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Tarea

Cuentos en el muro

Eduardo Quiroz García


Por mil años su rey

Las verdes, altas y frías puertas del área de ingreso se abrían una vez más, con esa temida y a la vez ansiada precisión de un portón maldito que anunciaba el nacimiento de otra trágica historia desde el encierro, ¿ lugar? Reclusorio Norte.

¡Ya llegó otro más!—gritó un interno estafeta1 que avisaba a los custodios del área cuando llegaba un inquilino nuevo.

¿Y a ti porque te agarraron, que te chingaste?—preguntó rápidamente ¨ El Jerry¨ otro interno que corría del área de Gobierno al área de Ingreso para comprar unos “chescos” a los abogados del jurídico en la tiendita, que también era atendida por internos.

¨El Jerry¨ aprovechó para mirar rápidamente al recién llegado, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba, revisando la ropa y los escasos objetos de valor que portaba para quitárselos más tarde.

Eric, el recién llegado no respondió. Parecía que no tenía previsto hablar con nadie, pero sólo parecía…en ese momento otro interno que trabajaba con los custodios lo llevo al servicio médico de penal, para que lo certificaran y evaluaran su estado de salud.

Al verlo callado, ajeno y un tanto extraño nadie cruzó palabra con él.

Su mirada gris era extraña, no era común, en contraste su cuerpo era frágil, demasiado endeble, casi un niño.

El día transcurrió y no probó sus dos raciones de rancho2, otro interno sólo se le acercó para pasarle la lista y cobrarle sus tres pesitos que no pagó por no tener dinero, obviamente tuvo que inflarle, es decir, le soltaron dos madrazos con los puños cerrados en las mejillas infladas por no pagar la lista3, tuvo que aguantar el dolor de las heridas causadas dentro de sus cachetes; otro interno también se acercó para robarle su camisa y otro para robarle sus viejos zapatos, él jamás opuso resistencia, también le pidieron dinero para no cortarle el cabello y dejarlo pelón, a rapa, pero como no tenía un cambio4, rápidamente vio caer su melena negra al suelo percudido, donde también recogieron ropa color beige de otro interno que acaba de salir libre, así de pronto, traía puestos una camisa color beige con las mangas recortadas, un pantalón roto y un mecate como cinturón.

Quizá desde ese momento tría a la cárcel sobre de sí.

El hedor del área era una mezcla de desagradables manifestaciones de humanidad perdida, mugre, olvido y desesperación.

La luna, llegó puntual e irreverente.

Así transcurría su primera noche en el penal, absorto, con su mirada postrada en los infinitos barrotes oxidados de su celda, aferrado a un pedazo de cobija heredada por una multitud sin nombre.

Todos dormían.

La estancia de cuatro metros de largo por tres metros de ancho y un baño sin puerta, sólo albergaba a treinta internos que cómodamente dormían unos sobre de otros. No todos eran de recién ingreso, la sobrepoblación de los demás dormitorios y el precio fijado para quedarse el mayormente tiempo posible en esa zona hacían que estuviera en exceso poblada.

En tanto, Eric hervía al son lunar, sus ojos intentaban descifrar un mensaje enviado desde algún lugar recóndito del universo, lejos de los muros de concreto.

Poco a poco fueron llegando, tres o cuatro, ¡quizás quince o veinte gatos negros, blancos, grises, pequeños y sigilosos invasores se presentaban en la estancia donde estaban Eric y sus demás compañeros .

Eric comenzó a maullar y alimentó tiernamente a aquellos visitantes nocturnos, que retozaban gustosamente sobre su amo mientras devoraban con avidez las migajas de pan y de rancho que su humano amigo favorablemente les brindaba.

—¡Cállate pinche loco, deja dormir cabrón!—exclamaron un par de internos que trataban de dormir en aquel muladar.

Eric no contestaba y era el rey del momento, los gatos entraban y salían de la estancia con natural confianza pisando la cara y el cuerpo de los que dormían en el suelo, aquella orgía de sonidos era entonada en una verdadero idioma felino, celebraban su festín al amparo de un cielo estrellado, reían y corrían jugando unos con otros, sus ojos, brillaban en la oscuridad…

—¡O te callas culero o te va cargar la chingada!— gritó un interno más.

—¡Yo no tengo la culpa ¡ son ellos los que buscan mi alma y siempre me encuentran, he vivido durante miles de años con ellos, sólo que ahora he encarnado en un cuerpo de humano y vienen todos a buscarme¡— refirió Eric quien no dejaba de mirar y acariciar a sus gatos amigos.

—¡Me cae de madre que estas bien pinche loco cabrón! contestó otro interno.

Una noche más se repitió aquel ritual, dos noches de bacanal felina que parecían no tener fin.

En esa segunda noche todos los internos al unísono ¡lárgate con tus pinches gatos cabrón! comenzaron a golpear a Eric, los gatos de manera inmediata se abalanzaron sobre los agresores de su rey, la campal duró sólo unos minutos, un pequeño soplete escondido por un interno que trabajaba en los talleres del penal fue lo que salvo a los internos que defendían su territorio de la invasión felina, el saldo: veinte gatos chamuscados, doce humanos ferozmente arañados y un rey en estado de coma.

Nadie supo nunca que Eric era esquizofrénico, quizá si los médicos del servicio de salud en verdad lo hubieran atendido…

Sólo los felinos del penal, que por dos noches ¡fueron a reclamar la libertad de su rey¡

1 Interno comisionado por el área laboral del penal para llevar a otros internos que son requeridos en el área de gobierno o en juzgados.

2 Alimentos proporcionados por la Institución Carcelaria.

3 Pase de lista de asistencia por parte de los custodios del penal.

4 Monedas, dinero.

Eduardo Quiroz García

Francisco Franco Díaz. 02 de Mayo de 2016 22:11

Muy bueno mi estimado amigo, felicidades!

Nanixhe. 05 de Mayo de 2016 23:50

Bastante bueno, me gusto!Felicidades

cesar ramirez. 06 de Mayo de 2016 23:27

Felicidades amigo! Una probadita de nuestra realidad..

Adolfo Delgadillo Padilla. 14 de Septiembre de 2016 01:13

Qué triste historia,tal vez la menos triste que conoces.

Adolfo Delgadillo Padilla. 14 de Septiembre de 2016 01:14

Qué triste historia,tal vez la menos triste que conoces.

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