Messi_ballon_dor
Re-creo


Luis Ulloa Rodríguez


La generación Messi

Me he tomado el tiempo para hacer un homenaje a un chico rosarino del cuál muchos conocen su historia. No me meteré en su biografía (que hoy en día es más conocida que el mismísimo ‘Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha’). Trataré de ser breve, pero creo que me será imposible; sin embargo haré mi mejor esfuerzo.

“Y el ganador es… Lionel Messi”, dijo Kaká (ex galardonado) en la ceremonia del Balón de Oro. Una sonrisa, un beso a su esposa, un abrazo y beso en la mejilla a Neymar, terminando por un apretón de manos a Cristiano. De la manera más natural y humilde se levantó de su asiento, llegó al podio, habló de lo que ha significado el trabajo durante éste último año y tras su discurso, la gala terminó.

Vivimos en una era donde el deporte ha sido aplastado por la mercadotecnia, a tal grado que el marketing pone el camino y el deporte lo sigue (no me agrada, pero es lo que deja), pero de la nada veo a Messi y se me quita.

Éste muchacho no está impulsado por una marca sino por su trabajo; podemos pensar que nació con el don de jugar al futbol, que era pura genética lo que lo ha llevado a patear un balón y ser exitoso; no obstante, nos olvidamos lo que equivale un entrenamiento de alto rendimiento para recorrer un rectángulo de césped: Horas en un gimnasio, horas de trabajo físico, una buena alimentación, trabajo psicológico, cuidado corporal y todo lo que se les venga a la mente más tres.

¿Qué me llama la atención del rosarino? Lo bien plantado que tiene los pies en la tierra. Un jugador de futbol profesional piensa que el universo gira a su alrededor, se vuelve loco al ver los cheques, se mete en escándalos y pierde el rumbo por culpa de los excesos, puesto que el hombre siempre anhela lo que nunca ha tenido (generalizo, pero respeto a todos aquellos que no lo hacen). Sin mencionar el cómo se mueve en la cancha, los tiempos que maneja con y sin la pelota, los espacios que crea, su gambeta, su dinámica en los últimos veinte metros, su definición con ambas piernas, su juego aéreo (aunque sea bajito de estatura), su temple y la aceptación del papel jerárquico (de crack).

No, no soy aficionado al Fútbol Club Barcelona, pero es imposible ignorar el hecho que a mis 22 años puedo decir que lo he visto todo con ése muchacho. Me han hablado de épocas inolvidables (Pelé, Robson, Di Stefano, Van Basten, Ronaldo, Ronaldinho, Maradona, Romario, Vöeller, Matthaus, Koeman, Zico, Beckenbauer, Platini, Zidane, Kempes) pero me parece que todos ellos se cuentan por mitos, porque nunca se ha visto algo parecido como Messi en todos los años, tiempos y evoluciones que ha tenido el futbol.

Un jugador que literalmente rompe todo lo que tiene frente a él, récord, tras récord, tras récord. Es verdad que en el futbol no se gana solo, aunque tener a la ‘Pulga’ en el equipo contrario es considerado desventaja desde hace mucho tiempo.

Howard Gardner, psicoanalista y catedrático en la escuela de Harvard; expone acerca de las nuevas generaciones humanas. Las diferencias en el tiempo– espacio del ayer y hoy, las características que cada una tiene. Sin embargo, yo no me considero un nativo digital o una generación ‘Y’. Yo, como muchos otros pertenecemos a la generación Messi. Definitivamente es lo que más nos une.

Cada vez que mis nietos y mis hijos comiencen a balbucear de futbol, y digo balbuceo porque serán nombres, únicamente. Los mandaré callar y comenzaré a hablar de aquel rosarino de uno sesenta y nueve de estatura, de aquel perfil zurdo que engaña, de aquella cadera que rompe esperanzas, del ídolo mundial y mejor jugador que van a ver los ojos de todos (o de casi todos).

Aunque le recriminen toda la vida que un Mundial será la piedra que cargará su espalda (espero un día lo gane para callar bocas), llegará el día donde toda una generación (la mía) abofeteará a sus hijos y nietos por blasfemar en contra del futbol. Porque será únicamente jugado por mortales, no por un Dios en la tierra, no por un Lionel Messi.

Seas hincha de cualquier equipo, tú como yo, extrañarás el día que éste monstruo abandone las canchas, la hora en la que deje en hombros el ruedo del futbol. Lo echarán todos de menos, porque el patear un balón volverá a hacer deporte y no un arte, así que disfrútalo antes que el ocaso llame a su puerta.

Agradezco a Dios por dejarme ver al argentino que conquistó el mundo con su humildad y con una pelota.

Luis Ulloa Rodríguez
Es estudiante de comunicación en la Universidad Anáhuac.

Agregar comentario