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Deserciones

Mirador del Norte



Cuestiones, candidatos y cuentos

Con un recuerdo a la memoria de la periodista Martha Margarita Rojano,  descanse en paz.

Moreira de la cárcel salió y a nadie convenció,  igual que Marcelo que de PRI huyo y con dudas nos dejó. La política de campaña sigue y las dudas crecen, las preguntas múltiples como las candidaturas surgen sin las respuestas, ¿Quién podrá tenerlas?

Los independientes aparecen con tal prontitud, que las dudas de que lo sean surgen con ellos y me pregunto serán ellos,  Macri en Argentina, Bloomberg en USA o los que en diversos niveles de gobierno estatal o municipal  sigan apareciendo en Chihuahua, a mi parecer son  los que intentaran hacer realidad este cuento de Ivonne Acuña Murillo  que aquí les cuento;

“Érase un tiempo no muy lejano en el que los políticos se creyeron los amos del mundo, y cómo no iba a ser si lo dominaban todo: la política, la economía, la sociedad, la cultura, la educación, la historia, ellos decidían cuándo debía votarse, cómo y por quién; lo que podía hacerse y lo que no, lo que debía decirse, mirarse y lo que no; lo que podía escribirse, incluso pensarse. Llegaron al extremo de decidir quién vivía y quién moría.

Se reconocían a sí mismos como señores del cerca y el lejos, del aquí y el ahora, del pasado y el futuro. Se creyeron dueños del país que gobernaban y llegaron a concebirlo como la gallina de los huevos de oro. Cuidaron de ella con esmero, se esforzaron por no abusar de su capacidad para realizar semejantes maravillas. Aunque hay que reconocer que a veces se les pasaba la mano, nunca fueron tan lejos como para poner “su patrimonio” en riesgo. Por el contrario, se decían unos a otros: “roba pero deja para el que viene”, hay que cuidar a “nuestra” gallina de los huevos de oro.

Vivían en un cuento de hadas en el que con sólo estirar la mano podían tener todo lo que deseaban: casas, coches, viajes, joyas, ropa de diseñador, aviones, comidas exquisitas, todo un séquito de personas a su servicio, y lo mejor, todo pagado con los impuestos aportados por sus gobernados. El paraíso se quedaba corto ante tal magnificencia. La abundancia era tal que hasta alcanzaba para robar y dejar robar, es más, para derramar sobre grandes sectores de la población parte de los beneficios dejados por treinta años de bonanza económica, con una tasa de crecimiento anual promedio del 6.0%.

Pudieron incluso darse el mayor de los lujos: declararse los creadores y promotores del “Estado benefactor”, a la mexicana por supuesto. Éste se caracterizó: por estar comendado por políticos que mantenían relaciones cara a cara con la gente y eran capaces de movilizar enormes masas de personas, organizadas en tres grandes sectores –el campesino, el obrero y el popular–; por ser intervencionista y paternalista, por una política económica proteccionista de desarrollo hacía adentro más dirigida a la microeconomía; por intervenir en el mercado de manera que éste fuera más incluyente y empleador de mano de obra, disminuyendo a través de subsidios, precios de garantía, políticas públicas, etcétera, los efectos negativos causados por una competencia que dejada al designio de la “mano invisible” causa estragos en los sectores menos favorecidos; por ser una institución proveedora de bienestar social; por buscar un equilibrio entre la satisfacción de las necesidades populares y el apoyo a la industrialización; y lo mejor, por garantizar amplios derechos sociales a las grandes mayorías a través de una política social incluyente.

Pero como en todo cuento de hadas, la felicidad se vio interrumpida. Un buen día las cosas cambiaron, el sueño se acabó, el cielo se llenó de nubes negras cargadas con malos presagios, el crecimiento económico se estancó y el Estado se declaró incapaz para seguir resolviendo esa parte importante de las demandas populares. Su estrategia de dotar de lo más posible a la población –educación gratuita, servicio médico, empleo– en lugar de hacerla autosuficiente, no fue sólo un error de cálculo sino una manera de controlarla y tratarla como menor de edad. Esto lo llevó a acumular una deuda externa de enormes dimensiones, 87,588 millones de dólares.

Sin embargo,  no sólo cambió el país sino el mundo, una tras otra se sucedieron las crisis económicas y los ideólogos, esos que crean teorías para explicar cómo debería funcionar el mundo; pusieron a trabajar sus mentes y de ese esfuerzo surgió un nuevo tipo de Estado, el “neoliberal”. El cual, a decir de algunos, no existe pero que aún así deja sentir sus efectos día con día.

Decididos a salvar  a la gallina de los huevos de oro, los políticos pusieron manos a la obra y en la década de los años ochenta se aprestaron a cambiar la forma del Estado. Siendo de los mejores alumnos de la Escuela de Chicago, la que enseña a ser un gobernante neoliberal, pronto comenzaron su “ardua tarea”. Lo más certero era seguir la llamada “fórmula neoliberal”, la cual resulta de sumar “las privatizaciones” con la “desmovilización de los sindicatos” y la “fijación de los salarios”. Había que “apretarse el cinturón” un tiempo para después ver los beneficios que este nuevo paradigma traería a las grandes mayorías. Esta fórmula daría como resultado un Estado adelgazado, mínimo; una macroeconomía sana, caracterizada por una balanza de pagos equilibrada, una inflación controlada, una moneda estable. Hasta ahí la idea parecía fantástica.

No obstante, la promesa nunca se cumplió, no llegó la tan ansiada derrama; por el contrario, la riqueza se acumuló en unas cuantas manos: el 1% de la población. El Estado entonces, adquirió otras características, dejó de ser paternalista, dejó de proteger su economía interna y abrió sus fronteras de par en par a la competencia externa, los políticos dieron paso a los tecnócratas, quienes se distanciaron de la gente, más preocupados por la macroeconomía y la acumulación de capital que por el bolsillo de sus gobernados. Se redujo su papel como institución proveedora de bienestar social, lo que dio paso a la denominada ‘sub-clase’, compuesta por trabajadores precarios, subempleados, desempleados y gente con escasas o nulas prestaciones sociales. El mercado pasó de empleador a expulsor y precarizador de la mano de obra y el Estado se conformó con una política de seguridad social ‘residual’, sólo dirigida a elevar “mínimamente” el nivel de vida de una parte de la población, con el fin de evitar o retardar los estallidos sociales.

A partir de este modelo, el gobierno rompió el acuerdo social inter-clases disminuyendo el gasto social destinado a proveer bienestar a la población, dejando supuestamente todo al mercado como aconseja la teoría. Supuestamente ya que, por ejemplo, en los hechos, controla el salario pero no los precios ni la competencia descarnada por un empleo; servicios, seguridad social, dejando ahora sí, a enormes sectores de la población a merced de las “fuerzas del mercado”. El resultado fue re-mercantilización (privatización) de los derechos sociales, precarización de las condiciones de trabajo, derrumbe de la condición salarial, renuncia a mejorar la redistribución de la riqueza, la renta, el trabajo, el salario, y la no minimización de los efectos negativos del mercado.

¡Viva el capitalismo!, se dijeron a sí mismos los gobernantes neoliberales. Pero, ¿dónde quedaron los políticos del Estado benefactor?

Cuenta la historia que la clase política se dividió justamente en neoliberales (tecnócratas) y nacionalistas (políticos). Estos últimos formaron un partido de izquierda encaminado a tratar de salvar a la gallina de los huevos de oro; mientras que los primeros, ya con la sartén por el mango, decidieron vender a la gallina con todo y huevos, no sin antes asegurarse una parte de dicha venta.

Después de décadas de privatizaciones, reducción del gasto social, debilitamiento o desaparición de los sindicatos, desempleo, pérdida del poder adquisitivo del salario, inflación “controlada”, encarecimiento de las condiciones de vida, contaminación, deterioro ambiental, aumento de la pobreza y de la violencia que lógicamente genera este modelo al enfrentar a la población en la lucha por los recursos, el partido de izquierda se unió al saqueo y la depredación. El viraje se dio después de que éste fue infiltrado por sujetos capaces de vender a la patria por “unos” pesos, bueno “muchos” pesos.

Pero ¿qué pasó con los políticos esos que se creían los amos del mundo? Ah, pues como en los cuentos, creyeron estar ante el consabido “final feliz”. Oh, desilusión, no se dieron cuenta que estaban cavando su propia tumba y que mientras más concesiones hacían a los grandes empresarios, más superfluos se volvían.

Al principio se pensó que éstos, como parte del Estado o de su brazo ejecutor –la administración pública–, eran necesarios para administrar los recursos y evitar que los humanos se mataran entre sí en la lucha por lo que cada quien consideraba suyo, por lo que debían ceder sus derechos políticos al Leviatán. Poco a poco se fueron atribuyendo al Estado una serie de románticas características, de acuerdo con las cuales éste debería acompañar a las personas, desde el nacimiento hasta su muerte, protegiéndolas y dotándolas de todo lo necesario para llevar una buena vida.

De pronto alguien se dio cuenta que, visto así, el Estado iba en contra de la libertad básica del capitalismo encarnada en la competencia y comenzó a pensar que lo mejor sería disminuir el tamaño del Estado, de manera que se redujeran sus funciones al brindar seguridad, interna y externa, para asegurar la producción de mercancías, su distribución y consumo y, por supuesto, el crecimiento del capital. Así las cosas, las funciones de los políticos se redujeron a administrar y cuidar los negocios de los ricos inversionistas, actuando como Estado “gendarme” o “policía”.

Ya ubicados en este escenario, los empresarios decidieron que ya no necesitaban que los políticos representaran sus intereses pues podían hacerlo solos, podían llevar a un empresario a la presidencia y podían tener sus empresas-bancadas.

Así, los políticos que alguna vez se sintieron los dueños del mundo, se quedaron sin gallina y sin huevos. Unos pocos se convirtieron en accionistas y compartieron parte de la gallina con los empresarios, pero la gran mayoría se conformaron con las migajas que caían de la mesa de éstos. El pueblo por su parte, se dedicó a mirar cómo los unos y los otros se repartían lo que alguna vez fue o pudo ser suyo”. 1

Sobre Michael Bloomberg,

El multimillonario ex alcalde de Nueva York, dijo a sus asesores que esbocen planes para una campaña independiente para la presidencia de Estados Unidos, informó el sábado el diario New York Times.

Bloomberg ha dicho a amigos y socios que estaría dispuesto a gastar al menos 1.000 millones de dólares de su propio dinero en una campaña para las elecciones del 2016, dijo el periódico, citando fuentes familiarizadas con el empresario.

Bloomberg, de 73 años, se dio plazo hasta marzo para entrar en la carrera, dijo el Times, tras pedir un sondeo en diciembre sobre cómo le iría ante el republicano Donald Trump y la demócrata Hillary Clinton, los precandidatos favoritos de cada partido actualmente.

Ningún candidato independiente ganó nunca una elección en Estados Unidos. Pero Bloomberg, que tiene firmes lazos con Wall Street y opiniones liberales, ve una apertura para su candidatura si los republicanos nominan a Trump o al senador por Texas Ted Cruz y los demócratas eligen al senador de Vermont Bernie Sanders, dijo el diario.

Bloomberg fue alcalde de Nueva York desde el 2002 al 2013. Cambió su afiliación partidaria de republicano a independiente en el 2007.

Sobre Macri reseñar su regreso a la reunión del Foro Mundial de Davos después de 13 años de ausencia de Argentina en ese foro y del beneplácito que  a la clase empresarial causo tal regreso o cual reconfirma el tema del cuento aquí reseñado.

Y ya para no hacer más cuentos políticos  locales, habrá que ver que más apreciados independientes salen.

QUE POCA MANGLE

Dos notas ambientales, una en Cancún y otra aquí nos preocupan, la primera es la que  reserve por pensar que era sugerentemente fuerte el título de que poca mangle hace una semana cuando ya se sabía que eventualmente estaba por ser arrasado el manglar en la zona hotelera de Quintana Roo con todo y su fauna, si el solo amago hacia posible el título, el hecho de haberlo arrasado lo merece, no tienen respeto por la Madre Naturaleza tales depredadores suponen que nada pasara si siguen depredando, pero habrá que espera un próximo huracán par demostrarles de que sirve tener mangle.

Sobre el caso referido ayer por el editorial del Diario que inicia así; “Un serio problema de contaminación ambiental que afecta a miles de habitantes en la zona sur de la ciudad ha sido provocado por el descuido o la indolencia de las autoridades, que han permitido que toneladas de excremento y basura sean depositadas desde hace meses en un predio localizado entre el relleno sanitario y el complejo de viviendas, ubicado a un costado de la carretera a Aldama”

Solo una pregunta ¿quién pavimento y sostiene económicamente  EL ATAJO ECOLOGICO  que impide a la autoridad competente cualquiera que sea, actuar contra estas conductas que evidentemente dañan a la  ciudanía?

Les recuerdo en Chihuahua es deseable que; ningún interés es superior,  al interés de la vida y la salud de los chihuahuenses.

1 Ivonne Acuña Murillo Cuento para políticos Por: Redacción Revolución / 1 enero, 2014

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