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Deserciones

Afilar las garras al Puma

Joel Ortega Juárez


Gerardo Unzueta  fue un militante ejemplar de una iglesia en extinción.

Hoy es casi un tipo de hombre inexistente en el panorama político nacional. Un comunista de origen popular, su formación intelectual fue básicamente autodidacta. Desempeñó un papel importante en los cambios de política del Partido Comunista Mexicano realizados en el XIII Congreso de 1960, gestados en realidad desde 1956 en una Conferencia del PCM en el DF. A éstos hechos pensaba dedicar Gerardo Unzueta un libro novelado. Vale recordar que el XIII congreso del PCM rompió con el “seguidismo” del Partido ante los “gobiernos revolucionarios” y con la ideología de la Revolución Mexicana. Unzueta polemizó con el ideólogo principal de esa corriente estatista y nacionalista: Vicente Lombardo Toledano.

Escribir ese libro era su compromiso con su compañera de toda la vida Panchita. Eso me dijo hace menos de un mes en el funeral de esa mujer que dirigió la Unión Nacional de Mujeres de México con la cual tuvo cuatro hijos Martín, Dolores, Ana y Victoria. La vida de ésta familia estuvo siempre vinculada a los avatares de la lucha, especialmente cuando Gerardo Unzueta fue encarcelado de manera completamente arbitraria al ir a exigir la desocupación de los locales del PCM ocupados por la policía después del 26 de julio de 1968. Por ese “delito” estuvo preso un poco más de tres años en Lecumberri.

Durante esos años mantuvo una gran valentía, especialmente el 1 de Enero de 1970, cuando los presos del movimiento estudiantil de 1968 fueron agredidos de manera salvaje por bandas de presos comunes, a quienes la dirección del penal les otorgó total impunidad para asaltar a los presos políticos. Unzueta fue de los que les hizo frente.

En la cárcel Gerardo Unzueta encabezó la célula del PCM y la JCM, en esa condición mantuvo posiciones muy combativas e incluso de cierta intransigencia, cuando se opuso a la salida del país ofrecida por el gobierno para liberar a algunos presos, entre ellos cuatro de la JCM. Mantenía la llamada “Doctrina Campa” : los comunistas mexicanos no se exilian , ni aceptan el destierro.

Unzueta fue valiente también en el plano intelectual. Publicó un libro polemizando con Regís Debray , quien escribió un texto denominado “Revolución en la Revolución” donde defendía, básicamente, las tesis del “foco guerrillero” propuestas por la dirección del gobierno cubano. Tesis que dieron sustento a las diversas guerrillas latinoamericanas de los años sesenta. Unzueta se atrevió a desafiar al Comandante Fidel Castro y al emblemático Che Guevara, a quien entrevistó unos años antes, trabajo periodístico del cual estaba orgulloso Gerardo Unzueta; algunos no entendimos el valor de su atrevimiento intelectual.

Durante varios años fue dirigente del PCM en el Valle de México. Impulsó el trabajo en las zonas fabriles, especialmente en las de la zona metropolitana: Ecatepec, Naucalpan, Texcoco y otras. Tenía una posición denominada obrerista. A veces eso lo llevó a tener ciertas fricciones con el Comité Seccional de la UNAM, lo cual produjo algunas diferencias entre él y mi condición de Secretario General de ese Seccional.

Unzueta no era hipócrita . Me recordó esas diferencias y algunas otras mantenidas entre ambos, en esa larga plática durante los funerales de Panchita . Charla que conservaré como un gesto de generosidad de Unzueta hacia mi.

Gerardo Unzueta no abdicó de sus ideales comunistas y vivió congruente con ellos. Nunca medró ni políticamente ni mucho menos económicamente con sus ideales. Todo lo contrario, se mantuvo en una condición de vida muy modesta.

La crisis de las izquierdas mexicanas exige replantearse muchas cuestiones. Entre ellas la validez de la “unidad de la izquierda” . No está claro que se entiende hoy y aquí por “izquierda”.

Es ahora del relevo de los viejos y ejemplares militantes como Unzueta por los jóvenes.

No bastan las banderas rojas en las manifestaciones o en los ataúdes para reconstruir el movimiento anticapitalista.

No se le rinde homenaje con rituales religiosos a un militante ejemplar aunque contradictorio como Gerardo Unzueta.

Ocultar el fracaso de una política y de una cultura ideológica que llegó a regir a centenares de millones de personas en el planeta, en una tercera parte de las países del globo, es absurdo.

Ese mundo se derrumbó. No sirve ocultarlo. Engañarse con la “tesis” de que las ideas siguen vigentes y que lo que fracasó no era “socialismo”; no permite analizar lo ocurrido y replantease todo sin concesiones dogmáticas o nostalgias religiosas.

Unzueta no pudo concluir su libro-novela prometido a Panchita. Nos deja una herencia de hombre comprometido, de luchador consecuente. Hasta siempre Gerardo Unzueta

Joel Ortega Juárez
Economista y pensador social

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