturaleza deje de ser el gran depósito, botín, vertedero y víctima de nuestros actos poco razonables. En el que la democracia sea practicada en la escuela, capaz de gestionar futuros ciudadanos críticos, comprometidos, participativos y que denuncien las prácticas aberrantes de la gente del poder y que sean capaces de reconvertir la tragedia en posibilidad, la enfermedad social en espacios de diálogo fundador de sentidos diferentes y necesarios para que el futuro no sea el destino que nos alcanzó sino el aterrizaje al porvenir largamente anhelado.

No se trata de educar en la ilusión despojada de conciencia y contexto, aunque sí pensando en la utopía, (aunque, como su nombre lo indica, no exista y sea inalcanzable), pues ésta, finalmente, representa ese no lugar que nos hemos negado y que nos han negado, y que es justo que empecemos a buscarla, no en el laberinto de la demagogia, la inacción o la promesa y los tramposos proyectos gubernamentales, sino desde la acción corresponsable, con el otro, con el diferente, conmigo mismo, con el despojado, el marginado; con los muchos que piensan que siempre hay algo mejor por venir, Aunque se crea lo contrario, podemos mostrarles que somos más y podemos coadyuvar para que haya salud y larga vida de muchas especies, de nosotros mismos y de los ciudadanos y seres vivos del porvenir.

Alfredo Villegas Ortega
Maestro en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional y Académico de la Escuela Normal Superior de México.

jesus caballero. 18 de Abril de 2016 14:00

Aparte de los descubrimientos de los sociólogos sobre la educación advirtiéndonos que solo sirve para transmitir cierta clase cultura de una generación adulta a otra infantil y juvenil cumpliendo un encargo de la clase en el poder, luego diriamos para mantener ciertas relaciones de dominio, luego los autores de la teoría de la ideología advirtieron que la ideología que domina la escuela sirve a quienes engañan y usurpan el derecho de las otras clases sociales a una educación al servicio de si mismos: una educación, la que contribuyera a producir los cambios obligados, lo cual obviamente ha sido contrariado desde la escuela lancasteriana y es que para ello fuera haría falta la ideología contraria,por ejemplo que todos somos candidatos a los puestos de los poderes públicos que hoy usurpan las clases que están siendo educadas para nuestro dominio y no para servirnos como obliga el mandato constitucional, nada mas de ejemplo de lo oprobioso: las dos guerras mundiales tuvieron un periodo de preparación las escuelas básicas y los bachilleratos educaron para la guerra, los jóvenes iban a los frentes de combate , bien aleccionados, dispuestos a morir , el patriotismo fue el gancho para dejase morir en las trincheras, en las alambradas, o con el gas mostaza, millones de reclutas educados para servir a los monarcas absolutos y a los gobiernos de derecha con su muerte o su invalidez,así la burguesía en el poder no quiere hombres con clara conciencia social en si,menos una generación de combatientes por la defensa de sus derechos, se suicidaría si los mexicanos en la escuela el plan de estudios los enseñara a usar sus libertades. de sus posibilidades, a advertir que la constitución define el perfil del mexicano , sujeto de libertades, derechos y obligaciones,y también al estado como el responsable de asumir los compromisos constitucionales a favor del pueblo y sus derechos sociales e individuales, la constitución define los valores democráticos de los órganos del poder público, donde los ciudadanos mexicanos debieran, si fueran electos capaces de contribuir al bienestar, al desarrollo de esta sociedad, de estos individuos.Me gustaría que los maestros se reconocieran como mexicanos: individuos, en ejercicio de su libertades y compromisos democráticos con los demás, como parte socia, como forma de identidad, de solidaridad y que en y la educación que compartan, no que impartan cundiera el respeto comenzando hacia las personas de sus alumnos y avanzando a ientificarse con los padres de familia, con los vecinos, conel resto de los mexicanos y no humillarlos, ni tratarlos con indiferencia; sino con el interés verdadero de crecer ambos , uno como maestro y el otro como alumno,eso sría una auténtica educación pública, la educación privada ha servido para hacer a los mexicanos como la clase política que hoy tenemos: actores que fingen compromisos , pero que solo atienden a sus intereses de corto y de mediano plazo. Alfredo, ciudadanizarnos, identificarnos con los padres de familia de nuestros alumnos obligarnos a servirlos en la mejor educación de su hijos, deberá de servir para algo mas que lo que se propone la clase de los dueños de los medios y del gobierno, por “ai” dicen:" somos mucho blablabla y no nos identificamos, nos contrariamos y no nos comprometemos, nos aislamos; dice un amigo oaxaqueño: ¡basta de escbirnos, mejor veámosnos! Un fuerte abrazo.

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